Dubai, sin bajarse del autobús (2/3)

Publicado en Dubai el April 30th, 2015 por diegojambrina
Si queréis ver Dubai sin cristal de por medio, pasaos por el primer post

Por lo general, en un viaje organizado siempre se invierte poco tiempo en disfrutar de los lugares de interés, nada de nada en improvisar y mucho mucho en bajar y subir del autobús. Tres situaciones de las que huir y tres razones por las que siempre viajo solo, o con mi pareja.

Pero en Dubai, me disfracé de oveja y me dejé llevar. Y no estuvo mal del todo. Moverte de un lugar a otro en autobús, me dejó las manos libres y la mirada alerta. Desde mi asiento veía la ciudad pasar. Y si es una ciudad como Dubai, no pasa ni un segundo sin una fotografía que tomar.

Así que, sincronizad vuestros relojes y poned la banda sonora de Benny Hill que nos vamos a disfrutar de la ciudad de Dubai, sin bajarnos del autobús.

 

Para empezar, os llevaré hasta las afueras de la ciudad, y os daré 10 minutos para hacer la foto. ¿Os parecen pocos? A mí me sobraron todos; la foto ya estaba tomada sin levantarme del asiento. Aquel jardinero, de pie sobre un inmenso muro verde, con el skyline al fondo era todo lo que yo podía desear.

Venga, que el autobús no espera. Todos arriba cagando leches.

Y hablando de cagar… Comentaba en mi anterior post que Dubai, siendo una ciudad nueva, tiene algunos de los mismos problemas de las ciudades viejas, como por ejemplo, la gran densidad de tráfico rodado, y la incomodidad de recorrer las calles a pie o en bicicleta. Ahora, os hablaré de otro problema: el exceso de residuos fecales.

Al parecer han invertido mucho ingenio, dinero y esfuerzo en construir hacia arriba, pero bien poco en preparar lo de abajo. Y se han encontrado con un alcantarillado útil para recoger las aguas sucias de unas 20.000 personas. ¿Sabéis cuántas viven en Dubai hoy? Más de 2 millones. ¿Y qué es lo que hacen, os preguntaréis? Pues recogen esos desechos humanos en camiones cisterna y todos los sábados a la noche se lo llevan tierra adentro. Otras fuentes dicen que lo vierten al mar. En cualquier caso, el problema es muy serio, y lo será aún más porque esta ciudad no para de crecer.

Hacemos otro alto en el camino. Ahora, nos vamos corriendo hasta la playa de Jumeirah.

Tratad de olvidar lo de las aguas fecales de dos millones de personas vertidas al mar y disfrutad de la arena blanca, el agua caliente y las vistas al único hotel de siete estrellas del mundo, Burj Al Arab Jumeirah, más conocido como el hotel vela. Bueno, en realidad no tiene 7 estrellas, es únicamente una estratagema publicitaria, pero sí tiene unos precios estratosféricos. Son casi 2.000 € los que tienes que soltar para pasar tres días como un jeque en su habitación más económica.

Si os queréis dar un capricho, yo no esperaría mucho, el entorno cambia cada día (y no me refiero al color del mar) y como os descuidéis, cuando lleguéis, ya habrá otro edificio tan alto como este justo enfrente. Y adiós a la primera línea de playa.

Continuamos viaje, así que, no guardéis vuestras cámaras o móviles, lo que uséis; no os criticaré. Yo creo que cualquier cosa que sirva para capturar la luz es válida, aunque a mí no me pillaréis sin mi cámara fotográfica. Y tengo que decir que me da algo de pena ver que los móviles vayan ganando terreno en detrimento de las cámaras. Eso sí, como me digáis que la tablet saca unas fotos buenísimas, os crujo.

Como os decía al principio del post, no pasa ni un segundo, sin que al otro lado de la ventana del bus, surja algún motivo que fotografiar. En este caso, la costa de Dubai se veía muy atractiva, desde el tronco de una de esas palmeras de tierra que invaden el golfo pérsico, lo malo es que se metió en el encuadre la estructura elevada del monorail, otro atractivo turístico más, más que un medio de transporte.

 

Para moverse por el resto de la ciudad está el Metro. Dicen que es rápido, cómodo, fresquito y con buenas vistas, porque la mayor parte de sus 75 kilómetros de longitud transcurren sobre una plataforma elevada. Algo parecido a un acueducto. La verdad es que me quedé con ganas de montar en uno de sus vagones mixtos. Ojito que los vagones tienen diferentes categorías. Los hay para ricos, para los no ricos, para mujeres y para hombres y mujeres juntos. Una vez más, las rarezas de Dubai.

Las estaciones también son interesantes. Cúpulas doradas de enormes dimensiones, como no podía ser menos en esta ciudad, que se dejan ver hasta en las peores condiciones climatológicas, y me refiero a las tormentas de arena. Supongo que son algo incómodas para el chofer de mi autobús, pero mágicas para el fotógrafo. Es la versión árabe de la niebla.

En los días despejados, hay que aprovechar los pasos elevados sobre las gigantescas avenidas de la ciudad. Atento todo el mundo, que el bus lo atraviesa en un ti-ta y las posibilidades de volver a disparar son escasas. Ya tendréis tiempo de recrearos en cada uno de los edificios en la fotografía tomada. Fue así como me di cuenta de que una de esas torres tiene cierto parecido a la torre del Palacio de Westminster, erróneamente conocida como “el Big Ben”, dicho sea de paso.

Ya comenté en el primer post este raro gusto por las recreaciones sin gusto.

La ciudad se extiende tanto que los traslados de un punto turístico a otro sirven también para reflexionar, no sólo para fotografiar. Son distancias tan descomunales que no llegas a comprenderlas. Para que os hagáis una idea, Bilbao tiene una superficie de 41km², Madrid de 605km² y Dubai ronda los 1.500km². Es como cuando te dicen cuántos millones tienen las personas más ricas del mundo. Es tanto que no sabes cuántas vidas podrías disfrutar con semejante riqueza. Sencillamente te sentirías inmortal (que es seguro lo que sienten esos ricachones).

Además, en Dubai hay tantas referencias visuales permanentes (torres que se dejan ver desde casi cualquier lugar de la ciudad), que te sitúan constante y erróneamente en un mismo punto. Llegas a creer que apenas te mueves, pero no, no es así.

En esta fotografía, podéis ver en un primer plano un elemento difuminado por la alta velocidad del autobús y la baja velocidad de disparo de la cámara, pero también veis perfectamente las dos torres del hotel Marriott Marquis. Esto es un clarísimo ejemplo de la percepción errónea que podéis llegar a tener en Dubai. Podría parecer que las torres están tras la valla, pero no, están muy, pero que muy lejos.

Una de esas torres de referencia es la Burj Khalifa, gracias a sus 828 metros y 163 plantas. Destaca tanto del resto, que hace que los altísimos rascacielos de alrededor se perciban como edificios sin ambición.

Os doy otro dato: la torre Iberdrola de Bilbao mide 165 metros y tiene 41 plantas. Y la más alta de las Cuatro Torres Business Area de Madrid, 250 metros y 45 plantas.

Claramente, la Burj Khalifa apunta al sol, y casi lo toca.

Con la caída del sol, nada cambia para mí, ni para vosotros. Seguimos en el autobús y seguimos con opción de fotografiar.

No os preocupéis por la falta de luz. Si la noche no impide brillar a la Burj Khalifa, por qué me voy a preocupar yo. Recordad que los de Bilbao somos aún más grandes y brillantes.

Y antes de que lleguemos al hotel, tras un duro día en bus por la gran ciudad, nos dejamos seducir por las vallas publicitarias a ambos lados de la carretera. Gigantes vallas, para no desentonar. Y soñamos con otros lugares, lejanos, diferentes, desconocidos… para escapar de la gran Dubai.

Me queda deciros que si os ha gustado este post, podéis pasaros, si aún no lo habéis hecho ya, por el primer post: Dubai, Ciudad abierta, y que estoy pensando en un tercer post, pero aún no lo tengo decidido.

Todo depende.

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