Un viaje desde Bilbao a Cabo Norte (Noruega 6/6)

Publicado en Noruega, Viajar, Vídeo el November 29th, 2016 por diegojambrina

He hecho fotos que jamás podré enseñar. Parte I
Rumbo a Cabo Norte. Parte II
Un viaje de paso lento y latido rápido. Parte III
Turismo antinatural. Parte IV
Oslo, país independiente. Parte V 

Han pasado tres meses desde mi vuelta de Noruega y aún sigo pensando en aquel viaje. Supongo que el hecho de que lleve desde entonces procesando en casa las fotografías que tome allí, tiene algo que ver. Los cinco post que ya he publicado (uno, dos, tres, cuatro y cinco), también tendrán su incidencia, claro, pero debe haber algo más.

Pienso en lo diferente de este viaje con respecto al de otros años. ¿Qué hubo en Japón o qué no hubo para que no me haya marcado tanto? La moto, me digo. Pero ya he hecho otros viajes por Europa. Estuve en República Checa en 2014 y en Suiza, Alemania y Austria en 2012, y no fue lo mismo. El destino es distinto, vuelvo a pensar. Sí, es el destino, claro. Pero no, no lo creo.

En realidad, lo diferente soy yo.

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Turismo antinatural (Noruega 4/6)

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Noruega, Viajar el November 5th, 2016 por diegojambrina

He hecho fotos que jamás podré enseñar. Parte I
Rumbo a Cabo Norte. Parte II
Un viaje de paso lento y latido rápido. Parte III
Oslo, país independiente. Parte V 

Es curioso cómo la sola mención de la palabra Noruega despierta en la gente el deseo del viaje. Ya sean viajeros empedernidos como yo, turistas en su peor sentido, o personas que jamás han cruzado su círculo de confort, que este país escandinavo supone un estímulo como ningún otro destino.

Y, además, les resulta estimulante la naturaleza en su estado más puro, cuando en sus lugares de origen parece que no existe nada más que el asfalto y las grandes avenidas llenas de comercio abierto.

Tal vez por eso, algunos lugares naturales de Noruega se presentaron ante mí como una verdadera avenida de una gran ciudad. El Púlpito, o como dicen los noruegos, Preikstolen, esa extraña roca que se asoma hacia el fiordo de Lyse, es uno de los destinos clave para cualquiera que visite el país, para cualquiera que no lo haya visitado aún y para cualquiera que jamás lo vaya a visitar. Es un imprescindible del turismo antinatural, plagado de zapatos rojos de tacón, botellas de cerveza, selfies, atascos y, sí, también de belleza.

Turismo antinatural

Otro imprescindible atractivo turístico noruego presente en el imaginario colectivo del mundo entero son los fiordos. Y es que el hecho de que el mar se introduzca kilómetros tierra adentro supone para la gente, y para mí también, claro, un hecho tan extraordinario que resulta digno de visitar.

La facilidad con la que se pueden recorrer estos lugares, sin esfuerzo físico alguno, y la enorme cantidad de fiordos a elegir, hacen que todo viaje a Noruega lleve consigo un crucero.

Estos cruceros, pueden llegar a suponer una parte importante del presupuesto del visitante, o si se anda un poco listo, no más que el costo de un billete de un ferri cualquiera. Hasta los japoneses, con su gran poder adquisitivo, viajan preavisados por uno de los países más caros del mundo.

Navegando con permiso de la naturaleza

Vestida para navegar

Definitivamente, Noruega se percibe como un destino eminentemente de naturaleza espectacular y accesible. Sin embargo, algunas ciudades noruegas resultan muy recomendables: Bergen, Ålesund, Oslo, Stavanger y Tromsø son en las que yo estuve. De esta última y de sus perturbadores habitantes ya di unas pinceladas en el post anterior. Si quieres saber el por qué de su perturbación, pincha aquí.

El resto de las ciudades me resultaron más amables, tanto por su clima como por sus gentes, y mucho más interesantes en cuanto a arquitectura mundana. Ya iba con el dato de que Ålesund fue reconstruida casi en su totalidad tras un devastador incendio en 1904. Ya había leído que era una ciudad art decó. Ya, pero cuando paseas por sus calles y te encuentras en cada esquina con viviendas diseñadas con uno de los estilos más maravillosos de la era moderna, cualquier dato previo se queda corto.

Amarillo Alesund

La suerte quiso que algunos edificios sobrevivieran al incendio y se muestren hoy tan espléndidos como antaño, como reivindicando con orgullo una belleza eterna, una belleza en madera y salitre.

Curiosamente, los edificios que se salvaron de la quema se encontraban, y siguen en su sitio, como no podría ser de otra forma, en el puerto. Hoy, son edificios dedicados a la artesanía, al Museo de la Pesca, el Fiskerimuseet, y a las antigüedades. Entre éstas pasé bastante rato embobado con tanta belleza de temática marina y, sencillamente, incrédulo ante los bajos precios que, en el país más caro en el que yo haya estado, tenía todo lo allí expuesto. Sólo me arrepentí una vez de haber ido en moto. Ni el frío ni la lluvia fueron los culpables de mi arrepentimiento, sino los bajos precios de reliquias que olían a historia.

Pasado a flote

Bergen es otra de las ciudades que ha sufrido un gran incendio. La verdad, es que resulta imposible que ciudades como las noruegas no hayan sido pasto de las llamas; todas de madera, todas con frío y humedad, todas expuestas a la lumbre del hogar. Afortunadamente para la gente de hoy, el incendio fue en 1702, por lo que las casas por entre las que hoy podemos caminar ya llevan ahí más de trescientos años. Así que, tienen un poso que ni las hordas de turistas pueden estropear.

Atrapando la luz

Lo más famoso de esta ciudad es el barrio Bryggen, tan bonito que no puedes luchar contra él. Muchas veces he dado media vuelta en busca de lugares más tranquilos en los que estar y por los que pasear, sin tener que esforzarme en esquivar a los turistas, con sus bolsas de la compra y sus alaridos (casi todos en castellano). Pero Bryggen te llama para que vayas una y otra vez, y si te resistes, te grita con la fuerza del sol de tarde.

Sí, es absolutamente imposible resistirse. Te dan ganas hasta de hacerte una foto con la ciudad entera.

Cálidas caricias al atardecer

Yo conmigo misma

Stavanger, más que una ciudad, es un pueblo grande, un pueblo de madera pintado en blanco al que la mayoría acude como base para realizar la excursión al Preikstolen. Sin embargo, debería ser reconocida por su puerto (un mini Bryggen), por su zona vieja, con viejas casas abiertas de par en par para recibir la luz del sol y por su Cardinal, el bar con más variedades de cerveza de Noruega, y seguramente del mundo. Hasta 600 cervezas distintas con las que disfrutar día tras día en un ambiente propicio para la degustación en silencio.

Un pasado iluminado por el sol

Desde dentro

Y me queda por escribir sobre Oslo. Pero esta ciudad me la dejo para otro post. Se merece uno propio; por su recuperación al estilo Bilbao, por sus zonas alternativas, por su puerto, su arquitectura, sus locales de cervezas, su ambiente y su edifico de la ópera, donde disfruté de una bacanal fotográfica.

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Un viaje de paso lento y latido rápido (Noruega 3/6)

Publicado en Fotografía, Noruega, Viajar el October 27th, 2016 por diegojambrina

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Cruzando el Círculo Polar Ártico

Tombuctú, Vladivostok, Ulán Bator, Sebastopol, Dar es-Salam, Manaos, Macao… muchos lugares merecen una visita por el simple hecho de lo que fueron para una persona. Aventureros, escritores, guionistas y directores de cine son algunos de los culpables de que tenga ganas de hacer la maleta y lanzarme a visitar rincones del mundo donde no hay nada. Al menos, nada aparentemente.

Se me pierde la mirada en el horizonte cuando oigo, o tan sólo pienso, en un lugar tan extraño como Vladivostok. Un lugar que está en el extremo oriente, entre China y Japón, y sin embargo pertenece al mismo país que Moscú. ¡Nueve mil kilómetros de distancia! Me encantaría ir a esta ciudad rusa, mucho más incluso que a la propia capital, y escribir sobre ello. De momento, me conformo con escribir sobre otro mítico lugar: el círculo polar ártico, que no es poco.

Ya atravesé a principios año el círculo polar, y hablé de él y de la estupidez de llegar y encontrarse con dos falsos Papas Noeles. Porque uno es una tontería, pero dos es una estupidez. Si queréis saber de qué estoy hablando, pinchad aquí.

Decía que hablé del círculo polar ártico, pero con poca emoción. Llegar hasta allí cómodamente sentado en un avión no significó nada. Llegar habiendo cruzado media Europa montado en una moto, significó mucho.

Y del mismo modo que lo fue para mí, lo puede ser para los demás. Pero, en general, no viajamos, sencillamente, nos movemos, y así, es comprensible que la mítica frontera del círculo polar ártico esté siendo devorada por la luz eterna de los veranos efímeros sin que nadie se pare a mirar.

Mundo olvidado

Unos kilómetros antes de llegar a la frontera que separa Suecia de Finlandia, y yendo por carretera desde el sur, me encontré con un lugar donde aparentemente no había nada, un lugar abandonado, por el que, sin duda, habría pasado de largo, si hubiera ido más rápido de lo que iba. Pero la escasez de gasolina en mi moto y de gasolineras en las carreteras, me obligaron a conducir despacio, y eso me dio tiempo para ver la esfera de hierro oxidado con la que se indica la entrada y salida del círculo polar ártico.

Acababa de entrar en el territorio donde el sol en verano nunca se pone y en invierno nunca se ve. Algo totalmente extraño y casi irreal para cualquiera del sur.

Aun viviéndolo, resulta difícil de comprender. Estás ante un final del día eterno. Estás sentado en la cama, a las dos de la madrugada, con la mirada perdida en una terca línea de luz.

Tarde
Atrapada por la luz

Noche
El final eterno

Madrugada
Sueño por vivir el sol de medianoche

Pero la vida en este extraño lugar del mundo es aparentemente normal.

Siempre había oído que la gente del norte vivía los veranos tan intensamente que alargaba la hora de irse a dormir, pero en realidad no lo viví así. La gente abandona las calles de Tromsø, la ciudad más grande del norte de Noruega, mucho antes de que la luz pierda su intensidad.

Gente extraña, tan extraña como su naturaleza, tan fría como sus cortos veranos, y tan afectada por su entorno natural que es difícil cruzarse con una mirada que no perturbe. Afortunadamente, ese carácter les ha dotado de una capacidad extraordinaria para idear y construir edificaciones fuera de lo común, como el Museo Polar, la iglesia de Tromsdalen, más conocida como la catedral del Ártico, o el descomunal puente que une la isla de Tromsø con el continente.

Descolocada

Una fría señal en el Ártico

Escala irreal

Otro de los lugares más importantes dentro de este círculo, además de Tromsø y de Nordkapp, del que escribí en este otro post, es el conjunto de islas que forman las Lofoten.

Y como una ventana, puedes abrirte a este lugar o encerrarte en ti mismo y tratar de averiguar quién eres. Porque páramos inhóspitos como éste sirven muy bien para pensar, aunque no sepas muy bien en qué.

Sueños llenos de luz

Siempre mirando al mar

Miradas cruzadas

Lo mejor de las islas Lofoten no son sus pueblos rojos de madera sino los sitios en los que esos pueblos están. No importa ir a Å, el último pueblo de las islas y con el nombre más corto del mundo, ni a Nusdfjord, ni a ningún otro. Lo mejor es recorrer la carretera sin destino fijo, sin hora de vuelta, sin importarte cómo se llama el pueblo que acabas de dejar atrás.

Aquí los nombres son tan insignificantes como el propio ser humano.

Listo para navegar por mi mar interior

Despertar

Y poco a poco, kilómetro a kilómetro, fui avanzando hacia el sur, acercándome a mi mundo conocido, al mundo donde la noche es noche y el día, día.

Puedo asegurar que esta experiencia ha sido fabulosa, pero, también puedo asegurar que esta tierra no es apta para nuestro espíritu humano actual, tal vez, por la contaminación social y económica de hoy, que nos impide disfrutar tanto de un mundo sin artificios como de nosotros mismos.

Respira y continúa

Viajera de paso lento y latido rápido

Al rojo

Abandoné, quién sabe si para siempre, el círculo polar ártico subido en un ferri.

Llegué rodando y me marché navegando, como no podía ser de otra manera tratándose de Noruega. El país donde las carreteras tienen hora de caducidad, y si no la respetas te quedas en tierra, esperando a que el sol vuelva a levantarse y comience de nuevo el servicio de ferris.

Línea imaginaria

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Rumbo a Cabo Norte (Noruega 2/6)

Publicado en Fotografía, Noruega, Suecia, Viajar el October 12th, 2016 por diegojambrina

He hecho fotos que jamás podré enseñar. Parte I
Un viaje de paso lento y latido rápido. Parte III
Turismo antinatural. Parte IV
Oslo, país independiente. Parte V 
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A pesar de que entre mi casa y Cabo Norte hay 4660 km y a pesar de que iba a ir en moto atravesando Francia, Bélgica, Alemania, Dinamarca, Suecia y Finlandia, siempre había pensado que aquel lugar era el inicio de mi viaje. Pero estaba equivocado.

Nordkapp, el punto más al norte al que se puede acceder por carretera, y punto de partida en mi recorrido por Noruega, se convirtió en un destino en sí mismo.

Cada uno se marca su propio destino

Si mis vacaciones de verano se hubieran terminado aquel seis de agosto de 2016, justo siete días después de que empezaran, me hubiera dado por satisfecho. La emoción que sentí encima de mi moto al llegar a Cabo Norte vale por todas las torres Eiffel del mundo, por todas las puertas de Brandenburgo, por todos los cruces de Shibuya e incluso por todos los fiordos de la propia Noruega.

Me pregunto si soy algo exagerado. No parece que el complejo turístico que han montado al final de la carretera más septentrional de Europa, y con la mayor tienda de souvenir que yo haya visto jamás, sea nada emocionante, y menos para mí, siempre dispuesto a ir en dirección contraria. Pero más que el lugar, lo realmente emocionante fue el momento, algo de lo que ya hablé en mi primer post sobre Noruega.

Aquel seis de agosto empezó a las seis de la mañana en Pajala, un pueblo de Suecia, desde el que partimos mi mujer y yo en nuestra última etapa. Cruzamos la frontera con Finlandia y atravesamos el país por su parte más estrecha. De nuevo cruzamos otra frontera, y ya en Noruega decidimos que fuera a la hora que fuera, aquel día llegaríamos hasta el final del camino. Aquel día llegaríamos al fin del mundo.

Agotados por las casi diez horas de viaje en moto, aún nos quedaba una más. Continuamos rodando por las estrechas carreteras noruegas y, en ocasiones, estuvimos acompañados por renos que, sin saber si tirar a izquierda o derecha, trotaban por el asfalto en paralelo a nosotros.

Atravesamos los últimos puentes, cruzamos túneles de once kilómetros de longitud, la mitad con fuerte inclinación hacia abajo, la otra mitad, con fuerte inclinación hacia arriba. Y siempre fríos, húmedos y mal iluminados. No es Noruega un país tecnológicamente avanzado. Ya hablaré en futuros post de esto.

Ya en la isla en la que se encuentra Cabo Norte, comenzamos a subir hasta su parte más alta y a ver cómo la carretera zigzagueaba con curvas amplias, abiertas y delicadas, como si pretendiera no hacer mella en una naturaleza casi intacta. Todavía no se veía el final, pero podía sentirlo. Sabía que estaba ahí y empecé a comprender que no llegaba al punto de partida en mi viaje por Noruega, sino al punto de llegada de un viaje que no había preparado.

Y finalmente llegamos. No sabía qué estaba sintiendo mi mujer en ese momento. Quité la mano izquierda del manillar de la moto y toqué su rodilla. Hemos llegado, sí. Y, no recuerdo bien si fue entonces o ya había empezado, lágrimas de emoción trataron de salir corriendo de mis cansados ojos. Quietas ahí, me dije en aquel momento. No hay razón para llorar. No hay razón para tanta emoción. Pero hoy sé que sí la hay, que la razón existe, aunque no la comprenda. Sé que si te emocionas es porque tienes una razón, aunque no sepas cuál es.

Deja que salga. Siéntela. Disfrútala.

Tiempo suavemente perdido

Mella

Camino seguro. Destino incierto.

Luz natural

Vidas paralelas que solo se tocan con una mirada a través de la ventana

Esta última foto se sale del estilo del post, pero no quería cerrarlo sin hacer mención a todos los moteros que han ido y, sobre todo, a los que irán, a este lugar: 71° 10′ 21″ N, 25° 47′ 40″ E.

Cabo Norte, o Nordkapp, como lo llaman los noruegos, es un lugar sagrado para los lapones y moteros. Y donde además de encontrarse el final de la carretera más septentrional de Europa, hay un complejo turístico que se cargó de golpe y porrazo esa emoción de la que he escrito. Lo bueno, para los que viajan con su casa a cuestas, es que está permitida la acampada. Y acampar mirando más hacia el norte, en dirección al polo ártico, tiene que ser maravilloso.

En compañía de la soledad

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He hecho fotos que jamás podré enseñar (Noruega 1/6)

Publicado en Escandinavia, Fotografía, Noruega, Viajar el September 22nd, 2016 por diegojambrina

Rumbo a Cabo Norte. Parte II
Un viaje de paso lento y latido rápido. Parte III
Turismo antinatural. Parte IV
Oslo, país independiente. Parte V 
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Decía la mítica fotógrafa Dorothea Lange que “la cámara fotográfica es un instrumento que enseña a la gente cómo ver sin una cámara fotográfica”. Al parecer yo ya he aprendido, porque en mi viaje por Noruega he hecho cientos de fotos sin usar la cámara.

Mientras rodaba por las carreteras del país, encima de mi moto, surgían momentos perfectos para apretar el botón, pero detener la moto, apartarme a un lado, quitarme los guantes y el casco, sacar la cámara, elegir la apertura, la velocidad, encuadrar y disparar, se convertía en un proceso demasiado largo. Así que, puedo asegurar que he hecho fotos que jamás podré enseñar.

Que no me haya detenido durante un trayecto para hacer una fotografía con la cámara no ha sido una cuestión de pereza (muchas veces lo he hecho), ha sido una cuestión de naturaleza.

Noruega es un lugar espectacular, pero cuando el sol consigue abrirse paso por las apretadas nubes e iluminar la negra carretera, o la orilla de un fiordo, o la cumbre de una montaña, entonces se convierte en un milagro. En un milagro tristemente fugaz.

Sentirse a gusto con uno mismo, tranquilo, feliz y sentirse solo al mismo tiempo es una de esas extraordinarias rarezas incomprensibles para mí. La naturaleza abierta, inmensa, descontaminada de personas e iluminada durante un breve momento me provoca ese sentimiento. Y es maravilloso.

Noruega, más que un país de naturaleza espectacular, es un país de momentos espectaculares.

Minúsculo

Sólo mirar

Entre ninguna parte y cualquier sitio

Nadie

Invitación

Cálido Ártico

Contra el muro de la vida

Fuerza diluida

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