Piratas y acreditados, juntos en Les Rencontres d’Arles

Publicado en Arlés, Fotografía, Francia, Viajar el July 25th, 2017 por diegojambrina

En Arlés, hay dos tipos de personas, las que tienen acreditación para entrar a todas las salas expositivas y las que no. Las primeras, orgullosas ellas, la llevan colgando del cuello hasta cuando cenan, horas después de que las salas se hayan cerrado. Las segundas, entre las cuales me encuentro, miran con una sonrisa irónica a las primeras cuando cenan y comentan que la fotografía ya no es lo que era desde que Joan Fontcuberta publica libros con seudónimo. También es cierto que miran con envidia (y no diré sana, porque de esa no existe) cuando entran en las salas mostrando su codiciada tarjetita.

Estando allí me dije, el año que viene me hago una acreditación casera tamaño Bilbao, para que todo el mundo me vea. Voy a acabar con el cuello roto, pero se van a cagar. Además, ya tengo experiencia en piratería. Este año he expuesto en las calles de Arlés sin que el comisario eligiera mi trabajo. Y lo he hecho con un expopirata en toda regla: la #expopirataArles2017. Y me ha dado un gustazo brutal.

Todo al rojo

Les Rencontres d’Arles es mi festival favorito. Tal vez porque la ciudad está donde está y tiene la historia que tiene. No entraré en detalles (ya lo hice el año pasado en este otro post). Y es que me encanta pasear por las calles soleadas de la ciudad hasta que el sol se oculta y, después, continuar paseando, disfrutando de las noches calurosas, y escapando de los mosquitos. Sí, hay mosquitos, pero es algo que se puede soportar, no como a esos cerdos con acreditaciones.

Tentada por la luz

Sol de noche

De lo que no hablé el año pasado fue del museo que están levantando a las afueras de Arlés, llamado Luma Arles. Un descomunal espacio para gozo del fotoadicto y del amante de la arquitectura, porque el complejo lleva la firma del controvertido Frank Gehry. Controvertido porque sus creaciones son para algunos obras de arte y para otros unas putas mierdas, hablando en plata o placas… de titanio. En mi modesta opinión, sería Calatrava el que debería copar los primeros cien puestos de los peores arquitectos del mundo.

Abierto por obras

La mujer de rojo

Creo que nos tomamos demasiado en serio ciertas disciplinas de la vida. La arquitectura es una de ellas. Bueno, en realidad, seria sí que tiene que ser, porque tiene un alto porcentaje de funcionalidad. Pero la fotografía (la que no es documental) es útil por su inutilidad y, por eso, debería sentirse con menos solemnidad. Al menos eso pensé cuando vi a este chaval en la exposición de Joel Meyerowitz. Tan serio él, viendo fotografía a fotografía sin pestañear. No sé. ¿Es para tanto?

Mirada York

Luego me encontré con otra escena que me hizo pensar justo lo contrario. ¡Qué poco respeto por la obra y el fotógrafo! Aunque en realidad sólo hacían lo que hizo Masahisa Fukase para crear aquel trabajo.

Por cierto, muy interesante la obra y vida de este fotógrafo japonés. Así a grandes rasgos os diré que estaba obsesionado con su mujer; no paraba de hacerle fotos hasta que ella se hartó y le dejó. Sumido en una oscura depresión hizo su trabajo más conocido: Ravens, toda una declaración de intenciones sobre su futuro, máxime cuando el cuervo en Japón es un pájaro de mal agüero, mucho más de lo que es para nuestra propia cultura. Y tiempo después se quedó en coma durante 20 años, tras caer borracho por las escaleras de un bar, hasta su muerte definitiva.

Con la lengua fuera

Cara a cara con Fukase

Menos oscura es la obra de Annie Leibovitz, aunque su vida también se las trae. Para mí, su trabajo es menos atractivo. Me gusta su estética: entre la moda, la publicidad y el buen gusto (no me atrevo a decir arte), pero no me emociona. Sin embargo, la gente se debió de poner roja a gritar con su llegada a la ciudad, y, al parecer, los diseñadores ya se intuían algo cuando crearon el cartel promocional.

Rojo Leibovitz

Cierro mis impresiones del festival de fotografía de Arlés 2017 con una foto que para mí significa mucho. Cada vez que piso suelo francés, me alegra ver tan rica mezcolanza de creencias, aunque yo no crea, y colores, con parejas interraciales y mercados llenos de productos típicos de lugares lejanos con los que sueño ir.

Hijos de un mismo dios

Au revoir, Arles.

Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,

De cervezas por Flandes

Publicado en Bélgica, Brujas, Bruselas, Gante, Viajar el July 2nd, 2017 por diegojambrina

Para todos los amantes de la cerveza de calidad, Bélgica es la meca. No os dejéis engañar por lo que os diga el cuñado; en Alemania se bebe buena cerveza, sí, pero hay que rebuscar mucho para encontrarla. En Bélgica tienes cartas de cervezas tan gordas como los mojes que las elaboran en prácticamente todos los bares, además hay locales que fabrican su propia cerveza, con un resultado sobresaliente.

Viendo el vídeo que he preparado de mi viaje por Flandes, parece que fui exclusivamente a beber, pero también hice un poco de turismo arquitectónico. Y me lo pasé en grande haciendo fotos. Las podéis ver en los anteriores post. Pero la verdad es que me acordaba de sacar la polaroid cube justo cuando pedía una cerveza.

Dentro vídeo.

El post de Bruselas
El post de Gante
El post de Brujas

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Bruselas, esa ciudad del Manneken Pis

Publicado en Bélgica, Bruselas, Viajar el June 12th, 2017 por diegojambrina

Me miro en las fotos que tengo de la primera vez que estuve en Bruselas y no me reconozco. Han pasado 17 años. Mucho tiempo para una vida de 42. Poco, aparentemente, para un cambio facial radical. Así estoy yo, en constante evolución. Pero la ciudad sigue igual. Sigue con su Grand Place de belleza arquitectónica embriagadora, sus callejas a su alrededor llenas de restaurantes donde sirven mejillones de baja calidad y tiendas de chocolate de diferentes marcas y calidad superior. También sigue en su sitio el pequeño niño meón, los murales simulando escenas de cómics y los turistas. Esos sí que no cambian. Ahí están, protagonistas en las calles de Bruselas.

Cegados por el yo

La pequeña gran estrella

Arquitectura por siglos iluminada

Así, en términos generales, Bruselas agobia y aburre a partes iguales. Pero cuatro días en la ciudad dan para mucho más que para hacerse una idea general.

Hace 17 años, vi lo que ve la mayoría de los visitantes. Esta vez me adentré por callejones oscuros, me alejé de la Grand Place, caminé durante mucho tiempo para llegar a los barrios periféricos y visité una cervecera llamada Cantillon donde fabrican un estilo muy bruselense y poco internacional: el estilo lambic. Un tipo de cerveza que se bebe a temperatura ambiente y de sabor sorprendentemente ácida. No apta para paladares sensibles ni para grupos organizados de turistas españoles. A estos les va más cervezas de tipo pils y las belgium ale de toda la vida.

La cerveza reina en la ciudad es la Delirium Tremens. Muy famosa en todo el mundo y reconocida por su icónico elefante rosa. A mí esta marca siempre me ha atraído mucho. Es como si tu enemigo llamara a tu puerta y le invitaras a entrar.

Fauna endémica

Pero en Bruselas hay más animales sueltos por ahí.

Perdido en una calle sin importancia, lejos de las miradas y de los móviles y cerca de un inocente pivote, hay un perro que levanta la pata para lanzar una eterna meada que nunca llega, que nunca acaba. Supongo que algún día, en mi madurez, sentiré lo mismo que él.

Existe otra figura meona; una niña en posición y miccionando sobre una minúscula fuente. Está ubicada en un callejón sin salida. Ya hay mucha gente que conoce el lugar, pero para el que no lo sepa, sólo tiene que preguntar por el Delirium Café. Está justo en frente. Y ya de paso se puede entrar a este santuario de la cerveza y probar alguna de las 40 variedades de cerveza de barril y 100 más en botella.

Territorio eterno

Yo disfruto más de los pequeños templos cerveceros a los que se llegan atravesando oscuros callejones, de esos por los que jamás te atreverías a entrar en otro tipo de país. Pero aquí, puede más el deseo de descubrir interesantes rincones y probar cervezas complicadas de encontrar en mi Bilbao de origen.

Además, como el dicho afirma: los caminos de la cerveza belga son inescrutables.

Los caminos de la cerveza son inescrutables

Pasadizos apasionados

Si no me gustara la cerveza, Bruselas tendría también mucho atractivo para mí. Es una ciudad lo suficientemente grande como para pasar cuatro días sin tener la sensación de que ya lo has visto todo, pero lo suficientemente pequeña como para recorrerla a pie. Caminar es el mejor modo para disfrutar de un lugar. Cómo si no, hubiera podido encontrar momentos llenos de color y luz o ver al hombre invisible elegantemente vestido.

Entendimiento

Lo que de verdad no importa

Otro de las cosas que más me gustan de la ciudad es su arquitectura. Existen magníficos ejemplos de los estilos arquitectónicos más espectaculares, como el barroco.

El barroco es uno de esos estilos que siempre me ha atraído por su infinidad de detalles, pero de un tiempo a esta parte empieza a aburrirme. No dejo de pensar en la personalidad banal de quien lo mandó construir y en cómo una vida de opulencia puede ser retratada en una fachada de ego y piedra.

Para mí el art decó, aun teniendo un gran trabajo en sus detalles, es mucho más elegante y espectacular que el barroco, y Bruselas tiene bastantes ejemplos de esta arquitectura. El Old England, que alberga un impresionante museo de instrumentos musicales, es uno de ellos.

No me olvido del Atomium, pero sencillamente, verlo una vez en la vida es más que suficiente. En esta ocasión, me centré más en la nueva arquitectura de acero y cristal que también existe en la capital de Flandes.

Con luz propia

Mirando hacia el lado equivocado

Conociendo lugares desconocidos

Y hasta aquí mi repaso a una bonita región del norte de Europa que cautiva por su arquitectura y su cerveza. Y a quien no le interese ni un tema ni otro, que no se moleste en visitar Bruselas ni Gante ni Brujas. Bueno, Brujas igual sí, por lo de ser una ciudad de cuento de hadas. Una denominación de la que empieza a cansarme.

Podéis ver mis post de Gante pinchando aquí y el de Brujas aquí.

Tags: , , , , , , , , , , , , ,

Gante, el tímido recuerdo de una ciudad

Publicado en Bélgica, Gante, Viajar el May 27th, 2017 por diegojambrina

Recuerdo el silencio de una ciudad llena de ruidosos estudiantes borrachos de libertad. Como si estuviera asustada de lo que en ella ocurría. Gante es tímida y reservada; tanto que apenas se cruzaron entre nosotros dos palabras.

Tengo que recurrir a mis fotografías para recordar su aspecto. Y cuando las veo me digo, sí, estuve allí, aunque en realidad no lo siento así. Sé que en unos años no existirá más memoria que lo vivido en el interior de sus bares. Templos dedicados al sosiego, a la reflexión y al sabor ligeramente amargo de una cerveza, en su mayoría, sensacional.

Pequeñas costumbres autóctonas

Algunos de estos locales huelen a tradición inmutable, donde se aprecia una vaga adaptación a las comodidades modernas, sensación que se esfuma por completo cuando bajas a sus váteres.

Otros sitios, alarmados por la desaparición de sus vasos, crean tradiciones con cierto tufo a turistada, pero son divertidas. En Herbert de Dulle Griet, si quieres beber la cerveza que fabrican ellos mismos, debes entregar un zapato. Luego el camarero lo coloca en una cesta y lo sube hasta el techo. ¿Podéis preguntarme si alguna de esas botas es mía?

Arma de destrucción pasiva

Gante es un decorado eterno y efímero, tan espectacular bajo los últimos rayos de la tarde como falso a plena luz del día, durante todos los días de su larga historia. Así lo siento y así lo veo en mis fotografías, muchas de ellas llenas de luz diurna y de la nada más desalentadora.

Y a medida que cae la noche, me siento a gusto. La ciudad se refugia en la oscuridad y yo con ella.

Arquitectura viva por hombres muertos

Recuerdo en lugar...

Persiguiendo a su sombra por la vía equivocada

Cada día, cae la noche

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , ,

Brujas es noche

Publicado en Bélgica, Brujas, Fotografía, Viajar el May 11th, 2017 por diegojambrina

Es normal en mí que pasen los días, las semanas e incluso los meses antes de que escriba ningún post sobre mi más reciente viaje. El tiempo que me lleva revelar las fotografías y la confusión emocional que los viajes me provocan, sobre todo a mi vuelta, hacen que no tenga ni material ni certezas. El recorrido que hice por Flandes durante las pasadas santas vacaciones no es ninguna excepción.

Pero aquí estoy, tratando de describir unas vivencias viajeras marcadas por una película, una situación personal tortuosa y la compañía de miles y miles y miles de turistas borrachos de fáciles experiencias.

Entre las luces de la noche

“Si fuera de campo y fuera retrasado, Brujas me impresionaría, pero como no, me deja igual”.

Así de tajante se muestra Ray, el personaje interpretado por Collin Farrell en la magnífica película “Escondidos en Brujas”. A su compañero (interpretado por el gran Brendan Gleeson), sin embargo, Brujas le cautivó. Y es fácil que esto ocurra, si vas con calma y con un hotel cogido.

Desde las 10 de la mañana hasta las 7 de la tarde, más o menos, Brujas suena al trotar de los caballos y a la voz amplificada de capitanes de botes. Miles de turistas, la gran mayoría españoles, llegan en autobuses desde Bruselas, desembarcan en masa para embarcarse en pequeños cruceros y conocer la ciudad desde el cómodo y húmedo romanticismo artificioso de los canales. Otros eligen carruajes de tracción animal para tratar de mimetizarse con un decorado de cuento de hadas.

Especie invasora

La grandeza de las pequeñas calles

Fusión

Y al caer la tarde, se van desvaneciendo, poco a poco, como un mal sueño, dejando escuchar el silencio de una ciudad tranquila y completamente distinta.

Brujas es noche.

Y no precisamente por su nombre, porque nada tiene que ver con estas mujeres amantes del fuego y el diablo. Su nombre es una derivación de Brugge (en flamenco), el plural de “puentes”. Puentes por los que, en ocasiones, es difícil pasar por la acumulación de turistas.

Así que de día, y tras un par de horas tratando de escapar de las aglomeraciones, me escondo en los mejores lugares de la ciudad: sus bares.

Los hay de muchos tipos, como en casi todos los países del mundo, pero yo soy muy selectivo, tanto como con las cervezas, y solo acudo a los que ofrecen una buena carta de cervezas artesanas y locales, un ambiente acogedor y una historia que contar. El Café Vlissinghe es uno de ellos. Se dice que aquí Rubens dibujó una moneda en una de sus mesas para pagar la cuenta. No es de extrañar, los artistas siempre han andado escasos de liquidez y sobrados de imaginación. Además, este bar lleva abierto desde 1515.

El descanso del viajero

Fuera de mí

Después de un par de bares y un par de cervezas por bar, Brujas se ve distinta.

La alta graduación de la cerveza local ayuda a que así sea, pero también la luz que baja, la gente que empieza a marcharse y las barracas que se meten en mi encuadre.

Nada es como tú lo ves

Paso del tiempo

Y llegó la noche, mi momento favorito en Brujas.

Es curioso que la ciudad ilumine sus edificios. Me pregunto para quién lo hace. Ya casi nadie queda por la calle. Pero es bonito que se cuide a sí misma. Parece que se ha preparado para disfrutar de la nada más tranquilizadora, como yo lo hago.

Ni brujas

Deslumbrados por la ciudad de Brujas

Perdidos en Brujas

Tags: , , , , , ,

Düsseldorf embriagador

Publicado en Alemania, Düsseldorf, Fotografía el December 1st, 2016 por diegojambrina

Siempre me ha gustado la cerveza. La primera vez que salí del país, fue para beber en la Oktoberfest de Munich. Fui con mi novia. Y cuando me casé con ella, años más tarde, nos fuimos de nuevo a Munich a pasar nuestra luna de miel con otras miles de personas, peleando por un hueco en las abarrotadas carpas, llenando hasta el último centímetro de nuestras vejigas para no perder nuestro puesto y gritando Ein prosit! Ein prosit! Fue genial.

Hace muchos años pensaba que una de las cosas más importantes de esta experiencia era la calidad de la cerveza. La cerveza alemana tiene un magnífico posicionamiento en todo el mundo. Nadie discute que son muy buenas, la ley de pureza alemana y todas esas mentiras. Hoy, sé mucho más de cerveza y considero que el brebaje que allí se vende está lejos de ser un buen producto. Pero volvería a ir a la Oktoberfest y volvería a gritar, medio aturdido por el alcohol, Ein prosit! Ein prosit!

No se trata de algo tan banal como la cerveza, sino de algo tan profundo como la cultura. Y en la cultura alemana, la cerveza es tan importante que embriaga cualquier visita al país.

Este post no va de Munich, va de Düsseldorf, justo en la otra punta del país germano, y, aunque el tipo de cerveza que aquí se bebe es totalmente distinto al de la región bávara, comparte con ella su amor por las largas mesas corridas, largas tardes y largas palabras difíciles de pronunciar.

Barriles de felicidad

Düsseldorf tiene un centro histórico bastante pequeño. Dos horas basta para tener la sensación de que ya conoces la vieja ciudad. Pero también tiene suficientes locales donde detenerse y alargar tanto como se quiera la mañana, la tarde y la noche.

Existen dos cerveceras míticas, pero la que se lleva la palma, por tamaño, tradición y belleza es la llamada Uerige. Aquí, los camareros cargados con cerveza tipo alt (altbier), recorren las mesas en busca de clientes sedientos, y siempre los encuentran. Te dejan el vaso y te hacen una marca en el posavasos. Al final, miran las muescas y pagas. Pequeñas peculiaridades que hacen del viaje algo grande.

Du bist blau

Alejado del centro, donde años atrás se ubicaba el muelle, existe un nuevo barrio que poco o nada tiene que ver con el viejo casco de la ciudad. Les une el río Rin y un paseo por su ribera de no más de 30 minutos.

Siempre vas acompañado por los barcos de poco calado que viajan de arriba abajo por uno de los ríos más legendarios de Europa. Me atrae mucho hacer un recorrido por el Rhein, pero esos cruceros programados me resultan tan artificiales que me repele al mismo tiempo.

Dejarse llevar

Cuando se llega al Neuer Zollhof, se reconoce al instante la mano de su arquitecto. No hay muchos que tengan un sello tan marcado como Frank Gehry. Las líneas inquietas y los materiales que utiliza en sus creaciones son muy característicos y motivos perfectos para el fotógrafo.

Además, si se tiene la suerte de tener el sol de cara, el trabajo está medio hecho.

Dispuestos a atrapar la luz

Con la antena puesta

Arriba. Abajo.

Tocando el cielo

Me gustó mucho volver a Düsseldorf. Me siento bien bebiendo entre esta gente, chapurreando alemán, inglés y castellano. Es fácil encontrar a alguien con casa en la costa mediterránea española. Mirad a vuestro alrededor y acercaos al alemán más moreno de todos.

Les encanta el sol. Siempre andan con la mirada puesta en el sur.

Mirar con ojos de cartón pierda

Tags: , , , , , , , , , , , , ,

Un viaje desde Bilbao a Cabo Norte (Noruega 6/6)

Publicado en Noruega, Viajar, Vídeo el November 29th, 2016 por diegojambrina

He hecho fotos que jamás podré enseñar. Parte I
Rumbo a Cabo Norte. Parte II
Un viaje de paso lento y latido rápido. Parte III
Turismo antinatural. Parte IV
Oslo, país independiente. Parte V 

Han pasado tres meses desde mi vuelta de Noruega y aún sigo pensando en aquel viaje. Supongo que el hecho de que lleve desde entonces procesando en casa las fotografías que tome allí, tiene algo que ver. Los cinco post que ya he publicado (uno, dos, tres, cuatro y cinco), también tendrán su incidencia, claro, pero debe haber algo más.

Pienso en lo diferente de este viaje con respecto al de otros años. ¿Qué hubo en Japón o qué no hubo para que no me haya marcado tanto? La moto, me digo. Pero ya he hecho otros viajes por Europa. Estuve en República Checa en 2014 y en Suiza, Alemania y Austria en 2012, y no fue lo mismo. El destino es distinto, vuelvo a pensar. Sí, es el destino, claro. Pero no, no lo creo.

En realidad, lo diferente soy yo.

Tags: , , , , , , , , , , ,

Oslo, país independiente (Noruega 5/6)

Publicado en Fotografía, Noruega, Oslo, Viajar el November 10th, 2016 por diegojambrina

He hecho fotos que jamás podré enseñar. Parte I
Rumbo a Cabo Norte. Parte II
Un viaje de paso lento y latido rápido. Parte III
Turismo antinatural. Parte IV

Oslo no es sólo la capital de un país, es un país en sí mismo, con su propio estilo, con una sociedad diferente, con infraestructuras más avanzadas, con arquitectura moderna, con barrios rehabilitados, unos con gusto y mucho dinero, otros solo con gusto… Es una ciudad tan distinta al resto de ciudades noruegas que parece pertenecer a otro país.

Esta afirmación no sólo dice mucho y bien de Oslo, sino que dice mucho y mal de Noruega. No sólo las ciudades, sino todo el territorio tiene carencias propias de un país de Europa del Este; uno de esos territorios que jamás han tenido dinero ni recursos que les permitan tenerlo en un futuro.

Pero Noruega tiene una industria petrolífera envidiada por toda Europa y el que se supone el mejor salmón del mundo, aunque en realidad hay quien afirma que es el alimento más tóxico del mundo; bueno, la cuestión es que sacan partido de ello. También tiene una industria turística muy activa, tanto de verano como de invierno. Y una industria maderera muy importante. Y a pesar de esto, sus infraestructuras son, por lo menos, algo justas.

Carreteras mal asfaltadas y mal señalizadas, carreteras de un sólo carril colapsadas por el excesivo tráfico diario, túneles tan oscuros como la boca del lobo, iluminados tan solo con una finísima línea intermitente de luz naranja. No quiero decir con esto que haya sufrido en Noruega, porque no ha sido así, he viajado bastante cómodo, pero sí es cierto que me ha sorprendido su nivel de precariedad, impropia del país escandinavo que yo me había imaginado. Así que, cuando llegué a Oslo, el último destino en mi viaje por Noruega, me sorprendió gratamente.

Arquitectura creciente

Escribiendo esto, me doy cuenta de que Oslo seguramente era como las demás ciudades noruegas no hace mucho tiempo, porque escribiendo esto hago repaso a todo lo que me cautivó y todo es lo que ha cambiado. Incluso el propio cambio en sí me cautiva; y me recuerda a otra ciudad cuya remodelación la ha hecho mucho más atractiva tanto para el visitante como para el residente. Me estoy refiriendo a Bilbao, capital del mundo.

La parte más hosca del viejo Oslo, el viejo puerto, es hoy la parte más nueva y estilosa de la ciudad. De las férreas grúas y los rudos trabajadores se ha pasado a edificios de viviendas, oficinas y comercios de gran elegancia y a ejecutivos con móvil en mano. Pero lo que más me gusta es que se ha respetado, al menos algo, el carácter áspero de los edificios de antaño y que, aun no interesándote las compras como actividad turística, pasear por el actual Aker Brygge es un placer visual. Los amantes de la arquitectura y del arte en general, se pasarán horas por aquí.

Oslo, ciudad Fenix

La representación artística de un puto lío

Personalidad de hierro

Otra de las zonas que han mutado con el tiempo es Grünerløkka. Un barrio lleno de espacios de arte y artistas que sacan a la calle su talento para que respire sin la opresión característica que las paredes de los museos provocan.

Restaurantes, mercados, bares y paseos paralelos al río Akerselva se suman a la fiesta colorista de esta parte de Oslo.

Una mujer con lo que hay que tener

Puente hacia la libertad creativa

Lámpara a la luz del sol

Puedo ser crítico con los museos, pero soy de los que acuden a ellos con verdadero interés. Y aunque en Noruega apenas los visité (el precio de las entradas tuvo buena parte de culpa), hubo uno que me atrapó sin remedio: el Vikingskipshuset. Si no llego a ir con mi mujer, muy probablemente me habría pasado todo el día en su única nave en forma de cruz latina. Por cierto, paradójica forma la que se eligió para el ensalzamiento de la cultura vikinga.

En el Museo de los Barcos Vikingos, como su propio nombre indica, hay tres barcos y unos pocos adornos y objetos rescatados de las garras de la tierra y de los siglos. Mucha gente no tarda más de 45 minutos en verlo todo, pero si creciste con la película de Kirk Douglas, Los Vikingos, y te gusta la cerveza y los asados, un día puede ser insuficiente. Además, el arte y la artesanía de la cultura escandinava es tan rica en detalles que podrías dedicar 45 minutos a cada obra expuesta.

Orgullo vikingo

Otra de las zonas interesantes de la ciudad es en la que está enclavado Oslo Ópera House. Y lo es hoy por este espectacular edificio, pero en breve lo será también por los edificios que ahora están en construcción.

El sol de tarde se alió conmigo para que tuviera una bacanal fotográfica como nunca antes había tenido. La luz rebotaba en sus paredes exteriores, blanca como un iceberg, y se colaba por entre los grandes ventanales hasta el interior, iluminando el hall de entrada y mis fotografías.

Andaba con una cámara en una mano y la otra colgando del cuello; una pose muy poco habitual en mí, siempre atento en pasar desapercibido, pero necesitaba tener los dos objetivos (uno de 35mm y el otro de 50mm) para ser doblemente feliz.

Me gustaría mucho volver a Oslo dentro de unos años. Esta zona promete dar buenas tardes a los fotógrafos y a los interesados en la arquitectura moderna. Y, además, siempre es sugerente volver.

Un mundo en construcción

Insignificante signo humano

Ventanales en Do mayor

La ventana indiscreta

Desde Nordkapp, el punto más al norte del país, y de Europa, al que se puede acceder por carretera, hasta Oslo, recorrí unos 3.000 Kms en moto. Todo un viaje lleno de curvas, ferris, luces imposibles, gasolineras, áreas de descanso, emociones y carne de gallina (y no precisamente por el frío) que recordaré siempre. Una experiencia compartida con mi pareja, a la que pido desde aquí que nunca deje de guiarme hacia destinos desconocidos.

En alerta permanente

Tags: , , , , , , , , , , , , ,

Turismo antinatural (Noruega 4/6)

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Noruega, Viajar el November 5th, 2016 por diegojambrina

He hecho fotos que jamás podré enseñar. Parte I
Rumbo a Cabo Norte. Parte II
Un viaje de paso lento y latido rápido. Parte III
Oslo, país independiente. Parte V 

Es curioso cómo la sola mención de la palabra Noruega despierta en la gente el deseo del viaje. Ya sean viajeros empedernidos como yo, turistas en su peor sentido, o personas que jamás han cruzado su círculo de confort, que este país escandinavo supone un estímulo como ningún otro destino.

Y, además, les resulta estimulante la naturaleza en su estado más puro, cuando en sus lugares de origen parece que no existe nada más que el asfalto y las grandes avenidas llenas de comercio abierto.

Tal vez por eso, algunos lugares naturales de Noruega se presentaron ante mí como una verdadera avenida de una gran ciudad. El Púlpito, o como dicen los noruegos, Preikstolen, esa extraña roca que se asoma hacia el fiordo de Lyse, es uno de los destinos clave para cualquiera que visite el país, para cualquiera que no lo haya visitado aún y para cualquiera que jamás lo vaya a visitar. Es un imprescindible del turismo antinatural, plagado de zapatos rojos de tacón, botellas de cerveza, selfies, atascos y, sí, también de belleza.

Turismo antinatural

Otro imprescindible atractivo turístico noruego presente en el imaginario colectivo del mundo entero son los fiordos. Y es que el hecho de que el mar se introduzca kilómetros tierra adentro supone para la gente, y para mí también, claro, un hecho tan extraordinario que resulta digno de visitar.

La facilidad con la que se pueden recorrer estos lugares, sin esfuerzo físico alguno, y la enorme cantidad de fiordos a elegir, hacen que todo viaje a Noruega lleve consigo un crucero.

Estos cruceros, pueden llegar a suponer una parte importante del presupuesto del visitante, o si se anda un poco listo, no más que el costo de un billete de un ferri cualquiera. Hasta los japoneses, con su gran poder adquisitivo, viajan preavisados por uno de los países más caros del mundo.

Navegando con permiso de la naturaleza

Vestida para navegar

Definitivamente, Noruega se percibe como un destino eminentemente de naturaleza espectacular y accesible. Sin embargo, algunas ciudades noruegas resultan muy recomendables: Bergen, Ålesund, Oslo, Stavanger y Tromsø son en las que yo estuve. De esta última y de sus perturbadores habitantes ya di unas pinceladas en el post anterior. Si quieres saber el por qué de su perturbación, pincha aquí.

El resto de las ciudades me resultaron más amables, tanto por su clima como por sus gentes, y mucho más interesantes en cuanto a arquitectura mundana. Ya iba con el dato de que Ålesund fue reconstruida casi en su totalidad tras un devastador incendio en 1904. Ya había leído que era una ciudad art decó. Ya, pero cuando paseas por sus calles y te encuentras en cada esquina con viviendas diseñadas con uno de los estilos más maravillosos de la era moderna, cualquier dato previo se queda corto.

Amarillo Alesund

La suerte quiso que algunos edificios sobrevivieran al incendio y se muestren hoy tan espléndidos como antaño, como reivindicando con orgullo una belleza eterna, una belleza en madera y salitre.

Curiosamente, los edificios que se salvaron de la quema se encontraban, y siguen en su sitio, como no podría ser de otra forma, en el puerto. Hoy, son edificios dedicados a la artesanía, al Museo de la Pesca, el Fiskerimuseet, y a las antigüedades. Entre éstas pasé bastante rato embobado con tanta belleza de temática marina y, sencillamente, incrédulo ante los bajos precios que, en el país más caro en el que yo haya estado, tenía todo lo allí expuesto. Sólo me arrepentí una vez de haber ido en moto. Ni el frío ni la lluvia fueron los culpables de mi arrepentimiento, sino los bajos precios de reliquias que olían a historia.

Pasado a flote

Bergen es otra de las ciudades que ha sufrido un gran incendio. La verdad, es que resulta imposible que ciudades como las noruegas no hayan sido pasto de las llamas; todas de madera, todas con frío y humedad, todas expuestas a la lumbre del hogar. Afortunadamente para la gente de hoy, el incendio fue en 1702, por lo que las casas por entre las que hoy podemos caminar ya llevan ahí más de trescientos años. Así que, tienen un poso que ni las hordas de turistas pueden estropear.

Atrapando la luz

Lo más famoso de esta ciudad es el barrio Bryggen, tan bonito que no puedes luchar contra él. Muchas veces he dado media vuelta en busca de lugares más tranquilos en los que estar y por los que pasear, sin tener que esforzarme en esquivar a los turistas, con sus bolsas de la compra y sus alaridos (casi todos en castellano). Pero Bryggen te llama para que vayas una y otra vez, y si te resistes, te grita con la fuerza del sol de tarde.

Sí, es absolutamente imposible resistirse. Te dan ganas hasta de hacerte una foto con la ciudad entera.

Cálidas caricias al atardecer

Yo conmigo misma

Stavanger, más que una ciudad, es un pueblo grande, un pueblo de madera pintado en blanco al que la mayoría acude como base para realizar la excursión al Preikstolen. Sin embargo, debería ser reconocida por su puerto (un mini Bryggen), por su zona vieja, con viejas casas abiertas de par en par para recibir la luz del sol y por su Cardinal, el bar con más variedades de cerveza de Noruega, y seguramente del mundo. Hasta 600 cervezas distintas con las que disfrutar día tras día en un ambiente propicio para la degustación en silencio.

Un pasado iluminado por el sol

Desde dentro

Y me queda por escribir sobre Oslo. Pero esta ciudad me la dejo para otro post. Se merece uno propio; por su recuperación al estilo Bilbao, por sus zonas alternativas, por su puerto, su arquitectura, sus locales de cervezas, su ambiente y su edifico de la ópera, donde disfruté de una bacanal fotográfica.

Tags: , , , , , , , , , , , ,

Un viaje de paso lento y latido rápido (Noruega 3/6)

Publicado en Fotografía, Noruega, Viajar el October 27th, 2016 por diegojambrina

He hecho fotos que jamás podré enseñar. Parte I
Rumbo a Cabo Norte. Parte II
Turismo antinatural. Parte IV
Oslo, país independiente. Parte V 

Cruzando el Círculo Polar Ártico

Tombuctú, Vladivostok, Ulán Bator, Sebastopol, Dar es-Salam, Manaos, Macao… muchos lugares merecen una visita por el simple hecho de lo que fueron para una persona. Aventureros, escritores, guionistas y directores de cine son algunos de los culpables de que tenga ganas de hacer la maleta y lanzarme a visitar rincones del mundo donde no hay nada. Al menos, nada aparentemente.

Se me pierde la mirada en el horizonte cuando oigo, o tan sólo pienso, en un lugar tan extraño como Vladivostok. Un lugar que está en el extremo oriente, entre China y Japón, y sin embargo pertenece al mismo país que Moscú. ¡Nueve mil kilómetros de distancia! Me encantaría ir a esta ciudad rusa, mucho más incluso que a la propia capital, y escribir sobre ello. De momento, me conformo con escribir sobre otro mítico lugar: el círculo polar ártico, que no es poco.

Ya atravesé a principios año el círculo polar, y hablé de él y de la estupidez de llegar y encontrarse con dos falsos Papas Noeles. Porque uno es una tontería, pero dos es una estupidez. Si queréis saber de qué estoy hablando, pinchad aquí.

Decía que hablé del círculo polar ártico, pero con poca emoción. Llegar hasta allí cómodamente sentado en un avión no significó nada. Llegar habiendo cruzado media Europa montado en una moto, significó mucho.

Y del mismo modo que lo fue para mí, lo puede ser para los demás. Pero, en general, no viajamos, sencillamente, nos movemos, y así, es comprensible que la mítica frontera del círculo polar ártico esté siendo devorada por la luz eterna de los veranos efímeros sin que nadie se pare a mirar.

Mundo olvidado

Unos kilómetros antes de llegar a la frontera que separa Suecia de Finlandia, y yendo por carretera desde el sur, me encontré con un lugar donde aparentemente no había nada, un lugar abandonado, por el que, sin duda, habría pasado de largo, si hubiera ido más rápido de lo que iba. Pero la escasez de gasolina en mi moto y de gasolineras en las carreteras, me obligaron a conducir despacio, y eso me dio tiempo para ver la esfera de hierro oxidado con la que se indica la entrada y salida del círculo polar ártico.

Acababa de entrar en el territorio donde el sol en verano nunca se pone y en invierno nunca se ve. Algo totalmente extraño y casi irreal para cualquiera del sur.

Aun viviéndolo, resulta difícil de comprender. Estás ante un final del día eterno. Estás sentado en la cama, a las dos de la madrugada, con la mirada perdida en una terca línea de luz.

Tarde
Atrapada por la luz

Noche
El final eterno

Madrugada
Sueño por vivir el sol de medianoche

Pero la vida en este extraño lugar del mundo es aparentemente normal.

Siempre había oído que la gente del norte vivía los veranos tan intensamente que alargaba la hora de irse a dormir, pero en realidad no lo viví así. La gente abandona las calles de Tromsø, la ciudad más grande del norte de Noruega, mucho antes de que la luz pierda su intensidad.

Gente extraña, tan extraña como su naturaleza, tan fría como sus cortos veranos, y tan afectada por su entorno natural que es difícil cruzarse con una mirada que no perturbe. Afortunadamente, ese carácter les ha dotado de una capacidad extraordinaria para idear y construir edificaciones fuera de lo común, como el Museo Polar, la iglesia de Tromsdalen, más conocida como la catedral del Ártico, o el descomunal puente que une la isla de Tromsø con el continente.

Descolocada

Una fría señal en el Ártico

Escala irreal

Otro de los lugares más importantes dentro de este círculo, además de Tromsø y de Nordkapp, del que escribí en este otro post, es el conjunto de islas que forman las Lofoten.

Y como una ventana, puedes abrirte a este lugar o encerrarte en ti mismo y tratar de averiguar quién eres. Porque páramos inhóspitos como éste sirven muy bien para pensar, aunque no sepas muy bien en qué.

Sueños llenos de luz

Siempre mirando al mar

Miradas cruzadas

Lo mejor de las islas Lofoten no son sus pueblos rojos de madera sino los sitios en los que esos pueblos están. No importa ir a Å, el último pueblo de las islas y con el nombre más corto del mundo, ni a Nusdfjord, ni a ningún otro. Lo mejor es recorrer la carretera sin destino fijo, sin hora de vuelta, sin importarte cómo se llama el pueblo que acabas de dejar atrás.

Aquí los nombres son tan insignificantes como el propio ser humano.

Listo para navegar por mi mar interior

Despertar

Y poco a poco, kilómetro a kilómetro, fui avanzando hacia el sur, acercándome a mi mundo conocido, al mundo donde la noche es noche y el día, día.

Puedo asegurar que esta experiencia ha sido fabulosa, pero, también puedo asegurar que esta tierra no es apta para nuestro espíritu humano actual, tal vez, por la contaminación social y económica de hoy, que nos impide disfrutar tanto de un mundo sin artificios como de nosotros mismos.

Respira y continúa

Viajera de paso lento y latido rápido

Al rojo

Abandoné, quién sabe si para siempre, el círculo polar ártico subido en un ferri.

Llegué rodando y me marché navegando, como no podía ser de otra manera tratándose de Noruega. El país donde las carreteras tienen hora de caducidad, y si no la respetas te quedas en tierra, esperando a que el sol vuelva a levantarse y comience de nuevo el servicio de ferris.

Línea imaginaria

Tags: , , , , , , , , , , ,