Oporto, ciudad de niebla y noche

Publicado en Fotografía, Oporto, Portugal, Viajar el January 24th, 2019 por diegojambrina

La luz se despereza y entra con timidez en la habitación. Pero no está donde debería estar. Hago un repaso del entorno, sin moverme lo más mínimo de la cama. Por cierto, esta cama no es mi cama. Y esta habitación, tampoco. Y, deduzco, que ésta tampoco es mi ciudad.

Hoy, miraré y fotografiaré lo que nunca había visto ni fotografiado. Y eso me encanta.

Miro el reloj, pero aún son las 6. Demasiado pronto para levantarme, aunque sé que la luz del día también se irá demasiado pronto.

Desde que la fotografía forma parte esencial en mis viajes, siempre he puesto especial interés en salir del hotel lo más pronto posible. Pero, cada año que pasa, encuentro a la luz del día más anodina.

Así que, me vuelvo a dormir.

Luz de noche

Oporto ha sido para mí una ciudad de niebla y noche. Sus oscuras, estrechas y caóticas calles del centro histórico me seducían y me humillaban. No era yo quien decidía por dónde ir.

Rumbo a ninguna parte.

Solía ser muy metódico en mis viajes. El primer día, esta zona. El segundo, esta otra. Si da tiempo, llegaré hasta allí. Si no, pasearé por aquí. Tenía un espacio en mi agenda para los imprevistos. Al estar en una ciudad desconocida, es normal que los haya, así que los preveía.

Pasadizo al pasado

Me propuse cruzar el Douro por el puente Luiz I y ver Oporto desde la otra orilla. Me propuse hacerlo al atardecer, justo cuando el sol acariciara la ladera de la ciudad con una delicadeza impropia de una bola de fuego. Pero no cumplí con mi propuesta. Tampoco me importó.

Ciudad de hierro y salitre

Me conformaba con pasear por las calles. Cuanto más estrechas, mejor. Cuantas menos personas, mejor. Cuanta menos luz, mejor. Y al toparme con esos maravillosos edificios de azul y blanco, mi cámara se quedaba quieta, esperando una reacción que parecía no llegar nunca.

Llegué a Oporto con la intención de fotografiarlos, sí, pero no de cualquier manera.

Me acuerdo mucho de Joan Fontcuberta y de lo que dice sobre la masificación de la fotografía, y estoy dispuesto a no contribuir a ello. Prefiero mirar sin tener la cámara de por medio y tomar cuando crea que lo que tengo ante mí es solo mío.

Noches azules y blancas

Piedra heredada

Esta sensación la viví con especial intensidad en la grandiosa estación de tren.

En São Bento, ni uno solo de los turistas allí presentes se resistía ante sus imponentes azulejos pintados de historia. Yo tampoco. Pero tras un rato con la cabeza inclinada hacia atrás, tratando de acaparar toda su magnitud, acabé algo borracho. Y al girar la cabeza olisqueando el aire fresco del exterior, vi la luz.

Generosos ventanales por donde el sol entraba tímidamente e iluminaba un solo rincón de la estación. Ahí estaba esa fotografía que serviría para recordar un lugar y un sentimiento, sin contribuir a la masificación.

Ventanas de luz

De camino a la habitación del hotel, entrada ya la noche, continúo aferrándome a la cámara. Mi ojo es rápido y mi mano no lo ha de ser menos. Sé que si tuviera la cámara guardada en la bandolera, nunca fotografiaría ciertas escenas. Incluso, nunca me quedaría más de medio segundo mirando.

La cámara me permite parar, mirar, mirar, mirar y pensar. Sin ella, tan solo podría guardar en mi memoria una fotografía que jamás podría enseñar. Y, ciertamente, ¿quién puede fiarse de su memoria?

Deseos entre rejas

Pienso que en algunos momentos es mejor no recordar el pasado. Esa realidad trastornada por el paso del tiempo y los deseos incumplidos suele estropear el presente y crear un futuro aún más destructivo.

Así lo sentí cuando vi a esta mujer mirando de reojo hacia atrás, con una tristeza y sentimiento de soledad brutal. El coche, salido de otra época, y su afligido color, creaban un ambiente propicio para la desazón.

Fue sin duda lo mejor de aquella mañana, camino a la Librería Lello, la librería más famosa del mundo y la más rentable, no por las ventas de sus libros, sino por las entradas vendidas. Desde que se rodaron allí algunas de las escenas de Harry Potter, las colas de turistas y los 5 € de entrada desaniman a los compradores de libros.

Mirando de reojo a un error pasado

Prefiero ver la tele, apagada y llena de polvo, a sucumbir al mercado del turismo. Pero no os asustéis, disfruté de muchas cosas. Oporto da para mucho más que un recorrido nocturno, colas infernales y garajes de hotel.

Arrinconados

Preciosos y rehabilitados edificios alicatados con recuperados azulejos, preciosos y destartalados edificios en parte alicatados con olvidados azulejos, calles estrechas y laberínticas, amplias avenidas y paseos paralelos al río, restaurantes con cocina local, gaviotas moviéndose como gifs eternos, bares alternativos con cerveza alternativa, edificios modernos alejados de los circuitos clásicos e, incluso, encuentros cara a cara con personas contactadas por Internet. Un abrazo, Alberte.

Un abrazo, Oporto.

Final desconocido

Coliseo arquitectónico

Hacia lo más alto

Sueños borrosos

Atrapado

Tozudo

Dando la espalda para salir de frente

Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,

Génova, ciudad infinita

Publicado en Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Italia, Viajar el November 13th, 2018 por diegojambrina

Una vez, miré por la ventada del avión y vi una enorme explanada surcada por caminos de agua resplandeciente. Me quedé hipnotizado por la enorme capacidad artística de la naturaleza. ¡Cuánta belleza abstracta! Cuando desperté de aquel ensimismamiento, me pregunté por lo qué estaba viendo. Y tras comprobar en la pantalla la ruta del vuelo, me di cuenta de que era la desembocadura del Nilo.

Fue la primera vez que vi África. Mi primera impresión del gran continente. Y pensé que si a 10.000 metros de altura, moviéndome a 800 km/h me emocionaba de aquella manera, cuando por fin pisara aquella tierra, seguro que mi corazón me haría levitar dos palmos del suelo.

Aún no he cumplido ese sueño, uno de mis grandes sueños viajeros, pero hace unos meses pasé tres días y dos noches en Génova, Italia.

Génova, ciudad abierta

Una de las características que más me gusta de Génova es la diversidad cultural que hay en sus calles. Además, su casco antiguo, donde la luz a duras penas alcanza el suelo, me hicieron recordar a aquella ciudad recogida en el libro de Txelu Angoitia, “El sueño de Tanger”.

Paseando por esta ciudad en vertical puedo asegurar que es lo más cerca que he estado de África.

Hotel

Pero, ¡qué sé yo de África! Sólo sé que mis deseos me llevan a vivir experiencias que dudo haya vivido en realidad.

Y con el paso del tiempo, la memoria también distorsiona esa realidad, y hoy, meses después de mi paso por Génova, pienso que tal vez no fue tan negra como yo hubiera querido.

Lo que sí puedo asegurar, sin miedo a que la memoria me engañe, es que esta ciudad del norte de Italia es una ciudad infinita.

Ciudad infinita

Podría estar caminando un mes entero y cada día marcar una retorcida línea diferente.

Podría estar horas buscando una esquina iluminada por el sol sin encontrarla y, aún así, sentirme satisfecho.

Podría estar horas fotografiando la luz sin importarme qué ilumina.

Podría ser feliz en un territorio donde los letreros de neón no son capaces de encontrar su camino entre tanta oscuridad.

Sombras perdidas en el tiempo

BAR

Hoteles verdes

Luz divina

Sin luz propia

10 metros

Palabras en el aire

Localizado

Piedras clientes

Ríos de vida

Tiempo perdido

Escalera a la luz

El sol

Música en la sombra

Cuando un edifício te sonríe

Oculto a la luz del día

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Ver para creer

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 20th, 2018 por diegojambrina

Una de las realidades que más me gusta ver cuando salgo de la España cristiana, apostólica, romana y laica es el uso que se dan a las iglesias. Me encanta encontrarme con estas construcciones llenas de turistas y vacías de feligreses. Me encanta que se hayan convertido en pinacotecas y galerías de arte escultórico y que podamos admirar, en algunos casos, buenos ejemplos de ingenio arquitectónico y, en otros, sacrilegios inconcebibles en nuestra era, como, por ejemplo, la utilización de columnas y capiteles romanos como base de los muros de la Iglesia de San Donato, en Zadar.

Imperio caído

Pero hay una realidad que todavía me gusta más. Me vuelve loco encontrar una librería, o un mercado gastronómico, o una sala de conciertos de rock dentro de un recinto otrora religioso. Me encanta que se le dé un buen uso a espacios vacíos.

Lo malo de estas realidades es que solo las he visto en Europa. Tanto en América como en Asia, los recintos religiosos construidos siglos atrás se siguen utilizando hoy para el ensalzamiento de uno o varios seres imaginarios y la implantación del miedo y la resignación entre la población.

Y hasta mi último viaje, pensé que Europa entera estaba viviendo esta bonita realidad, este gran avance social. Pero no.

En el lado oscuro de la vida

En Croacia, la gente sigue acudiendo en masa o, como les gusta decir a ellos mismos, en rebaño a las iglesias. Es tal la aceptación y el poder de convocatoria del señor cura que se completa el aforo y más aún.

La gente se queda de pie en el quicio de la puerta y más atrás todavía, en total silencio y respeto por lo que se cuenta desde dentro. Y que haya altavoces en las puertas dirigidos hacia el exterior, me lleva a pensar que esto no es algo esporádico.

Descubrí esta pasión en Zagreb. Sentado en una terraza, saboreando una cerveza artesana croata, fui testigo de cómo iban llegando más y más personas a la iglesia de enfrente, hasta tal punto que ya no entraban más y se quedaban fuera, de pie. Tuve que levantarme, acercarme, ponerme de puntillas y mirar al interior para ver con asombro que lo que allí les había congregado era la misa de las 7. Ver para creer.

Like a the Rolling Stones

Fans del señor

Aquel fue el primer contacto con una sociedad ultracreyente. Y luego vinieron más.

Citando a un conocido líder y mártir por la libertad de sus semejantes, yo he visto cosas que vosotros no creeríais.

He visto desaparecer a la dueña de un pequeño hotel, porque llegaba tarde a la misa de 11. He visto menguar un taco de hojas bien impresas en papel de gran calidad con el retrato de un cura, obispo o similar al paso de turistas creyentes. Confesiones, no sólo a la vista de dios, sino de todas las personas que paseábamos por la iglesia. Misas a las 9 de la noche. Grupos de jóvenes chavales acompañados de cuarentones con sotana. He visto mujeres en la playa leyendo estampitas…

He visto una Europa, pensé, desaparecida. Y me temo que esta experiencia me ha servido como calentamiento o preparación para mi siguiente destino europeo. Aunque deseo, con todas mis fuerzas, equivocarme.

Superstar

Estrella del cristorock

El fantástio mundo del entretenimiento

Tags: , , , , , , , , , , , , , ,

Palabras abandonadas

Publicado en Alemania, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Hamburgo, Viajar el June 1st, 2018 por diegojambrina

Por un instante pensé que aquella libreta enganchada en uno de los recovecos del puente era simplemente la basura de un cerdo. Pero luego me dije: “palabras abandonas, ¡qué bonito!”. Y estuve tentado en cogerla, abrirla y mirar si en alguna de aquellas páginas, había palabras dirigidas a mí.

Al final, le hice una foto y dejé la libreta en su sitio; sin tocar, sin abrir, sin futuro conocido.

Me pregunto qué será de ella hoy. ¿Se habrá topado con algún otro paseante con más curiosidad que yo? Prefiero creer en esta posibilidad, más que en que haya acabado en cualquier carrito del servicio de limpieza. Triste final para tan poético abandono.

Palabras abandonadas

Hamburgo es una ciudad construida a base de pequeños detalles y grandes edificios.

Por un lado, el trabajo de las instituciones públicas tiene como fruto espacios grandiosos, bien pensados, bien rehabilitados, modernos y respetuosos con el lúgubre pasado portuario.

Mil ojos sobre ti

De metal y lana

Por otro lado, el trabajo de la gente llena de detalles lugares sin aparente interés, incluso, algunos apenas visibles.

Un pequeño y valiente abeto en una mediana; un poste en el puerto, otrora, importante punto de apoyo para algún barco venido de la otra parte del mundo, y, hoy, un trozo de madera envejecida por la sal y el olvido; o paredes, o farolas, o patios interiores, o pasos subterráneos o cualquier otro espacio susceptible de albergar un sentimiento, un grito, una reivindicación.

Olvido

Marcado por el mar

En ocasiones, esos pequeños detalles que engrandecen la ciudad ni siquiera son pretendidos. Son meras burlas del caprichoso azar, que se ríe de nosotros, a veces por lo bajini, a veces sin disimulo, como cuando ilumina las fachadas ocultas al sol por el reflejo del mismo sol.

Invisible

Falsas ventanas.

Decía, en mi primer post sobre la ciudad, que Hamburgo me quiere, y lo decía porque, además de encontrar pintadas hechas desde el cariño, me he encontrado con estrechas callejuelas abiertas a la inmensidad del amor.

Cuartos habitados por una luz tan potente que rebosa energía por sus ventanas abiertas.

Y se despierta en mí la sensación de compañía o el sentimiento de soledad. ¿Quién sabe qué pesa más?

Invitación

Y a pesar de que el cielo esté nublado y las estrellas permanezcan ocultas y expectantes a noches mejores para mostrar su brillantez, siempre queda la posibilidad de encontrar en un interior un firmamento estrellado.

Soñar con estar en otra parte es relativamente fácil; basta con una pizca de melancolía y un entorno oscuro lleno de luces.

Interior nocturno de alma estrellada

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Yo soy el gato de Schrödinger

Publicado en Alemania, Este trabajo es mío, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Hamburgo, Literatura, Viajar el May 18th, 2018 por diegojambrina

Llevo unas cuantas semanas encerrado en un mundo de completa oscuridad. No soy capaz de saber si lloro de risa o de pánico. No soy capaz de saber si miro con envidia o con compasión. No soy capaz de saber si el nudo que tengo en el estómago es angustia o hambre. No soy capaz de saber si soy feliz o soy un animal sin conciencia ni consciencia. No sé si estoy vivo o muerto. Parezco el puto gato de Schrödinger. Lo único que ilumina este estado de duda infinita es que tanto el gato como yo estamos vivos y muertos al mismo tiempo.

El problema es que tengo que abrir la caja y mirar dentro, si quiero aclarar esta situación. Y aunque no haya candado, ni cerrojo, ni siquiera cinta de embalar alrededor de la caja, abrirla me va a resultar extraordinariamente difícil.

A la vista de la imaginación.

Viajar por este mundo de completa oscuridad es lo único que me mantiene vivo. Sólo quiero que nunca llegue a tropezarme con la ampolla de gas venenoso y provocar, no diré un triste final, sino un final prematuro. Al fin y al cabo, nadie se libra de la guadaña.

Durante mi viaje por Hamburgo (sí, aunque no lo parezca, este es el segundo post de mi viaje por la ciudad portuaria), fui tomando, iba a escribir fotografías, pero es más oportuno pedacitos de una realidad que generan en mi cabeza, más que cualquier otra cosa, dudas.

Y son las dudas las que me mantienen despierto. Parece que las necesito, que disfruto con ellas, que la angustia que provocan es la energía que me mueve. Vamos, que siento placer de mi estado tarado.

Es la puta misma moneda de siempre y sus dos partes que jamas se verán las caras o lo que llamaba el Soldado Bufón, la dualidad del hombre. Ahora sólo tengo que elegir una o ninguna o elegir las dos y vivir el resto de mi vida en el canto, consciente de que puedo caer para un lado o para otro sin que ello me importe lo más mínimo.

Vouyer

Ausencia

Sol interior

Naturaleza metálica

Superstar

Hamburgo es una ciudad que inspira.

Hay arte callejero, o vandalismo, según quién sea el espectador, y hay miradas que no ven más allá de sus narices. Hay atardeceres que esculpen siluetas de metal y paredes de metal que crean atardeceres perfectos.

La ciudad entera es una impostura, y eso me encanta. A veces parece que es una ciudad elegante, moderna, organizada, limpia, con ópera italiana como banda sonora. En otras ocasiones reina un perfecto caos, es oscura, lluviosa, desconfiada y los gritos reivindicativos resuenan en cada calle.

Lluvia de color

Mississippi

Impostura

Pero el arte también está en los museos. Al menos en los que yo visité.

Deichtorhallen Hamburg y Haus der Photographie son dos edificios separados por menos de 100 metros con entradas combinadas. Y más allá de las obras expuestas está el gusto por el modo en que se exponen las obras. Cada espacio es una obra en sí misma. Todo está perfectamente pensado y colocado, incluso el imprevisto de una gotera se alía con la exposición.

Una mañana maravillosamente invertida, en un espacio apto para todos los públicos y en los que está permitido hacer fotografías, una práctica a exportar a otros museos en los que sientes el aliento de la ley observando con más interés tu cámara que tú mismo las obras.

En espacios así, vuelves a creer que el futuro de la raza humana no está perdido. Parejas, personas en solitario, familia con hijos, mayores, jóvenes y jovencitos estudiantes que participan con interés en la interpretación de cada obra.

Sentí a mi lado la presencia del Sr. Stendhal.

Intervención

Stendhal

Tags: , , , , , , , , , , , , ,

Hamburgo me quiere

Publicado en Alemania, Hamburgo, Viajar el May 3rd, 2018 por diegojambrina

A veces, cuando el avión comienza el descenso, mi cabeza sufre explosiones internas tan dolorosas que me resultan difíciles de creer. Aún así, al aterrizar en Hamburgo, y viendo nevar por la pequeña ventanilla, me sentía feliz. Comenzaba un nuevo viaje en mi vida. Cinco días por delante para dejarme sorprender por una ciudad totalmente nueva para mí.

Con la maleta en el hotel y la cámara en mi mano, empecé, esa primera noche, a enamorarme de todo lo que veía. No es de extrañar, claro, porque yo me enamoro de lo desconocido con mucha facilidad.

Lo curioso es que sentía que Hamburgo también me quería. Resultaba demasiado fácil encontrar motivos para fotografiar. Incluso vi escrito un mensaje de “AMOR”, que, evidentemente, era para mí.

Amor a la alemana

Encontré más mensajes, y, aunque algunos estaban en blanco, sé que iban dirigidos a mí llenándome la cabeza de ideas y de emociones el corazón.

Como de costumbre, no puedo escribir sobre esas extrañas palpitaciones. El entorno se alía con mi inconsciente y provocan sacudidas, miradas, dudas y fotografías. Así transcurrían las primeras horas en Hamburgo. Y así cogió fuerza un nuevo proyecto fotográfico del que aún no puedo hablar.

Destino en blanco

La nieve seguía cayendo, suave, sin hacer daño, solo visible para las luces de la noche.

Así es la primavera en el norte de Alemania: un invierno delicado. Aunque si eres del sur de Europa, es un invierno de mil pares de cojones.

No me quedó más remedio que buscar refugio.

Entré en una de las cerveceras míticas de la ciudad: la Brauhaus am Hafen. Y encontré calor al estilo Benidorm, con pianista lalalá incluido. Salí tan rápido como pude en busca del calor al estilo Hamburgo.

Calor interior

Las luces de la noche son más importantes que el mismo sol.

Cuando la escasez se hace patente, un mínimo rayo de luz, aunque sea artificial, ilumina la imaginación y provoca que mire por el visor y tome fotografías que en cualquier otro momento del día serían totalmente banales.

¿Por qué me siento así cuando estoy de viaje? ¿Por qué no actúo de esta misma forma en mi ciudad natal? No me gusta sentirme como en casa, como ya escribí en mi anterior post, pero tras este sentimiento se esconde una razón. Entonces, en la noche de Hamburgo lo vi claro.

Es la luz del sol la que me ciega.

Noche invisible

Cuando salgo a fotografiar por mi entorno, el sol está siempre en lo alto del cielo y todo lo inunda.

A las mañanas, con tanta claridad en las calles, mi mente permanece a oscuras, sin saber reaccionar, sin sentir, sin encontrar esa inspiración que me acompaña en cada viaje.

De noche, una simple entrada al Metro, escasamente iluminada, es una puerta a lo desconocido. Un viaje inquietante lleno de incertidumbre, de soledad, de melancolía.

La boca del cordero

Y por si esto fuera poco, en Hamburgo el metro no es siempre subterráneo. En algunos tramos vuela por encima de las cabezas, creando un escenario muy de Blade Runner.

Y si no bastara con la realidad, el cine se mete en mi cabeza para hacer de la experiencia del viaje aún más interesante.

En momentos como estos, me alegro de aquellos fines de semana de mi niñez con doble sesión de cine en televisión española, el único canal de una tele en blanco y negro.

Revuelo nocturno

Gracias a aquellas películas, desterradas hoy de la parrilla por ser viejas, lentas y aburridas (¡cuánta incultura!), entendí lo que significa la narrativa, entendí el poder de la imagen y entendí que en mi vida siempre habría sitio para la vida de los demás.

El miedo, la ilusión, la alegría, la tristeza, la rabia, la angustia, el rencor, el perdón, la duda, la certeza de los personajes yo también lo sentía. “Son solo películas”, escuchaba a menudo. No, también soy yo.

Las películas reflejan sentimientos universales. Tal vez ni el lugar, ni el tiempo, ni la historia se parezcan en nada a mi realidad, pero las emociones sí.

Y con la fotografía me ocurre lo mismo, tanto como espectador como fotógrafo. Quiero sentir y hacer sentir. Y si no lo consigo, ¿qué queda?

Criaturas nocturnas

Ciudad y manta

Destino incierto

Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,

No quiero sentirme como en casa

Publicado en Bilbao, Bizkaia, Euskadi, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Muy personal el February 24th, 2018 por diegojambrina

Cautivo de mi propia costumbre, lucho por mirar mi entorno con ojos de viajero inquieto. Lucho por salir a la calle con mi cámara de fotos y ver, en la misma ciudad de siempre, lo que nunca antes había visto.

Pero es la distancia la que me acerca a mi yo fotógrafo. Viajo, cruzo la frontera de lo conocido, y mi mente despierta, se despereza, se libera.

Me siento libre. Libre para mirar, para curiosear, para pararme en una esquina, para retroceder sobre mis pasos, para pensar en lo que fui y en lo que soy y para no pensar en lo que seré. Libre para sentirme libre.

Para mí, no hay nada como no sentirme como en casa.

Una vida falsamente iluminada

A veces, vagabundeo por estrechas calles de nombres desconocidos y hago una foto. A veces, llego a un destino con nombre conocido y hago una foto. A veces, me paro en seco y hago una foto. A veces, retrocedo y hago una foto. A veces, veo lo que nadie ve y hago una foto. A veces, no pasa nada y hago una foto.

Cuando viajo, hago fotos.

Vagabundo

En el lugar en el que habito, no. Al menos no siempre ni con tanta productividad. Me cuesta sorprenderme, me cuesta curiosear, me cuesta mirar, me cuesta reconocerme.

Llevo años prometiendo hacer un post sobre Bilbao. Y había empezado este con la intención de conseguir hacer realidad esta promesa. Pero (creo) he vuelto a fallar, aunque (me sincero) no me importa demasiado. Porque lo importante no es el lugar en el que esté, lo importante es que yo esté.

 
 

Las cinco fotografías que hay en este post están tomadas en Bilbao, durante un momento de lucidez en el que al mirar por el visor me reconocí con absoluta claridad.

Mente iluminada

Puerta abierta

Todos somos sombra

Tags: , , , , , , , , , , , , , ,

La Habana, esa vieja dama (Cuba 1/5)

Publicado en Fotografía, Viajar el September 19th, 2017 por diegojambrina

Es difícil escribir sobre las experiencias pasadas de un viajero en La Habana, cuando ahora mismo la ciudad entera está tratando de recuperarse del paso del huracán Irma, el más fuerte jamás registrado.

Veo las imágenes en los periódicos y pienso en la naturaleza como un aliado de los gobiernos capitalistas para castigar a una ciudad y un país entero por su condición de comunista, como el grito húmedo de un animal bicéfalo que te aplasta el tórax sin dejarte respirar y ni mucho menos responder.

Pero la gente en Cuba responde, ya lo creo que responde. Y aunque hay cierto grado de resignación, sobre todo hay mucho de deseo de vivir.

A vista de taxi

Ahora, la vida sale a flote en una ciudad invadida por el mar, pero cada día desde hace muchos años la vida se asoma por las ventanas y las puertas de unas casas de ensueño maquilladas por la realidad del tiempo. Miro a La Habana como a una vieja dama que aún conserva el elegante estilo que lució en su juventud.

Tengo una sensación de asombro por la belleza de sus edificios y aflicción por su estado. Pero insistimos mucho en juzgar un lugar por su arquitectura y su naturaleza, y, tal vez, lo más importante sean las personas que allí viven.

Hay vida

Caminando

Me decía la gente antes de ir que los cubanos eran muy pesados y que no pierden un segundo en tratar de venderte cualquier cosa. Yo no lo viví así. Sí tratan de venderte cualquier cosa, pero si eres directo y dejas claro desde el principio que no te interesan los puros, ni comer en ese maravilloso paladar, ni dar una vuelta en bicitaxi, ni las tarjetas wifi, ni las clases de baile… el vendedor deja paso al curioso. Y es entonces cuando entablas conversaciones amistosas e interesantes.

Compañeros

Entereza

Es especialmente interesante para mí cómo se las arreglan para que nada les falte. Cierto que hay muchas cosas a las que no pueden acceder con facilidad, pero no tienen más que esperar a que el tiempo haga su papel. Utilizan la paciencia, algo de lo que aquí carecemos. Y utilizan el ingenio.

Allí, por ejemplo, sigue habiendo mecánicos; profesionales que reparan coches. No son como los que hay en los concesionarios oficiales en esta parte del mundo, que no son más que substituidores de piezas.

Voy a dejar este post tal que así, como si estuviera inacabado, siendo este mi homenaje a una capital y a un país en permanente construcción.

Mirando hacia arriba

Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,

Ámsterdam, una ciudad monumental sin monumentos (2/2)

Publicado en Ámsterdam, Holanda, Viajar el December 23rd, 2015 por diegojambrina

PARTE 1/2 – fotografía en B&N con una Lubitel – 120

He viajado bastante por Europa, bueno, no mucho, pero sí lo suficiente para afirmar que hay decenas de lugares a los que se les llama “la pequeña Venecia”. Basta un par de canales que se crucen por el centro de la ciudad para ganarse ese sobrenombre. En realidad, lo que ocurre es que no tienen la suficiente personalidad propia para ganarse la atención del viajero, y ni mucho menos del turista, y han de buscar una etiqueta que les asocie con algo de valor.

Ámsterdam no es así. A pesar de que es lo más parecido a Venecia que he podido encontrar, nadie la llama “la pequeña Venecia”. Para empezar, no es pequeña. Es una gran urbe con más de dos millones de habitantes y muchos, pero que muchos turistas. Pero, sobre todo, tiene una personalidad invulnerable e incompartible.

Recuerdos perfilados

Basta caminar por las calles de la capital holandesa para darse cuenta de que no hay nada parecido en todo el mundo. Me siento atraído por cada rincón. Me siento atraído por cada calle, por cada plaza, cada puente, fachada, bote, bicicleta, bar, mirada… Me siento atraído por todo. Tengo la sensación de que podría estar un mes entero caminando y fotografiando sin parar y sin cansarme.

Cruce de estilos

Pero si llegara el momento, si en algún instante del viaje necesitara más, más… no sé, algo más estándar, como un buen museo, por ejemplo, hay unos cuantos a los que ir.

Está el museo de fotografía, FOAM, ubicado muy cerca del centro de la ciudad y con una buena librería donde abastecerse de clásicos y contemporáneos. Y algo más alejado, pero siempre a mano, está el Museumplein, una plaza en la que se han ubicado el Rijksmuseum, el Van Gogh Museum y el Stedelijk Museum Amsterdam, arte y diseño moderno y contemporáneo.

Movidos por el arte

Hay muchos más. Algunos seguro que merecen la pena. Y otros seguro que no, aunque las largas colas para entrar de gente quieta como muñecos de cera, parecen contradecirme.

A mí, el que me deja de piedra ante tanta belleza y sentimiento es el de Van Gogh. Podría estar todo el día encerrado en el museo, disfrutando del aire fresco de la provenza francesa y de noches estrelladas, en compañía del hada verde.

Agua pasada

Podría hablar también de los humeantes coffeeshops o del humillante y denigrante barrio rojo, del decepcionante mercado de las flores, del masificado centro de la ciudad y falto, curiosamente, de canales, pero para qué. Todo eso ya lo conocéis, si no por vivencia propia, sí por miles de imágenes e historias que hayáis podido leer o escuchar.

Yo me quedo con lo mío. Con los canales de oriente y occidente. Me quedo con los bares llenos de cultura popular y con cervecerías que elaboran tradición y renuevan tesoros históricos, como este molino. De Gooyer es uno de los seis molinos de madera que aún perviven en Ámsterdam y el molino de madera más alto de Holanda.

Iconos

Me quedo también con esas zonas inexploradas por el turismo de masas y, lamentablemente, por mí, porque tres días de invierno en una ciudad así no son nada.

Me quedo con todas esas calles que quedaron sin pisar y con el extrarradio y la zona portuaria, de la que tan bien he oído hablar por los amantes de la arquitectura contemporánea.

Ámsterdam, volveré.

Hot El

Color local

Puentes tendidos

Brug

Strangers in the night

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , ,

Fotografiar y sentir

Publicado en Muy personal el November 11th, 2015 por diegojambrina

“En otra parte” se ha convertido oficialmente en mi proyecto fotográfico personal. Llevo con él bastante tiempo, más del que soy consciente. Porque en este mundo, las emociones se mueven veloces, imprevisibles y, en muchas ocasiones, de manera incomprensible, mientras que la razón permanece quieta, agazapada y siempre temerosa. Pero ya está, ya he conseguido ponerla en marcha, y no hay forma de pararla.

La revista de arte The Way Out Magazine ha publicado un avance. La encontraréis a partir de la página 24, pero no paséis por alto las demás. Hay contenido de mucho interés.

Y si os preguntáis, como bienintencionadamente hizo Juan Valbuena durante nuestro encuentro en el CFC de Bilbao, qué tiene de interés mi proyecto personal para los demás, ésta es la respuesta:

En otra parte es una representación de mi estado de ánimo mientras viajo. Pero también es una representación del deseo del ser humano por estar siempre en otro lugar, por ser siempre lo que no es, por desear lo que no tiene, por vivir en el pasado o en el futuro, nunca en el presente. Un viaje constante a través del deseo insatisfecho del ser humano y una revisión de la felicidad, llena de emociones incomprendidas, curiosidad y confianza en lo desconocido.

Tags: , , , , , , ,