He hecho fotos que jamás podré enseñar (Noruega 1/6)

Publicado en Escandinavia, Fotografía, Noruega, Viajar el September 22nd, 2016 por diegojambrina

Rumbo a Cabo Norte. Parte II
Un viaje de paso lento y latido rápido. Parte III
Turismo antinatural. Parte IV
Oslo, país independiente. Parte V 
·
Decía la mítica fotógrafa Dorothea Lange que “la cámara fotográfica es un instrumento que enseña a la gente cómo ver sin una cámara fotográfica”. Al parecer yo ya he aprendido, porque en mi viaje por Noruega he hecho cientos de fotos sin usar la cámara.

Mientras rodaba por las carreteras del país, encima de mi moto, surgían momentos perfectos para apretar el botón, pero detener la moto, apartarme a un lado, quitarme los guantes y el casco, sacar la cámara, elegir la apertura, la velocidad, encuadrar y disparar, se convertía en un proceso demasiado largo. Así que, puedo asegurar que he hecho fotos que jamás podré enseñar.

Que no me haya detenido durante un trayecto para hacer una fotografía con la cámara no ha sido una cuestión de pereza (muchas veces lo he hecho), ha sido una cuestión de naturaleza.

Noruega es un lugar espectacular, pero cuando el sol consigue abrirse paso por las apretadas nubes e iluminar la negra carretera, o la orilla de un fiordo, o la cumbre de una montaña, entonces se convierte en un milagro. En un milagro tristemente fugaz.

Sentirse a gusto con uno mismo, tranquilo, feliz y sentirse solo al mismo tiempo es una de esas extraordinarias rarezas incomprensibles para mí. La naturaleza abierta, inmensa, descontaminada de personas e iluminada durante un breve momento me provoca ese sentimiento. Y es maravilloso.

Noruega, más que un país de naturaleza espectacular, es un país de momentos espectaculares.

Minúsculo

Sólo mirar

Entre ninguna parte y cualquier sitio

Nadie

Invitación

Cálido Ártico

Contra el muro de la vida

Fuerza diluida

Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,

A traveler from Japan

Publicado en Fujifilm X100, Japón, Viajar el October 19th, 2015 por diegojambrina

Are you travelers? No hay mejor forma de empezar una conversación que con esta pregunta. Sucedió en Matsumoto, en la terraza de un bar de estilo irlandés. Un señor pasaba por allí y ante nuestros ojos delatores e inclinación de cabeza se detuvo y nos preguntó si éramos viajeros. Cualquier otro hubiera empezado con un where do you from? Es como el yo a ti te conozco que algunos usaban antes para ligar. Cansa.

Pero Matsumoto es distinta. Y aunque es una ciudad de grandes números, su aspecto es la de una cuidad pequeña. Casi todos los edificios son de tres o cuatro alturas como máximo, calles tranquilas por las que pasear, pequeños templos en cada esquina y gente amable, más incluso que en el resto del país, que ya es decir.

Una calle cualquiera

Su mayor atractivo, por lo que todo el mundo va hasta allí, es el castillo. Tiene un sencillo nombre: Matsumoto-jo, es decir, el castillo de Matsumoto, pero su historia es bien complicada. Lo tiene que ser a la fuerza puesto que lleva ahí desde 1595. Es el castillo de madera más antiguo de Japón. Tiene seis pisos de altura, es, por tanto, de los edificios más altos de la ciudad, y un interior casi vacío de objetos, pero lleno de turistas. No importa. Todo es ordenado, organizado y limpio, y caminar descalzo por la madera centenaria es uno de los placeres que nadie se debería perder. Mi viejo amigo, el de la pregunta que abre este post, es guía voluntario. Si vais por allí, podréis encontrar a estas personas en la puerta de acceso, deseosa de enseñar su cultura y practicar inglés. Tal vez algún día, él se acerque hasta aquí. Le interesan los castillos. Y también las patatas fritas. Lo sé porque tras nuestra despedida volvió con un paquete de sus patatas favoritas. Quiso hacernos un regalo, aunque el regalo fue él mismo.

Iconos japoneses

En Japón, la naturaleza se suele cebar con los japoneses, pero también les ofrece regalos únicos, como el de esta lengua de tierra en Amanohashidate. Una estrecha franja de arena de 3,5 km de largo donde coexisten más de 8.000 pinos y unos pocos vecinos.

Rareza naturalPara llegar hasta allí, no es necesario hacer transbordos. Sale un tren directo desde Kioto, aunque debe de ser un servicio relativamente nuevo, puesto que ni siquiera todos los trabajadores del Japan Rail en Kioto lo conocen. Yo me enteré al llegar a la estación de Amanohashidate. Como me dijeron, hice mi transbordo correspondiente y alcancé la costa en un tren local de línea privada. Y cuando llegué a la estación, vi un tren del JR con el destino escrito en su locomotora. ¡Y ponía Kyoto! No me lo podía creer. De todas formas, no está mal que aún la gente no lo sepa, porque eso hace que el lugar se mantenga relativamente ajeno al turismo de masas, sobre todo, de masas occidentales. Bajo el sol

Así que, se puede llegar a este rincón desde Kioto e ir y volver el mismo día, pero no es algo demasiado recomendable. Lo mejor es que cuando se esté en Kioto dediquéis todo el tiempo a ver Kioto, porque la antigua capital de Japón merece toda vuestra atención.

De hecho, si disponéis de poco tiempo para estar en el país, es preferible que lo dediquéis en exclusiva a Kioto. Nada más llegar a la ciudad, te das cuenta de que te va a gustar. La propia estación de tren es una maravilla descomunal.

¡Arriba!

Kioto lo tiene todo: todo el ajetreo de una gran ciudad, con restaurantes especializados en ramen o, mejor aún, en fireramen, bares con cerveza de calidad, comercios, multitudes y neones; y toda la tranquilidad de un pueblo, con calles vacías o casi vacías, pequeñas casas de madera y barrios bien iluminados por el sol de tarde.

Presencia

Además, en Kioto están esos templos tan conocidos por todo el mundo, esos que siempre salen en las revistas de viajes, en los documentales y en las guías del país, y que estás obligado a visitar.

Uno de estos templos imprescindibles es el Fushimi-Inari Taisha, con 4 km de sendero cubiertos con tantos arcos rojos que la luz apenas ilumina el camino. Estos arcos o puertas, conocidas como torii, se colocan en los accesos a los templos. Limitan la parte profana de la sagrada. En este caso, adquiere otro significado, más vinculado a la superstición y a la empresa, pues cada uno de estos arcos está patrocinado por una compañía deseosa de que su negocio funcione bien.

Como veis, nadie quiere quedarse fuera del éxito.

Camino marcado en rojo

El otro templo imprescindible es el bosque de bambúes de Arashiyama, que aun no siendo un templo en sí mismo, posee un ambiente muy místico. Aunque bien es cierto que cada vez que un taxi pasa por el medio, atropella cualquier sentimiento elevado.

Embelesada

Otro de los santuarios más importantes del país está en Miyajima, una pequeña isla situada al sur de Hiroshima. Allí se encuentra un templo budista de lo más curioso. Su nombre es Daisho-in y está construido sobre pivotes a la orilla del mar. Tan a la orilla que con la marea alta, el agua se mete por debajo y el santuario parece flotar en ella. Lo mismo ocurre con su torii, ubicado algo más adentro. Es, sin duda, el torii más fotografiado de Japón. Y no es de extrañar, si hubiera tenido tiempo, me hubiera quedado todo el día allí para fotografiarlo a cada hora, con cada marea: baja, media y alta.

Y si os estáis preguntando por qué han construido esto en el mar, es por el carácter sagrado de la isla. Las personas somos demasiado pecadoras para pisar esta tierra, aunque eso era antes. Ahora debemos de ser unos beatos, porque la isla es pisoteada por los turistas sin ningún miramiento. Hay turistas por todas partes; turistas en el ferry de ida, turistas en el puerto, turistas por los caminos, turistas en las santas tiendas de turistas y turistas en el ferry de vuelta.

Llamando a las puertas del ego¿Y de dónde salen tantos turistas? Pues de la cercana Hiroshima, una de esas ciudades que pocos que se quieren perder. Lástima que sea para recordar su triste pasado.

Tras la ruin historia

De todas formas, a pesar de su pasado de muerte, es una ciudad llena de vida y de gente sonriente, con especialidades culinarias, como el okonomiyaki o las famosas ostras de Hiroshima. Si vas a estar poco tiempo, puedes incluso probar las dos cosas a la vez: un okonomiyaki con ostras. Así lo hice yo, aunque más tarde, en una vinatería, hablando con amantes del vino, me dijeron que eso de mezclar es pecado; el okonomiyaki por un lado y las ostras por otro.

La obra y el artista bajo la mirada del mecenas

Pero, tras unos vinos tintos, acabaron por perdonarme. Fue una de las experiencias que guardaré con más cariño; beber vino de su tierra y de la mía y chapurrear inglés con gente simpática, generosa y agradecida. Gente que, sin embargo, me tiene algo despistado. Generalizar no ha sido nunca una opción para mí, a sí que no voy a hacerlo ahora con los japoneses, pero sí tengo que decir que no había visto en toda mi vida tanta oferta junta de sexo y otras modalidades picantes, y no hablo de comida, en una misma ciudad. Uno no sabe dónde meterse, sin tener la duda de que al otro lado de la puerta le van a sorprender con una recepción excesivamente calurosa.

Comensales sin hambre

En Osaka, hay otro tipo de perversión.

El capitalismo se muestra obsceno en forma de enormes edificios, coches de lujo, tiendas de moda y hoteles y bancos de renombre por toda el área cercana a la estación de tren. Un ambiente perfecto para sacar jugo a la cámara fotográfica, el movimiento y el contraste de las luces bajas y altas.

Luces y sombras del capitalismo

Y si no tenéis demasiado interés por la fotografía, y sí por las luces de neón, el frikismo, ese frikismo japonés en el que todos estáis pensando, y la multitud enfervorizada por el microconsumo, también podéis disfrutar de Osaka. Vuestra zona se llama Shinsaibashi y Dotonbori. Dos barrios divertidos y con una oferta culinaria muy particular. Aquí comí fugu, más conocido por nuestros mares como pez globo. De aspecto bonachón y veneno letal. Pero no podía marcharme de Japón sin comerlo. Era un imprescindible en mi viaje.

Cabeza alta

Como también era imprescindible comer la carne más cara del mundo. Al menos un cachito, no sé, ¿qué tal 100 gr? Algo, para probarla, y poder escribir sobre ello.

Y, como no podía ser de otra forma, nada mejor que ir a Kobe para comer carne de Kobe. Pero de esto ya he escrito en otro blog, en el de la mejor chuleta de Bilbao. Si queréis conocer mi experiencia y saber qué es la verdadera carne de Kobe y qué nos venden en este país como lo que no es, pinchad aquí.

Os adelanto que los 100 gr de los que hablo me costaron 80€, es decir, que una chuleta de kilo cuesta 800€. Y, claro, 100 gr no es nada, así que tuve que pedir una langosta de postre, que para algo soy de Bilbao. Todo, chuleta y marisco, hecho al teppanyaki. Espectacular.

Ni que decir, que para recuperarme de la hostia, tuve que comer los siguientes días patatas fritas de sobre y, como lujo, comida rápida en el barrio chino de la ciudad. Un little chinatown que cautiva también a los japoneses.

Los chinos también cauitaban en Japón

Por cierto, no he hablado de lo que cuesta viajar por Japón, al dinero me refiero. Bueno, de eso mejor no hablar.

OTROS POST SOBRE JAPÓN QUE TE PUEDEN INTERESAR:

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Monte Fuji y Yokohama, dos destinos cercanos a Tokio

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Japón, Viajar el October 5th, 2015 por diegojambrina

Y por si Tokio no fuera suficientemente grande, existen dos destinos cercanos muy interesantes que visitar. Uno es el monte Fuji, sin ninguna duda uno de los iconos de Japón. Es también un lugar sagrado para los japoneses, una atracción turística para el extranjero y un espacio para la meditación de todos los que se animan a subirlo; sobre todo, cuando te encuentras a medio camino, agotado por las 4 horas de empinada subida y desesperado por las 3 que todavía te quedan para llegar a su cima. Claro, después hay que bajar. Sí, es un lugar donde meditas seriamente del por qué de ir adonde nadie te llama.

La mente puede más que el cuerpo

Hacer una excursión hasta el Fuji es muy fácil.

Hay diferentes fórmulas. Una de ellas es salir prontito desde Tokio en autobús directo a la llamada quinta estación, el lugar más cercano a la cima con acceso por carretera, y regresar a la tarde del mismo día a tu hotel de la capital. Yo opté por otra mucho más relajada. Me alojé en Kawaguchi-ko, en uno de los lagos que hay en las inmediaciones del volcán. Es una forma de motivarte el día anterior para lo que sabes que va a llegar. Porque visto desde la distancia parece muy poca cosa y crees que cualquiera lo puede conseguir.

Camino al Fuji

Éste es un pensamiento bastante generalizado, un pensamiento que se ve.

Yo me encontré con jóvenes extranjeros en zapatillas deportivas y traje de baño, con un móvil en la mano y ninguna botella de agua en la otra, japoneses con botas de caña alta de alquiler y mochilas tan grandes como ellos mismos, padres con hijos pequeños y padres de padres, con tanta edad como determinación.

Inconscientes, unos, desinformados, otros, y, seguros de sí mismos, todos ellos.

Hacia la cumbre

Al monte Fuji hay que ir preparado para el calor y el frío.

Pantalones largos, botas bajas que dejen el tobillo libre para moverse, camiseta para los momentos de calor y cortavientos para los de frío, protector solar, sombrero, alimento suficiente para ir reponiendo fuerzas durante un día entero y agua, mucha agua, o en su defecto yenes, muchos yenes, porque a medida que subes su empinada pendiente el precio del agua también sube.

Urbanizaciones de gran altura

Y es que el monte Fuji muy sagrado muy sagrado, pero está urbanizado hasta la desesperación. Cada 45 minutos, más o menos, te encuentras con una estación, es decir, un conjunto de casetas donde venden todo lo que puedas necesitar y creías que no ibas a necesitar. Vamos, chiringuitos en toda regla.

En algunos de ellos puedes dormir, lo que te permite dosificar las fuerzas en dos días y disfrutar del atardecer y el amanecer si las nubes te lo permiten y el frío no acompaña. Porque a la noche debe de hacer frío, bastante, aunque sea agosto y en Tokio haga 38ºC, al menos eso dicen algunos, porque yo subí y bajé el mismo día.

Y para demostrar que llegué hasta el final, aquí tenéis la foto de la cima.

De compras por los 3.776m

¿Qué pasa? ¿No esperabais que hubiera un centro comercial en la cima de un volcán a 3.776m de altura? Ya, yo tampoco. Aún así, la experiencia es memorable y te sientes satisfecho con tu esfuerzo, con las miradas cómplices con los japoneses, con las vistas al mar y con haber llegado hasta el mismísimo cráter de un volcán tan legendario como el Fujiyama.

Satisfecho también me sentí cuando llegué a Yokohama, una ciudad a tan sólo 30 minutos en tren de Tokio, relajada, tranquila y perfecta para recorrer a pie. Este es el segundo destino cerca de la capital del que hablaré en este post.

Grande

Podría decir que para disfrutar de Yokohama basta con invertir una mañana o una tarde y un poco de la noche, pero en realidad es mejor que dediques un día entero y duermas en uno de sus hoteles. La razón es muy sencilla: es probable, pero solo probable, que te líes con los trenes, las estaciones y las direcciones y que dediques algo más de esa media hora de distancia entre una ciudad y otra. Y, además, puede que des con el Craft Beer Bar y te agarres una borrachera de calidad con sus maravillosas cervezas locales y acabes hablando y garabateando en tu libreta de viajes con los parroquianos, también locales.

Para que no te coja por sorpresa, y a pesar del nombre que tiene, hay un letrero a la entrada que dice Here we can’t speak English y la carta de cervezas está en japonés. Por si queréis ir pensando en qué pedir, aquí la tenéis.

Pero antes de entrar al bar en cuestión, os aconsejo un paseo por las cercanías de la que fue la torre más alta de Japón: la Landmark Tower. Un edificio robusto e imponente de 296 metros y 70 plantas, con, el que dicen, el ascensor más rápido del mundo, capaz de alcanzar los 45Km/h.

Luz

Es una maravilla poder pasear sin aglomeraciones, sin turistas, sin prisas y rodeado de japonesas que cuidan su vestuario con la misma determinación que se cuidan de que no les dé el sol.

Y lo mejor de Yokohama, además del bar con las cervezas locales ya comentado, es su skyline nocturno, un imán para los aficionados a la fotografía con trípode y de larga exposición, aunque yo opté por otro tipo de fotografía, sin trípode y con una luz dirigida a la única turista occidental que vi en todo el día en la ciudad.

Luciérnaga

Sin ninguna duda, Yokohama fue una de las sorpresas agradables de mi viaje a Japón. No esperaba tanta tranquilidad, tan poco turista extranjero, un paseo marítimo espectacular, protagonizado por la modernísima y funcional terminal internacional de pasajeros Osanbashi y un casco histórico lleno de vida, ofertas culinarias y un bar de cervezas locales artesanas estupendas… ah, bueno, que de eso ya he hablado, ¿no?

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Inspirado por la fotografía analógica

Publicado en Asturias, Fotografía, Lomografía, Lubitel, Zamora el April 3rd, 2012 por diegojambrina

Ahora mismo es de noche, estoy cansado y nada inspirado, por lo que cualquier intento por escribir un post digno será un absoluto fracaso. Así que, he decidido llenar este negro hueco con fotografías hechas en otro momento. Era de día, estaba fresco y rebosaba inspiración, la que me daba tener colgada al cuello la cámara lomográfica Lubitel 166+.

Tenía mis dudas sobre cómo saldrían, porque nunca había disparado con un carrete de ISO 50 (baja sensibilidad a la luz), pero este carrete de Fujifilm, el Fujichrome, me ha sorprendido. Es una maravilla. Estoy encantado con el resultado.

¿Qué decís? ¿Os gustan?

vestigios de Diego Jambrina en 500px.com

 

Obras del teatro (Zamora)

 

teatro de Diego Jambrina en 500px.com

Entre bastidores (Zamora)

bastidores de Diego Jambrina en 500px.com

 

Duero y Douro (Pinilla de Fermoselle)

 

douro de Diego Jambrina en 500px.com

Viñedos desnudos en Hacienda Zorita (Fermoselle)

viñedos desnudos de Diego Jambrina en 500px.com

 

Brañas en el Parque Natural de Somiedo (Asturias)

 

brava somiedo de Diego Jambrina en 500px.com

somiedo de Diego Jambrina en 500px.com

 

somiedo de Diego Jambrina en 500px.com

Lago helado en el Parque Natural de Somiedo (Asturias)

lago helado de Diego Jambrina en 500px.com

 

Nieve en el camino. Parque Natural de Somiedo (Asturias)

 

camino de Diego Jambrina en 500px.com

 

Tags: , , , , , , , ,

Viajar por Irlanda con una cámara de fotos

Publicado en Dublín, Fotografía, Irlanda, Viajar el December 12th, 2011 por diegojambrina

Fotoreportaje sobre Irlanda. Parte I: Lubitel 166+ Lomography

¿Qué tal es Irlanda? me preguntó un amigo mío. No lo sé, ya te diré cuando la lluvia pare y me deje ver más allá de dos metros. En Irlanda, un tío del norte, como yo, acostumbrado a la lluvia de Bilbao, puede llegar a desesperarse, sobre todo, porque es difícil hacer una de las cosas que más me gustan hacer cuando viajo: fotografiar.

Cuando hice esta foto con mi Lubitel 166+, lo tuve muy claro: me dije “cuando escriba sobre Irlanda ésta abrirá el post”. Así es Irlanda: triste, melancólica y romántica.

La saqué poco antes de llegar a Kinsale (un pueblo muy colorido del que hablaré en la Parte II). Paré el coche junto al río Bandon, me preparé, bajé la ventanilla, disparé y subí la ventanilla tan rápido como pude. A pesar de la lluvia y del asfalto irregular, las curvas, de hacerlo desde el otro lado del camino… a pesar de todo, conducir por la ribera del Bandon es un placer.

irlanda de Diego Jambrina en 500px.com

 

Tal vez porque llueve cada día, los ratos de sol son sencillamente maravillosos. La gente se queda quieta y gira la cabeza hacia el astro rey para calentarse como si fueran lagartijas. Sin embargo, yo corro de un lado a otro buscando el mejor encuadre. Pasé por el puente de Dublín mil veces y mil veces no disparé, hasta que por fin tuve dos minutos de luz.

 

irlanda de Diego Jambrina en 500px.com

Pero como el sol está caro, y yo soy un pobre obrero de la creatividad, tengo que aprovechar cualquier momento para disparar. Así que, resguardado por los árboles, abriendo al máximo el diafragma y bajando la velocidad de disparo pude capturar esta imagen tan representativa de la vida irlandesa. A los irlandeses les encanta la pesca. Y en este río de Cong, en el condado de Mayo, como en cualquier otro, se puede encontrar pescadores de cualquier edad. Por cierto, ¿y si os digo que Cong es más conocido por su nombre cinematográfico: Innisfree? ¿Sabríais decirme de qué película hablo? No vale pinchar en el enlace antes de responder.

irlanda de Diego Jambrina en 500px.com

 

Otra de las pasiones de los irlandeses es el levantamiento de vidrio. Vascos e irlandeses haríamos una competitiva liga, pero me temo que acabaríamos perdiendo. Ellos tienen pubs, bares, tabernas, cuchitriles, lofts… mil sitios diferentes donde mojarse por dentro mientras se secan por fuera. Y hay que aprovechar esos momentos para fotografiar la calidez que se vive en esos santuarios, como en el Bar with no name de Dublín. La guía Lonely Planet tiene una extensísima lista de bares, recomiendo seguirla sin saltarse ni uno solo.

 

irlanda de Diego Jambrina en 500px.com

Otro tipo de santuarios, estos menos frecuentados y fríos como losas, son los cementerios. Buenos lugares para sacar chispas a la cámara y jugar con la profundidad de campo, o con la falta de ella. A mí me gusta más así, porque me permite destacar el elemento protagonista; en este caso, la cruz celta. Ésta la encontré en el cementerio de Ardmore, al sur de la isla, a donde fui expresamente a ver una torre redonda de 29m con techo en cono del s.XII.

irlanda de Diego Jambrina en 500px.com

Si hay algo simbólico en Irlanda, además de las cruces celtas, de la Guinness, del arpa, de los seres diminutos y verdes, de las borracheras, de las peleas, de las ovejas, de las malas carreteras, de la lluvia, de la pesca, de las carreras de caballos y de galgos, de la música y del marisco, es la naturaleza. Hay acantilados míticos en Irlanda, pero yo aconsejo pasar sin parar por los archiconocidos, frecuentados y carísimos acantilados de Moher y disfrutar de la tranquilidad y el atardecer en los acantilados de Skellig. Es cierto que la carretera hacia Moher (a 76Km al sur de Galway y a 1h17′) es muy bonita para recorrer, e incluso tienes zonas espectaculares en las que no te detienes porque ardes en deseos de llegar a los míticos acantilados, pero cuando llegas te encuentras con una entrada a 6€ por cabeza, miles, y no exagero al decir miles, de personas que quitan el encanto a cualquier paraíso y chiringos de souvenirs pretendidamente camuflados en la naturaleza. Además, al borde del acantilado, hay una estructura de hormigón que ofende a la vista y que eleva al visitante para que supuestamente aprecie mejor los acantilados. Sin duda, la peor experiencia de mi viaje. Por favor, pasa de ellos y visita los de Skellig.

irlanda de Diego Jambrina en 500px.com

He mencionado el marisco ¿verdad? Pues sí, el marisco, el pescado, las redes, los grandes barcos de pesca en alta mar y los pequeños que faenan cerca de la angosta costa hacen de Irlanda un paraíso gastronómico y fotográfico, porque pocas escenas son tan ensoñadoras y coloridas como un pueblo pesquero y sus puertos, como éste de Roundstone, en el condado de Connemara. Y hablando de escenas; en este pueblo se rodaron varias escenas de “El hombre de Mackintosh” dirigida por el gran John Huston y protagonizada por la leyenda del indomable, sí, Paul Newman. Ha sido lo más cerca que he estado de él.

Seguro que se tomaron unas buenas pintas en uno de los numerosos bares con gran ambiente que hay en el pueblo.

irlanda de Diego Jambrina en 500px.com

Así es la historia de Irlanda, una historia tejida a base de trabajo en el mar y de luchas en tierra. De lo primero, aún queda, sigue vigente en toda la isla. De lo segundo, tan sólo las ruinas. Muchas de ellas son un fiel reflejo de que el hombre está en este mundo de paso. Aquí, quien sobrevivirá será la naturaleza, siempre paciente, siempre poderosa. Podría decir dónde está este castillo mantenido en pié por la red de trepadoras, pero puedes encontrar sitios así prácticamente en cualquier lugar.

irlanda de Diego Jambrina en 500px.com

Tal vez, si empezáramos a vivir como antes, en armonía con la naturaleza, ésta nos permitiría seguir. Éste es un símbolo más de Irlanda: las pequeñas casas con tejado de paja, de las que pocas quedan en pié y menos aún que sigan siendo viviendas. Hoy, han pasado a ser almacenes donde guardar todo tipo de trastos. Para ver ésta, hay que ir hasta el norte de Eire, hasta Malin Head, lo más al norte de la isla. Tan, tan al norte que el idioma deja de ser el inglés para pasar a ser quién sabe qué.

irlanda de Diego Jambrina en 500px.com

Casi todo el mundo empieza el viaje por Dublín. Es lo más fácil: vuelo directo a la capital. Después, alquilas un coche (imprescindible), recorres la isla y disfrutas de las maravillas de la naturaleza. Y para finalizar, vuelta a la capital para coger el avión que te trae de vuelta. Menos mal que aquí tenemos pubs irlandeses donde cantar “I remember Dublin City and the Rare Old Times”.

irlanda de Diego Jambrina en 500px.com

Tags: , , , , , , , , , , , ,