Porsche, creatividad y diseño de altas velocidades

Publicado en Alemania, Fotografía, Fujifilm X100, Motor el February 9th, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100

Hay dos motivos por los que recomiendo visitar Stuttgart. Uno, es el Museo de Porsche y, otro, es el Museo Mercedes-Benz. Todas aquellas personas a las que no les gusten los coches, deben visitarlo igualmente, porque los dos museos están hechos con tanto estilo y rigor histórico que no echarán en falta ni iglesias, ni pinacotecas, ni cascos históricos por los que patear.

De todas formas, si queréis casco histórico, lo tenéis, aunque su construcción sea posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Stuttgart fue destruida casi en su totalidad por las bombas de los aliados y, como el resto de Alemania, su reconstrucción se ha hecho con mucho detalle y tratando de respetar, en la medida de lo posible, la arquitectura original. Aún así, el verdadero placer son los museos automovilísticos, insisto.

Y si alguno de vosotros pasa de mi insistencia, echad un vistazo a este otro post, donde hay otras razones por las que visitar Stuttgart y otras zonas del suroeste de Alemania.

Para los que se quedan en este post, empezamos con Porsche, y con una fotografía que no es mía. Sí, lo sé, pecado mortal no haber sacado ni una sola foto del espectacular edificio que alberga el museo, pero la emoción tenía atenazada mi responsabilidad como bloguero viajero y entré corriendo.

Por cierto, los arquitectos de la obra son los austriacos Elke Delugan-Meissl y Roman Delugan, quienes tienen una interesante colección de trabajos realizados. Date una vuelta por su web, que por sí misma merece también una visita.

Una vez dentro del edificio, te encuentras con la taquilla, que tratas de superar lo antes posible, sin pensar en los 8€ que has de dejar. Coges tu audioguía en el idioma que prefieras y, hala, para arriba.

Y con los primeras hitos que te encuentras arriba es con algo de lo que muchos amantes de la marca reniegan: la relación directa del Volkswagen “Escarabajo” con Porsche. Pues sí, el Sr. Ferdinand Porsche diseñó el Kdf-Wagen, más conocido por nosotros como el “escarabajo”.

El parecido entre el Kdf-Wagen y este Porsche 956/2 es indiscutible, pero ¡qué más da!, los dos son preciosos.

Los coches que hay expuestos en el Museo Porsche son, además de coches históricos, algunos, y espectaculares, todos, obras de arte. Por eso, no me canso de recomendar su visita a todo el mundo, sea o no amante del motor. Estos coches son arte en metal, vidrio y goma, como ésta reminiscencia de los platillos volantes: el 356 Roadster.

Además, los coches están expuestos de tal forma que parecen juguetes en sus cajas, listos para desembalar y jugar con ellos. La mayoría de los vehículos se han colocado sobre una tarima negra y fondo negro que resalta su gran belleza.

También destaca la iluminación, perfecta, luz a raudales por cada esquina y focos colocados estratégicamente para hacer brillar cada centímetro de chapa y cromado. Se aprecia especialmente en este Porsche Speedster Carrera.

Ademas, mi Fujifilm X100 es otra maravilla del diseño y la técnica, y es capaz de hacer unos fabulosos enfoques con mínima profundidad de campo, genial para destacar los brillos y los detalles de las obras expuestas.

Y ya que he empezado a alabar mi cámara, seguiré con ello.

Ni flash ni ruido del obturador. Así debe ser. El flash directo al objeto no hace más que generar brillos molestos y el ruido advierte a las personas a las que fotografías de tu presencia, y, no, no siempre quiero que se aparten. ¿Se entendería una fotografía en la que todo está al revés? Definitivamente no. Parecería que es la foto la que está al revés, y no lo fotografiado.

Como en esta ocasión, en la que las mentes creativas que diseñaron el museo decidieron colocar al Porsche 956 colgado del techo para escenificar lo que se decía de él en los circuitos: es tan rápido que sería capaz de rodar por el techo. Una vez alcanzados los 321,4Km/h… ¡alehop!

Aunque si piensas que con un coche como estos podrás escapar de la policía, estás muy equivocado. Ellos también tienen el suyo: Porsche 911 Carrera Coupé “Polizei”.

Otro de los atractivos del Museo Porsche está en la posibilidad de saber lo que se siente dentro de uno de estos coches. La estética es importante, pero los amantes del motor disfrutamos también con el sonido y la vibración que provocan los CV.

Para ello, han ideado una plataforma que al pisar en ella activa el arranque de un motor, el suelo vibra y comienzas a oír cómo sube de marchas y de velocidad. Esto lo hacen con todos sus modelos, incluido los tractores, que también los tienen. Esta peculiaridad no es exclusiva de Lamborghini.

Y para que veáis que lo de los tractores no me lo invento, aquí tenéis una prueba fotográfica.

Un gran museo, de dimensiones perfectas para no cansarte en exceso y contemplar cada modelo con tranquilidad. Eso sí, os recomiendo ir prontito, porque es uno de los museos con más éxito de Stuttgart y se puede llenar con facilidad. Cuando yo salía de él, entraban grandes grupos de turistas, entre ellos, los temidos japoneses. Estoy seguro de que eso le resta encanto. Y estoy tan seguro porque lo viví en el Museo Mercedes-Benz, al que acudí nada más salir del de Porsche, y del que hablo en éste post.

Os adelanto que cometí el error de ir a los dos museos el mismo día. Hay que reservar una mañana completa (5 horas) para gozar del Museo Porsche y un día entero, sí, un día completo, para el Museo Mercedes-Benz. Ya veréis por qué.

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Viajar por Alemania y Austria con una cámara de fotos (2 de 2)

Publicado en Alemania, Austria, Fotografía, Fujifilm X100, Viajar el September 24th, 2012 por diegojambrina

Fujifilm X100

Viaja tranquilo y paséate por Suiza antes de cruzar a la Selva Negra: Parte I

 

Salí de Suiza por Basel para adentrarme en el sur de Alemania y el oeste de Austria, y de paso dar un respiro a mi bolsillo.

Estos dos países son asequibles para el trabajador medio. Muchas gente se sorprende cuando digo que comer y beber en Alemania es incluso más barato que en España, y, para el aficionado a la cerveza, más placentero, pero la realidad es esa: mejores nóminas, alquileres mucho más baratos y precios aptos para invitar a una ronda.

¿A una ronda de qué? ¿Bretzel y cerveza?

No sería mala idea, pero no es bier todo lo que reluce.

El suroeste de Alemania, hasta llegar al extremo más oriental del lago Constanza, está lleno de viñedos. A ambos lados del río Rin y del lago, al que todos los autóctonos llaman Bodensee, la bebida amarilla más popular es el vino blanco.

Paseando entre viñedos en Meersburg by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

El lago Constanza es una zona muy visitada por los propios alemanes, sobre todo, de mediana edad. Aquí tienen sol, agua donde nadar, vino que beber y zeppelins con los que volar. Un estupendo vehículo para poder desplazarse por la zona sin necesidad de aguantar las constantes caravanas. Pero si no tienes los 200€ la media hora que cuesta un viaje, lo mejor es desplazarse en bici, en ferry o, por supuesto, en moto.

El zeppelin sobre vuela Lindau by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Fue el ferry el vehículo que elegí para llegar hasta Konstanz. Desde Meersburg, el pueblo perfecto para alojarse en la zona,  salen ferrys cada hora, y tras un paseo por el lago de 40 minutos  llegas a la ciudad más grande bañada por el lago Constanza.

Pero si la ciudad es grande, su fama es todavía mayor.

No es un mal lugar para darse una vuelta, pero las hordas de turistas que caminan por sus calles está totalmente injustificado. De hecho, hasta las fuentes se burlan de nosotros.

La fuente que no invita a beber de su nariz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Otro de los lugares donde más turistas encuentras es Friburgo, pero esta ciudad, sin duda alguna, merece una larga estancia.

Suele ser la base favorita por todo el mundo para conocer la Selva Negra, una extensa zona del sur que va desde la frontera con Francia hasta el lago Constanza, y eso le quita cierto encanto, sobre todo para los que, como yo, al viajar al extranjero lo último que quieren es oír castellano, y hasta aquí llegan muchos autobuses con miles de españoles de mediana edad hacia adelante dispuestos a vivir un nuevo viaje de estudios.

Canales en Freibrug by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Wutachschlucht, St. Peter, Triberg, Schiltach y Gegenbach fueron mis destinos mañaneros durante los 5 días en los que me alojé en Freiburg.

Salir en moto por las carreteras de la Selva Negra es una maravilla. El asfalto es impecable, y no, no es ninguna leyenda sin fundamento; en Alemania el firme es así, firme. Las carreteras son sinuosas, pero con curvas muy abiertas que te invitan a girar la muñeca e inclinar la moto, y cuando llegas a los pueblos parece que has hecho un viaje al pasado. La arquitectura es fabulosa. Las casas de entramado de madera llaman la atención y despiertan nuestro respeto al seguir en pie 500 años después de haberse construido. Los turistas, la gran mayoría alemanes, pasean sin prisas y te sonríen. Y la cerveza, bueno, la Weissbier está fresca y rica. Unas cuantas más y me hubiera atrevido a hacer la foto de frente. Aunque con la Fujifilm X100 puedes acercarte hasta donde quieras y disparar en absoluto silencio y no perturbar la paz de quién lee el periódico.

Tranquilos en Gegenbah by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Para descansar de tanto descanso, se puede subir hasta Stuttgart, donde uno de los grandes atractivos es el Museo Porsche. Allí, cada uno de los coches parece un gran juguete, en su caja, listo para sacarlo y ponerlo a rodar. Es un museo para niños grandes a los que les gustan estos juguetes. Pero aconsejo a todo el mundo el Museo Mercedes-Benz, el otro gran atractivo de Stuttgart.

Ese es un museo sobre la historia del último siglo con el motor como hilo conductor; una maravilla de 7 gigantes plantas a las que dedicar un día al completo.

Porsche 911 by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

¿Y ya está? ¿Eso es todo lo que ofrece Stuttgart; dos museos de coches?

Stuttgart es una ciudad con un nombre más viejo que la propia ciudad. Fue sepultada en bombas y no quedó prácticamente nada en pie. Se reconstruyó lo que se pudo y se construyó casi todo desde la nada. Tal vez sea por eso por lo que no encuentras edificios que fotografiar, pero, sin embargo, sí se puede fotografiar la cantidad de vida que hay en calles, como este kiosko de cerveza.

¡En qué otro lugar se podría encontrar un kiosko donde no se vendan periódicos sino cerveza!

Descansando en el Palast der Republik by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Ulm es todo lo contrario.

Es una ciudad con su historia todavía en pie, aunque lo que más destaca es la mezcla de lo de ayer con lo de hoy. Casas, catedrales, ayuntamientos y mercados con cientos de años y estilo gótico conviven con edificios y esculturas recién nacidas y estilo postmoderno. Y lo hace con una armonía perfecta. De eso te das cuenta desde los 161m de altura del campanario de la catedral, el más alto del mundo (algo más de 700 escalones) y desde la orilla del río.

Paseando por Ulm by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Cosas altas en Austria también las hay. Los Alpes, por decir algo.

El oeste de Austria, la región conocida como Vorarlberg, es una maravilla de la naturaleza. Vayas por donde vayas estás rodeado por picos de unos 3.000 metros de altura, y no te queda otra que tragar saliva y maravillarte ante semejante grandiosidad.

Para llegar hasta el paso Bielerhöhe es necesario recorrer un puerto de esos de foto, que yo no saqué, pensando “ya lo haré a la vuelta”, y a la vuelta me fui por otro lado.

La carretera, Silvretta Hochalpenstrasse, está llena de curvas de 180º, estrecheces y bastante tráfico. Para acceder a ella es necesario soltar 11€, pero si ya has hecho 3.000Km para llegar hasta allí no es plan de darse la vuelta. Además, el tráfico era sobre todo sobre 2 ruedas, y ya sabemos que ese no molesta.

Una vez aparcada la moto, lo mejor es darse un largo paseo por las montañas, aunque, si no estás en forma, te puedes conformar en circunvalar el lago y sacar alguna que otra foto.

Descansando del paseo por Bierlerhöhe by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Hay muchos pueblos en Vorarlberg donde poder alojarse, se tiene también bastantes hoteles, pero sin duda alguna lo mejor es una casa rural en Schruns; por precio, por comodidad, por situación (cerca de la Silvretta Hochalpenstrasse y de otros interesantes pueblos) y por el lugar en sí. Un lugar al que Hernest Hemingway dedicó cierto tiempo de su vida y una porción de su literatura. Aunque esto mismo lo pueden decir Venecia, Pamplona, La Habana, Florencia, París… y no sé cuántos sitios más.

Bueno, la cuestión es que en Schruns y en sus alrededores cualquier persona disfruta de una buena vida.

Disfrutando de la noche veraniega en Schruns by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

De una buena vida y de un chocolate excelente. En Bludenz, un pequeño pueblo a escasos 17Km, se encuentra la fábrica de chocolate Milka, y su mejor publicidad no es la vaca pintada sino el olor que hay al pasar cerca de ella.

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