Monte Fuji y Yokohama, dos destinos cercanos a Tokio

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Japón, Viajar el October 5th, 2015 por diegojambrina

Y por si Tokio no fuera suficientemente grande, existen dos destinos cercanos muy interesantes que visitar. Uno es el monte Fuji, sin ninguna duda uno de los iconos de Japón. Es también un lugar sagrado para los japoneses, una atracción turística para el extranjero y un espacio para la meditación de todos los que se animan a subirlo; sobre todo, cuando te encuentras a medio camino, agotado por las 4 horas de empinada subida y desesperado por las 3 que todavía te quedan para llegar a su cima. Claro, después hay que bajar. Sí, es un lugar donde meditas seriamente del por qué de ir adonde nadie te llama.

La mente puede más que el cuerpo

Hacer una excursión hasta el Fuji es muy fácil.

Hay diferentes fórmulas. Una de ellas es salir prontito desde Tokio en autobús directo a la llamada quinta estación, el lugar más cercano a la cima con acceso por carretera, y regresar a la tarde del mismo día a tu hotel de la capital. Yo opté por otra mucho más relajada. Me alojé en Kawaguchi-ko, en uno de los lagos que hay en las inmediaciones del volcán. Es una forma de motivarte el día anterior para lo que sabes que va a llegar. Porque visto desde la distancia parece muy poca cosa y crees que cualquiera lo puede conseguir.

Camino al Fuji

Éste es un pensamiento bastante generalizado, un pensamiento que se ve.

Yo me encontré con jóvenes extranjeros en zapatillas deportivas y traje de baño, con un móvil en la mano y ninguna botella de agua en la otra, japoneses con botas de caña alta de alquiler y mochilas tan grandes como ellos mismos, padres con hijos pequeños y padres de padres, con tanta edad como determinación.

Inconscientes, unos, desinformados, otros, y, seguros de sí mismos, todos ellos.

Hacia la cumbre

Al monte Fuji hay que ir preparado para el calor y el frío.

Pantalones largos, botas bajas que dejen el tobillo libre para moverse, camiseta para los momentos de calor y cortavientos para los de frío, protector solar, sombrero, alimento suficiente para ir reponiendo fuerzas durante un día entero y agua, mucha agua, o en su defecto yenes, muchos yenes, porque a medida que subes su empinada pendiente el precio del agua también sube.

Urbanizaciones de gran altura

Y es que el monte Fuji muy sagrado muy sagrado, pero está urbanizado hasta la desesperación. Cada 45 minutos, más o menos, te encuentras con una estación, es decir, un conjunto de casetas donde venden todo lo que puedas necesitar y creías que no ibas a necesitar. Vamos, chiringuitos en toda regla.

En algunos de ellos puedes dormir, lo que te permite dosificar las fuerzas en dos días y disfrutar del atardecer y el amanecer si las nubes te lo permiten y el frío no acompaña. Porque a la noche debe de hacer frío, bastante, aunque sea agosto y en Tokio haga 38ºC, al menos eso dicen algunos, porque yo subí y bajé el mismo día.

Y para demostrar que llegué hasta el final, aquí tenéis la foto de la cima.

De compras por los 3.776m

¿Qué pasa? ¿No esperabais que hubiera un centro comercial en la cima de un volcán a 3.776m de altura? Ya, yo tampoco. Aún así, la experiencia es memorable y te sientes satisfecho con tu esfuerzo, con las miradas cómplices con los japoneses, con las vistas al mar y con haber llegado hasta el mismísimo cráter de un volcán tan legendario como el Fujiyama.

Satisfecho también me sentí cuando llegué a Yokohama, una ciudad a tan sólo 30 minutos en tren de Tokio, relajada, tranquila y perfecta para recorrer a pie. Este es el segundo destino cerca de la capital del que hablaré en este post.

Grande

Podría decir que para disfrutar de Yokohama basta con invertir una mañana o una tarde y un poco de la noche, pero en realidad es mejor que dediques un día entero y duermas en uno de sus hoteles. La razón es muy sencilla: es probable, pero solo probable, que te líes con los trenes, las estaciones y las direcciones y que dediques algo más de esa media hora de distancia entre una ciudad y otra. Y, además, puede que des con el Craft Beer Bar y te agarres una borrachera de calidad con sus maravillosas cervezas locales y acabes hablando y garabateando en tu libreta de viajes con los parroquianos, también locales.

Para que no te coja por sorpresa, y a pesar del nombre que tiene, hay un letrero a la entrada que dice Here we can’t speak English y la carta de cervezas está en japonés. Por si queréis ir pensando en qué pedir, aquí la tenéis.

Pero antes de entrar al bar en cuestión, os aconsejo un paseo por las cercanías de la que fue la torre más alta de Japón: la Landmark Tower. Un edificio robusto e imponente de 296 metros y 70 plantas, con, el que dicen, el ascensor más rápido del mundo, capaz de alcanzar los 45Km/h.

Luz

Es una maravilla poder pasear sin aglomeraciones, sin turistas, sin prisas y rodeado de japonesas que cuidan su vestuario con la misma determinación que se cuidan de que no les dé el sol.

Y lo mejor de Yokohama, además del bar con las cervezas locales ya comentado, es su skyline nocturno, un imán para los aficionados a la fotografía con trípode y de larga exposición, aunque yo opté por otro tipo de fotografía, sin trípode y con una luz dirigida a la única turista occidental que vi en todo el día en la ciudad.

Luciérnaga

Sin ninguna duda, Yokohama fue una de las sorpresas agradables de mi viaje a Japón. No esperaba tanta tranquilidad, tan poco turista extranjero, un paseo marítimo espectacular, protagonizado por la modernísima y funcional terminal internacional de pasajeros Osanbashi y un casco histórico lleno de vida, ofertas culinarias y un bar de cervezas locales artesanas estupendas… ah, bueno, que de eso ya he hablado, ¿no?

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Tokio, la ciudad imposible

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Japón, Tokio, Viajar el September 23rd, 2015 por diegojambrina

Tokio es una ciudad imposible, completamente inabarcable para el viajero con fecha de caducidad, como yo mismo. Cinco días invertí en la capital de Japón, nunca antes había estado tanto tiempo en una misma ciudad, y no pude ver ni la mitad de lo que me propuse antes de llegar, y os aseguro que preparando el viaje ya dejé fuera muchos lugares interesantes. Una vez en Tokio, bastaron las primeras horas del primer día para darme cuenta de que mis planes no se iban a cumplir.

Para empezar, en mi lista no tenía al Metro de Tokio como destino, y creedme si os digo que en realidad es un destino. Sí, el Metro de Tokio es una atracción turística en sí misma, y pasaréis mucho tiempo en ella, aunque la mayor parte sin pretenderlo. 13 líneas; 13 colores distintos; muchos precios; muchas escaleras que suben y bajan; 2.500 millones de usuarios al año, no sé cuántos son al día, pero muchos sí que son; andenes compartidos para ir y para volver; 286 kilómetros de longitud en total; vagones que van en la dirección equivocada, piensas, aunque el equivocado eres tú, por supuesto; y una megafonía potente y clara, aunque de poco le sirve al extranjero. Apasionante, sin duda.

Y cuando logras salir, sientes placer y orgullo aventurero satisfecho, y si lo haces en el sitio correcto, más aún. Y, si, además, tienes una vista como esta, a unos buenos ejemplos de arquitectura contemporánea, mucho más.

Para quitarse el sobrero

Ahí tenéis el Tokyo Sky Tree, la torre de comunicación independiente más alta del mundo; 634 m, aunque la mayoría de los visitantes sólo suben hasta la primera plataforma circular, a 350 m, desde donde se ve, si el tiempo y la contaminación lo permiten, la inmensidad de Tokio. Pero vaya, a mí me pareció mucho más interesante lo que sucedía dentro.

Yo estuve allí

También me pareció muy interesante ver el interior de este otro edificio: el Nakagin Capsule Tower del arquitecto Kisho Kurokawa. Es una de las pocas edificaciones de estilo metabolista de Japón y la primera torre de cápsulas del mundo. Para poder ver el interior es necesario alojarse en una de sus cápsulas. Nada de pasearse por allí sin más ni más. Mucho ojo porque el portero hace honor a su profesión y para todo avance de curiosos con su mal humor y perfecto japonés y, si fuera necesario, una llamadita a la policía.

Yo me alojé en el apartamento de Masato, accesible a través de la plataforma airbnb.com, aunque en el tiempo que estuve allí me arrepentí mil veces. Ya cuando me acerqué por primera vez y vi la malla que protege al viandante de posibles desprendimientos pensé, seguro que se cae la cápsula en la que yo me alojo. Pero lo peor estaba dentro: humedad, mucha humedad, y cubos de basura, de esos cubos enormes, para recoger el agua filtrada por las grietas de las paredes y techos. Y por si fuera poco, el edificio se mueve. No lo suficiente como para ver zarandearse la cortina de la bañera (de la bañera que no puedes usar por falta de agua), pero sí para marearte. Aunque después supe que se debe al sistema antisísmico del que está dotado. Un día de viento, y el edificio se mueve como un junco.

Total, que mi gozo en un pozo, aunque, tengo que ser sincero, ahora lo recuerdo con cariño y me alegro de haber estado.

En fin, una verdadera lástima ver cómo dejan desintegrarse un edificio histórico y único en el mundo, por el gran valor del terreno que ocupa, en la zona más exclusiva y cara de todo Tokio, que ya es decir.

Si queréis ver el interior, este vídeo muestra la gran diferencia entre una de las cápsulas que aún hoy se utilizan como apartamento (la mayoría son trasteros) y otra cápsula totalmente abandonada a su suerte.

 

La decadencia de la arquitectura innovadora

Distinta suerte tiene la Torre de Tokio, una edificación más antigua que la Nakagin Capsule Tower y, sin embargo, goza de una salud deslumbrante. Su potente iluminación y su exagerado parecido con la torre Eiffel seguro que tienen parte de culpa. Resulta irónico ver el éxito de un plagio y el fracaso de una idea original. Aunque para ser justos, tengo que decir que me gusta la idea de crear una torre de comunicaciones con acero procedente de la destrucción de la segunda guerra mundial. Fue un símbolo del renacimiento de postguerra, y hoy, es un símbolo arquitectónico más de los muchos que hay en Tokio.

Otro símbolo lo constituyen estas tablas que adornan las tumbas en los cementerios en Japón y que tanto juego dan al fotógrafo.

Muerte entre las luces

Resulta curioso para el occidental la relación que tienen los japoneses con la muerte. Para ellos no es más que otro paso en la vida, lo que explica la naturalidad con la que los muertos comparten espacio con los vivos. Y sorprende encontrarse de bruces con un cementerio en una calle cualquiera o junto a una torre de comunicaciones.

Vivir y morir

A mí me gusta. Es una filosofía que deberíamos importar. Le damos mucha importancia a la muerte y la tememos sin medida, cuando deberíamos temer más a la vida y, por supuesto, deberíamos darle mucha más importancia.

¡La Vie en rose, por favor!

La Vie en rose

Bueno, y puestos a importar, ¿qué os parece el orgullo por el pasado propio?

Viajé a Japón con más de una exigencia autoimpuesta: tenía que comer fugu, ese pescado de apariencia tan bonachona y veneno tan letal, tenía que comer carne de Kobe, la auténtica carne de Kobe, no la que venden con engaños por estos lares, subir el monte Fuji sin perder a mi mujer por el camino, ver de cerca un volcán en activo y fotografiar a alguna japonesa ataviada con su vestido tradicional, el yukata.

Esto último me parecía lo más difícil. Al fin y al cabo, lo demás es cuestión de dinero, excepto lo del monte Fuji, pero eso es otra historia. Y, sin embargo, fue lo más fácil. En pleno Tokio, ¡qué digo en pleno Tokio!, en pleno cruce de Shibuya te encuentras con mujeres vestidas como una flor. Y es tremendamente emocionante, aunque más emocionante es ver que aún hoy, hay hombres que pasean con naturalidad vestidos con el yukata.

Todos sabemos que los hombres son los primeros en abandonar este tipo de tradiciones, no nos engañemos.

Jardín de flores

Otra de las cosas que cautivan en Japón es el alfabeto japonés. Es tan distinto al nuestro y tan estético que dan ganas de traerse hasta la última servilleta para casa. Quise traerme hasta un cacho de papel que utilizamos para garabatear y poder entendernos con unos simpáticos tipos de Hiroshima, pero al final se quedó olvidado en aquella vinatería. Os hacéis una idea de por qué, ¿verdad? Sí, demasiado vino.

Por cierto, allí aprendí, además de que en Japón también se elabora vino tinto, que hay varios idiomas en el país, con diferentes grafías.

Y por si os lo estáis preguntando, no, el rickshaw no sigue siendo un medio de transporte al uso, sino un atractivo turístico, sobre todo, para los propios japoneses. El de la foto se retiraba a casa, tras un duro día de trabajo.

Camino al pasado

Retirarse pronto a casa, en mi caso al apartamento del Nakagin Capsule Tower, es de obligado cumplimiento si quieres asistir a la subasta de atún en el mercado de pescado más grande del mundo. Este mercado está situado hasta ahora en el barrio de Tsukiji, aunque para el año 2016 se tiene previsto un cambio de ubicación.

Como iba diciendo, tienes que personarte en una de las esquinas del mercado más alejadas de cualquier otro sitio para hacer cola y conseguir una acreditación. Debes hacerlo entre las 3:30 de la mañana, o de la madrugada, o de la noche, no sé muy bien cómo calificar esa hora, y las 4:30. Los que lo hagan obtendrán un pase para las 5am al escenario de la subasta. Yo… yo… yo llegué tarde. Es una de esas torpezas que comete tu subconsciente para tener la excusa y volver a Japón, como decía un buen amigo mío. Así lo espero, Germán.

Como llegué a las 5:05, me quedé sin pasé y como no te permiten la entrada al mercado de pescado hasta las 9am, me volví al apartamento, descansé lo que pude y regresé sobre las 8. Me di una vuelta por los alrededores, llenos de puestos de todo tipo, restaurantes callejeros, señoras que te invitan a marcharte y sushi. Y, como dice el refrán, allá donde vayas haz lo que vieres, desayuné sushi, el más delicioso y fresco sushi jamás probado por mí. Y lo comí en el mercado de pescado más grande del mundo. Puede parecer una tontería, pero para mí, fue muy emocionante.

Deborado

Emocionante también es pasear por los estrechos pasillos del mercado. Emocionante y divertido.

El frenesí que hay en los puestos es descomunal y eso que para entonces ya está todo el pescado vendido y solo quedan las consecuencias de un actividad comercial, es decir, toca contar el dinero ganado, limpiar y aparcar.

Contando las ganancias del día

El pasado persiste

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Prepárate; la inspiración está a punto de aparecer

Publicado en Fotografía, Viajar, Vietnam el October 18th, 2011 por diegojambrina

Es de noche, tengo puesto un carrete de 35mm. de ISO 100, el flash no llega más allá de un metro, la cámara es de plástico, una Mini Diana de Lomography, entonces ¿por qué la tengo en la mano? Pues no sé, tal vez ocurra algo. ¿Quién te dice que no vayan a pasar a un palmo de tu objetivo una marabunta de vietnamitas en bici y que uno de ellos no te vaya a saludar?

Pues eso. Que hay que esperarse lo inesperado. Que hay que estar preparado porque la seductora, la lasciva, la provocadora, la adorada, la deseada, la maldita y caprichosa musa tal vez se le antoje susurrarte al oído: “ahora”.

De todas formas, hoy me he comprado El Fotógrafo en la Naturaleza, un libro de José Benito Ruiz con el que aprender a no esperar a la inspiración. Que no aparece: ¡que le den! A veces me harto a esperarla. Y en esta vida hay que ser autosuficiente, y para ello hay que estar preparado.

Sí, prepárate; la inspiración tal vez no aparezca.

ahora de Diego Jambrina en 500px.com

 

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