El gran fallo del jurado

Publicado en Arlés, Arte, Fotografía, Francia, Fujifilm X100 el July 19th, 2018 por diegojambrina

Lo que hace que una persona sea escritora, no es el acto de escribir, sino el de leer. Por eso, el arte no depende del creador sino del espectador. Así que me he prometido a mí mismo no enfadarme con esas personas que ganan premios de fotografía sin haber hecho una sola fotografía, sino con las personas que les premian.

Apropiarse de fotografías ajenas, o comprarlas (me da igual), o hacer capturas de pantalla y hacer intervención sobre ellas o sencillamente encontrar un orden de lectura, no debería ser un acto fotográfico. Debería ser otra cosa. Que lo llamen como quieran, pero no fotografía.

Leí hace unos días que los tres fallos del jurado en el Festival de Fotografía de Arlés habían dictaminado a tres no fotógrafos como los mejores fotógrafos del año, o al menos sus trabajos. ¿Por qué?

Dejo la respuesta en el aire, porque a mí no me interesa lo más mínimo.

Me interesa la reflexión y me reafirma en lo que quiero hacer.

Quiero hacer fotografías y que la gente las vea, que se emocione con ellas, que se le revuelvan las tripas, que les haga soñar, que les haga sentirse sola, que sonría, que la melancolía se apodere de ella…

Por eso, muestro mis fotos solo en mis espacios personales, como este blog, mi perfil de flickrinstagramFacebook, porque al parecer, y tal como evoluciona el mundo de la fotografía, ningún jurado contemporáneo fallará a mí favor.

 

 

Fotos hechas con una cámara de fotos en Arlés, durante el festival de fotografía.

 

A ese lado de la puerta

Invitación

Intrusión

Indecisión

La eternidad

Tags: , , , , , , , , , , ,

Palabras abandonadas

Publicado en Alemania, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Hamburgo, Viajar el June 1st, 2018 por diegojambrina

Por un instante pensé que aquella libreta enganchada en uno de los recovecos del puente era simplemente la basura de un cerdo. Pero luego me dije: “palabras abandonas, ¡qué bonito!”. Y estuve tentado en cogerla, abrirla y mirar si en alguna de aquellas páginas, había palabras dirigidas a mí.

Al final, le hice una foto y dejé la libreta en su sitio; sin tocar, sin abrir, sin futuro conocido.

Me pregunto qué será de ella hoy. ¿Se habrá topado con algún otro paseante con más curiosidad que yo? Prefiero creer en esta posibilidad, más que en que haya acabado en cualquier carrito del servicio de limpieza. Triste final para tan poético abandono.

Palabras abandonadas

Hamburgo es una ciudad construida a base de pequeños detalles y grandes edificios.

Por un lado, el trabajo de las instituciones públicas tiene como fruto espacios grandiosos, bien pensados, bien rehabilitados, modernos y respetuosos con el lúgubre pasado portuario.

Mil ojos sobre ti

De metal y lana

Por otro lado, el trabajo de la gente llena de detalles lugares sin aparente interés, incluso, algunos apenas visibles.

Un pequeño y valiente abeto en una mediana; un poste en el puerto, otrora, importante punto de apoyo para algún barco venido de la otra parte del mundo, y, hoy, un trozo de madera envejecida por la sal y el olvido; o paredes, o farolas, o patios interiores, o pasos subterráneos o cualquier otro espacio susceptible de albergar un sentimiento, un grito, una reivindicación.

Olvido

Marcado por el mar

En ocasiones, esos pequeños detalles que engrandecen la ciudad ni siquiera son pretendidos. Son meras burlas del caprichoso azar, que se ríe de nosotros, a veces por lo bajini, a veces sin disimulo, como cuando ilumina las fachadas ocultas al sol por el reflejo del mismo sol.

Invisible

Falsas ventanas.

Decía, en mi primer post sobre la ciudad, que Hamburgo me quiere, y lo decía porque, además de encontrar pintadas hechas desde el cariño, me he encontrado con estrechas callejuelas abiertas a la inmensidad del amor.

Cuartos habitados por una luz tan potente que rebosa energía por sus ventanas abiertas.

Y se despierta en mí la sensación de compañía o el sentimiento de soledad. ¿Quién sabe qué pesa más?

Invitación

Y a pesar de que el cielo esté nublado y las estrellas permanezcan ocultas y expectantes a noches mejores para mostrar su brillantez, siempre queda la posibilidad de encontrar en un interior un firmamento estrellado.

Soñar con estar en otra parte es relativamente fácil; basta con una pizca de melancolía y un entorno oscuro lleno de luces.

Interior nocturno de alma estrellada

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Yo soy el gato de Schrödinger

Publicado en Alemania, Este trabajo es mío, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Literatura, Viajar el May 18th, 2018 por diegojambrina

Llevo unas cuantas semanas encerrado en un mundo de completa oscuridad. No soy capaz de saber si lloro de risa o de pánico. No soy capaz de saber si miro con envidia o con compasión. No soy capaz de saber si el nudo que tengo en el estómago es angustia o hambre. No soy capaz de saber si soy feliz o soy un animal sin conciencia ni consciencia. No sé si estoy vivo o muerto. Parezco el puto gato de Schrödinger. Lo único que ilumina este estado de duda infinita es que tanto el gato como yo estamos vivos y muertos al mismo tiempo.

El problema es que tengo que abrir la caja y mirar dentro, si quiero aclarar esta situación. Y aunque no haya candado, ni cerrojo, ni siquiera cinta de embalar alrededor de la caja, abrirla me va a resultar extraordinariamente difícil.

A la vista de la imaginación.

Viajar por este mundo de completa oscuridad es lo único que me mantiene vivo. Sólo quiero que nunca llegue a tropezarme con la ampolla de gas venenoso y provocar, no diré un triste final, sino un final prematuro. Al fin y al cabo, nadie se libra de la guadaña.

Durante mi viaje por Hamburgo (sí, aunque no lo parezca, este es el segundo post de mi viaje por la ciudad portuaria), fui tomando, iba a escribir fotografías, pero es más oportuno pedacitos de una realidad que generan en mi cabeza, más que cualquier otra cosa, dudas.

Y son las dudas las que me mantienen despierto. Parece que las necesito, que disfruto con ellas, que la angustia que provocan es la energía que me mueve. Vamos, que siento placer de mi estado tarado.

Es la puta misma moneda de siempre y sus dos partes que jamas se verán las caras o lo que llamaba el Soldado Bufón, la dualidad del hombre. Ahora sólo tengo que elegir una o ninguna o elegir las dos y vivir el resto de mi vida en el canto, consciente de que puedo caer para un lado o para otro sin que ello me importe lo más mínimo.

Vouyer

Ausencia

Sol interior

Naturaleza metálica

Superstar

Hamburgo es una ciudad que inspira.

Hay arte callejero, o vandalismo, según quién sea el espectador, y hay miradas que no ven más allá de sus narices. Hay atardeceres que esculpen siluetas de metal y paredes de metal que crean atardeceres perfectos.

La ciudad entera es una impostura, y eso me encanta. A veces parece que es una ciudad elegante, moderna, organizada, limpia, con ópera italiana como banda sonora. En otras ocasiones reina un perfecto caos, es oscura, lluviosa, desconfiada y los gritos reivindicativos resuenan en cada calle.

Lluvia de color

Mississippi

Impostura

Pero el arte también está en los museos. Al menos en los que yo visité.

Deichtorhallen Hamburg y Haus der Photographie son dos edificios separados por menos de 100 metros con entradas combinadas. Y más allá de las obras expuestas está el gusto por el modo en que se exponen las obras. Cada espacio es una obra en sí misma. Todo está perfectamente pensado y colocado, incluso el imprevisto de una gotera se alía con la exposición.

Una mañana maravillosamente invertida, en un espacio apto para todos los públicos y en los que está permitido hacer fotografías, una práctica a exportar a otros museos en los que sientes el aliento de la ley observando con más interés tu cámara que tú mismo las obras.

En espacios así, vuelves a creer que el futuro de la raza humana no está perdido. Parejas, personas en solitario, familia con hijos, mayores, jóvenes y jovencitos estudiantes que participan con interés en la interpretación de cada obra.

Sentí a mi lado la presencia del Sr. Stendhal.

Intervención

Stendhal

Tags: , , , , , , , , , , , , ,

Hamburgo me quiere

Publicado en Alemania, Hamburgo, Viajar el May 3rd, 2018 por diegojambrina

A veces, cuando el avión comienza el descenso, mi cabeza sufre explosiones internas tan dolorosas que me resultan difíciles de creer. Aún así, al aterrizar en Hamburgo, y viendo nevar por la pequeña ventanilla, me sentía feliz. Comenzaba un nuevo viaje en mi vida. Cinco días por delante para dejarme sorprender por una ciudad totalmente nueva para mí.

Con la maleta en el hotel y la cámara en mi mano, empecé, esa primera noche, a enamorarme de todo lo que veía. No es de extrañar, claro, porque yo me enamoro de lo desconocido con mucha facilidad.

Lo curioso es que sentía que Hamburgo también me quería. Resultaba demasiado fácil encontrar motivos para fotografiar. Incluso vi escrito un mensaje de “AMOR”, que, evidentemente, era para mí.

Amor a la alemana

Encontré más mensajes, y, aunque algunos estaban en blanco, sé que iban dirigidos a mí llenándome la cabeza de ideas y de emociones el corazón.

Como de costumbre, no puedo escribir sobre esas extrañas palpitaciones. El entorno se alía con mi inconsciente y provocan sacudidas, miradas, dudas y fotografías. Así transcurrían las primeras horas en Hamburgo. Y así cogió fuerza un nuevo proyecto fotográfico del que aún no puedo hablar.

Destino en blanco

La nieve seguía cayendo, suave, sin hacer daño, solo visible para las luces de la noche.

Así es la primavera en el norte de Alemania: un invierno delicado. Aunque si eres del sur de Europa, es un invierno de mil pares de cojones.

No me quedó más remedio que buscar refugio.

Entré en una de las cerveceras míticas de la ciudad: la Brauhaus am Hafen. Y encontré calor al estilo Benidorm, con pianista lalalá incluido. Salí tan rápido como pude en busca del calor al estilo Hamburgo.

Calor interior

Las luces de la noche son más importantes que el mismo sol.

Cuando la escasez se hace patente, un mínimo rayo de luz, aunque sea artificial, ilumina la imaginación y provoca que mire por el visor y tome fotografías que en cualquier otro momento del día serían totalmente banales.

¿Por qué me siento así cuando estoy de viaje? ¿Por qué no actúo de esta misma forma en mi ciudad natal? No me gusta sentirme como en casa, como ya escribí en mi anterior post, pero tras este sentimiento se esconde una razón. Entonces, en la noche de Hamburgo lo vi claro.

Es la luz del sol la que me ciega.

Noche invisible

Cuando salgo a fotografiar por mi entorno, el sol está siempre en lo alto del cielo y todo lo inunda.

A las mañanas, con tanta claridad en las calles, mi mente permanece a oscuras, sin saber reaccionar, sin sentir, sin encontrar esa inspiración que me acompaña en cada viaje.

De noche, una simple entrada al Metro, escasamente iluminada, es una puerta a lo desconocido. Un viaje inquietante lleno de incertidumbre, de soledad, de melancolía.

La boca del cordero

Y por si esto fuera poco, en Hamburgo el metro no es siempre subterráneo. En algunos tramos vuela por encima de las cabezas, creando un escenario muy de Blade Runner.

Y si no bastara con la realidad, el cine se mete en mi cabeza para hacer de la experiencia del viaje aún más interesante.

En momentos como estos, me alegro de aquellos fines de semana de mi niñez con doble sesión de cine en televisión española, el único canal de una tele en blanco y negro.

Revuelo nocturno

Gracias a aquellas películas, desterradas hoy de la parrilla por ser viejas, lentas y aburridas (¡cuánta incultura!), entendí lo que significa la narrativa, entendí el poder de la imagen y entendí que en mi vida siempre habría sitio para la vida de los demás.

El miedo, la ilusión, la alegría, la tristeza, la rabia, la angustia, el rencor, el perdón, la duda, la certeza de los personajes yo también lo sentía. “Son solo películas”, escuchaba a menudo. No, también soy yo.

Las películas reflejan sentimientos universales. Tal vez ni el lugar, ni el tiempo, ni la historia se parezcan en nada a mi realidad, pero las emociones sí.

Y con la fotografía me ocurre lo mismo, tanto como espectador como fotógrafo. Quiero sentir y hacer sentir. Y si no lo consigo, ¿qué queda?

Criaturas nocturnas

Ciudad y manta

Destino incierto

Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,

No quiero sentirme como en casa

Publicado en Bilbao, Bizkaia, Euskadi, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Muy personal el February 24th, 2018 por diegojambrina

Cautivo de mi propia costumbre, lucho por mirar mi entorno con ojos de viajero inquieto. Lucho por salir a la calle con mi cámara de fotos y ver, en la misma ciudad de siempre, lo que nunca antes había visto.

Pero es la distancia la que me acerca a mi yo fotógrafo. Viajo, cruzo la frontera de lo conocido, y mi mente despierta, se despereza, se libera.

Me siento libre. Libre para mirar, para curiosear, para pararme en una esquina, para retroceder sobre mis pasos, para pensar en lo que fui y en lo que soy y para no pensar en lo que seré. Libre para sentirme libre.

Para mí, no hay nada como no sentirme como en casa.

Una vida falsamente iluminada

A veces, vagabundeo por estrechas calles de nombres desconocidos y hago una foto. A veces, llego a un destino con nombre conocido y hago una foto. A veces, me paro en seco y hago una foto. A veces, retrocedo y hago una foto. A veces, veo lo que nadie ve y hago una foto. A veces, no pasa nada y hago una foto.

Cuando viajo, hago fotos.

Vagabundo

En el lugar en el que habito, no. Al menos no siempre ni con tanta productividad. Me cuesta sorprenderme, me cuesta curiosear, me cuesta mirar, me cuesta reconocerme.

Llevo años prometiendo hacer un post sobre Bilbao. Y había empezado este con la intención de conseguir hacer realidad esta promesa. Pero (creo) he vuelto a fallar, aunque (me sincero) no me importa demasiado. Porque lo importante no es el lugar en el que esté, lo importante es que yo esté.

 
 

Las cinco fotografías que hay en este post están tomadas en Bilbao, durante un momento de lucidez en el que al mirar por el visor me reconocí con absoluta claridad.

Mente iluminada

Puerta abierta

Todos somos sombra

Tags: , , , , , , , , , , , , , ,

NO WAY

Publicado en Diego Jambrina, Fotografía, Muy personal, Noruega, Viajar el November 27th, 2017 por diegojambrina

Un ejercicio divertido y útil para todo fotógrafo es la creación de un libro de fotografías bajo un mismo mensaje.

Este es el primero que hago. Y ha sido, además, un regalo que he hecho a mi hermana, por haberme introducido en dos mundos maravillosos: el del viaje y el de la fotografía.

Con todos vosotros: NO WAY.

No_way from Diego Jambrina Merino on Vimeo.

Tags: , , , , , , , , , , , ,

La Habana, esa vieja dama (Cuba 1/5)

Publicado en Fotografía, Viajar el September 19th, 2017 por diegojambrina

Es difícil escribir sobre las experiencias pasadas de un viajero en La Habana, cuando ahora mismo la ciudad entera está tratando de recuperarse del paso del huracán Irma, el más fuerte jamás registrado.

Veo las imágenes en los periódicos y pienso en la naturaleza como un aliado de los gobiernos capitalistas para castigar a una ciudad y un país entero por su condición de comunista, como el grito húmedo de un animal bicéfalo que te aplasta el tórax sin dejarte respirar y ni mucho menos responder.

Pero la gente en Cuba responde, ya lo creo que responde. Y aunque hay cierto grado de resignación, sobre todo hay mucho de deseo de vivir.

A vista de taxi

Ahora, la vida sale a flote en una ciudad invadida por el mar, pero cada día desde hace muchos años la vida se asoma por las ventanas y las puertas de unas casas de ensueño maquilladas por la realidad del tiempo. Miro a La Habana como a una vieja dama que aún conserva el elegante estilo que lució en su juventud.

Tengo una sensación de asombro por la belleza de sus edificios y aflicción por su estado. Pero insistimos mucho en juzgar un lugar por su arquitectura y su naturaleza, y, tal vez, lo más importante sean las personas que allí viven.

Hay vida

Caminando

Me decía la gente antes de ir que los cubanos eran muy pesados y que no pierden un segundo en tratar de venderte cualquier cosa. Yo no lo viví así. Sí tratan de venderte cualquier cosa, pero si eres directo y dejas claro desde el principio que no te interesan los puros, ni comer en ese maravilloso paladar, ni dar una vuelta en bicitaxi, ni las tarjetas wifi, ni las clases de baile… el vendedor deja paso al curioso. Y es entonces cuando entablas conversaciones amistosas e interesantes.

Compañeros

Entereza

Es especialmente interesante para mí cómo se las arreglan para que nada les falte. Cierto que hay muchas cosas a las que no pueden acceder con facilidad, pero no tienen más que esperar a que el tiempo haga su papel. Utilizan la paciencia, algo de lo que aquí carecemos. Y utilizan el ingenio.

Allí, por ejemplo, sigue habiendo mecánicos; profesionales que reparan coches. No son como los que hay en los concesionarios oficiales en esta parte del mundo, que no son más que substituidores de piezas.

Voy a dejar este post tal que así, como si estuviera inacabado, siendo este mi homenaje a una capital y a un país en permanente construcción.

Mirando hacia arriba

Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,

Bruselas, esa ciudad del Manneken Pis

Publicado en Bélgica, Bruselas, Viajar el June 12th, 2017 por diegojambrina

Me miro en las fotos que tengo de la primera vez que estuve en Bruselas y no me reconozco. Han pasado 17 años. Mucho tiempo para una vida de 42. Poco, aparentemente, para un cambio facial radical. Así estoy yo, en constante evolución. Pero la ciudad sigue igual. Sigue con su Grand Place de belleza arquitectónica embriagadora, sus callejas a su alrededor llenas de restaurantes donde sirven mejillones de baja calidad y tiendas de chocolate de diferentes marcas y calidad superior. También sigue en su sitio el pequeño niño meón, los murales simulando escenas de cómics y los turistas. Esos sí que no cambian. Ahí están, protagonistas en las calles de Bruselas.

Cegados por el yo

La pequeña gran estrella

Arquitectura por siglos iluminada

Así, en términos generales, Bruselas agobia y aburre a partes iguales. Pero cuatro días en la ciudad dan para mucho más que para hacerse una idea general.

Hace 17 años, vi lo que ve la mayoría de los visitantes. Esta vez me adentré por callejones oscuros, me alejé de la Grand Place, caminé durante mucho tiempo para llegar a los barrios periféricos y visité una cervecera llamada Cantillon donde fabrican un estilo muy bruselense y poco internacional: el estilo lambic. Un tipo de cerveza que se bebe a temperatura ambiente y de sabor sorprendentemente ácida. No apta para paladares sensibles ni para grupos organizados de turistas españoles. A estos les va más cervezas de tipo pils y las belgium ale de toda la vida.

La cerveza reina en la ciudad es la Delirium Tremens. Muy famosa en todo el mundo y reconocida por su icónico elefante rosa. A mí esta marca siempre me ha atraído mucho. Es como si tu enemigo llamara a tu puerta y le invitaras a entrar.

Fauna endémica

Pero en Bruselas hay más animales sueltos por ahí.

Perdido en una calle sin importancia, lejos de las miradas y de los móviles y cerca de un inocente pivote, hay un perro que levanta la pata para lanzar una eterna meada que nunca llega, que nunca acaba. Supongo que algún día, en mi madurez, sentiré lo mismo que él.

Existe otra figura meona; una niña en posición y miccionando sobre una minúscula fuente. Está ubicada en un callejón sin salida. Ya hay mucha gente que conoce el lugar, pero para el que no lo sepa, sólo tiene que preguntar por el Delirium Café. Está justo en frente. Y ya de paso se puede entrar a este santuario de la cerveza y probar alguna de las 40 variedades de cerveza de barril y 100 más en botella.

Territorio eterno

Yo disfruto más de los pequeños templos cerveceros a los que se llegan atravesando oscuros callejones, de esos por los que jamás te atreverías a entrar en otro tipo de país. Pero aquí, puede más el deseo de descubrir interesantes rincones y probar cervezas complicadas de encontrar en mi Bilbao de origen.

Además, como el dicho afirma: los caminos de la cerveza belga son inescrutables.

Los caminos de la cerveza son inescrutables

Pasadizos apasionados

Si no me gustara la cerveza, Bruselas tendría también mucho atractivo para mí. Es una ciudad lo suficientemente grande como para pasar cuatro días sin tener la sensación de que ya lo has visto todo, pero lo suficientemente pequeña como para recorrerla a pie. Caminar es el mejor modo para disfrutar de un lugar. Cómo si no, hubiera podido encontrar momentos llenos de color y luz o ver al hombre invisible elegantemente vestido.

Entendimiento

Lo que de verdad no importa

Otro de las cosas que más me gustan de la ciudad es su arquitectura. Existen magníficos ejemplos de los estilos arquitectónicos más espectaculares, como el barroco.

El barroco es uno de esos estilos que siempre me ha atraído por su infinidad de detalles, pero de un tiempo a esta parte empieza a aburrirme. No dejo de pensar en la personalidad banal de quien lo mandó construir y en cómo una vida de opulencia puede ser retratada en una fachada de ego y piedra.

Para mí el art decó, aun teniendo un gran trabajo en sus detalles, es mucho más elegante y espectacular que el barroco, y Bruselas tiene bastantes ejemplos de esta arquitectura. El Old England, que alberga un impresionante museo de instrumentos musicales, es uno de ellos.

No me olvido del Atomium, pero sencillamente, verlo una vez en la vida es más que suficiente. En esta ocasión, me centré más en la nueva arquitectura de acero y cristal que también existe en la capital de Flandes.

Con luz propia

Mirando hacia el lado equivocado

Conociendo lugares desconocidos

Y hasta aquí mi repaso a una bonita región del norte de Europa que cautiva por su arquitectura y su cerveza. Y a quien no le interese ni un tema ni otro, que no se moleste en visitar Bruselas ni Gante ni Brujas. Bueno, Brujas igual sí, por lo de ser una ciudad de cuento de hadas. Una denominación de la que empieza a cansarme.

Podéis ver mis post de Gante pinchando aquí y el de Brujas aquí.

Tags: , , , , , , , , , , , , ,

La ciudad de la luz, no es París

Publicado en Arlés, Fotografía, Francia, Mediterráneo, Provenza, Viajar el July 23rd, 2016 por diegojambrina

No dice mucho a favor de París el hecho de que no me acuerde exactamente si han sido tres o cuatro las veces que he estado en ella. Podría hacer el esfuerzo de mirar en mis apuntes, pero, francamente, no me apetece. Y, además, este post es para la verdadera ciudad de la luz: Arlés.

Esta ciudad al sur de Francia me tiene totalmente enamorado.

Caí sin remedio mucho antes de que yo paseara por sus calles. Mucho antes incluso de que empezara a viajar. Caí cuando de pequeño y en la oscuridad del salón de casa, vi “El loco del pelo rojo”; esa obra maestra del cine protagonizada por mi admirado Kirk Douglas. Una película sobre la vida de Vincent Van Gogh en la que se describe con especial sensibilidad el tiempo que el pintor vivió y trabajó en Arlés.

Para Van Gogh, este rincón del Mediterráneo era fuente de inspiración, sencillamente, porque la luz vivía allí. Hoy, Van Gogh es un reclamo turístico, pero en esta época del año el reclamo es un evento: Rencontres de la photographie. Uno de los más importantes, sino el más importante festival de fotografía de toda Europa. Y para allá que me fui.

Rojo instante, eterno deseo

Está a 759Km de mi casa. Unas nueve horas de camino. Tiempo suficiente para ir calentando mi cámara.

Afortunadamente para mí, mi carné de conducir había caducado y el provisional que tenía no me permitía circular por las carreteras francesas. Me lo pasé bien, jugando con la luz durante el viaje. La verdad, es que algo me decía que aquel fin de semana iba a ser un fin de semana lleno de luz.

Luz, aliada en la vida

Luz y calor, mucho calor, fue lo que me encontré; más de 40 grados, insuficientes, sin embargo, para obligarme a quedarme en algún local con aire acondicionado. Porque si estás en Arlés, lo único que te apetece es recorrer las calles sin mapa, sin criterio, sin razón. Pasear y dejarte atrapar por los claroscuros, que ensalzan la belleza de una edificación provenzal ligeramente descuidada, ligeramente conservada.

Entre amigas, entre sombras

Por si su arquitectura provenzal, sus numerosas ruinas romanas y su influencia en la vida y obra de Van Gogh no fuera suficiente atractivo, Arlés amanece a principios de julio con arte fotográfico en cada esquina. No se trata de un festival donde el arte se esconda tras las paredes de una sala expositiva. El arte sale a la calle, y lo hace gracias no sólo a la organización, sino también a fotógrafos espontáneos que acuden a la ciudad a mostrar su trabajo, para disfrute de todos y para tratar de atraer la mirada del experto. Hay un sueño en cada foto.

La calle es arte

Vistas al interior

Otros, exponen su ropa mojada sin rubor alguno. Se nota que estamos en una ciudad mediterránea. La gente es abierta, confiada, natural y sabe aprovechar una esquina soleada para colocar unas cuerdas y secar su colada.

Típica estampa pasada de hoy

Revisando las fotos que me traje de allí, siento que he tenido suerte. No sólo por encontrarme con una estampa propia del gran Martin Parr, sino porque me encontré con la loca del pelo rojo en “le café la nuit”, el mismísimo café donde el loco del pelo rojo saciaba su sed perturbadora con absenta. ¡No es increíble!

La loca del pelo rojo

Sí, me siento un hombre con suerte, pero también siento que voy creciendo como fotógrafo. Tal vez esté mal decirlo, hablar bien de uno mismo no es políticamente correcto, pero si he empezado este post escribiendo no muy bien de París, no voy a cortarme ahora.

De todas formas, si no pensáis lo mismo que yo, esto es un blog, comentad, criticadme, decidme que se me ha subido el absenta a la cabeza. Decid lo que queráis y decidlo sin tapujos.

Marco natural

Contemplación

Tengo muy buen recuerdo de este viaje. Muchas horas de carretera para llegar, muchas horas para volver, tan solo un día y medio allí, pero mereció la pena. Es un lugar muy recomendable. Lo recomiendo a amamantes a la fotografía, a la pintura, a la arquitectura, a la historia, a la luz y, por qué no, lo recomiendo también a los turistas sin pretensiones.

Bajo la sombra de la farola

Sin luz

La parte trasera del imperio romano

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

A bajo cero en Laponia

Publicado en Finlandia, Helsinki, Laponia, Rovaniemi el April 7th, 2016 por diegojambrina

Al fin del mundo se llega en tan sólo cuatro horas y cinco minutos de avión. Un vuelo cómodo y corto que sirve para hacer repaso mental de la maleta. Nunca antes había tenido tanto interés en hacer bien mi equipaje y que éste llegara completo al mismo destino que yo. Demasiado frío y demasiado caro como para haberme olvidado los guantes.

Así es Finlandia para los extranjeros. Se nos presenta como el fin de la tierra, como cabría esperar por su nombre, aunque en realidad significa “tierra de fineses”.

Una vez en tierra y con la maleta en la mano, empieza la aventura.

Larga es la sombra del invierno en Helsinki

Bueno, en realidad, poco hay de aventura en un viaje tan organizado y tan comprimido como el que yo hice.

Todo es fácil, incluso sobrevivir a las bajas temperaturas de Finlandia. Aunque a decir verdad, tampoco hacía tanto frío. En Helsinki no pasó de los 5ºC bajo cero y la primavera ya se dejaba notar en los hielos quebradizos en las orillas de los ríos. Para la gente local, hace un poco de fresco. Para la gente del sur, la sombra del invierno se nos muestra eterna por estos lares.

La capital de Finlandia era un misterio para mí antes de llegar. Y tras mi cortísima estancia, lo sigue siendo. Así que no me queda más remedio que volver para tratar de conocerla. Por lo que dicen, en verano se está muy a gusto e incluso la gente se baña en el mar. Habrá que creerles.

Verde

El verdadero reclamo de Finlandia en esta época del año es Laponia, y, más concretamente, su capital, Rovaniemi. Aquí sí que hace frío. El termómetro baja hasta los 15ºC bajo cero y cuesta quitarse los guantes para sacar una foto. ¡Quién fuera perro!

Negro sobre blanco

Sí, perro, mucho mejor que reno, porque estos cornudos a pesar de que se llevan todas las simpatías de los niños y reciben nombres tan cariñosos como Rudolf, en Laponia no sólo se utilizan a los renos para tirar de los trineos, y repartir regalos por todo el mundo, sino que se los comen. Es, junto con el salmón, el plato típico.

Y para tópicos, la villa de Santa Claus. Un espacio tan artificial como Las Vegas, donde a falta de un señor disfrazado de Papa Noel, hay dos. A ver cómo le explicas a tu hijo que después de volar hasta el círculo polar ártico, hay dos Santa Claus en el mismo sitio.

Finally, we meet, reza la publicidad. Sí, pero ¿a cuál de los dos conocisteis finalmente?

Largo camino para conocer al hombre de las nieves

A mí, lo que realmente me parece mágico son las carreteras efímeras de Laponia. Carreteras de hielo, con sus señales de tráfico incluidas, por las que circular a gran velocidad con las motos de nieve. Y aunque no hay radares, y a la policía no la llegué a ver, sí hay cordura, lógica y respeto. Si te cruzas con tráfico, o a lo lejos se ve a un buen hombre acercándose lentamente sobre sus esquís, reduces la velocidad.

Además, a mí me entraban unas ganas locas de saludar a la gente. Levantaba la mano como si le conociera de toda la vida. Lo mejor, que la otra persona respondía de la misma forma.

Es gente maja.

Carreteras efímeras

Los días en Laponia transcurren a golpe de actividad. Un día vas de paseo sobre los ríos helados y al siguiente te montas en un bus y llegas sin ninguna dificultad hasta Kemi, ciudad portuaria.

Allí hay un rompehielos llamado Sampo único en el mundo. No hay otro rompehielos con actividad turística como este. Lo más parecido será el que te acerca hasta la Antártida, en lo que debe de ser uno de los cruceros más maravillosos que se pueda hacer. Ya os contaré, porque viajar al Polo Sur es algo que pienso hacer antes de morir. Y, después de la maravillosa experiencia en Laponia, lo tengo aún más claro.

Navegar por el golfo de Botnia es algo sorprendente. Miras por la borda y no ves agua, sólo hielo. El mar Báltico se hiela con facilidad al ser una zona poco profunda y con baja salinidad.

No se nota el contacto con las capas de hielo, ni cuando éstas se resquebrajan y se rompen, dejando ver sus casi dos metros de espesor. El Sampo se desliza por encima sin resistencia, aplastando con su enorme peso todo lo que pilla a su paso.

Horizonte helado

Pero lo más alucinante no es navegar, sino cuando se para el barco. Es el momento en que echan la pasarela abajo y te permiten bajar a pisar el mar helado. Es, sencillamente, alucinante.

Allí, me acordé de uno de mis héroes y del libro “Atrapados en el hielo” de Caroline Alexander. En él se narran las aventuras vividas durante casi dos largos años por la expedición de Ernest Shackleton. Partieron con la intención de cruzar a pie el continente blanco de lado a lado, pero el barco en el que viajaban, el Endurance, quedó atrapado en el hielo antes incluso de que llegaran al destino establecido como punto de partida. Vamos, que ni partieron siquiera hacia su objetivo.

Así que, tuvieron que cambiar de reto por otro más importante aún: el de regresar sanos y salvos a casa.

Y lo consiguieron.

Atrapados en el hielo

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,