El gran fallo del jurado

Publicado en Arlés, Arte, Fotografía, Francia, Fujifilm X100 el July 19th, 2018 por diegojambrina

Lo que hace que una persona sea escritora, no es el acto de escribir, sino el de leer. Por eso, el arte no depende del creador sino del espectador. Así que me he prometido a mí mismo no enfadarme con esas personas que ganan premios de fotografía sin haber hecho una sola fotografía, sino con las personas que les premian.

Apropiarse de fotografías ajenas, o comprarlas (me da igual), o hacer capturas de pantalla y hacer intervención sobre ellas o sencillamente encontrar un orden de lectura, no debería ser un acto fotográfico. Debería ser otra cosa. Que lo llamen como quieran, pero no fotografía.

Leí hace unos días que los tres fallos del jurado en el Festival de Fotografía de Arlés habían dictaminado a tres no fotógrafos como los mejores fotógrafos del año, o al menos sus trabajos. ¿Por qué?

Dejo la respuesta en el aire, porque a mí no me interesa lo más mínimo.

Me interesa la reflexión y me reafirma en lo que quiero hacer.

Quiero hacer fotografías y que la gente las vea, que se emocione con ellas, que se le revuelvan las tripas, que les haga soñar, que les haga sentirse sola, que sonría, que la melancolía se apodere de ella…

Por eso, muestro mis fotos solo en mis espacios personales, como este blog, mi perfil de flickrinstagramFacebook, porque al parecer, y tal como evoluciona el mundo de la fotografía, ningún jurado contemporáneo fallará a mí favor.

 

 

Fotos hechas con una cámara de fotos en Arlés, durante el festival de fotografía.

 

A ese lado de la puerta

Invitación

Intrusión

Indecisión

La eternidad

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Todos necesitamos hablar, incluso yo

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100 el June 25th, 2015 por diegojambrina

“Yo no tengo una filosofía. Tengo una cámara de fotos”, decía Saul Leiter. Esta frase es algo así como un zas en toda la boca! a la fotografía contemporánea como concepto mal entendido y un alivio para personas que, como yo, disfrutan fotografiando sin mayor pretensión que la propia acción de fotografiar.

Pero aquel sentimiento de alivio que sentí en su momento, se ha convertido en un objeto de metal candente. Y un clavo ardiendo no es un buen objeto al que agarrarse.

En realidad, yo quería librarme de esa necesidad de contar historias, de ese pesado trabajo por expresar sentimientos. ¡Qué difícil es hablar de algo que no comprendes! ¡Y qué fácil es mantener la boca cerrada! Y sin embargo, ya no estoy a gusto del todo en la comodidad del disparo fotográfico. En realidad, necesito más, necesito un proyecto fotográfico. Porque, en realidad, y por mucho que me pese, yo sí tengo una filosofía.

Pero no temáis, no pretendo deprimiros con otra muestra más de dolor, angustia y oscuridad filosófica de la que se hizo eco hace unos días Cienojetes, en esta interesantísima reflexión y post sobre la fotografía contemporánea. Lo mío es otra historia, una historia sobre el tránsito, la fugacidad y lo efímero, sobre la huída hacia cualquier otro lugar que no sea el aquí y ahora. Bueno, bien mirado, sí que suena algo oscuro, aunque la representación no lo sea.

Va a ser difícil y doloroso, porque mis sentimientos son claros, pero mis descripciones torpes.

En un rápido vistazo al último libro de Ricky Dávila, leí una cita de Miyamoto Musashi que me confirmó la dificultad de mi proyecto, pero también me sirvió para entender que la dificultad en sacar adelante un trabajo personal es una realidad para cualquiera, no solo para mí.

“Es absolutamente imposible escribir esta ciencia con la precisión con la que la entiendo en mi corazón” 

Ya no me siento solo.

EN OTRA PARTE

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La fotografía como expresión emocional

Publicado en Arte, Fotografía el March 10th, 2014 por diegojambrina

La fotografía es una actividad que resulta fácil de calificar, pero difícil de entender. Y lo es porque apenas han pasado 150 años desde su aparición. Nadie discute que la pintura sea una disciplina artística, y nadie lo hace porque los seres humanos compartimos con ella el mismo origen: las cavernas. Somos coetáneos. Sonrío al pensar cómo algún loco cavernario sentía orgullo creador por pintar su mano en la pared de su cueva y sus compañeros de vivienda se burlaban de él gritándole “¡pero si solo es tu mano, pringao!”.

Eso mismo es lo que ocurre ahora con ciertas fotografías. Son simples manos, o pies, los que llenan el encuadre, y no entendemos que su significado nada tiene que ver con la anatomía.

Se ha hablado mucho sobre esto y hasta se ha escrito de manera sesuda. Joan Fontcuberta tiene un libro titulado “estética fotográfica” muy interesante. En él se recogen ensayos de pioneros y artistas de la fotografía y de otras disciplinas. Escritos que a pesar de estar redactados hace más de 60 años tienen plena vigencia; lo que reafirma la idea de que la fotografía no está siendo valorada por todo el mundo como lo que es: una disciplina artística, un medio de comunicación y una herramienta de documentación, aunque no precisamente en este orden.

Yo he tratado mucho tiempo la fotografía como una herramienta de documentación, y en este blog lo podéis comprobar, pero estoy abriendo mi mente y mi lente, y en este post no vais a ver lugares sino ideas.

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El aprendizaje duele

Publicado en Arte, Fotografía el February 10th, 2014 por diegojambrina

Es importante que sepas que el aprendizaje duele. Y cuanto más viejo seas, mayor será el dolor. Así que, si te perturba compartir cama y comida con los sentimientos, joder, no abras la puerta. El aprendizaje jamás deberá cruzarla.

 

Solo cuando no tenemos puerta que cerrar, es cuando aprendemos.

Con pocos años y ninguna vergüenza estamos dispuestos a aprender. Lo estamos tanto que ni siquiera nos damos cuenta de ello. Todo lo que hacemos es una magnífica creación, aunque sea la mayor tontería del mundo. Y con cada tontería, avanzamos, ganamos, disfrutamos y, por supuesto, aprendemos.

Pero esto ocurre cuando somos niños, cuando los sentimientos y el orgullo aún no se han cruzado en el camino. Y una vez que se cruzan, todo se lía.

Como resultado de ese cruce, surge el dolor. Y dependerá de tu umbral del dolor, tu capacidad para aprender. Además, las miradas y las palabras, pasan de ser animosas y mimosas, a hirientes y perturbadoras.

Y así, cuando decides apuntarte a clases otra vez, y recibes las críticas de los profesores, duele.

Y así, cuando decides participar en concursos y los fallos de los jurados no muestran entusiasmo por tus creaciones, duele.

Sí, cuando decides abrir la puerta al aprendizaje, estás dejando pasar el dolor.  Y cuanto más viejo seas, mayor será el dolor. Pero no te preocupes demasiado tiempo. Piensa. Recapacita. Escribe un post. Lee un post. Y después, siente, avanza, disfruta y aprende.

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