Avanzando por un camino siempre desconocido

Publicado en Este trabajo es mío, Fotografía el November 20th, 2017 por diegojambrina

Continúo trabajando en mi proyecto fotográfico. Y para seguir avanzando, aunque el camino sea siempre un lugar desconocido, viene bien la visión de personas también desconocidas. Alejarse de los comentarios bienintencionados de la familia, resulta fundamental.

En esta ocasión, la plataforma Quitar Fotos, que trata de potenciar la cultura fotográfica y dar a conocer a nuevos fotógrafos como yo, han publicado un avance de mi proyecto. Una muestra de que el camino que he elegido me llevará hasta el final, esté donde esté este lugar.

Aquí tenéis el enlace para ver el proyecto, y si no sois familia, podéis opinar sin contemplaciones.

En otra parte Miradas cruzadas

Cada viaje supone una oportunidad perdida y la confirmación de que, esté donde esté, nunca estoy en mi totalidad.

El deseo no puede. La realidad todo lo aplasta. Demasiado peso para que mi pecho se levante con cada inspiración.

Este proyecto trata de reflejar una realidad, una realidad nada clara, ni para mí ni para las personas que, como yo, no acaban de comprender el mundo que les rodea, ni su propio mundo interior.

La soledad, la duda, lo etéreo, el recuerdo, la fantasía, las emociones que perturban por ser y por no ser son protagonistas en unas fotografías tomadas en lugares distantes entre sí. Porque no importa cuánto de lejos esté o si estoy en el lugar que habito, yo siempre estoy en otra parte.

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Sudor, semen y ron (Cuba 5/5)

Publicado en Cuba, Fotografía, Literatura, Viajar el November 14th, 2017 por diegojambrina

Yo iba con algunos títulos en la cabeza y unos pesos en el bolsillo directo a un mercadillo cerca de la Plaza de Armas de La Habana, pero la pasión del librero por la literatura y su arte comercial me convencieron para comprar ejemplares desconocidos para mí. Entre otros, me traje “El nido de la serpiente”, una novela de Pedro Juan Gutiérrez. Lo compré sin pensármelo mucho. Bastó con que me dijera que este escritor era el Bukowski cubano para que me interesara por él. Y remató la venta cuando me invitó a abrir el libro por cualquier página y leyera un párrafo al azar.

Ahora, leyendo en mi casa estas páginas manchadas de sudor, semen y ron, me siento más atraído por la Cuba que dejé atrás. La buena literatura tiene ese poder. Crea en tu imaginario un país muy alejado de los cayos, la arquitectura colonial y los grupos de turistas que no pierden de vista el paraguas del guía.

No es que yo haya viajado por la isla al calor de un grupo armado con palos de selfie, pero sí me he sentido atrapado por la iconografía comercial de las agencias de viajes. Y pocos han sido los momentos sentidos como propios.

Es por esa razón, por la que se me hace tan difícil escribir sobre este viaje.

En calma

Inteligencia natural

Esperando el final del día

La mujer de mirada roja

Exhausto

Poniendo agua de por medio

Esperando tiempos mejores

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Cuba, viaje o muerte (Cuba 4/5)

Publicado en Cuba, Viajar el November 9th, 2017 por diegojambrina

Estuve casi un mes recorriendo la isla, desde occidente a oriente. Partí de La Habana y llegué a la otra punta, a Santiago de Cuba, poco a poco, parándome en playas, ciudades, pueblos, ciénagas y bares. Y este es el vídeo que lo resume. Un vídeo hecho a ras de suelo, sin drones, sin estabilizador, con mal pulso y buena música.

¡Vámonos, guajiros!

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Cuba está sobrevalorada (Cuba 3/5)

Publicado en Cuba, Viajar el October 12th, 2017 por diegojambrina

Me ha parecido un bonito título para abrir un post sobre un país tan lleno de vida como vacío de atractivos naturales. No quiero ser cruel, pero Cuba no es un lugar para quedarte asombrado por su naturaleza o su arquitectura.

Puede sonar demasiado categórico y tal vez hasta fuera de la realidad, pero las sensaciones que yo como viajero tuve fueron esas.

Es cierto que hay construcciones en Cuba maravillosas; en La Habana y, especialmente, en Trinidad la arquitectura colonial es preciosa y está perfectamente cuidada. Pero hay otros lugares con nombre y admiración, sobre todo por los propios cubanos, que cuesta reconocer como lugares de interés. El título del post va por ellos.

El pasado año viajé por Noruega y era tan fácil encontrar rincones de naturaleza espectacular como difícil ha sido este año en Cuba dar con un lugar que impresionara por su belleza, por su carga emocional, por su impacto en el ánimo de quien mira.

Yo, lo más grande de este mundo

Colores caribeños

Me dijeron que Baracoa era un lugar precioso. Me dijeron que Santiago de Cuba era más interesante que La Habana. Me dijeron que Ciego de Ávila era un tesoro colonial. Me dijeron que las playas de Guardalavaca eran paraísos. Me dijeron tanto que he dudado hasta de mis propias impresiones. Pero ahora, desde la distancia que proporciona el tiempo, tengo muy claro que Cuba no es lo que me dijeron.

Si tuviera que destacar tres lugares bonitos de la isla, pero bonitos de verdad, no tardaría en responder: La Habana, Trinidad y Viñales y sus alrededores. Aquí están los verdaderos tesoros naturales y arquitectónicos del país.

Resistencia

Escapando de una sombra para caer en otra

No puedo hablar de los famosos cayos, porque no me acerqué a ellos. Ni Varadero ni cayo Coco, pero teniendo en cuenta que el primero es un artificio turístico y el segundo un destino con más canadienses que cocos, ni falta que me hace.

De todas formas, como dije en el segundo post sobre mi viaje, solemos dar demasiada importancia a la arquitectura y naturaleza. Parece que son los dos valores claves para determinar si un país merece o no nuestra visita, y, la verdad es que en este viaje (como ya me pasara en Guatemala), he disfrutado mucho con otros valores.

Para mí, lo mejor de Cuba son los cubanos, aunque, en ocasiones, lo peor de Cuba son los cubanos.

Nada en juego

El ron de Cuba

He disfrutado mucho hablando con ellos. El tema casi es lo de menos. Lo importante es la claridad de ideas que tienen, la pasión con la que hablan de la familia, de la música, de su país (aunque ahí se pasan dos pueblos, como ya he dicho), las ganas que tienen por conocer cómo se vive en tu lugar de origen… Me encanta las caras que ponen cuando les dices que aquí quienes nos gobiernan son los bancos, las grandes empresas energéticas, las farmacéuticas… empresas a las que nadie ha dado su voto. Me encantan las disertaciones que nacen en un bar, en torno a una cerveza y con salsa como banda sonora. Por ejemplo, ¿por qué nos cuesta tanto entendernos entre la gente del norte y la del sur de la península? Hablamos el mismo idioma y, sin embargo, parecen distintos. ¿Por qué? Parece una tontería, pero esto dio para mucho. Mucho de conquistas, de invasiones, de clima…

Me ha gustado estar con ellos, mano a mano, hablando de la vida.

Mano a mano. Grano a grano.

Tiempo

Decía también que en ocasiones lo peor de Cuba son los cubanos, y es que es un país con una gran cantidad de funcionarios, y esa condición parece que les habilita a enterrarte en burocracia y espera infinita. Los que no lo son también les sufren, no es algo que sólo sientan los foráneos.

Y luego está el ron. El licor que más exportan, aunque no lo suficiente, porque en Cuba se bebe mucho y se bebe a cualquier hora y en cualquier lugar.

La playa es uno de los lugares favoritos para pasar el día. Llegan a las diez de la mañana con toda la familia (abuelos, padres, tíos, hijos y sobrinos), abren los paraguas, encienden la música, cogen las botellas y se meten a charlar y beber en el pacífico y cálido mar. Y todo esto, francamente, yo no lo llevaba demasiado bien. Para mí la playa es un lugar de relax. Un lugar para tumbarse y escuchar cómo le susurra el mar a la tierra. Un lugar para nadar en la nada más absoluta. Así me había imaginado yo las largas playas de Cuba. Pero los gritos de los niños, los gritos de los adultos, las latas de cerveza vacías, las botellas muertas en la arena, los platos de plástico, las bolsas enredadas en los arbustos y el “Despacito” y el “Súbeme la radio” a todo volumen acabó, en muchas ocasiones, con todo el placer de un día de playa.

Pero bueno, así son ellos.

Levando anclas

Otra de las características que también les definen es la religión católica. Para ser un país comunista, son extremadamente religiosos y, creo, conviven con contradicciones sin que se den cuenta.

Me llamó mucho la atención que en Baracoa, el lugar de Cuba en el que Cristobal Colón pisó tierra en su primer viaje, hubiera una estatua en memoria de Hatuey. Este líder autóctono fue quemado vivo en la hoguera por no querer convertirse al cristianismo. Se convirtió así en el primer mártir cubano. Lo curioso es que cientos de años después, sus compatriotas (la mayoría descendientes de españoles y esclavos africanos), le erigen una estatua y la colocan frente a la catedral. Y para más INRI, es la catedral en la que se conserva la única cruz de madera superviviente de las que llevó Colón. Me parece una putada a su memoria y una de esas grandes contradicciones que viven en los cubanos, y, por qué no decirlo, en todo el mundo.

Aquí está, manteniendo un enfrentamiento eterno.

Por cierto, Colón también tiene su estatua en la misma ciudad.

Enfrentamiento eterno

Tierra a la vista

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La Habana, esa vieja dama (Cuba 1/5)

Publicado en Fotografía, Viajar el September 19th, 2017 por diegojambrina

Es difícil escribir sobre las experiencias pasadas de un viajero en La Habana, cuando ahora mismo la ciudad entera está tratando de recuperarse del paso del huracán Irma, el más fuerte jamás registrado.

Veo las imágenes en los periódicos y pienso en la naturaleza como un aliado de los gobiernos capitalistas para castigar a una ciudad y un país entero por su condición de comunista, como el grito húmedo de un animal bicéfalo que te aplasta el tórax sin dejarte respirar y ni mucho menos responder.

Pero la gente en Cuba responde, ya lo creo que responde. Y aunque hay cierto grado de resignación, sobre todo hay mucho de deseo de vivir.

A vista de taxi

Ahora, la vida sale a flote en una ciudad invadida por el mar, pero cada día desde hace muchos años la vida se asoma por las ventanas y las puertas de unas casas de ensueño maquilladas por la realidad del tiempo. Miro a La Habana como a una vieja dama que aún conserva el elegante estilo que lució en su juventud.

Tengo una sensación de asombro por la belleza de sus edificios y aflicción por su estado. Pero insistimos mucho en juzgar un lugar por su arquitectura y su naturaleza, y, tal vez, lo más importante sean las personas que allí viven.

Hay vida

Caminando

Me decía la gente antes de ir que los cubanos eran muy pesados y que no pierden un segundo en tratar de venderte cualquier cosa. Yo no lo viví así. Sí tratan de venderte cualquier cosa, pero si eres directo y dejas claro desde el principio que no te interesan los puros, ni comer en ese maravilloso paladar, ni dar una vuelta en bicitaxi, ni las tarjetas wifi, ni las clases de baile… el vendedor deja paso al curioso. Y es entonces cuando entablas conversaciones amistosas e interesantes.

Compañeros

Entereza

Es especialmente interesante para mí cómo se las arreglan para que nada les falte. Cierto que hay muchas cosas a las que no pueden acceder con facilidad, pero no tienen más que esperar a que el tiempo haga su papel. Utilizan la paciencia, algo de lo que aquí carecemos. Y utilizan el ingenio.

Allí, por ejemplo, sigue habiendo mecánicos; profesionales que reparan coches. No son como los que hay en los concesionarios oficiales en esta parte del mundo, que no son más que substituidores de piezas.

Voy a dejar este post tal que así, como si estuviera inacabado, siendo este mi homenaje a una capital y a un país en permanente construcción.

Mirando hacia arriba

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La Cuba que casi no llegué a ver

Publicado en Cuba, Fotografía, Viajar el September 7th, 2017 por diegojambrina

Mi último día en La Habana, entré en un local donde había antigüedades: carteles y revistas revolucionarias, discos de vinilo, cámaras fotográficas de carrete, relojes de bolsillo, botes oxidados de líquido Kodak para revelar… no sé, un sinfín de cosas inertes que te hacen sentir muy vivo. Pero lo que más me gustó fueron unas fotografías de diferentes autores contemporáneos sobre la vida de hoy en la ciudad. Fue verlas y pensar en lo mal que había aprovechado mi estancia allí.

Afortunadamente, sé que la culpa no es mía. Nada tengo que reprochar a mi trabajo fotográfico.

Los extranjeros que viajamos a Cuba estamos demasiado contaminados. Demasiados datos y opiniones y puros y ron y culos cubanos y coches yankis y ches y fideles y “oye, mi amol” y demasiadas imágenes vistas de un país que no se puede llegar a conocer ni con un mes de estancia, aunque haya gente que piense que es demasiado tiempo.

Se tarda mucho en librarse de tanto juicio ajeno y hacer hueco a la realidad propia. Yo tarde 27 días en verlo claro, y lo hice por unas fotografías en blanco y negro hechas por cubanos sobre la cotidianidad cubana.

De todas formas, viendo ahora las hojas de contacto de las fotografías que saqué, siento que algunas de mis tomas están llenas de la Cuba que casi no llegué a ver.

Recuerdo bien aquel viaje

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De cervezas por Flandes

Publicado en Bélgica, Brujas, Bruselas, Gante, Viajar el July 2nd, 2017 por diegojambrina

Para todos los amantes de la cerveza de calidad, Bélgica es la meca. No os dejéis engañar por lo que os diga el cuñado; en Alemania se bebe buena cerveza, sí, pero hay que rebuscar mucho para encontrarla. En Bélgica tienes cartas de cervezas tan gordas como los mojes que las elaboran en prácticamente todos los bares, además hay locales que fabrican su propia cerveza, con un resultado sobresaliente.

Viendo el vídeo que he preparado de mi viaje por Flandes, parece que fui exclusivamente a beber, pero también hice un poco de turismo arquitectónico. Y me lo pasé en grande haciendo fotos. Las podéis ver en los anteriores post. Pero la verdad es que me acordaba de sacar la polaroid cube justo cuando pedía una cerveza.

Dentro vídeo.

El post de Bruselas
El post de Gante
El post de Brujas

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Bruselas, esa ciudad del Manneken Pis

Publicado en Bélgica, Bruselas, Viajar el June 12th, 2017 por diegojambrina

Me miro en las fotos que tengo de la primera vez que estuve en Bruselas y no me reconozco. Han pasado 17 años. Mucho tiempo para una vida de 42. Poco, aparentemente, para un cambio facial radical. Así estoy yo, en constante evolución. Pero la ciudad sigue igual. Sigue con su Grand Place de belleza arquitectónica embriagadora, sus callejas a su alrededor llenas de restaurantes donde sirven mejillones de baja calidad y tiendas de chocolate de diferentes marcas y calidad superior. También sigue en su sitio el pequeño niño meón, los murales simulando escenas de cómics y los turistas. Esos sí que no cambian. Ahí están, protagonistas en las calles de Bruselas.

Cegados por el yo

La pequeña gran estrella

Arquitectura por siglos iluminada

Así, en términos generales, Bruselas agobia y aburre a partes iguales. Pero cuatro días en la ciudad dan para mucho más que para hacerse una idea general.

Hace 17 años, vi lo que ve la mayoría de los visitantes. Esta vez me adentré por callejones oscuros, me alejé de la Grand Place, caminé durante mucho tiempo para llegar a los barrios periféricos y visité una cervecera llamada Cantillon donde fabrican un estilo muy bruselense y poco internacional: el estilo lambic. Un tipo de cerveza que se bebe a temperatura ambiente y de sabor sorprendentemente ácida. No apta para paladares sensibles ni para grupos organizados de turistas españoles. A estos les va más cervezas de tipo pils y las belgium ale de toda la vida.

La cerveza reina en la ciudad es la Delirium Tremens. Muy famosa en todo el mundo y reconocida por su icónico elefante rosa. A mí esta marca siempre me ha atraído mucho. Es como si tu enemigo llamara a tu puerta y le invitaras a entrar.

Fauna endémica

Pero en Bruselas hay más animales sueltos por ahí.

Perdido en una calle sin importancia, lejos de las miradas y de los móviles y cerca de un inocente pivote, hay un perro que levanta la pata para lanzar una eterna meada que nunca llega, que nunca acaba. Supongo que algún día, en mi madurez, sentiré lo mismo que él.

Existe otra figura meona; una niña en posición y miccionando sobre una minúscula fuente. Está ubicada en un callejón sin salida. Ya hay mucha gente que conoce el lugar, pero para el que no lo sepa, sólo tiene que preguntar por el Delirium Café. Está justo en frente. Y ya de paso se puede entrar a este santuario de la cerveza y probar alguna de las 40 variedades de cerveza de barril y 100 más en botella.

Territorio eterno

Yo disfruto más de los pequeños templos cerveceros a los que se llegan atravesando oscuros callejones, de esos por los que jamás te atreverías a entrar en otro tipo de país. Pero aquí, puede más el deseo de descubrir interesantes rincones y probar cervezas complicadas de encontrar en mi Bilbao de origen.

Además, como el dicho afirma: los caminos de la cerveza belga son inescrutables.

Los caminos de la cerveza son inescrutables

Pasadizos apasionados

Si no me gustara la cerveza, Bruselas tendría también mucho atractivo para mí. Es una ciudad lo suficientemente grande como para pasar cuatro días sin tener la sensación de que ya lo has visto todo, pero lo suficientemente pequeña como para recorrerla a pie. Caminar es el mejor modo para disfrutar de un lugar. Cómo si no, hubiera podido encontrar momentos llenos de color y luz o ver al hombre invisible elegantemente vestido.

Entendimiento

Lo que de verdad no importa

Otro de las cosas que más me gustan de la ciudad es su arquitectura. Existen magníficos ejemplos de los estilos arquitectónicos más espectaculares, como el barroco.

El barroco es uno de esos estilos que siempre me ha atraído por su infinidad de detalles, pero de un tiempo a esta parte empieza a aburrirme. No dejo de pensar en la personalidad banal de quien lo mandó construir y en cómo una vida de opulencia puede ser retratada en una fachada de ego y piedra.

Para mí el art decó, aun teniendo un gran trabajo en sus detalles, es mucho más elegante y espectacular que el barroco, y Bruselas tiene bastantes ejemplos de esta arquitectura. El Old England, que alberga un impresionante museo de instrumentos musicales, es uno de ellos.

No me olvido del Atomium, pero sencillamente, verlo una vez en la vida es más que suficiente. En esta ocasión, me centré más en la nueva arquitectura de acero y cristal que también existe en la capital de Flandes.

Con luz propia

Mirando hacia el lado equivocado

Conociendo lugares desconocidos

Y hasta aquí mi repaso a una bonita región del norte de Europa que cautiva por su arquitectura y su cerveza. Y a quien no le interese ni un tema ni otro, que no se moleste en visitar Bruselas ni Gante ni Brujas. Bueno, Brujas igual sí, por lo de ser una ciudad de cuento de hadas. Una denominación de la que empieza a cansarme.

Podéis ver mis post de Gante pinchando aquí y el de Brujas aquí.

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Gante, el tímido recuerdo de una ciudad

Publicado en Bélgica, Gante, Viajar el May 27th, 2017 por diegojambrina

Recuerdo el silencio de una ciudad llena de ruidosos estudiantes borrachos de libertad. Como si estuviera asustada de lo que en ella ocurría. Gante es tímida y reservada; tanto que apenas se cruzaron entre nosotros dos palabras.

Tengo que recurrir a mis fotografías para recordar su aspecto. Y cuando las veo me digo, sí, estuve allí, aunque en realidad no lo siento así. Sé que en unos años no existirá más memoria que lo vivido en el interior de sus bares. Templos dedicados al sosiego, a la reflexión y al sabor ligeramente amargo de una cerveza, en su mayoría, sensacional.

Pequeñas costumbres autóctonas

Algunos de estos locales huelen a tradición inmutable, donde se aprecia una vaga adaptación a las comodidades modernas, sensación que se esfuma por completo cuando bajas a sus váteres.

Otros sitios, alarmados por la desaparición de sus vasos, crean tradiciones con cierto tufo a turistada, pero son divertidas. En Herbert de Dulle Griet, si quieres beber la cerveza que fabrican ellos mismos, debes entregar un zapato. Luego el camarero lo coloca en una cesta y lo sube hasta el techo. ¿Podéis preguntarme si alguna de esas botas es mía?

Arma de destrucción pasiva

Gante es un decorado eterno y efímero, tan espectacular bajo los últimos rayos de la tarde como falso a plena luz del día, durante todos los días de su larga historia. Así lo siento y así lo veo en mis fotografías, muchas de ellas llenas de luz diurna y de la nada más desalentadora.

Y a medida que cae la noche, me siento a gusto. La ciudad se refugia en la oscuridad y yo con ella.

Arquitectura viva por hombres muertos

Recuerdo en lugar...

Persiguiendo a su sombra por la vía equivocada

Cada día, cae la noche

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Düsseldorf embriagador

Publicado en Alemania, Düsseldorf, Fotografía el December 1st, 2016 por diegojambrina

Siempre me ha gustado la cerveza. La primera vez que salí del país, fue para beber en la Oktoberfest de Munich. Fui con mi novia. Y cuando me casé con ella, años más tarde, nos fuimos de nuevo a Munich a pasar nuestra luna de miel con otras miles de personas, peleando por un hueco en las abarrotadas carpas, llenando hasta el último centímetro de nuestras vejigas para no perder nuestro puesto y gritando Ein prosit! Ein prosit! Fue genial.

Hace muchos años pensaba que una de las cosas más importantes de esta experiencia era la calidad de la cerveza. La cerveza alemana tiene un magnífico posicionamiento en todo el mundo. Nadie discute que son muy buenas, la ley de pureza alemana y todas esas mentiras. Hoy, sé mucho más de cerveza y considero que el brebaje que allí se vende está lejos de ser un buen producto. Pero volvería a ir a la Oktoberfest y volvería a gritar, medio aturdido por el alcohol, Ein prosit! Ein prosit!

No se trata de algo tan banal como la cerveza, sino de algo tan profundo como la cultura. Y en la cultura alemana, la cerveza es tan importante que embriaga cualquier visita al país.

Este post no va de Munich, va de Düsseldorf, justo en la otra punta del país germano, y, aunque el tipo de cerveza que aquí se bebe es totalmente distinto al de la región bávara, comparte con ella su amor por las largas mesas corridas, largas tardes y largas palabras difíciles de pronunciar.

Barriles de felicidad

Düsseldorf tiene un centro histórico bastante pequeño. Dos horas basta para tener la sensación de que ya conoces la vieja ciudad. Pero también tiene suficientes locales donde detenerse y alargar tanto como se quiera la mañana, la tarde y la noche.

Existen dos cerveceras míticas, pero la que se lleva la palma, por tamaño, tradición y belleza es la llamada Uerige. Aquí, los camareros cargados con cerveza tipo alt (altbier), recorren las mesas en busca de clientes sedientos, y siempre los encuentran. Te dejan el vaso y te hacen una marca en el posavasos. Al final, miran las muescas y pagas. Pequeñas peculiaridades que hacen del viaje algo grande.

Du bist blau

Alejado del centro, donde años atrás se ubicaba el muelle, existe un nuevo barrio que poco o nada tiene que ver con el viejo casco de la ciudad. Les une el río Rin y un paseo por su ribera de no más de 30 minutos.

Siempre vas acompañado por los barcos de poco calado que viajan de arriba abajo por uno de los ríos más legendarios de Europa. Me atrae mucho hacer un recorrido por el Rhein, pero esos cruceros programados me resultan tan artificiales que me repele al mismo tiempo.

Dejarse llevar

Cuando se llega al Neuer Zollhof, se reconoce al instante la mano de su arquitecto. No hay muchos que tengan un sello tan marcado como Frank Gehry. Las líneas inquietas y los materiales que utiliza en sus creaciones son muy característicos y motivos perfectos para el fotógrafo.

Además, si se tiene la suerte de tener el sol de cara, el trabajo está medio hecho.

Dispuestos a atrapar la luz

Con la antena puesta

Arriba. Abajo.

Tocando el cielo

Me gustó mucho volver a Düsseldorf. Me siento bien bebiendo entre esta gente, chapurreando alemán, inglés y castellano. Es fácil encontrar a alguien con casa en la costa mediterránea española. Mirad a vuestro alrededor y acercaos al alemán más moreno de todos.

Les encanta el sol. Siempre andan con la mirada puesta en el sur.

Mirar con ojos de cartón pierda

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