Gante, el tímido recuerdo de una ciudad

Publicado en Bélgica, Gante, Viajar el May 27th, 2017 por diegojambrina

Recuerdo el silencio de una ciudad llena de ruidosos estudiantes borrachos de libertad. Como si estuviera asustada de lo que en ella ocurría. Gante es tímida y reservada; tanto que apenas se cruzaron entre nosotros dos palabras.

Tengo que recurrir a mis fotografías para recordar su aspecto. Y cuando las veo me digo, sí, estuve allí, aunque en realidad no lo siento así. Sé que en unos años no existirá más memoria que lo vivido en el interior de sus bares. Templos dedicados al sosiego, a la reflexión y al sabor ligeramente amargo de una cerveza, en su mayoría, sensacional.

Pequeñas costumbres autóctonas

Algunos de estos locales huelen a tradición inmutable, donde se aprecia una vaga adaptación a las comodidades modernas, sensación que se esfuma por completo cuando bajas a sus váteres.

Otros sitios, alarmados por la desaparición de sus vasos, crean tradiciones con cierto tufo a turistada, pero son divertidas. En Herbert de Dulle Griet, si quieres beber la cerveza que fabrican ellos mismos, debes entregar un zapato. Luego el camarero lo coloca en una cesta y lo sube hasta el techo. ¿Podéis preguntarme si alguna de esas botas es mía?

Arma de destrucción pasiva

Gante es un decorado eterno y efímero, tan espectacular bajo los últimos rayos de la tarde como falso a plena luz del día, durante todos los días de su larga historia. Así lo siento y así lo veo en mis fotografías, muchas de ellas llenas de luz diurna y de la nada más desalentadora.

Y a medida que cae la noche, me siento a gusto. La ciudad se refugia en la oscuridad y yo con ella.

Arquitectura viva por hombres muertos

Recuerdo en lugar...

Persiguiendo a su sombra por la vía equivocada

Cada día, cae la noche

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , ,

He hecho fotos que jamás podré enseñar (Noruega 1/6)

Publicado en Escandinavia, Fotografía, Noruega, Viajar el September 22nd, 2016 por diegojambrina

Rumbo a Cabo Norte. Parte II
Un viaje de paso lento y latido rápido. Parte III
Turismo antinatural. Parte IV
Oslo, país independiente. Parte V 
·
Decía la mítica fotógrafa Dorothea Lange que “la cámara fotográfica es un instrumento que enseña a la gente cómo ver sin una cámara fotográfica”. Al parecer yo ya he aprendido, porque en mi viaje por Noruega he hecho cientos de fotos sin usar la cámara.

Mientras rodaba por las carreteras del país, encima de mi moto, surgían momentos perfectos para apretar el botón, pero detener la moto, apartarme a un lado, quitarme los guantes y el casco, sacar la cámara, elegir la apertura, la velocidad, encuadrar y disparar, se convertía en un proceso demasiado largo. Así que, puedo asegurar que he hecho fotos que jamás podré enseñar.

Que no me haya detenido durante un trayecto para hacer una fotografía con la cámara no ha sido una cuestión de pereza (muchas veces lo he hecho), ha sido una cuestión de naturaleza.

Noruega es un lugar espectacular, pero cuando el sol consigue abrirse paso por las apretadas nubes e iluminar la negra carretera, o la orilla de un fiordo, o la cumbre de una montaña, entonces se convierte en un milagro. En un milagro tristemente fugaz.

Sentirse a gusto con uno mismo, tranquilo, feliz y sentirse solo al mismo tiempo es una de esas extraordinarias rarezas incomprensibles para mí. La naturaleza abierta, inmensa, descontaminada de personas e iluminada durante un breve momento me provoca ese sentimiento. Y es maravilloso.

Noruega, más que un país de naturaleza espectacular, es un país de momentos espectaculares.

Minúsculo

Sólo mirar

Entre ninguna parte y cualquier sitio

Nadie

Invitación

Cálido Ártico

Contra el muro de la vida

Fuerza diluida

Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,

A bajo cero en Laponia

Publicado en Finlandia, Helsinki, Laponia, Rovaniemi el April 7th, 2016 por diegojambrina

Al fin del mundo se llega en tan sólo cuatro horas y cinco minutos de avión. Un vuelo cómodo y corto que sirve para hacer repaso mental de la maleta. Nunca antes había tenido tanto interés en hacer bien mi equipaje y que éste llegara completo al mismo destino que yo. Demasiado frío y demasiado caro como para haberme olvidado los guantes.

Así es Finlandia para los extranjeros. Se nos presenta como el fin de la tierra, como cabría esperar por su nombre, aunque en realidad significa “tierra de fineses”.

Una vez en tierra y con la maleta en la mano, empieza la aventura.

Larga es la sombra del invierno en Helsinki

Bueno, en realidad, poco hay de aventura en un viaje tan organizado y tan comprimido como el que yo hice.

Todo es fácil, incluso sobrevivir a las bajas temperaturas de Finlandia. Aunque a decir verdad, tampoco hacía tanto frío. En Helsinki no pasó de los 5ºC bajo cero y la primavera ya se dejaba notar en los hielos quebradizos en las orillas de los ríos. Para la gente local, hace un poco de fresco. Para la gente del sur, la sombra del invierno se nos muestra eterna por estos lares.

La capital de Finlandia era un misterio para mí antes de llegar. Y tras mi cortísima estancia, lo sigue siendo. Así que no me queda más remedio que volver para tratar de conocerla. Por lo que dicen, en verano se está muy a gusto e incluso la gente se baña en el mar. Habrá que creerles.

Verde

El verdadero reclamo de Finlandia en esta época del año es Laponia, y, más concretamente, su capital, Rovaniemi. Aquí sí que hace frío. El termómetro baja hasta los 15ºC bajo cero y cuesta quitarse los guantes para sacar una foto. ¡Quién fuera perro!

Negro sobre blanco

Sí, perro, mucho mejor que reno, porque estos cornudos a pesar de que se llevan todas las simpatías de los niños y reciben nombres tan cariñosos como Rudolf, en Laponia no sólo se utilizan a los renos para tirar de los trineos, y repartir regalos por todo el mundo, sino que se los comen. Es, junto con el salmón, el plato típico.

Y para tópicos, la villa de Santa Claus. Un espacio tan artificial como Las Vegas, donde a falta de un señor disfrazado de Papa Noel, hay dos. A ver cómo le explicas a tu hijo que después de volar hasta el círculo polar ártico, hay dos Santa Claus en el mismo sitio.

Finally, we meet, reza la publicidad. Sí, pero ¿a cuál de los dos conocisteis finalmente?

Largo camino para conocer al hombre de las nieves

A mí, lo que realmente me parece mágico son las carreteras efímeras de Laponia. Carreteras de hielo, con sus señales de tráfico incluidas, por las que circular a gran velocidad con las motos de nieve. Y aunque no hay radares, y a la policía no la llegué a ver, sí hay cordura, lógica y respeto. Si te cruzas con tráfico, o a lo lejos se ve a un buen hombre acercándose lentamente sobre sus esquís, reduces la velocidad.

Además, a mí me entraban unas ganas locas de saludar a la gente. Levantaba la mano como si le conociera de toda la vida. Lo mejor, que la otra persona respondía de la misma forma.

Es gente maja.

Carreteras efímeras

Los días en Laponia transcurren a golpe de actividad. Un día vas de paseo sobre los ríos helados y al siguiente te montas en un bus y llegas sin ninguna dificultad hasta Kemi, ciudad portuaria.

Allí hay un rompehielos llamado Sampo único en el mundo. No hay otro rompehielos con actividad turística como este. Lo más parecido será el que te acerca hasta la Antártida, en lo que debe de ser uno de los cruceros más maravillosos que se pueda hacer. Ya os contaré, porque viajar al Polo Sur es algo que pienso hacer antes de morir. Y, después de la maravillosa experiencia en Laponia, lo tengo aún más claro.

Navegar por el golfo de Botnia es algo sorprendente. Miras por la borda y no ves agua, sólo hielo. El mar Báltico se hiela con facilidad al ser una zona poco profunda y con baja salinidad.

No se nota el contacto con las capas de hielo, ni cuando éstas se resquebrajan y se rompen, dejando ver sus casi dos metros de espesor. El Sampo se desliza por encima sin resistencia, aplastando con su enorme peso todo lo que pilla a su paso.

Horizonte helado

Pero lo más alucinante no es navegar, sino cuando se para el barco. Es el momento en que echan la pasarela abajo y te permiten bajar a pisar el mar helado. Es, sencillamente, alucinante.

Allí, me acordé de uno de mis héroes y del libro “Atrapados en el hielo” de Caroline Alexander. En él se narran las aventuras vividas durante casi dos largos años por la expedición de Ernest Shackleton. Partieron con la intención de cruzar a pie el continente blanco de lado a lado, pero el barco en el que viajaban, el Endurance, quedó atrapado en el hielo antes incluso de que llegaran al destino establecido como punto de partida. Vamos, que ni partieron siquiera hacia su objetivo.

Así que, tuvieron que cambiar de reto por otro más importante aún: el de regresar sanos y salvos a casa.

Y lo consiguieron.

Atrapados en el hielo

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Ámsterdam, una ciudad monumental sin monumentos (2/2)

Publicado en Ámsterdam, Holanda, Viajar el December 23rd, 2015 por diegojambrina

PARTE 1/2 – fotografía en B&N con una Lubitel – 120

He viajado bastante por Europa, bueno, no mucho, pero sí lo suficiente para afirmar que hay decenas de lugares a los que se les llama “la pequeña Venecia”. Basta un par de canales que se crucen por el centro de la ciudad para ganarse ese sobrenombre. En realidad, lo que ocurre es que no tienen la suficiente personalidad propia para ganarse la atención del viajero, y ni mucho menos del turista, y han de buscar una etiqueta que les asocie con algo de valor.

Ámsterdam no es así. A pesar de que es lo más parecido a Venecia que he podido encontrar, nadie la llama “la pequeña Venecia”. Para empezar, no es pequeña. Es una gran urbe con más de dos millones de habitantes y muchos, pero que muchos turistas. Pero, sobre todo, tiene una personalidad invulnerable e incompartible.

Recuerdos perfilados

Basta caminar por las calles de la capital holandesa para darse cuenta de que no hay nada parecido en todo el mundo. Me siento atraído por cada rincón. Me siento atraído por cada calle, por cada plaza, cada puente, fachada, bote, bicicleta, bar, mirada… Me siento atraído por todo. Tengo la sensación de que podría estar un mes entero caminando y fotografiando sin parar y sin cansarme.

Cruce de estilos

Pero si llegara el momento, si en algún instante del viaje necesitara más, más… no sé, algo más estándar, como un buen museo, por ejemplo, hay unos cuantos a los que ir.

Está el museo de fotografía, FOAM, ubicado muy cerca del centro de la ciudad y con una buena librería donde abastecerse de clásicos y contemporáneos. Y algo más alejado, pero siempre a mano, está el Museumplein, una plaza en la que se han ubicado el Rijksmuseum, el Van Gogh Museum y el Stedelijk Museum Amsterdam, arte y diseño moderno y contemporáneo.

Movidos por el arte

Hay muchos más. Algunos seguro que merecen la pena. Y otros seguro que no, aunque las largas colas para entrar de gente quieta como muñecos de cera, parecen contradecirme.

A mí, el que me deja de piedra ante tanta belleza y sentimiento es el de Van Gogh. Podría estar todo el día encerrado en el museo, disfrutando del aire fresco de la provenza francesa y de noches estrelladas, en compañía del hada verde.

Agua pasada

Podría hablar también de los humeantes coffeeshops o del humillante y denigrante barrio rojo, del decepcionante mercado de las flores, del masificado centro de la ciudad y falto, curiosamente, de canales, pero para qué. Todo eso ya lo conocéis, si no por vivencia propia, sí por miles de imágenes e historias que hayáis podido leer o escuchar.

Yo me quedo con lo mío. Con los canales de oriente y occidente. Me quedo con los bares llenos de cultura popular y con cervecerías que elaboran tradición y renuevan tesoros históricos, como este molino. De Gooyer es uno de los seis molinos de madera que aún perviven en Ámsterdam y el molino de madera más alto de Holanda.

Iconos

Me quedo también con esas zonas inexploradas por el turismo de masas y, lamentablemente, por mí, porque tres días de invierno en una ciudad así no son nada.

Me quedo con todas esas calles que quedaron sin pisar y con el extrarradio y la zona portuaria, de la que tan bien he oído hablar por los amantes de la arquitectura contemporánea.

Ámsterdam, volveré.

Hot El

Color local

Puentes tendidos

Brug

Strangers in the night

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , ,

Monte Fuji y Yokohama, dos destinos cercanos a Tokio

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Japón, Viajar el October 5th, 2015 por diegojambrina

Y por si Tokio no fuera suficientemente grande, existen dos destinos cercanos muy interesantes que visitar. Uno es el monte Fuji, sin ninguna duda uno de los iconos de Japón. Es también un lugar sagrado para los japoneses, una atracción turística para el extranjero y un espacio para la meditación de todos los que se animan a subirlo; sobre todo, cuando te encuentras a medio camino, agotado por las 4 horas de empinada subida y desesperado por las 3 que todavía te quedan para llegar a su cima. Claro, después hay que bajar. Sí, es un lugar donde meditas seriamente del por qué de ir adonde nadie te llama.

La mente puede más que el cuerpo

Hacer una excursión hasta el Fuji es muy fácil.

Hay diferentes fórmulas. Una de ellas es salir prontito desde Tokio en autobús directo a la llamada quinta estación, el lugar más cercano a la cima con acceso por carretera, y regresar a la tarde del mismo día a tu hotel de la capital. Yo opté por otra mucho más relajada. Me alojé en Kawaguchi-ko, en uno de los lagos que hay en las inmediaciones del volcán. Es una forma de motivarte el día anterior para lo que sabes que va a llegar. Porque visto desde la distancia parece muy poca cosa y crees que cualquiera lo puede conseguir.

Camino al Fuji

Éste es un pensamiento bastante generalizado, un pensamiento que se ve.

Yo me encontré con jóvenes extranjeros en zapatillas deportivas y traje de baño, con un móvil en la mano y ninguna botella de agua en la otra, japoneses con botas de caña alta de alquiler y mochilas tan grandes como ellos mismos, padres con hijos pequeños y padres de padres, con tanta edad como determinación.

Inconscientes, unos, desinformados, otros, y, seguros de sí mismos, todos ellos.

Hacia la cumbre

Al monte Fuji hay que ir preparado para el calor y el frío.

Pantalones largos, botas bajas que dejen el tobillo libre para moverse, camiseta para los momentos de calor y cortavientos para los de frío, protector solar, sombrero, alimento suficiente para ir reponiendo fuerzas durante un día entero y agua, mucha agua, o en su defecto yenes, muchos yenes, porque a medida que subes su empinada pendiente el precio del agua también sube.

Urbanizaciones de gran altura

Y es que el monte Fuji muy sagrado muy sagrado, pero está urbanizado hasta la desesperación. Cada 45 minutos, más o menos, te encuentras con una estación, es decir, un conjunto de casetas donde venden todo lo que puedas necesitar y creías que no ibas a necesitar. Vamos, chiringuitos en toda regla.

En algunos de ellos puedes dormir, lo que te permite dosificar las fuerzas en dos días y disfrutar del atardecer y el amanecer si las nubes te lo permiten y el frío no acompaña. Porque a la noche debe de hacer frío, bastante, aunque sea agosto y en Tokio haga 38ºC, al menos eso dicen algunos, porque yo subí y bajé el mismo día.

Y para demostrar que llegué hasta el final, aquí tenéis la foto de la cima.

De compras por los 3.776m

¿Qué pasa? ¿No esperabais que hubiera un centro comercial en la cima de un volcán a 3.776m de altura? Ya, yo tampoco. Aún así, la experiencia es memorable y te sientes satisfecho con tu esfuerzo, con las miradas cómplices con los japoneses, con las vistas al mar y con haber llegado hasta el mismísimo cráter de un volcán tan legendario como el Fujiyama.

Satisfecho también me sentí cuando llegué a Yokohama, una ciudad a tan sólo 30 minutos en tren de Tokio, relajada, tranquila y perfecta para recorrer a pie. Este es el segundo destino cerca de la capital del que hablaré en este post.

Grande

Podría decir que para disfrutar de Yokohama basta con invertir una mañana o una tarde y un poco de la noche, pero en realidad es mejor que dediques un día entero y duermas en uno de sus hoteles. La razón es muy sencilla: es probable, pero solo probable, que te líes con los trenes, las estaciones y las direcciones y que dediques algo más de esa media hora de distancia entre una ciudad y otra. Y, además, puede que des con el Craft Beer Bar y te agarres una borrachera de calidad con sus maravillosas cervezas locales y acabes hablando y garabateando en tu libreta de viajes con los parroquianos, también locales.

Para que no te coja por sorpresa, y a pesar del nombre que tiene, hay un letrero a la entrada que dice Here we can’t speak English y la carta de cervezas está en japonés. Por si queréis ir pensando en qué pedir, aquí la tenéis.

Pero antes de entrar al bar en cuestión, os aconsejo un paseo por las cercanías de la que fue la torre más alta de Japón: la Landmark Tower. Un edificio robusto e imponente de 296 metros y 70 plantas, con, el que dicen, el ascensor más rápido del mundo, capaz de alcanzar los 45Km/h.

Luz

Es una maravilla poder pasear sin aglomeraciones, sin turistas, sin prisas y rodeado de japonesas que cuidan su vestuario con la misma determinación que se cuidan de que no les dé el sol.

Y lo mejor de Yokohama, además del bar con las cervezas locales ya comentado, es su skyline nocturno, un imán para los aficionados a la fotografía con trípode y de larga exposición, aunque yo opté por otro tipo de fotografía, sin trípode y con una luz dirigida a la única turista occidental que vi en todo el día en la ciudad.

Luciérnaga

Sin ninguna duda, Yokohama fue una de las sorpresas agradables de mi viaje a Japón. No esperaba tanta tranquilidad, tan poco turista extranjero, un paseo marítimo espectacular, protagonizado por la modernísima y funcional terminal internacional de pasajeros Osanbashi y un casco histórico lleno de vida, ofertas culinarias y un bar de cervezas locales artesanas estupendas… ah, bueno, que de eso ya he hablado, ¿no?

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Tokio, la ciudad imposible

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Japón, Tokio, Viajar el September 23rd, 2015 por diegojambrina

Tokio es una ciudad imposible, completamente inabarcable para el viajero con fecha de caducidad, como yo mismo. Cinco días invertí en la capital de Japón, nunca antes había estado tanto tiempo en una misma ciudad, y no pude ver ni la mitad de lo que me propuse antes de llegar, y os aseguro que preparando el viaje ya dejé fuera muchos lugares interesantes. Una vez en Tokio, bastaron las primeras horas del primer día para darme cuenta de que mis planes no se iban a cumplir.

Para empezar, en mi lista no tenía al Metro de Tokio como destino, y creedme si os digo que en realidad es un destino. Sí, el Metro de Tokio es una atracción turística en sí misma, y pasaréis mucho tiempo en ella, aunque la mayor parte sin pretenderlo. 13 líneas; 13 colores distintos; muchos precios; muchas escaleras que suben y bajan; 2.500 millones de usuarios al año, no sé cuántos son al día, pero muchos sí que son; andenes compartidos para ir y para volver; 286 kilómetros de longitud en total; vagones que van en la dirección equivocada, piensas, aunque el equivocado eres tú, por supuesto; y una megafonía potente y clara, aunque de poco le sirve al extranjero. Apasionante, sin duda.

Y cuando logras salir, sientes placer y orgullo aventurero satisfecho, y si lo haces en el sitio correcto, más aún. Y, si, además, tienes una vista como esta, a unos buenos ejemplos de arquitectura contemporánea, mucho más.

Para quitarse el sobrero

Ahí tenéis el Tokyo Sky Tree, la torre de comunicación independiente más alta del mundo; 634 m, aunque la mayoría de los visitantes sólo suben hasta la primera plataforma circular, a 350 m, desde donde se ve, si el tiempo y la contaminación lo permiten, la inmensidad de Tokio. Pero vaya, a mí me pareció mucho más interesante lo que sucedía dentro.

Yo estuve allí

También me pareció muy interesante ver el interior de este otro edificio: el Nakagin Capsule Tower del arquitecto Kisho Kurokawa. Es una de las pocas edificaciones de estilo metabolista de Japón y la primera torre de cápsulas del mundo. Para poder ver el interior es necesario alojarse en una de sus cápsulas. Nada de pasearse por allí sin más ni más. Mucho ojo porque el portero hace honor a su profesión y para todo avance de curiosos con su mal humor y perfecto japonés y, si fuera necesario, una llamadita a la policía.

Yo me alojé en el apartamento de Masato, accesible a través de la plataforma airbnb.com, aunque en el tiempo que estuve allí me arrepentí mil veces. Ya cuando me acerqué por primera vez y vi la malla que protege al viandante de posibles desprendimientos pensé, seguro que se cae la cápsula en la que yo me alojo. Pero lo peor estaba dentro: humedad, mucha humedad, y cubos de basura, de esos cubos enormes, para recoger el agua filtrada por las grietas de las paredes y techos. Y por si fuera poco, el edificio se mueve. No lo suficiente como para ver zarandearse la cortina de la bañera (de la bañera que no puedes usar por falta de agua), pero sí para marearte. Aunque después supe que se debe al sistema antisísmico del que está dotado. Un día de viento, y el edificio se mueve como un junco.

Total, que mi gozo en un pozo, aunque, tengo que ser sincero, ahora lo recuerdo con cariño y me alegro de haber estado.

En fin, una verdadera lástima ver cómo dejan desintegrarse un edificio histórico y único en el mundo, por el gran valor del terreno que ocupa, en la zona más exclusiva y cara de todo Tokio, que ya es decir.

Si queréis ver el interior, este vídeo muestra la gran diferencia entre una de las cápsulas que aún hoy se utilizan como apartamento (la mayoría son trasteros) y otra cápsula totalmente abandonada a su suerte.

 

La decadencia de la arquitectura innovadora

Distinta suerte tiene la Torre de Tokio, una edificación más antigua que la Nakagin Capsule Tower y, sin embargo, goza de una salud deslumbrante. Su potente iluminación y su exagerado parecido con la torre Eiffel seguro que tienen parte de culpa. Resulta irónico ver el éxito de un plagio y el fracaso de una idea original. Aunque para ser justos, tengo que decir que me gusta la idea de crear una torre de comunicaciones con acero procedente de la destrucción de la segunda guerra mundial. Fue un símbolo del renacimiento de postguerra, y hoy, es un símbolo arquitectónico más de los muchos que hay en Tokio.

Otro símbolo lo constituyen estas tablas que adornan las tumbas en los cementerios en Japón y que tanto juego dan al fotógrafo.

Muerte entre las luces

Resulta curioso para el occidental la relación que tienen los japoneses con la muerte. Para ellos no es más que otro paso en la vida, lo que explica la naturalidad con la que los muertos comparten espacio con los vivos. Y sorprende encontrarse de bruces con un cementerio en una calle cualquiera o junto a una torre de comunicaciones.

Vivir y morir

A mí me gusta. Es una filosofía que deberíamos importar. Le damos mucha importancia a la muerte y la tememos sin medida, cuando deberíamos temer más a la vida y, por supuesto, deberíamos darle mucha más importancia.

¡La Vie en rose, por favor!

La Vie en rose

Bueno, y puestos a importar, ¿qué os parece el orgullo por el pasado propio?

Viajé a Japón con más de una exigencia autoimpuesta: tenía que comer fugu, ese pescado de apariencia tan bonachona y veneno tan letal, tenía que comer carne de Kobe, la auténtica carne de Kobe, no la que venden con engaños por estos lares, subir el monte Fuji sin perder a mi mujer por el camino, ver de cerca un volcán en activo y fotografiar a alguna japonesa ataviada con su vestido tradicional, el yukata.

Esto último me parecía lo más difícil. Al fin y al cabo, lo demás es cuestión de dinero, excepto lo del monte Fuji, pero eso es otra historia. Y, sin embargo, fue lo más fácil. En pleno Tokio, ¡qué digo en pleno Tokio!, en pleno cruce de Shibuya te encuentras con mujeres vestidas como una flor. Y es tremendamente emocionante, aunque más emocionante es ver que aún hoy, hay hombres que pasean con naturalidad vestidos con el yukata.

Todos sabemos que los hombres son los primeros en abandonar este tipo de tradiciones, no nos engañemos.

Jardín de flores

Otra de las cosas que cautivan en Japón es el alfabeto japonés. Es tan distinto al nuestro y tan estético que dan ganas de traerse hasta la última servilleta para casa. Quise traerme hasta un cacho de papel que utilizamos para garabatear y poder entendernos con unos simpáticos tipos de Hiroshima, pero al final se quedó olvidado en aquella vinatería. Os hacéis una idea de por qué, ¿verdad? Sí, demasiado vino.

Por cierto, allí aprendí, además de que en Japón también se elabora vino tinto, que hay varios idiomas en el país, con diferentes grafías.

Y por si os lo estáis preguntando, no, el rickshaw no sigue siendo un medio de transporte al uso, sino un atractivo turístico, sobre todo, para los propios japoneses. El de la foto se retiraba a casa, tras un duro día de trabajo.

Camino al pasado

Retirarse pronto a casa, en mi caso al apartamento del Nakagin Capsule Tower, es de obligado cumplimiento si quieres asistir a la subasta de atún en el mercado de pescado más grande del mundo. Este mercado está situado hasta ahora en el barrio de Tsukiji, aunque para el año 2016 se tiene previsto un cambio de ubicación.

Como iba diciendo, tienes que personarte en una de las esquinas del mercado más alejadas de cualquier otro sitio para hacer cola y conseguir una acreditación. Debes hacerlo entre las 3:30 de la mañana, o de la madrugada, o de la noche, no sé muy bien cómo calificar esa hora, y las 4:30. Los que lo hagan obtendrán un pase para las 5am al escenario de la subasta. Yo… yo… yo llegué tarde. Es una de esas torpezas que comete tu subconsciente para tener la excusa y volver a Japón, como decía un buen amigo mío. Así lo espero, Germán.

Como llegué a las 5:05, me quedé sin pasé y como no te permiten la entrada al mercado de pescado hasta las 9am, me volví al apartamento, descansé lo que pude y regresé sobre las 8. Me di una vuelta por los alrededores, llenos de puestos de todo tipo, restaurantes callejeros, señoras que te invitan a marcharte y sushi. Y, como dice el refrán, allá donde vayas haz lo que vieres, desayuné sushi, el más delicioso y fresco sushi jamás probado por mí. Y lo comí en el mercado de pescado más grande del mundo. Puede parecer una tontería, pero para mí, fue muy emocionante.

Deborado

Emocionante también es pasear por los estrechos pasillos del mercado. Emocionante y divertido.

El frenesí que hay en los puestos es descomunal y eso que para entonces ya está todo el pescado vendido y solo quedan las consecuencias de un actividad comercial, es decir, toca contar el dinero ganado, limpiar y aparcar.

Contando las ganancias del día

El pasado persiste

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El imaginario gana. La realidad pierde. Japón y yo.

Publicado en Japón el September 13th, 2015 por diegojambrina

Desde que regresé de Japón, han pasado algo más de dos semanas, y aún no me siento preparado para hablar sobre el viaje. Podría ser plano, hipócrita y falso y escribir sólo sobre las maravillas que allí me encontré, porque las encontré, sí, pero no sería justo con mis lectores, y ni mucho menos conmigo mismo. Cuando yo viajo, no pretendo llenar mi cámara con fotografías de grandes monumentos, sino llenar mi alma con grandes momentos.

Ahora, estoy atravesando una situación emocional confusa. No sé si disfruté de Japón o si quiero sentir la necesidad de haber disfrutado de Japón.

Voy a escribir algo que será muy poco popular entre mis seguidores, y mucho menos entre los que no lo son. Voy a decir que la realidad de Japón pierde ante su imaginario.

Me esperaba más de este país. Me esperaba más sorpresas, más belleza, más frikis, más naturaleza, más sushi, más. Me esperaba mucho más. Y casi podría asegurar que la mayor sorpresa del viaje ha sido que no he tenido sorpresas.

No me he emocionado, como cuando vi por primera vez Machu Picchu. No me he emocionado, como cuando vi por primera vez la selva guatemalteca desde lo alto de una pirámide maya. Ni cuando apenas veía, a través de la niebla, la vieja Escocia. Y, ni mucho menos, como cuando recorría en moto las carreteras vietnamitas en busca de templos ocres escondidos entre la selva. Japón no me ha emocionado.

Seguramente, algunos de los que ya habéis estado en Japón estaréis en total desacuerdo conmigo. Estaréis pensando que este país está lleno de lugares maravillosos y que yo no he sabido dar con ellos. Y no os falta razón, porque también puedo asegurar que 26 días de viaje no dan para conocer ni una centésima parte del país. Y sí, tengo la sensación de que Japón puede llegar a emocionar como cualquier otro lugar, o incluso más, pero yo, en esta ocasión, no he sabido conectar.

Tal vez esté siendo demasiado exigente, pero es que las expectativas eran tan altas que no lo puedo remediar.

Y tras este momento de sinceridad, prometo que escribiré posts para mostraros todas las maravillas japonesas.

No

Tags: , , , , , , , , , , ,

Todos necesitamos hablar, incluso yo

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100 el June 25th, 2015 por diegojambrina

“Yo no tengo una filosofía. Tengo una cámara de fotos”, decía Saul Leiter. Esta frase es algo así como un zas en toda la boca! a la fotografía contemporánea como concepto mal entendido y un alivio para personas que, como yo, disfrutan fotografiando sin mayor pretensión que la propia acción de fotografiar.

Pero aquel sentimiento de alivio que sentí en su momento, se ha convertido en un objeto de metal candente. Y un clavo ardiendo no es un buen objeto al que agarrarse.

En realidad, yo quería librarme de esa necesidad de contar historias, de ese pesado trabajo por expresar sentimientos. ¡Qué difícil es hablar de algo que no comprendes! ¡Y qué fácil es mantener la boca cerrada! Y sin embargo, ya no estoy a gusto del todo en la comodidad del disparo fotográfico. En realidad, necesito más, necesito un proyecto fotográfico. Porque, en realidad, y por mucho que me pese, yo sí tengo una filosofía.

Pero no temáis, no pretendo deprimiros con otra muestra más de dolor, angustia y oscuridad filosófica de la que se hizo eco hace unos días Cienojetes, en esta interesantísima reflexión y post sobre la fotografía contemporánea. Lo mío es otra historia, una historia sobre el tránsito, la fugacidad y lo efímero, sobre la huída hacia cualquier otro lugar que no sea el aquí y ahora. Bueno, bien mirado, sí que suena algo oscuro, aunque la representación no lo sea.

Va a ser difícil y doloroso, porque mis sentimientos son claros, pero mis descripciones torpes.

En un rápido vistazo al último libro de Ricky Dávila, leí una cita de Miyamoto Musashi que me confirmó la dificultad de mi proyecto, pero también me sirvió para entender que la dificultad en sacar adelante un trabajo personal es una realidad para cualquiera, no solo para mí.

“Es absolutamente imposible escribir esta ciencia con la precisión con la que la entiendo en mi corazón” 

Ya no me siento solo.

EN OTRA PARTE

Tags: , , , , , , , , , , , ,

Dubai, sin bajarse del autobús (2/3)

Publicado en Dubai el April 30th, 2015 por diegojambrina
Si queréis ver Dubai sin cristal de por medio, pasaos por el primer post

Por lo general, en un viaje organizado siempre se invierte poco tiempo en disfrutar de los lugares de interés, nada de nada en improvisar y mucho mucho en bajar y subir del autobús. Tres situaciones de las que huir y tres razones por las que siempre viajo solo, o con mi pareja.

Pero en Dubai, me disfracé de oveja y me dejé llevar. Y no estuvo mal del todo. Moverte de un lugar a otro en autobús, me dejó las manos libres y la mirada alerta. Desde mi asiento veía la ciudad pasar. Y si es una ciudad como Dubai, no pasa ni un segundo sin una fotografía que tomar.

Así que, sincronizad vuestros relojes y poned la banda sonora de Benny Hill que nos vamos a disfrutar de la ciudad de Dubai, sin bajarnos del autobús.

 

Para empezar, os llevaré hasta las afueras de la ciudad, y os daré 10 minutos para hacer la foto. ¿Os parecen pocos? A mí me sobraron todos; la foto ya estaba tomada sin levantarme del asiento. Aquel jardinero, de pie sobre un inmenso muro verde, con el skyline al fondo era todo lo que yo podía desear.

Venga, que el autobús no espera. Todos arriba cagando leches.

Y hablando de cagar… Comentaba en mi anterior post que Dubai, siendo una ciudad nueva, tiene algunos de los mismos problemas de las ciudades viejas, como por ejemplo, la gran densidad de tráfico rodado, y la incomodidad de recorrer las calles a pie o en bicicleta. Ahora, os hablaré de otro problema: el exceso de residuos fecales.

Al parecer han invertido mucho ingenio, dinero y esfuerzo en construir hacia arriba, pero bien poco en preparar lo de abajo. Y se han encontrado con un alcantarillado útil para recoger las aguas sucias de unas 20.000 personas. ¿Sabéis cuántas viven en Dubai hoy? Más de 2 millones. ¿Y qué es lo que hacen, os preguntaréis? Pues recogen esos desechos humanos en camiones cisterna y todos los sábados a la noche se lo llevan tierra adentro. Otras fuentes dicen que lo vierten al mar. En cualquier caso, el problema es muy serio, y lo será aún más porque esta ciudad no para de crecer.

Hacemos otro alto en el camino. Ahora, nos vamos corriendo hasta la playa de Jumeirah.

Tratad de olvidar lo de las aguas fecales de dos millones de personas vertidas al mar y disfrutad de la arena blanca, el agua caliente y las vistas al único hotel de siete estrellas del mundo, Burj Al Arab Jumeirah, más conocido como el hotel vela. Bueno, en realidad no tiene 7 estrellas, es únicamente una estratagema publicitaria, pero sí tiene unos precios estratosféricos. Son casi 2.000 € los que tienes que soltar para pasar tres días como un jeque en su habitación más económica.

Si os queréis dar un capricho, yo no esperaría mucho, el entorno cambia cada día (y no me refiero al color del mar) y como os descuidéis, cuando lleguéis, ya habrá otro edificio tan alto como este justo enfrente. Y adiós a la primera línea de playa.

Continuamos viaje, así que, no guardéis vuestras cámaras o móviles, lo que uséis; no os criticaré. Yo creo que cualquier cosa que sirva para capturar la luz es válida, aunque a mí no me pillaréis sin mi cámara fotográfica. Y tengo que decir que me da algo de pena ver que los móviles vayan ganando terreno en detrimento de las cámaras. Eso sí, como me digáis que la tablet saca unas fotos buenísimas, os crujo.

Como os decía al principio del post, no pasa ni un segundo, sin que al otro lado de la ventana del bus, surja algún motivo que fotografiar. En este caso, la costa de Dubai se veía muy atractiva, desde el tronco de una de esas palmeras de tierra que invaden el golfo pérsico, lo malo es que se metió en el encuadre la estructura elevada del monorail, otro atractivo turístico más, más que un medio de transporte.

 

Para moverse por el resto de la ciudad está el Metro. Dicen que es rápido, cómodo, fresquito y con buenas vistas, porque la mayor parte de sus 75 kilómetros de longitud transcurren sobre una plataforma elevada. Algo parecido a un acueducto. La verdad es que me quedé con ganas de montar en uno de sus vagones mixtos. Ojito que los vagones tienen diferentes categorías. Los hay para ricos, para los no ricos, para mujeres y para hombres y mujeres juntos. Una vez más, las rarezas de Dubai.

Las estaciones también son interesantes. Cúpulas doradas de enormes dimensiones, como no podía ser menos en esta ciudad, que se dejan ver hasta en las peores condiciones climatológicas, y me refiero a las tormentas de arena. Supongo que son algo incómodas para el chofer de mi autobús, pero mágicas para el fotógrafo. Es la versión árabe de la niebla.

En los días despejados, hay que aprovechar los pasos elevados sobre las gigantescas avenidas de la ciudad. Atento todo el mundo, que el bus lo atraviesa en un ti-ta y las posibilidades de volver a disparar son escasas. Ya tendréis tiempo de recrearos en cada uno de los edificios en la fotografía tomada. Fue así como me di cuenta de que una de esas torres tiene cierto parecido a la torre del Palacio de Westminster, erróneamente conocida como “el Big Ben”, dicho sea de paso.

Ya comenté en el primer post este raro gusto por las recreaciones sin gusto.

La ciudad se extiende tanto que los traslados de un punto turístico a otro sirven también para reflexionar, no sólo para fotografiar. Son distancias tan descomunales que no llegas a comprenderlas. Para que os hagáis una idea, Bilbao tiene una superficie de 41km², Madrid de 605km² y Dubai ronda los 1.500km². Es como cuando te dicen cuántos millones tienen las personas más ricas del mundo. Es tanto que no sabes cuántas vidas podrías disfrutar con semejante riqueza. Sencillamente te sentirías inmortal (que es seguro lo que sienten esos ricachones).

Además, en Dubai hay tantas referencias visuales permanentes (torres que se dejan ver desde casi cualquier lugar de la ciudad), que te sitúan constante y erróneamente en un mismo punto. Llegas a creer que apenas te mueves, pero no, no es así.

En esta fotografía, podéis ver en un primer plano un elemento difuminado por la alta velocidad del autobús y la baja velocidad de disparo de la cámara, pero también veis perfectamente las dos torres del hotel Marriott Marquis. Esto es un clarísimo ejemplo de la percepción errónea que podéis llegar a tener en Dubai. Podría parecer que las torres están tras la valla, pero no, están muy, pero que muy lejos.

Una de esas torres de referencia es la Burj Khalifa, gracias a sus 828 metros y 163 plantas. Destaca tanto del resto, que hace que los altísimos rascacielos de alrededor se perciban como edificios sin ambición.

Os doy otro dato: la torre Iberdrola de Bilbao mide 165 metros y tiene 41 plantas. Y la más alta de las Cuatro Torres Business Area de Madrid, 250 metros y 45 plantas.

Claramente, la Burj Khalifa apunta al sol, y casi lo toca.

Con la caída del sol, nada cambia para mí, ni para vosotros. Seguimos en el autobús y seguimos con opción de fotografiar.

No os preocupéis por la falta de luz. Si la noche no impide brillar a la Burj Khalifa, por qué me voy a preocupar yo. Recordad que los de Bilbao somos aún más grandes y brillantes.

Y antes de que lleguemos al hotel, tras un duro día en bus por la gran ciudad, nos dejamos seducir por las vallas publicitarias a ambos lados de la carretera. Gigantes vallas, para no desentonar. Y soñamos con otros lugares, lejanos, diferentes, desconocidos… para escapar de la gran Dubai.

Me queda deciros que si os ha gustado este post, podéis pasaros, si aún no lo habéis hecho ya, por el primer post: Dubai, Ciudad abierta, y que estoy pensando en un tercer post, pero aún no lo tengo decidido.

Todo depende.

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Dubai, ciudad abierta (1/3)

Publicado en Dubai el April 9th, 2015 por diegojambrina
Si os gusta este post, pasaros por el 2º: Dubai, sin bajarse del autobús

Panorámica de Dubai

Llevaba la maleta tan llena de prejuicios que no quedó sitio para una sola idea, pero después de aterrizar en tan singular ciudad, me faltaron días y me sobraron ideas. Dubai es una ciudad abierta a la creación. Arquitectos, ingenieros, empresarios… y fotógrafos, cómo no, encuentran en este desierto hiperpoblado una tierra fértil para crear.

 

Ante cualquier otra consideración, Dubai es atractiva porque es rara. Es una gigantesca ciudad de acero y cristal donde hace poco más de 10 años no había más que arena y edificios de dos o tres alturas construidos no con roca sino con coral. Edificios de coral, sí, habéis leído bien. Esos bloques que veis en la foto no son bloques de piedra. Es coral.

Es rara porque ves nuevos edificios que ya habías visto antes en otras partes del mundo. Al menos hay tres rascacielos que recuerdan, con muy poco gusto, al Chrysler de Nueva York. No uno, ni dos, sino tres. Es raro.

Les mueve el deseo de batir récords, sin importar nada más, ni valorar lo efímero del logro. Ni siquiera la Burj Khalifa, con sus 828 metros, será la torre más alta del mundo por mucho más tiempo. Ya se está construyendo su sucesora en Yida (Arabia Saudita) con el nombre de Kingdom Tower y con 1000 metros de altura. Pero no se dan cuenta de que 100 metros más o menos no van a influir en la percepción del visitante. Es imposible hacerse una idea de la altura de estos edificios. Levantando la cabeza hacia la aguja que lo corona, el cerebro no comprende esas dimensiones. Es raro.

Es raro que siendo una ciudad nueva, tenga el mismo problema que las viejas ciudades. El tráfico en hora punta es muy denso. Y casi siempre es hora punta. La opción más inteligente es utilizar el Metro, y la más rara es ir andando. Andar por esta ciudad es completamente imposible, no sólo por las distancias descomunales, sino porque las estrechas aceras que existen se vuelven aún más estrechas en algunos puntos. Son los puntos de encuentro entre la falta de planificación urbanística y la despreocupación por el peatón.

También me ha resultado raro la predisposición del emiratí ante la cámara. Ese era uno de los prejuicios con los que llegué. En realidad son abiertos, cercanos, amables y acceden a ser fotografiados, e incluso a ser colocados en el lugar que uno quiere. No, mejor aquí. Un poco más a la izquierda. Levanta la cabeza. Mírame. Click. Muchas gracias. 

Y para rarezas, las tormentas, no de agua, sino de arena, por supuesto. Tuve la suerte y la desgracia de vivir una tormenta de arena. Desgracia porque impidió que sobrevolara la ciudad, como tenía previsto, pero suerte porque me permitió pasar unas horas de auténtica felicidad fotografiando la ciudad en solitario. Un merecido descanso ante el ajetreo y masificado turismo en grupo.

Otra de las rarezas de esta ciudad es que aún no está terminada. Es una ciudad abierta por obras. Las grúas forman parte del skyline dubaití y nadie sabe cuándo va a parar todo esto. No hay límites geográficos. Puede seguir creciendo tierra adentro, el desierto no es ninguna traba. Y puede seguir creciendo mar adentro, ya han demostrado que lo pueden hacer. La única barrera es el dinero.

Y para terminar este primer post sobre Dubai, responderé a la pregunta clave: ¿recomendaría ir a Dubai? Sí, lo haría, pero sólo si lleváis la mente abierta para disfrutar de las rarezas y si vais con la cartera llena.

 

Habrá más post. Más fotos. Más experiencias. Las muchas horas de viaje organizado dieron de sí. Nadie puede con mi yo desorganizado.

Permaneced atentos.

 

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,