Ver para creer

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 20th, 2018 por diegojambrina

Una de las realidades que más me gusta ver cuando salgo de la España cristiana, apostólica, romana y laica es el uso que se dan a las iglesias. Me encanta encontrarme con estas construcciones llenas de turistas y vacías de feligreses. Me encanta que se hayan convertido en pinacotecas y galerías de arte escultórico y que podamos admirar, en algunos casos, buenos ejemplos de ingenio arquitectónico y, en otros, sacrilegios inconcebibles en nuestra era, como, por ejemplo, la utilización de columnas y capiteles romanos como base de los muros de la Iglesia de San Donato, en Zadar.

Imperio caído

Pero hay una realidad que todavía me gusta más. Me vuelve loco encontrar una librería, o un mercado gastronómico, o una sala de conciertos de rock dentro de un recinto otrora religioso. Me encanta que se le dé un buen uso a espacios vacíos.

Lo malo de estas realidades es que solo las he visto en Europa. Tanto en América como en Asia, los recintos religiosos construidos siglos atrás se siguen utilizando hoy para el ensalzamiento de uno o varios seres imaginarios y la implantación del miedo y la resignación entre la población.

Y hasta mi último viaje, pensé que Europa entera estaba viviendo esta bonita realidad, este gran avance social. Pero no.

En el lado oscuro de la vida

En Croacia, la gente sigue acudiendo en masa o, como les gusta decir a ellos mismos, en rebaño a las iglesias. Es tal la aceptación y el poder de convocatoria del señor cura que se completa el aforo y más aún.

La gente se queda de pie en el quicio de la puerta y más atrás todavía, en total silencio y respeto por lo que se cuenta desde dentro. Y que haya altavoces en las puertas dirigidos hacia el exterior, me lleva a pensar que esto no es algo esporádico.

Descubrí esta pasión en Zagreb. Sentado en una terraza, saboreando una cerveza artesana croata, fui testigo de cómo iban llegando más y más personas a la iglesia de enfrente, hasta tal punto que ya no entraban más y se quedaban fuera, de pie. Tuve que levantarme, acercarme, ponerme de puntillas y mirar al interior para ver con asombro que lo que allí les había congregado era la misa de las 7. Ver para creer.

Like a the Rolling Stones

Fans del señor

Aquel fue el primer contacto con una sociedad ultracreyente. Y luego vinieron más.

Citando a un conocido líder y mártir por la libertad de sus semejantes, yo he visto cosas que vosotros no creeríais.

He visto desaparecer a la dueña de un pequeño hotel, porque llegaba tarde a la misa de 11. He visto menguar un taco de hojas bien impresas en papel de gran calidad con el retrato de un cura, obispo o similar al paso de turistas creyentes. Confesiones, no sólo a la vista de dios, sino de todas las personas que paseábamos por la iglesia. Misas a las 9 de la noche. Grupos de jóvenes chavales acompañados de cuarentones con sotana. He visto mujeres en la playa leyendo estampitas…

He visto una Europa, pensé, desaparecida. Y me temo que esta experiencia me ha servido como calentamiento o preparación para mi siguiente destino europeo. Aunque deseo, con todas mis fuerzas, equivocarme.

Superstar

Estrella del cristorock

El fantástio mundo del entretenimiento

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Viaje interior

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 17th, 2018 por diegojambrina

Tengo cierta sensación de vergüenza cuando alguien me dice que mis fotografías reflejan, más que un recorrido por un lugar, un viaje interior. Me parece una cursilada y un concepto que, de tanto uso, ha perdido todo su valor original. De todas formas, creo que no les falta razón.

Así que, me he puesto manos a la obra y he hecho este post precisamente de un viaje interior, aunque el interior no es el mío, sino el de Croacia.

Croacia es más que una bonita costa. Tiene un territorio de interior muy atractivo, no solo por su belleza natural, sino también por su arquitectura y por su vida social. Además, tras veinte años del final de la guerra, aún quedan cicatrices visibles que nos recuerdan los conflictos bélicos que se produjeron aquí. No es que sea motivo turístico de por sí, pero si hablamos de emociones, resulta muy emotivo encontrarse con edificios enteros aún agujereados por balas y morteros. Sobre todo, porque fue un guerra televisada en todo el mundo y el impacto fue tremendo, aunque son sólo los habitantes de estas tierras los que lo vivieron con todo el horror.

Pienso que cada agujero en la pared es un tiro errado y una oportunidad más para vivir.

Un ventana al pasado

Aquí, la gente quiere vivir en paz, pero no quiere olvidar. El olvido no puede ser compañero de viaje de nadie. Sin recuerdos no somos más que presente, y el presente no existe sin la realidad del pasado ni la ilusión del futuro.

Por tanto, encuentro absolutamente necesario mantener los recuerdos ensangrentados, siempre y cuando estos no generen odio.

Recuerdo ensangrentado

Es terrible la historia de Croacia y los demás países balcánicos. Han estado casi toda su historia subyugados por fuerzas extranjeras y han padecido constantes guerras.

Griegos, romanos, venecianos, austrohúngaros, italianos… han dominado estas tierras y dejado también un importante legado cultural. Es curiosa esta sensación de rechazo por una invasión y agradecimiento por todo lo bueno que supuso. Me acuerdo ahora de una escena de La vida de Brian, en la que se reflejaba ese odio al invasor, pero también el reconocimiento por la escuela pública, el alcantarillado, las carreteras… Aquí tenéis el enlace.

De todas formas, es innegable que los conflictos bélicos recientes, han sido, sin duda, consecuencia de esas invasiones e intereses por dominar esta parte del mundo.

En Sarajevo, capital de Bosnia i Herzegovina, uno de los puntos de interés es el llamado puente latino, donde se asesinó a un archiduque como excusa para comenzar la I Guerra Mundial. En Zagreb, capital de Croacia, quedan estructuras subterráneas excavadas para refugiarse de los bombardeos durante la II Guerra Mundial. Hoy, se utilizan como calles peatonales para cruzar de un lugar a otro de la ciudad y como atractivo turístico.

Camino al pasado

Esquivando la muerte

Hoy, parece que todo sigue su curso, y se puede disfrutar en paz de un país donde para encontrar una playa de arena es necesario adentrarse en el interior del territorio.

Por cierto, la mejor compra que un turista puede hacer en Croacia es un buen par de escarpines. Con ellos se puede llegar de la toalla al agua sin hincarse a cada paso las rocas o púas de erizos. Pero no serán necesarios en una de las pocas playas de arena del país, que curiosamente está en Vukovar, un pueblo a orillas del río Danubio.

Me emociona solo pensar que me bañé en un río con tanto encanto histórico como el Danubio. Es casi como la ría de Bilbao. Casi.

Nada nuevo bajo el sol

Otro lugar que me pareció interesante fue Varaždin, a poco más de 80 Km de distancia de Zagreb, pero a mil kilómetros del bullicio turístico. Pasear por sus tranquilas calles y admirar la arquitectura austrohúngara es todo un placer, y chapurrear en alemán con amables fruteras, también. Desde aquí te vuelvo a dar las gracias por el regalo que nos hiciste: Danke schön, Fräulein!

El transporte del pasado y del futuro

Subidas y bajadas

Y vuelvo a Zagreb para reivindicar la capital como destino turístico, porque aunque no tiene mar, tiene historia, ambiente, locales de cerveza artesana y bonitos atardeceres, de esos que inundan los muros en instagram.

Dios y el diablo

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Sal, sol y sueños de plástico

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 13th, 2018 por diegojambrina

La sal, esa sustancia que logra dar vida a una ensalada de tomate y pepino, es la culpable de que en el lado oriental de las islas del norte de Croacia no exista vida alguna. El viento de levante se carga de sal al acariciar las aguas del Adriático y la descarga sin compasión a lo largo de la ladera. Probablemente, serán los únicos kilómetros no invadidos por el turismo. Pero mejor hablo de otro tema, que ya me desahogué suficientemente en mi primer post (o al menos eso creo).

Muerte entre las rocas

Estas tres islas del norte de Croacia (Rab, Krk y Cres) son los destinos menos frecuentados por el turismo. Dubrovnik, Split y las islas del sur del país se llevan casi toda la atención internacional. Esto no quiere decir que no haya gente por el norte, pero la hay en menos cantidad y se limita a alemanes, húngaros, algún francés e italiano y, sobre todo, croatas.

Son por tanto, lugares donde poder disfrutar tranquilamente de una naturaleza generosa, siempre y cuando no se te cruce algún niño por delante.

Con niños no hay paraíso

Los niños son, sin duda, uno de los grandes inconvenientes para el viajero solitario. Son ruidosos, salpican, te lanzan la pelotita con la que juegan a waterpolo una y otra vez y son incansables.

Quienes sí se cansan son los que estamos alrededor y los que trabajan las 24 horas del día para su entero disfrute. Y no me refiero a los padres, estos parece que se han declarado en huelga y no actúan como lo que son. Me refiero a los patos hinchables, desesperados como lo pueda estar yo y con los mismos sueños de plástico, siempre en peligro de que se desinflen.

Sueños de plástico

La vida

Pero no me hagáis mucho caso. En realidad, tampoco es para tanto, y, además, al no ser spanish boys, suelen ser más tranquilos y temerosos ante una mirada ensayada de odio y destrucción.

Y bien mirado, hasta me vienen bien para mis propósitos fotográficos.

La vida es verde

Eterna juventud

Volviendo a las islas, tengo que decir que me ha sorprendido mucho la temperatura y la calidad del agua. Cristalina, con visibilidad más allá de los cinco metros de profundidad, y lo suficientemente fresca como para que la primera vez te cueste un poquito entrar, pero lo suficientemente caliente para nadar, bucear y hacerse el muerto tanto tiempo como se desee.

Y puestos a desear, me hubiera quedado allí hasta la eternidad, mirando con ojos hipnotizados la joya que es el Adriático.

Piedras preciosas

Enemigo del estrés

Como pelícano en el agua

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Croacia no importa

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 9th, 2018 por diegojambrina

Tras mi vuelta de vacaciones, suelo escribir un post rápido y corto sobre mis primeras impresiones. Esos pensamientos ligeros de contención moral, social y convencionalista son, por norma, bastante más cercanos a la realidad que los recuerdos forjados a base de tiempo y deseo. En esta ocasión, me cuesta dejar por escrito lo que pasa por mi mente, porque no hace referencia al lugar, sino a la gente que lo ocupaba.

Tengo la certeza de que no puedo hablar de Croacia en particular más que de las personas con las que he compartido el país, o, para ser más exactos, más que de la cantidad de personas con la que he compartido el país.

Compartir debería ser una bonita actividad, pero cuando se hace con miles y miles y miles de personas, la esencia original se diluye tanto que da como resultado una sustancia homeopática completamente estéril.

Ésta sensación la he vivido demasiadas veces durante mi viaje por Croacia. Dubrovnik, Split, el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice y el Parque Nacional Krka han sido trampas de las que a duras penas pude escapar. De hecho, varias semanas después, aún tengo la sensación de estar esperando a que la caravana de turistas se mueva para poder continuar por la plataforma de madera.

Corriente de gente

Ante esta situación de turismo carnívoro, me pregunto cuánto tengo yo de culpa. No dejo de pensar que yo también soy un turista, que soy una pata donde se asienta la industria o un pié más del milpiés que se desliza sin descanso por las calles, plazas, playas y parques naturales.

No tengo respuesta, ni tengo solución, ni tengo esperanza. Pero sí tengo la convicción de que el próximo destino será elegido por ser un destino poco elegido.

Invasión por la puerta principal

Croacialand

Tráfico en el paraíso

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Palabras abandonadas

Publicado en Alemania, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Hamburgo, Viajar el June 1st, 2018 por diegojambrina

Por un instante pensé que aquella libreta enganchada en uno de los recovecos del puente era simplemente la basura de un cerdo. Pero luego me dije: “palabras abandonas, ¡qué bonito!”. Y estuve tentado en cogerla, abrirla y mirar si en alguna de aquellas páginas, había palabras dirigidas a mí.

Al final, le hice una foto y dejé la libreta en su sitio; sin tocar, sin abrir, sin futuro conocido.

Me pregunto qué será de ella hoy. ¿Se habrá topado con algún otro paseante con más curiosidad que yo? Prefiero creer en esta posibilidad, más que en que haya acabado en cualquier carrito del servicio de limpieza. Triste final para tan poético abandono.

Palabras abandonadas

Hamburgo es una ciudad construida a base de pequeños detalles y grandes edificios.

Por un lado, el trabajo de las instituciones públicas tiene como fruto espacios grandiosos, bien pensados, bien rehabilitados, modernos y respetuosos con el lúgubre pasado portuario.

Mil ojos sobre ti

De metal y lana

Por otro lado, el trabajo de la gente llena de detalles lugares sin aparente interés, incluso, algunos apenas visibles.

Un pequeño y valiente abeto en una mediana; un poste en el puerto, otrora, importante punto de apoyo para algún barco venido de la otra parte del mundo, y, hoy, un trozo de madera envejecida por la sal y el olvido; o paredes, o farolas, o patios interiores, o pasos subterráneos o cualquier otro espacio susceptible de albergar un sentimiento, un grito, una reivindicación.

Olvido

Marcado por el mar

En ocasiones, esos pequeños detalles que engrandecen la ciudad ni siquiera son pretendidos. Son meras burlas del caprichoso azar, que se ríe de nosotros, a veces por lo bajini, a veces sin disimulo, como cuando ilumina las fachadas ocultas al sol por el reflejo del mismo sol.

Invisible

Falsas ventanas.

Decía, en mi primer post sobre la ciudad, que Hamburgo me quiere, y lo decía porque, además de encontrar pintadas hechas desde el cariño, me he encontrado con estrechas callejuelas abiertas a la inmensidad del amor.

Cuartos habitados por una luz tan potente que rebosa energía por sus ventanas abiertas.

Y se despierta en mí la sensación de compañía o el sentimiento de soledad. ¿Quién sabe qué pesa más?

Invitación

Y a pesar de que el cielo esté nublado y las estrellas permanezcan ocultas y expectantes a noches mejores para mostrar su brillantez, siempre queda la posibilidad de encontrar en un interior un firmamento estrellado.

Soñar con estar en otra parte es relativamente fácil; basta con una pizca de melancolía y un entorno oscuro lleno de luces.

Interior nocturno de alma estrellada

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Hamburgo me quiere

Publicado en Alemania, Hamburgo, Viajar el May 3rd, 2018 por diegojambrina

A veces, cuando el avión comienza el descenso, mi cabeza sufre explosiones internas tan dolorosas que me resultan difíciles de creer. Aún así, al aterrizar en Hamburgo, y viendo nevar por la pequeña ventanilla, me sentía feliz. Comenzaba un nuevo viaje en mi vida. Cinco días por delante para dejarme sorprender por una ciudad totalmente nueva para mí.

Con la maleta en el hotel y la cámara en mi mano, empecé, esa primera noche, a enamorarme de todo lo que veía. No es de extrañar, claro, porque yo me enamoro de lo desconocido con mucha facilidad.

Lo curioso es que sentía que Hamburgo también me quería. Resultaba demasiado fácil encontrar motivos para fotografiar. Incluso vi escrito un mensaje de “AMOR”, que, evidentemente, era para mí.

Amor a la alemana

Encontré más mensajes, y, aunque algunos estaban en blanco, sé que iban dirigidos a mí llenándome la cabeza de ideas y de emociones el corazón.

Como de costumbre, no puedo escribir sobre esas extrañas palpitaciones. El entorno se alía con mi inconsciente y provocan sacudidas, miradas, dudas y fotografías. Así transcurrían las primeras horas en Hamburgo. Y así cogió fuerza un nuevo proyecto fotográfico del que aún no puedo hablar.

Destino en blanco

La nieve seguía cayendo, suave, sin hacer daño, solo visible para las luces de la noche.

Así es la primavera en el norte de Alemania: un invierno delicado. Aunque si eres del sur de Europa, es un invierno de mil pares de cojones.

No me quedó más remedio que buscar refugio.

Entré en una de las cerveceras míticas de la ciudad: la Brauhaus am Hafen. Y encontré calor al estilo Benidorm, con pianista lalalá incluido. Salí tan rápido como pude en busca del calor al estilo Hamburgo.

Calor interior

Las luces de la noche son más importantes que el mismo sol.

Cuando la escasez se hace patente, un mínimo rayo de luz, aunque sea artificial, ilumina la imaginación y provoca que mire por el visor y tome fotografías que en cualquier otro momento del día serían totalmente banales.

¿Por qué me siento así cuando estoy de viaje? ¿Por qué no actúo de esta misma forma en mi ciudad natal? No me gusta sentirme como en casa, como ya escribí en mi anterior post, pero tras este sentimiento se esconde una razón. Entonces, en la noche de Hamburgo lo vi claro.

Es la luz del sol la que me ciega.

Noche invisible

Cuando salgo a fotografiar por mi entorno, el sol está siempre en lo alto del cielo y todo lo inunda.

A las mañanas, con tanta claridad en las calles, mi mente permanece a oscuras, sin saber reaccionar, sin sentir, sin encontrar esa inspiración que me acompaña en cada viaje.

De noche, una simple entrada al Metro, escasamente iluminada, es una puerta a lo desconocido. Un viaje inquietante lleno de incertidumbre, de soledad, de melancolía.

La boca del cordero

Y por si esto fuera poco, en Hamburgo el metro no es siempre subterráneo. En algunos tramos vuela por encima de las cabezas, creando un escenario muy de Blade Runner.

Y si no bastara con la realidad, el cine se mete en mi cabeza para hacer de la experiencia del viaje aún más interesante.

En momentos como estos, me alegro de aquellos fines de semana de mi niñez con doble sesión de cine en televisión española, el único canal de una tele en blanco y negro.

Revuelo nocturno

Gracias a aquellas películas, desterradas hoy de la parrilla por ser viejas, lentas y aburridas (¡cuánta incultura!), entendí lo que significa la narrativa, entendí el poder de la imagen y entendí que en mi vida siempre habría sitio para la vida de los demás.

El miedo, la ilusión, la alegría, la tristeza, la rabia, la angustia, el rencor, el perdón, la duda, la certeza de los personajes yo también lo sentía. “Son solo películas”, escuchaba a menudo. No, también soy yo.

Las películas reflejan sentimientos universales. Tal vez ni el lugar, ni el tiempo, ni la historia se parezcan en nada a mi realidad, pero las emociones sí.

Y con la fotografía me ocurre lo mismo, tanto como espectador como fotógrafo. Quiero sentir y hacer sentir. Y si no lo consigo, ¿qué queda?

Criaturas nocturnas

Ciudad y manta

Destino incierto

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No quiero sentirme como en casa

Publicado en Bilbao, Bizkaia, Euskadi, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Muy personal el February 24th, 2018 por diegojambrina

Cautivo de mi propia costumbre, lucho por mirar mi entorno con ojos de viajero inquieto. Lucho por salir a la calle con mi cámara de fotos y ver, en la misma ciudad de siempre, lo que nunca antes había visto.

Pero es la distancia la que me acerca a mi yo fotógrafo. Viajo, cruzo la frontera de lo conocido, y mi mente despierta, se despereza, se libera.

Me siento libre. Libre para mirar, para curiosear, para pararme en una esquina, para retroceder sobre mis pasos, para pensar en lo que fui y en lo que soy y para no pensar en lo que seré. Libre para sentirme libre.

Para mí, no hay nada como no sentirme como en casa.

Una vida falsamente iluminada

A veces, vagabundeo por estrechas calles de nombres desconocidos y hago una foto. A veces, llego a un destino con nombre conocido y hago una foto. A veces, me paro en seco y hago una foto. A veces, retrocedo y hago una foto. A veces, veo lo que nadie ve y hago una foto. A veces, no pasa nada y hago una foto.

Cuando viajo, hago fotos.

Vagabundo

En el lugar en el que habito, no. Al menos no siempre ni con tanta productividad. Me cuesta sorprenderme, me cuesta curiosear, me cuesta mirar, me cuesta reconocerme.

Llevo años prometiendo hacer un post sobre Bilbao. Y había empezado este con la intención de conseguir hacer realidad esta promesa. Pero (creo) he vuelto a fallar, aunque (me sincero) no me importa demasiado. Porque lo importante no es el lugar en el que esté, lo importante es que yo esté.

 
 

Las cinco fotografías que hay en este post están tomadas en Bilbao, durante un momento de lucidez en el que al mirar por el visor me reconocí con absoluta claridad.

Mente iluminada

Puerta abierta

Todos somos sombra

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Sudor, semen y ron (Cuba 5/5)

Publicado en Cuba, Fotografía, Literatura, Viajar el November 14th, 2017 por diegojambrina

Yo iba con algunos títulos en la cabeza y unos pesos en el bolsillo directo a un mercadillo cerca de la Plaza de Armas de La Habana, pero la pasión del librero por la literatura y su arte comercial me convencieron para comprar ejemplares desconocidos para mí. Entre otros, me traje “El nido de la serpiente”, una novela de Pedro Juan Gutiérrez. Lo compré sin pensármelo mucho. Bastó con que me dijera que este escritor era el Bukowski cubano para que me interesara por él. Y remató la venta cuando me invitó a abrir el libro por cualquier página y leyera un párrafo al azar.

Ahora, leyendo en mi casa estas páginas manchadas de sudor, semen y ron, me siento más atraído por la Cuba que dejé atrás. La buena literatura tiene ese poder. Crea en tu imaginario un país muy alejado de los cayos, la arquitectura colonial y los grupos de turistas que no pierden de vista el paraguas del guía.

No es que yo haya viajado por la isla al calor de un grupo armado con palos de selfie, pero sí me he sentido atrapado por la iconografía comercial de las agencias de viajes. Y pocos han sido los momentos sentidos como propios.

Es por esa razón, por la que se me hace tan difícil escribir sobre este viaje.

En calma

Inteligencia natural

Esperando el final del día

La mujer de mirada roja

Exhausto

Poniendo agua de por medio

Esperando tiempos mejores

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Cuba, viaje o muerte (Cuba 4/5)

Publicado en Cuba, Viajar el November 9th, 2017 por diegojambrina

Estuve casi un mes recorriendo la isla, desde occidente a oriente. Partí de La Habana y llegué a la otra punta, a Santiago de Cuba, poco a poco, parándome en playas, ciudades, pueblos, ciénagas y bares. Y este es el vídeo que lo resume. Un vídeo hecho a ras de suelo, sin drones, sin estabilizador, con mal pulso y buena música.

¡Vámonos, guajiros!

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Cuba está sobrevalorada (Cuba 3/5)

Publicado en Cuba, Viajar el October 12th, 2017 por diegojambrina

Me ha parecido un bonito título para abrir un post sobre un país tan lleno de vida como vacío de atractivos naturales. No quiero ser cruel, pero Cuba no es un lugar para quedarte asombrado por su naturaleza o su arquitectura.

Puede sonar demasiado categórico y tal vez hasta fuera de la realidad, pero las sensaciones que yo como viajero tuve fueron esas.

Es cierto que hay construcciones en Cuba maravillosas; en La Habana y, especialmente, en Trinidad la arquitectura colonial es preciosa y está perfectamente cuidada. Pero hay otros lugares con nombre y admiración, sobre todo por los propios cubanos, que cuesta reconocer como lugares de interés. El título del post va por ellos.

El pasado año viajé por Noruega y era tan fácil encontrar rincones de naturaleza espectacular como difícil ha sido este año en Cuba dar con un lugar que impresionara por su belleza, por su carga emocional, por su impacto en el ánimo de quien mira.

Yo, lo más grande de este mundo

Colores caribeños

Me dijeron que Baracoa era un lugar precioso. Me dijeron que Santiago de Cuba era más interesante que La Habana. Me dijeron que Ciego de Ávila era un tesoro colonial. Me dijeron que las playas de Guardalavaca eran paraísos. Me dijeron tanto que he dudado hasta de mis propias impresiones. Pero ahora, desde la distancia que proporciona el tiempo, tengo muy claro que Cuba no es lo que me dijeron.

Si tuviera que destacar tres lugares bonitos de la isla, pero bonitos de verdad, no tardaría en responder: La Habana, Trinidad y Viñales y sus alrededores. Aquí están los verdaderos tesoros naturales y arquitectónicos del país.

Resistencia

Escapando de una sombra para caer en otra

No puedo hablar de los famosos cayos, porque no me acerqué a ellos. Ni Varadero ni cayo Coco, pero teniendo en cuenta que el primero es un artificio turístico y el segundo un destino con más canadienses que cocos, ni falta que me hace.

De todas formas, como dije en el segundo post sobre mi viaje, solemos dar demasiada importancia a la arquitectura y naturaleza. Parece que son los dos valores claves para determinar si un país merece o no nuestra visita, y, la verdad es que en este viaje (como ya me pasara en Guatemala), he disfrutado mucho con otros valores.

Para mí, lo mejor de Cuba son los cubanos, aunque, en ocasiones, lo peor de Cuba son los cubanos.

Nada en juego

El ron de Cuba

He disfrutado mucho hablando con ellos. El tema casi es lo de menos. Lo importante es la claridad de ideas que tienen, la pasión con la que hablan de la familia, de la música, de su país (aunque ahí se pasan dos pueblos, como ya he dicho), las ganas que tienen por conocer cómo se vive en tu lugar de origen… Me encanta las caras que ponen cuando les dices que aquí quienes nos gobiernan son los bancos, las grandes empresas energéticas, las farmacéuticas… empresas a las que nadie ha dado su voto. Me encantan las disertaciones que nacen en un bar, en torno a una cerveza y con salsa como banda sonora. Por ejemplo, ¿por qué nos cuesta tanto entendernos entre la gente del norte y la del sur de la península? Hablamos el mismo idioma y, sin embargo, parecen distintos. ¿Por qué? Parece una tontería, pero esto dio para mucho. Mucho de conquistas, de invasiones, de clima…

Me ha gustado estar con ellos, mano a mano, hablando de la vida.

Mano a mano. Grano a grano.

Tiempo

Decía también que en ocasiones lo peor de Cuba son los cubanos, y es que es un país con una gran cantidad de funcionarios, y esa condición parece que les habilita a enterrarte en burocracia y espera infinita. Los que no lo son también les sufren, no es algo que sólo sientan los foráneos.

Y luego está el ron. El licor que más exportan, aunque no lo suficiente, porque en Cuba se bebe mucho y se bebe a cualquier hora y en cualquier lugar.

La playa es uno de los lugares favoritos para pasar el día. Llegan a las diez de la mañana con toda la familia (abuelos, padres, tíos, hijos y sobrinos), abren los paraguas, encienden la música, cogen las botellas y se meten a charlar y beber en el pacífico y cálido mar. Y todo esto, francamente, yo no lo llevaba demasiado bien. Para mí la playa es un lugar de relax. Un lugar para tumbarse y escuchar cómo le susurra el mar a la tierra. Un lugar para nadar en la nada más absoluta. Así me había imaginado yo las largas playas de Cuba. Pero los gritos de los niños, los gritos de los adultos, las latas de cerveza vacías, las botellas muertas en la arena, los platos de plástico, las bolsas enredadas en los arbustos y el “Despacito” y el “Súbeme la radio” a todo volumen acabó, en muchas ocasiones, con todo el placer de un día de playa.

Pero bueno, así son ellos.

Levando anclas

Otra de las características que también les definen es la religión católica. Para ser un país comunista, son extremadamente religiosos y, creo, conviven con contradicciones sin que se den cuenta.

Me llamó mucho la atención que en Baracoa, el lugar de Cuba en el que Cristobal Colón pisó tierra en su primer viaje, hubiera una estatua en memoria de Hatuey. Este líder autóctono fue quemado vivo en la hoguera por no querer convertirse al cristianismo. Se convirtió así en el primer mártir cubano. Lo curioso es que cientos de años después, sus compatriotas (la mayoría descendientes de españoles y esclavos africanos), le erigen una estatua y la colocan frente a la catedral. Y para más INRI, es la catedral en la que se conserva la única cruz de madera superviviente de las que llevó Colón. Me parece una putada a su memoria y una de esas grandes contradicciones que viven en los cubanos, y, por qué no decirlo, en todo el mundo.

Aquí está, manteniendo un enfrentamiento eterno.

Por cierto, Colón también tiene su estatua en la misma ciudad.

Enfrentamiento eterno

Tierra a la vista

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