Bruselas, esa ciudad del Manneken Pis

Publicado en Bélgica, Bruselas, Viajar el June 12th, 2017 por diegojambrina

Me miro en las fotos que tengo de la primera vez que estuve en Bruselas y no me reconozco. Han pasado 17 años. Mucho tiempo para una vida de 42. Poco, aparentemente, para un cambio facial radical. Así estoy yo, en constante evolución. Pero la ciudad sigue igual. Sigue con su Grand Place de belleza arquitectónica embriagadora, sus callejas a su alrededor llenas de restaurantes donde sirven mejillones de baja calidad y tiendas de chocolate de diferentes marcas y calidad superior. También sigue en su sitio el pequeño niño meón, los murales simulando escenas de cómics y los turistas. Esos sí que no cambian. Ahí están, protagonistas en las calles de Bruselas.

Cegados por el yo

La pequeña gran estrella

Arquitectura por siglos iluminada

Así, en términos generales, Bruselas agobia y aburre a partes iguales. Pero cuatro días en la ciudad dan para mucho más que para hacerse una idea general.

Hace 17 años, vi lo que ve la mayoría de los visitantes. Esta vez me adentré por callejones oscuros, me alejé de la Grand Place, caminé durante mucho tiempo para llegar a los barrios periféricos y visité una cervecera llamada Cantillon donde fabrican un estilo muy bruselense y poco internacional: el estilo lambic. Un tipo de cerveza que se bebe a temperatura ambiente y de sabor sorprendentemente ácida. No apta para paladares sensibles ni para grupos organizados de turistas españoles. A estos les va más cervezas de tipo pils y las belgium ale de toda la vida.

La cerveza reina en la ciudad es la Delirium Tremens. Muy famosa en todo el mundo y reconocida por su icónico elefante rosa. A mí esta marca siempre me ha atraído mucho. Es como si tu enemigo llamara a tu puerta y le invitaras a entrar.

Fauna endémica

Pero en Bruselas hay más animales sueltos por ahí.

Perdido en una calle sin importancia, lejos de las miradas y de los móviles y cerca de un inocente pivote, hay un perro que levanta la pata para lanzar una eterna meada que nunca llega, que nunca acaba. Supongo que algún día, en mi madurez, sentiré lo mismo que él.

Existe otra figura meona; una niña en posición y miccionando sobre una minúscula fuente. Está ubicada en un callejón sin salida. Ya hay mucha gente que conoce el lugar, pero para el que no lo sepa, sólo tiene que preguntar por el Delirium Café. Está justo en frente. Y ya de paso se puede entrar a este santuario de la cerveza y probar alguna de las 40 variedades de cerveza de barril y 100 más en botella.

Territorio eterno

Yo disfruto más de los pequeños templos cerveceros a los que se llegan atravesando oscuros callejones, de esos por los que jamás te atreverías a entrar en otro tipo de país. Pero aquí, puede más el deseo de descubrir interesantes rincones y probar cervezas complicadas de encontrar en mi Bilbao de origen.

Además, como el dicho afirma: los caminos de la cerveza belga son inescrutables.

Los caminos de la cerveza son inescrutables

Pasadizos apasionados

Si no me gustara la cerveza, Bruselas tendría también mucho atractivo para mí. Es una ciudad lo suficientemente grande como para pasar cuatro días sin tener la sensación de que ya lo has visto todo, pero lo suficientemente pequeña como para recorrerla a pie. Caminar es el mejor modo para disfrutar de un lugar. Cómo si no, hubiera podido encontrar momentos llenos de color y luz o ver al hombre invisible elegantemente vestido.

Entendimiento

Lo que de verdad no importa

Otro de las cosas que más me gustan de la ciudad es su arquitectura. Existen magníficos ejemplos de los estilos arquitectónicos más espectaculares, como el barroco.

El barroco es uno de esos estilos que siempre me ha atraído por su infinidad de detalles, pero de un tiempo a esta parte empieza a aburrirme. No dejo de pensar en la personalidad banal de quien lo mandó construir y en cómo una vida de opulencia puede ser retratada en una fachada de ego y piedra.

Para mí el art decó, aun teniendo un gran trabajo en sus detalles, es mucho más elegante y espectacular que el barroco, y Bruselas tiene bastantes ejemplos de esta arquitectura. El Old England, que alberga un impresionante museo de instrumentos musicales, es uno de ellos.

No me olvido del Atomium, pero sencillamente, verlo una vez en la vida es más que suficiente. En esta ocasión, me centré más en la nueva arquitectura de acero y cristal que también existe en la capital de Flandes.

Con luz propia

Mirando hacia el lado equivocado

Conociendo lugares desconocidos

Y hasta aquí mi repaso a una bonita región del norte de Europa que cautiva por su arquitectura y su cerveza. Y a quien no le interese ni un tema ni otro, que no se moleste en visitar Bruselas ni Gante ni Brujas. Bueno, Brujas igual sí, por lo de ser una ciudad de cuento de hadas. Una denominación de la que empieza a cansarme.

Podéis ver mis post de Gante pinchando aquí y el de Brujas aquí.

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Un paseo por ese extraño país: Emiratos Árabes Unidos (3/3)

Publicado en Abu Dhabi, Dubai, Vídeo el May 25th, 2015 por diegojambrina

Todo es raro en los Emiratos Árabes Unidos:

  • Exportan arena de China para poder seguir ganando terreno al mar.
  • Construyen hacia arriba sin tener en cuenta lo de abajo, las cloacas.
  • Tienen una cálida versión de la niebla del Cantábrico, las tormentas de arena.
  • Su mayor actividad es el comercio, no el petróleo, como erróneamente se cree (yo era uno de ellos).
  • Para ver el estilo arquitectónico tradicional hay que ir a los nuevos centros comerciales.
  • Levantan mezquitas colosales para uso y disfrute de los turistas, en su amplia mayoría, no musulmanes.
  • El idioma más hablado es el inglés, aunque las comunidades más representadas (sin contar los propios emiratís) son la india, la pakistaní y la filipina.
  • Y yo me divertí, aunque viajé con mil y una reservas. Para muestra, este vídeo.

Si queréis profundizar en las rarezas del país, pasaos por los otros dos post sobre Dubai:

Dubai, ciudad abierta

Dubai, sin bajarse del autobús.

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Dubai, sin bajarse del autobús (2/3)

Publicado en Dubai el April 30th, 2015 por diegojambrina
Si queréis ver Dubai sin cristal de por medio, pasaos por el primer post

Por lo general, en un viaje organizado siempre se invierte poco tiempo en disfrutar de los lugares de interés, nada de nada en improvisar y mucho mucho en bajar y subir del autobús. Tres situaciones de las que huir y tres razones por las que siempre viajo solo, o con mi pareja.

Pero en Dubai, me disfracé de oveja y me dejé llevar. Y no estuvo mal del todo. Moverte de un lugar a otro en autobús, me dejó las manos libres y la mirada alerta. Desde mi asiento veía la ciudad pasar. Y si es una ciudad como Dubai, no pasa ni un segundo sin una fotografía que tomar.

Así que, sincronizad vuestros relojes y poned la banda sonora de Benny Hill que nos vamos a disfrutar de la ciudad de Dubai, sin bajarnos del autobús.

 

Para empezar, os llevaré hasta las afueras de la ciudad, y os daré 10 minutos para hacer la foto. ¿Os parecen pocos? A mí me sobraron todos; la foto ya estaba tomada sin levantarme del asiento. Aquel jardinero, de pie sobre un inmenso muro verde, con el skyline al fondo era todo lo que yo podía desear.

Venga, que el autobús no espera. Todos arriba cagando leches.

Y hablando de cagar… Comentaba en mi anterior post que Dubai, siendo una ciudad nueva, tiene algunos de los mismos problemas de las ciudades viejas, como por ejemplo, la gran densidad de tráfico rodado, y la incomodidad de recorrer las calles a pie o en bicicleta. Ahora, os hablaré de otro problema: el exceso de residuos fecales.

Al parecer han invertido mucho ingenio, dinero y esfuerzo en construir hacia arriba, pero bien poco en preparar lo de abajo. Y se han encontrado con un alcantarillado útil para recoger las aguas sucias de unas 20.000 personas. ¿Sabéis cuántas viven en Dubai hoy? Más de 2 millones. ¿Y qué es lo que hacen, os preguntaréis? Pues recogen esos desechos humanos en camiones cisterna y todos los sábados a la noche se lo llevan tierra adentro. Otras fuentes dicen que lo vierten al mar. En cualquier caso, el problema es muy serio, y lo será aún más porque esta ciudad no para de crecer.

Hacemos otro alto en el camino. Ahora, nos vamos corriendo hasta la playa de Jumeirah.

Tratad de olvidar lo de las aguas fecales de dos millones de personas vertidas al mar y disfrutad de la arena blanca, el agua caliente y las vistas al único hotel de siete estrellas del mundo, Burj Al Arab Jumeirah, más conocido como el hotel vela. Bueno, en realidad no tiene 7 estrellas, es únicamente una estratagema publicitaria, pero sí tiene unos precios estratosféricos. Son casi 2.000 € los que tienes que soltar para pasar tres días como un jeque en su habitación más económica.

Si os queréis dar un capricho, yo no esperaría mucho, el entorno cambia cada día (y no me refiero al color del mar) y como os descuidéis, cuando lleguéis, ya habrá otro edificio tan alto como este justo enfrente. Y adiós a la primera línea de playa.

Continuamos viaje, así que, no guardéis vuestras cámaras o móviles, lo que uséis; no os criticaré. Yo creo que cualquier cosa que sirva para capturar la luz es válida, aunque a mí no me pillaréis sin mi cámara fotográfica. Y tengo que decir que me da algo de pena ver que los móviles vayan ganando terreno en detrimento de las cámaras. Eso sí, como me digáis que la tablet saca unas fotos buenísimas, os crujo.

Como os decía al principio del post, no pasa ni un segundo, sin que al otro lado de la ventana del bus, surja algún motivo que fotografiar. En este caso, la costa de Dubai se veía muy atractiva, desde el tronco de una de esas palmeras de tierra que invaden el golfo pérsico, lo malo es que se metió en el encuadre la estructura elevada del monorail, otro atractivo turístico más, más que un medio de transporte.

 

Para moverse por el resto de la ciudad está el Metro. Dicen que es rápido, cómodo, fresquito y con buenas vistas, porque la mayor parte de sus 75 kilómetros de longitud transcurren sobre una plataforma elevada. Algo parecido a un acueducto. La verdad es que me quedé con ganas de montar en uno de sus vagones mixtos. Ojito que los vagones tienen diferentes categorías. Los hay para ricos, para los no ricos, para mujeres y para hombres y mujeres juntos. Una vez más, las rarezas de Dubai.

Las estaciones también son interesantes. Cúpulas doradas de enormes dimensiones, como no podía ser menos en esta ciudad, que se dejan ver hasta en las peores condiciones climatológicas, y me refiero a las tormentas de arena. Supongo que son algo incómodas para el chofer de mi autobús, pero mágicas para el fotógrafo. Es la versión árabe de la niebla.

En los días despejados, hay que aprovechar los pasos elevados sobre las gigantescas avenidas de la ciudad. Atento todo el mundo, que el bus lo atraviesa en un ti-ta y las posibilidades de volver a disparar son escasas. Ya tendréis tiempo de recrearos en cada uno de los edificios en la fotografía tomada. Fue así como me di cuenta de que una de esas torres tiene cierto parecido a la torre del Palacio de Westminster, erróneamente conocida como “el Big Ben”, dicho sea de paso.

Ya comenté en el primer post este raro gusto por las recreaciones sin gusto.

La ciudad se extiende tanto que los traslados de un punto turístico a otro sirven también para reflexionar, no sólo para fotografiar. Son distancias tan descomunales que no llegas a comprenderlas. Para que os hagáis una idea, Bilbao tiene una superficie de 41km², Madrid de 605km² y Dubai ronda los 1.500km². Es como cuando te dicen cuántos millones tienen las personas más ricas del mundo. Es tanto que no sabes cuántas vidas podrías disfrutar con semejante riqueza. Sencillamente te sentirías inmortal (que es seguro lo que sienten esos ricachones).

Además, en Dubai hay tantas referencias visuales permanentes (torres que se dejan ver desde casi cualquier lugar de la ciudad), que te sitúan constante y erróneamente en un mismo punto. Llegas a creer que apenas te mueves, pero no, no es así.

En esta fotografía, podéis ver en un primer plano un elemento difuminado por la alta velocidad del autobús y la baja velocidad de disparo de la cámara, pero también veis perfectamente las dos torres del hotel Marriott Marquis. Esto es un clarísimo ejemplo de la percepción errónea que podéis llegar a tener en Dubai. Podría parecer que las torres están tras la valla, pero no, están muy, pero que muy lejos.

Una de esas torres de referencia es la Burj Khalifa, gracias a sus 828 metros y 163 plantas. Destaca tanto del resto, que hace que los altísimos rascacielos de alrededor se perciban como edificios sin ambición.

Os doy otro dato: la torre Iberdrola de Bilbao mide 165 metros y tiene 41 plantas. Y la más alta de las Cuatro Torres Business Area de Madrid, 250 metros y 45 plantas.

Claramente, la Burj Khalifa apunta al sol, y casi lo toca.

Con la caída del sol, nada cambia para mí, ni para vosotros. Seguimos en el autobús y seguimos con opción de fotografiar.

No os preocupéis por la falta de luz. Si la noche no impide brillar a la Burj Khalifa, por qué me voy a preocupar yo. Recordad que los de Bilbao somos aún más grandes y brillantes.

Y antes de que lleguemos al hotel, tras un duro día en bus por la gran ciudad, nos dejamos seducir por las vallas publicitarias a ambos lados de la carretera. Gigantes vallas, para no desentonar. Y soñamos con otros lugares, lejanos, diferentes, desconocidos… para escapar de la gran Dubai.

Me queda deciros que si os ha gustado este post, podéis pasaros, si aún no lo habéis hecho ya, por el primer post: Dubai, Ciudad abierta, y que estoy pensando en un tercer post, pero aún no lo tengo decidido.

Todo depende.

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La República Checa no es solo Praga

Publicado en Chequia, Fotografía, Fujifilm X100, República Checa, Viajar el September 18th, 2014 por diegojambrina

Viajar por la República Checa. Parte I: Praga

Si alguna vez he tenido una gran idea, la de viajar por la República Checa fue una de ellas.

Durante muchos años he querido visitar Praga. Un puente de esos de noviembre o diciembre de cuatro días es perfecto”, me decía. Pero el alto costo del vuelo y de los hoteles, me llevó una y otra vez a desechar la idea. “Demasiado dinero para un fin de semana”. Al final, me decanté por visitar no solo Praga sino todo el país. Si iba a gastarme tanto dinero en ir hasta allí, ¡por qué no aprovechar el viaje!

Esta decisión tan lógica, en cierta medida, es totalmente anormal para la mayoría de los turistas. A excepción de Praga, la República Checa es un lugar completamente desconocido para casi todo el mundo. Solo los alemanes, los propios checos, y, por supuesto, los japoneses saben las maravillas que esconde.

Este post está dedicado a esa mayoría, para que sean conscientes de todo lo que se han perdido quedándose en la capital.

Míkulov

Es un pequeño pueblo al sur de Brno muy frecuentado por turistas checos y alemanes (creo que a los japoneses no se les da bien sacar fotos y andar en bici al mismo tiempo). Es como el oasis del guerrero cervecero, donde acuden a degustar los vinos de Moravia y pedalear por hermosas carreteras que zigzaguean entre viñedos.

Además, hay ejemplos de fachadas esgrafiadas, una técnica de decoración muy común en todo el país que consiste en rascar la superficie de la fachada y dejar al descubierto la capa de debajo de diferente color, creando así fantásticos dibujos.

Telc

En Telc está la plaza más espectacular de todo el país. Es un largo espacio acotado por dos hileras de fachadas renacentistas y barrocas. Después de unos vinos, te dan ganas de recorrer la plaza de lado a lado, saltando de fachada en fachada como si fueras Heidy y los adoquines suave y fresca hierba.

La arquitectura es espectacular y sus vinos muy peleones.

Photograph Exaltación en Telc by Diego Jambrina on 500px

Además, alrededor del casco histórico hay un lago artificial y unos caminos de tierra por donde pasear agarrados de la mano o con una cámara en la mano, listo para capturar la tranquilidad de la vida en esta parte del país, antes de atacar las bodegas locales.

Znojmo

En Znojmo, como en cualquier lugar del país, se puede beber buena cerveza local, pero también tiene la alternativa del vino. Una alternativa que puede convertirse en irresistible, si además te lo sirven al atardecer en una ladera rodeado de viñedos.

De todas formas, si sufrís el síndrome de riojitis, como lo sufro yo, más os vale continuar con la cerveza.

Brno

Es la segunda ciudad más grande del país. Viven aproximadamente 400.000 personas y es un lugar amable para pasear, lo que muchos interpretaréis como un eufemismo de ciudad aburrida. Pues no. Al menos, no durante la celebración del espectáculo del Gran Premio de Motociclismo, que es cuando yo estuve.

Destaco la catedral, pero no por sus agujas, vidrieras, órgano o cualquier otro elemento clásico y grande, sino por los pequeños detalles alrededor del edificio.

Me llamó mucho la atención que hubiera un púlpito en el exterior de la catedral, un lugar desde el que el cura de turno lanzaría sus reprimendas al esquivo pueblo pecador.

Otro detalle que me atrajo fue este que se ve en la imagen, y del que no tengo ni idea de lo que significa, pero para mí fue suficiente motivo para sonreír y tomar una fotografía.

Štramberk

Los checos son los que más cerveza consumen en todo el mundo. Cada uno de ellos consume una media de más de 155 litros. Bueno, seguro que hay quien consuma mucho menos, y también mucho más, que esto es una media, no lo olvidemos.

En cualquier caso, es una cantidad sorprendente. Tanto que habrá quien se pregunte si esta gente se baña en cerveza. Pues la respuesta es sí, se bañan en cerveza. Al menos, los turistas lo hacemos.

Hay beerspas en diferentes lugares del país, el más publicitado es el de Chodovar, pero yo me bañé en uno de un minúsculo pueblo llamado Štramberk. Te desnudas, te metes en una bañera de cerveza calentita y, mientras, te bebes una bien fresquita. No se puede pedir más.

 

Pilsen

Es la cuarta ciudad más grande del país, aunque se recorre a pie en unas pocas horas.

Uno de sus atractivos más destacados está en visitar el lugar donde se desarrolló un sistema que cambió la cerveza de entonces (oscura, densa y fuerte), en una bebida mucho más ligera, suave y refrescante: crearon la cerveza pils o pilsner. Y, como muchos habréis deducido, fue Pilsner Urquell la artífice de aquella revolución. Curiosamente, ahora se está viviendo una involución, y se bebe más las cervezas sin filtrar (nefiltrovaný), más puras y turbias. A mí, personalmente, la Pilsner Urquell fue la marca que menos me gustó de todas las que probé durante mi estancia en el país (y probé muchas).

También se puede visitar el Museo de la Cerveza y acabar con una degustación, como no podía ser de otro modo.

Otro de sus atractivos están en la plaza de la República, donde se encuentra la catedral con la torre más alta del país. Alcanza los 102m. Y a su alrededor, hay fuentes y fachadas que al atardecer brillan como una cerveza pils.

Olomouc

Olomouc es hoy una tranquila ciudad, con una inquieta historia. Su reloj astronómico, y las remodelaciones que ha sufrido a lo largo de los siglos, ha sido testigo directo de las convulsas manifestaciones humanas, políticas y sociales, y, aunque no atraiga tantas miradas como el de Praga, merece permanecer un buen rato delante y saborear cada detalle.

Y no te preocupes por tus pies, permanecerán a salvo de turistas y segways controlados por niños sin control. Si no sabes de lo que estoy hablando, pásate por mi post sobre Praga y verás.

Ceský Krumlov

Es sin duda el pueblo más bonito de todos. Uno de esos pueblos de cuentos de hadas, con callejuelas, puentes, tabernas, cervecerías, plazas y un castillo con torre de colores. Nadie se lo quiere perder, ni siquiera los españoles, que en su inmensa mayoría acudían desde Praga en excursión de un día.

Sin embargo, es un lugar para quedarse y disfrutar de la noche, paseando por sus despejadas calles y bebiendo las cervezas locales en alguna de sus tabernas o en terrazas al aire libre, abrigados, eso sí, con gruesas mantas.

En el castillo, destacan dos espacios: la torre, alta, redonda, separada del castillo propiamente dicho y decorada con colores; y, el teatro de madera, una maravilla barroca casi única. Tan sólo quedan en el mundo dos teatros de estas características con la maquinaria conservada. La entrada es cara, pero merece la pena ver cómo con unas cuantas sogas, madera y mucho ingenio se podía transformar el decorado en un segundo, hacer subir y bajar a los actores por las trampillas o fabricar efectos sonoros espectaculares.

No permiten hacer fotos, así que tendréis que conformaros con las de la web de turismo.

 

Karlovy Vary

Y acabaré por un curiosísimo pueblo, en el que no se bebe cerveza, sino agua; Karlovy Vary. A él acuden miles de personas de la tercera edad en busca de la juventud perdida. No sé si la encontrarán, pero yo me sentí mucho más joven entre ellos, y eso que apenas di unos sorbitos al agua de sus fuentes.

Las aguas que corren por el subsuelo y que salen por las fuentes repartidas por la superficie, huelen mal, queman (algunas llegan a los 72º) y saben a rayos, pero la gente bebe y bebe y vuelve a beber. Buena suerte, amigos. Yo me quedo con su magnífica cerveza y sus propiedades beneficiosas para la salud, que las tiene, y muchas.

Na zdraví!

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Praga, una ciudad tomada por el turismo

Publicado en Chequia, Fotografía, Fujifilm X100, República Checa, Viajar el September 8th, 2014 por diegojambrina

La República Checa es un pequeño país completamente desconocido para muchos Europeos, con una famosísima y enorme capital invadida por todo el mundo. Ésta es la afirmación más tajante que puedo escribir, después de recorrer el país en moto y cargado con mis cámaras durante 17 días.

Empiezan mis crónicas de viaje.

Comienzo por Praga, por ser ésta una de las ciudades más visitadas, no del país sino del mundo, y uno de esos destinos que todos tenemos en la lista de deseos. No hace falta siquiera ir hasta allí, basta con buscar hoteles por internet para darse cuenta de su solicitud.

Dicen que tiene una de las plazas más bonitas del mundo, y su reloj astronómico causa admiración, pero quien lo dice se deja llevar más por el deseo o el desconocimiento que por la realidad en sí. No seré yo quien niegue su belleza, pero tampoco quien la alabe. Tal vez la gran cantidad de turistas y el hecho de que un niño me atropelló, no una, sino tres veces, el pie con su segway, hayan influido en mi opinión. Aún así, disfruté en ella tratando de emular al gran fotógrafo del comportamiento turístico, Martin Parr.

Otro de los puntos calientes de Praga es el Puente Carlos. Se empezó a construir en 1357 y ha aguantado carros y carretas, y hasta coches, gracias a las cáscaras de huevo que, según cuenta la leyenda, mezclaron con el mortero. Lo que parece increíble es que aguante a los millones de turistas que caminan de lado a lado por su empedrado piso con mostrada felicidad.

Sin embargo, a mí me hacía más feliz, verlo desde la distancia.

Nos juntamos más turistas aún en el Castillo de Praga. Traté de tomar distancia, pero hubo cierta aglomeración también en lo alto de la Torre Grande de la Catedral de San Vito. Pagué 300CZK (10,90€), subí los 99 metros y los 287 escalones y aún así no lo logré.

De todas formas, mereció la pena.

Además de la Catedral de San Vito, en el castillo de Praga (en checo, Pražský hrad) hay mucho más. Es una construcción gigantesca que alberga diferentes grandes edificios y un pequeño callejón donde a lo largo de los siglos hubo arqueros, alquimistas, obradores, bohemios, artistas, vagabundos y, por fin, tiendas de souvenir.

Pero a pesar de la invasión, de que en la mayoría de las cervecerías los camareros meten a los turistas todos juntos en una misma sala, de que en determinadas zonas debes mirar más abajo que arriba para evitar pisar y ser pisado, Praga tiene rincones con poca actividad. Rarezas de la ciudad por su soledad y por su propuesta artística alejada del convencionalismo.

Otro punto interesante, poco frecuentado y muy interesante es el Edificio Danzante. Con este nombre tan sugerente, ¡quién no estaría dispuesto a alejarse del Stare Mesto!

Es una de esas creaciones inquietas, salidas de las mentes de los inquietos Frank Gehry y el arquitecto checo Vlado Milunic. Ellos llaman a esta pareja de edificios Fred y Ginger, en honor a estos dos grandes bailarines de la época dorada de Hollywood y a sus elegantes movimientos. La verdad es que en esa parte de la ciudad todo parece moverse.

Y como estos edificios, la República Checa fue pareja de baile de su vecina Eslovaquia. Checoslovaquia era su nombre artístico. Una etapa en la historia reciente que tratan de olvidar a toda costa. Al parecer, el régimen después de la II Guerra Mundial fue cualquier cosa menos comunista y sufrieron la férrea dictadura de una exclusiva cúpula.

Existe el Museo Comunista en Praga, pero si quieres llegar hasta a él, tendrás que esforzarte mucho. No hay ni una sola indicación en las calles que te guíe, como sí lo hay para el resto de museos y lugares de interés turístico, y ni siquiera en la guía Lonely Planet tienen bien ubicada su sede. A mí me costó llegar, pero al final lo conseguí.

Y, como no podría ser de otra manera, os tengo que recomendar una cervecería. No se trata de la archiconocida U Fleku, donde nada más entrar te cuelgan el letrero de turista en el cuello y te hacen pasar a la primera sala con todos los demás. No, no se trata de ésta, sino de la U zlateho tygra, una pequeña taberna en el centro del mismísimo Stare Mesto con una de las cervezas, de elaboración propia, más ricas del país.

Hay un ambiente auténtico, donde los extranjeros se mezclan con los autóctonos y donde no te sangran por cada cerveza. ¡Buah, qué rica estaba!

En el siguiente post podréis leer sobre la desconocida República Checa, esa a la que solo llegan los alemanes, japoneses (¡cómo no!), los propios checos y yo.

Permaneced atentos.

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Bretaña, la región de la luz. Al oeste de París.

Publicado en Bretaña, Canon, Fotografía, Viajar el May 16th, 2014 por diegojambrina

La Parte I de mi viaje al pasado: Caminando por Bretaña.

Alguien escribió una vez que París era la ciudad de la luz, y así se quedó. Pues yo voy a escribir que Bretaña es la región de la luz, a ver qué pasa.

Las estrechas calles de esos magníficos pueblos construidos hace más de cinco siglos, bombardeados por la estupidez humana hace poco más de 50 años y rehabilitados por la sensibilidad que aún pervive en cierta gente crean encuadres muy atractivos para esos locos que pintamos con luz.

Además, Bretaña tiene una arquitectura originalmente religiosa, reconvertidas en lugares de culto al turismo, con una luz de colores especialmente atractiva. Me resisto a escribir que la luz es divina. Vaya, lo acabo de hacer.

Bretaña es un buen destino que visitar, pero habrá que tener especial cuidado en la época del año que se elige para ello. Las santas vacaciones que hemos tenido en abril fueron un acierto. Poco turista, salvo en Le Mont Saint Michel (frontera con Normandía), interrumpe en el encuadre sin previo aviso, pero si lo hace aprovéchalo y dispara. A veces mejora la composición inicial.

He oído que en verano, las estrechas calles se vuelven más estrechas por la cantidad de turistas extranjeros que se suman a los nacionales, pero si no hay opción de elección, no dejéis de ir. Siempre tendréis rincones y momentos olvidados por la mayoría.

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El Puerto Viejo de Algorta, un aliado del tiempo

Publicado en Algorta, Bizkaia, Euskadi, Fotografía, Getxo, Viajar el January 15th, 2014 por diegojambrina

El tiempo es uno de esos enemigos a los que se odian hasta llegar a la locura. Si por nosotros fuera, acabaríamos con él para siempre. Pero siempre es mucho tiempo, y terminaríamos cansándonos. Esto nos lleva a pensar, al menos lo pienso yo, que el tiempo es, en ocasiones, un gran aliado. Se alía con el buen gusto, con el sabor, con las tradiciones y con el Puerto Viejo de Algorta (Getxo, Bizkaia).


Un pueblo rojo y blanco by Diego Jambrina on 500px.com

El Puerto Viejo de Algorta es uno de esos lugares moldeados por el tiempo.

La madera y la pintura que la cubre, el hierro y la piedra, el trabajo y la piel de sus vecinos notan sus efectos.

Pasear por las estrechas y empinadas calles es una actividad que lleva poco tiempo. Tan solo tiene dos cortas calles principales, dos calles secundarias y unas cuantas callejuelas por las que nadie pasea a no ser que sea vecino o fotógrafo. Y a pesar de su pequeño tamaño, podríais pasar aquí todo el día.

Tiene varias zonas donde sentarse y ver pasar el tiempo. También tiene cinco bares y cuatro restaurantes a los que, por su calidad gastronómica y ambiente arrantzal, acuden a ellos cada fin de semana muchos algortarras, gente del resto de Bizkaia y, se empieza a notar ahora, ciertos turistas del Estado y unos poquitos extranjeros.


Estrechos pasos que animan a descubrir by Diego Jambrina on 500px.com

Es evidente que los turistas que se asoman al norte cada vez quieren conocer más y vivir experiencias cercanas al pasado, por su gastronomía y arquitectura, que los atractivos de Bilbao no pueden complacer por sí solos. Por eso, el Puerto Viejo de Algorta es un rincón que complementa perfectamente al titanio del Museo Guggenheim, los lienzos del Museo de Bellas Artes y las tiendas de la Gran Vía.

Si se piensa en un fin de semana en Bilbao o, mejor aún, en un puente, es absolutamente imperdonable no visitar este viejo puerto.

Pero más viejo que el mismísimo Puerto Viejo es Karolo. El personaje más famoso del lugar, un bohemio, como se define a sí mismo, alegre, abierto, soñador y algo loco. Dice que ha viajado por todo el mundo, ha vivido en tantos países que ni él mismo se acuerda, ha trabajado en la televisión, la radio y el cine y se ha codeado con los actores del Hollywood dorado. Las paredes de su casa están adornadas con fotografías y recuerdos de aquellas estrellas, y, si mostráis interés, os invitará a comprobarlo.

Es el máximo representante de la hospitalidad de la gente que vive aquí.


El viejo más viejo que el mismísimo Puerto Viejo by Diego Jambrina on 500px.com

Seguramente Karolo vivió los años en los que la actividad principal de sus vecinos era la pesca y su comercialización. Cuando el Puerto Viejo no era tan viejo, las txalupas salían a la mar y volvían con fresco y brillante género. De todo aquello, hoy quedan dos esculturas y algunos coletazos que bien se pueden aprovechar.

Si acudís a primera hora tal vez tengáis suerte de encontraros con un pequeño puesto situado justo enfrente de estas esculturas y podáis comprar pescado con las agallas rojas y productos de la huerta con feo aspecto, pero maravilloso sabor.

Y si no, recordad que hay 5 bares y 4 restaurantes.

Lugares así ya no se hacen, ya no se construye siguiendo los dictados de la orografía, obligados a crear recovecos y escaleras imposibles. Pero además, lugares así ya casi no se conservan, y en el caso de Bizkaia, aún es más evidente. El tiempo ha acabado con ellos, aunque, como veis, en este caso, el lugar se ha aliado con el tiempo.


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Bienvenidos a mi pueblo. Ongietorri!

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Afortunadamente, también llueve en el Mediterráneo

Publicado en Cadaqués, Figueres, Girona, Mediterráneo el January 2nd, 2014 por diegojambrina

“En el Mediterráneo, el sol está asegurado”. Podría ser fácilmente un slogan publicitario, pero en realidad es una creencia fuertemente instaurada en el gris y fresco cantábrico peninsular.  Y lo es para bien y para mal. Muchas personas viajan al Mediterráneo buscando la literalidad de la frase. Y otras muchas no viajan precisamente por la literalidad de la frase. En cualquiera de los dos casos, están todas equivocadas.

En el Mediterráneo llueve. Y lo hace, además, con ganas.

Afortunadamente para unas, y desgraciadamente para otras, en el Mediterráneo no siempre luce el sol ni hace calor, lo que permite a los visitantes invertir el tiempo en otras actividades que no sean las de tomar el sol y bañarse en el mar, como, por ejemplo, pasear por las empinadas y rocosas callejuelas de Cadaqués y sacar fotografías.


Turismo del sol truncado por la lluvia by Diego Jambrina on 500px.com

Además de encontraros turistas con caras largas, podéis cruzaros con lugareños y hablar con ellos -porque en estos pueblos tan turísticos también vive gente todo el año- y descubrir que lo que para el visitante son estrechas calles adoquinadas con encanto, para los viejos del lugar son puñeteras piedras resbaladizas que convierten el “ir a buscar el pan” en una actividad de alto riesgo.

Cadaqués es un pueblo de Girona, un lugar en el que resulta difícil encontrar alojamiento para agosto, pero perfecto para visitar en cualquier otra época del año. Un lugar visitado por personas de la provincia, de Cataluña, de España y del otro lado de los Pirineos, y al que se llega tras muchas curvas por una estrecha carretera.

Es posible que tanta visita tan dispar se deba a que de aquí es el dueño de uno de los bigotes más famosos de todos los tiempos: Salvador Dalí. Y si por un casual llegarais al pueblo sin saberlo, no tardaríais más que un paseo de 2 minutos por sus calles para daros cuenta de ello.

 

Con nocturnidad y agua by Diego Jambrina on 500px.com

Pero no es en Cadaqués donde él vivía, sino en un pequeño pueblo llamado Portlligat, a poco más de un kilómetro y 16 minutos a pie. Aquí tenía su inmensa casa donde trabajó hasta que su compañera Gala se murió en 1982.

Merece la pena visitar esta extravagante casa, y recordad que de nada sirve madrugar. Si no compráis la entrada por internet, cuando lleguéis a la taquilla vuestro gozo se hundirá en un profundo pozo; es absolutamente imprescindible ir con la reserva y el día y a la hora señalada.

La visita, guiada, dura aproximadamente una hora. Recorreréis las diferentes habitaciones y os llevaréis la sensación de estar en un laberinto más que una casa. Es parte del encanto. Además, podréis cotillear los objetos personales y ver las camas donde la pareja dormía. Sí, también podréis cotillear sobre por qué dos camas en una misma habitación para una sola pareja.


Recovecos por la casa-museo Dalí by Diego Jambrina on 500px.com

Otra de las actividades que podréis hacer durante los días lluviosos o ventosos, que no he hablado de ello, pero el viento de la tramontana sopla con fuerza y con una constancia que desespera, es ir hasta Figueres y entrar en el Teatro-Museo Dalí.

Para entrar aquí no es necesario reservar con antelación, pero si vais en temporada alta es muy, pero que muy recomendable reservar por internet. También es aconsejable ir a primera hora de la mañana para evitar las aglomeraciones. No suena demasiado tentador, ¿verdad? Visitar un museo y tener que andar esquivando cabezas para poder ver una esquinita de un cuadro resulta tan desesperante como la propia tramontana, pero no podéis dejar de ir. Este loco multidisciplinar dejó grandísimas obras que hay que ver.

Sí, parece que no quiero que vayáis al Mediterráneo, y ni mucho menos a Cadaqués. Entre la lluvia, la tramontana, el suelo resbaladizo y las aglomeraciones he hecho un cóctel que a más de uno le tumbaría. Pero en realidad es todo lo contrario; debe servir para poneros a tono. Yo fui creyendo que en el Mediterráneo el sol estaba asegurado y me encontré con un lugar maravilloso lleno de cultura…

…sí, y de gente.

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Covarrubias, un pueblo de madera y piedra

Publicado en Burgos, Castilla y León, Covarrubias, Fotografía, Lubitel, Viajar el December 18th, 2013 por diegojambrina

Se dice muchas veces que tal y cual pueblo es perfecto para perderse. Covarrubias, sin embargo, es un pueblo que parece estar perdido. Sus casas de entramado de madera son más propias de Alemania que de Castilla y León, y no encontraréis otro pueblo similar en muchos, muchos kilómetros a la redonda.


Covarrubias, un pueblo de madera y piedra by Diego Jambrina on 500px.com

Covarrubias está localizado al sur de Burgos capital y a media hora al este de Lerma. No hay pérdida; encontraréis esas señales marrones por la carretera que indican que por allí se llega a pueblo pintoresco.

Lo de pintoresco lo dirán por la arquitectura, claro, pero seguro que también lo dicen por lo que te puedes encontrar colgado de sus ventanas, como estas pequeñas calabazas. No sé si están ahí para obtener un ingrediente para alguna receta local o como aviso a pretendientes amorosos con intenciones deshonestas.


Ventana soleada by Diego Jambrina on 500px.com

Lo que más destaca de su perfecto y cuidado casco antiguo son las vigas, pilares y otros maderos que en diagonal refuerzan los muros exteriores de las casas, quedando a la vista de la gente y dotando a Covarrubias de un encanto típico de otros pueblos del norte de Europa, como Bretaña, Bélgica o, como decía antes, Alemania.


El tiempo pasa by Diego Jambrina on 500px.com

Pero es algo más al norte, con quien Covarrubias tiene una especial afiliación. Kristina de Noruega fue una de esas hijas de rey que antaño servían para establecer buenas relaciones entre reinos. El rey Haakon IV y el por entonces rey de Castilla, Alfonso X, llegaron a un acuerdo matrimonial y unieron a la hija del primero con el hermano del segundo. Lo más importante de esto es que, 7 siglos después, podemos disfrutar de un festival anual de música noruega y un mercadillo de productos típicos noruegos en el corazón de Castilla y León.


Princesa noruega en Covarrubias by Diego Jambrina on 500px.com

Pero no temáis, si no pudierais ir a finales de septiembre, que es cuando este festival noruego se produce, tenéis otros eventos, como por ejemplo, “la matanza”.

A principios de diciembre en la plaza del pueblo durante un fin de semana hay una comida popular donde se prepara a la parrilla todo lo bueno del cerdo, y por muy poco dinero os podéis cebar sin problema alguno.

De todas formas, no es necesario coincidir con ningún festival, en Covarrubias hay varios restaurantes donde saborear los típicos platos castellanos y algunas carnicerías donde abastecerse de buenos productos de cerdo para volver a casa con algo más que unas fotografías. Aunque si tenéis la luz que yo tuve hace unas semanas, no la desaprovechéis.


La luz está fuera by Diego Jambrina on 500px.com


Luz y sombra y luz by Diego Jambrina on 500px.com

La primavera es también una buena época para visitar el pueblo, si os interesa la fotografía y sois inmunes al polen. Lo digo porque Covarrubias es tierra de cerezos y en esa época se visten de blanco.

Pero si os interesa más comer cerezas que los cerezos en sí, es mejor ir entre abril y julio, cuando se sacan a las puertas de las casas las cajas con la sabrosa cosecha.

La verdad es que cualquier momento es bueno para visitar el pueblo, incluso en verano, cuando el calor más aprieta e invita a zambullirse en las fresquitas aguas del río Arlanza.


Vida y muerte en el río Arlanza by Diego Jambrina on 500px.com

Y que no os despiste esta última fotografía, la tradición y la religión siguen siendo importantes en esta parte del país, mujeres de edad avanzada acuden a misa de 12, pero más importante es la tradición y el pimple. El futuro de la religión, ya véis cuál es. Sin embargo, en los bares hay personas de todas las edades.

Yo soy de los que procesa el santo acto del pintxo y pote.


El futuro de la religión by Diego Jambrina on 500px.com

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¡Los mayas están vivos! (Guatemala 2/3)

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Guatemala, Viajar el September 30th, 2013 por diegojambrina

8 razones por las que visitar este desastroso país (Guatemala 1/3)
Las ruinas mayas (Guatemala 3/3)
Fujifilm X100

En la mayoría de los países europeos las iglesias han perdido feligreses y han ganado turistas. Se han sustituido los rosarios por las cámaras de fotos y se cobra entrada como en cualquier otro museo. Incluso, en ciertos países, como Holanda, Francia o Escocia, algunos lugares de culto religioso se han reconvertido en bibliotecas, salas de exposiciones, mercados o cafeterías. Pero en Guatemala, la gente sigue yendo a las iglesias a rezar.

Allí, la devoción religiosa no se ha visto perturbada por el paso del tiempo, tan solo lo ha hecho por el paso de los españoles, que, además de enfermedades, muerte y destrucción, introdujeron el cristianismo. Pero, contrario a lo que cabría esperar, no acabó por imponerse. Los mayas la adaptaron a sus gustos y creencias y aún hoy, casi 500 años después, procesan un mix de religiones de lo más curioso.

Asistir en Chichicastenango a una de sus abarrotadas misas es una experiencia sociológica interesante, aunque confieso que llegué cuando ya había empezado y no me quedé hasta el final. Cuando el cura dejó de predicar en quiché, una de las lenguas mayas más habladas en Guatemala, y pasó al castellano, mi interés decayó. Y salí afuera, donde el espectáculo religioso continuaba, pero a otro nivel.


Ritual maya a la entrada de templo cristiano by Diego Jambrina on 500px.com

La religión es uno de los rasgos más sobresalientes de los mayas. Y aunque no les veas rezando, aunque no les pilles con las manos en el incienso, sabes que han estado allí lanzando sus plegarias.

El color negro de la piedra, pequeños huesos, plumas chamuscadas, pétalos esparcidos y cera de nuevo solidificada son pistas inequívocas. Todo esto me lo encontré en el cerro de Pascual Abaj, el lugar más sagrado de los mayas chuchkajues.

Y lo es porque allí se encuentra, junto a cruces cristianas, la piedra de Pascual Abaj, una piedra con forma fálica de 500 años de antigüedad. Pascual Abaj, ya el propio nombre refleja la mezcla de culturas.

También les gusta mezclar otras cosas. Por ejemplo: un puñado de tumbas, una pizca de niños jugando, otra pizca de niños trabajando, botellas de tres litros de cocacola, un heladero, algún chamán, mucho fuego y mucho, mucho humo. Una combinación absolutamente normal en el cementerio de Chichicastenando. Otra vez Chichicastenango. Este lugar es un filón para las sorpresas y los fotógrafos.

Te puedes encontrar, como me pasó a mí, con el pasado, el presente y el futuro en un mismo encuadre.

Al fondo, los protagonistas son los muertos, los que ya no están presentes, pero siguen influyendo en los vivos. En segundo plano, el trabajador de hoy, el que recorre las calles y los cementerios haciendo sonar su campanilla para atraer a los clientes. Y en primer término, una representación del futuro del país, que como se puede ver, le espera seguir tirando del carro.

Además de la religión, los mayas conservan su vestimenta tradicional. Es fácil encontrarse con mujeres vestidas con sus reconocibles faldas y blusas de colores. De hecho, lo difícil es verlas vestidas de otra forma. Tan sólo en la región más grande de Guatemala, Petén, se ha perdido la tradición en la vestimenta e incluso en la lengua.

En el vasto territorio de Petén, los mayas no gozaban de la fuerza del grupo y su aislamiento les supuso el desprecio, y algo más, de los mestizos, que poco a poco, impusieron el castellano y los vaqueros.

Pero en otras zonas de Guatemala, como en los pueblos del lago Atitlán, los mayas son los fuertes, en número y en determinación. En pueblos como Santiago Atitlán, incluso los hombres continúan vistiendo como siempre. Bueno, a decir verdad como siempre, no. Las camisas mayas son demasiado caras. Se tardan unos dos meses en fabricarlas a mano y llegan a costar los 350€ al cambio, y ese es un lujo del que deben prescindir.


¡Los mayas viven! by Diego Jambrina on 500px.com

Fue en el lago Atitlán donde vi al dios maya Maximón, también conocido con el nombre de Rilaj Maam.

El nombre Maximón con toda probabilidad deriva de los términos “Maam” y “San Simón”, el santo del que hablaban los católicos. Un nuevo ejemplo de la curiosa mezcla de culturas.

Maximón es una efigie de madera de un metro y 20 cm., aproximadamente, a la que visten con pañuelos y sombrero y le hacen ofrendas en forma de puros y licor. No se encuentra en ningún lugar santo, no hay iglesia que lo cobije. Cada año cambia de casa.

Para el dueño de esa casa es un honor y una inversión económica, puesto que ha de pagar y habilitar su casa para las visitas diarias. Pero también cobra entrada; a los locales y sus chamanes por pedir consejo para superar todo tipo de problemas, y a los turistas por entrar y sacar fotografías.

En esta foto y de izquierda a derecha: entre los dueños de la casa está Maximón fumando un puro, persona afectada por algún mal, su hija y el chamán, quien se encarga de hacer de intermediario entre el afectado y Maximón.

 

Ceremonia maya. Hablando con Maximón by Diego Jambrina on 500px.com

Pero no sólo de religión vive el maya. También alimenta el estómago, y lo hace, entre otras cosas, a base de verduras y hortalizas, aunque la producción de esta región cercana a la ciudad Quetzaltenango, más conocida por su nombre abreviado maya: Xela, se exporta a los países limítrofes: EE.UU., Nicaragua, Costa Rica…

En Almolonga, que así se llama este pueblo, se reúnen en un mercado al aire libre centenares de agricultores mayas vendiendo sus productos. Para el local, es un centro de comercio. Para el viajero, es una explosión de color y cultura maya.


Mercado de frutas y verduras de Almolonga by Diego Jambrina on 500px.com

Aunque para explosión de color, la iglesia de San Andrés Xecul, un templo dedicado a la extravagancia. En su fachada amarilla hay santos, ángeles, flores, tigres, monos y enredaderas de colores chillones.


La iglesia más cachonda by Diego Jambrina on 500px.com

Antigua es un gran centro urbano, el segundo más importante de Guatemala, por detrás de la capital, aunque sólo en tamaño y número de habitantes, porque es sin duda la ciudad preferida de nacionales y extranjeros.

Fue la capital del país hasta que hartos de reconstruirla una y otra vez, la abandonaron tras el último gran terremoto y se trasladó a una hora de camino en coche. El turista nada más aterrizar sale de Ciudad de Guatemala, alejándose de la mala fama de la ciudad. Se podría pensar que es un miedo exagerado del extranjero, pero también los guatemaltecos huyen de la ciudad en cuanto llega el fin de semana.

Todos vamos a Antigua, abreviatura de La muy noble y muy leal ciudad de Santiago de los caballeros de Goathemala, que es su verdadero nombre, a disfrutar de las calles, casas e iglesias coloniales y de la tranquilidad de una ciudad muy segura.

En Antigua también se comparte vida con los mayas. Aunque el reparto de la vida no es del todo equitativo. Los mayas se sitúan en el estrato social más bajo. A mi llegada al país , me alegré de la cantidad de gente que mantenía viva la cultura maya, les veía vestidos con sus trajes típicos, les oía hablar en su lengua, rezan a sus dioses, pero a medida que pasaban los días me daba cuenta de que Guatemala no es su país. Viven en él, pero no pertenecen a él.

Los mayas viven, sí, pero la mayoría de ellos malviven con trabajos precarios, con sueldos precarios en viviendas precarias.


La frutera callejera by Diego Jambrina on 500px.com

Pero no quiero terminar este post escribiendo sobre lo negativo de la realidad maya. Me quedo con la agradable sorpresa de encontrarme con, a pesar de todas las persecuciones, matanzas y opresiones sufridas durante 5 siglos, una cultura viva.

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