Viajar por Vietnam con una cámara de fotos. Parte II

Publicado en Fotografía, Viajar, Vietnam el November 8th, 2011 por diegojambrina

¿Cómo viajar a Vietnam? La respuesta es fácil: en avión. Pero ¿cómo viajar por Vietnam? Sí, se puede viajar en avión. Son limpios, puntuales, modernos, son relativamente baratos, pero… vuelan alto. A 7.000 metros de altura cualquier lugar del mundo es frío, azul y carece de oxigeno. Yo opté por viajar en tren, y en dos ocasiones viajé en asiento duro. Los turistas tienen opciones más cómodas y blandas, pero a mí me interesaba conocer a los vietnamitas, no a la gente que viaja a Vietnam. Así que, puse a prueba mis músculos y huesos, y mi matrimonio, y conviví durate más de 12 horas con la gente del lugar. Xin chao.

Viajar en tren, Vietnam

A Hoi An llegué tras un larguísimo viaje en tren, seguido de uno más cortito en bus. Fue duro, pero una vez allí se esfuma cualquier dolor, porque es sencillamente espectacular. Los museos están vivos en Hoi An. Las casas particulares, joyas de la arquitectura vietnamita con fuerte influencia colonial, están abiertas a las visitas, y es muy interesante pasear por sus rincones, pero más que por los rincones en sí, porque te encuentras con la señora de la casa haciendo sus quehaceres diarios.

Tradición y arquitectura en Hoian, Vietnam

En esta ciudad del centro del país hay otros estilos arquitectónicos venidos de lejos. Hay un puente que acapara muchas miradas, un puente de estilo japonés, construido por japoneses con tecnología japonesa; preparado para aguantar poderosos seísmos. No sé si se habrá puesto a prueba, pero por él han cruzado y siguen cruzando infinidad de vietnamitas con sus mercancías, ha aguantado guerras contra imperios invencibles, que finalmente no lo fueron, y ahora sigue aguantando estoicamente las visitas de los turistas.

Puente japonés en Hoi An, Vietnam

No me marcho de Hoi An, porque aquí se encuentra uno de los más activos mercados del país. Como el mercado de la Ribera, está situado a orillas del río, por lo que está bien abastecido con todo tipo de género. Y, como con cualquier otro mercado vietnamita, disfrutas de luces, sombras y colores que hacen que las fotos tengan un algo especial.

Mercado en Hoian

Durante el día, si no se anda con cuidado, uno puede sufrir deshidratación y quemaduras en la piel por un sol achicharrante. Por eso, las noches en Vietnam se disfrutan mucho. Además, se puede pasear por las calles con cierta distracción; las motos aparcadas disminuyen el riesgo de ser atropellado. Pero no te preocupes, este riesgo existe tan sólo en el imaginario del foráneo; los vietnamitas van como si estuvieran nerviosos, pero cuando pasan con su moto a dos centímetros de ti están seguros de que no te van a tocar.

Calle de Hanoi, Vietnam

Pero si lo que quieres es alejarte de las motos mucho más que esos dos centímetros, nada mejor que perderte por la Bahía de Halong. Pero, ojo, la bahía puede ser un remanso de paz o un lugar infestado de turistas. Dale tiempo al barco para que se aleje más y más del caótico puerto de ciudad de Ha Long y de la primera parada obligada para todo el mundo, para disfrutar de una relajante calma. Tanto es el relax que incluso te olvidas de que llevas la cámara encima. No te despistes y aprovecha la baja velocidad del barco para disparar con un gran angular y captar la tranquilidad inmensa o el tele para llegar hasta ese otro barco que se cruza a lo lejos contigo.

Bahía de Halong

Los vietnamitas son gente amable y jovial, y la religión también lo es. No hay imágenes de mártires, sacrificios y penurias, como las de religiones más cercanas a occidente. Sencillamente sonríen para salir tal y como son en la foto. Por eso, deja que entre toda la luz posible en tu cámara y trata de captar el optimismo del interior de los templos.

Religión, Vietnam

La luz también está presente en el exterior de los templos, claro que sí, y los colores de los edificios perfectamente restaurados, como esta puerta en el recinto imperial de Hue, son un perfecto aliado del fotógrafo.

Hueimperial19

El recinto imperial del centro de la ciudad de Hue es una maravilla de la restauración. Los colores son vivos y combinan perfectamente con el azul del cielo, pero hay una zona apartada de la ciudad, a la que se llega en moto -todo un placer conducir mano a mano con los vietnamitas y una aventura no perderse por las carreteras sin señalización-, donde hay muchos edificios sin restaurar. Sientes cómo el tiempo les acaricia con suavidad e intensidad, procurando no derribarlos, pero palideciendo los colores. La vegetación, en estos casos, no se percibe como un intruso, sino como una perfecta compañera.

Huetemplos04

Además, te alejas de los circuitos más turísticos, y si procuras estirar el día y aguantar hasta la tarde, te encontrarás con la maravillosa oportunidad de aprovechar al máximo de un objetivo angular.

Huetemplos10

Como ves, Vietnam está llena de oportunidades para el amante de la fotografía y la gastronomía. Sólo hay que dejarse llevar por la alegría de sus gentes, tomarles como son y disparar a diestro y siniestro, porque cada rincón de este inmenso país es digno de fotografiar.

Si quieres conocerlo un poquito más, puedes leer la primera parte de este post aquí.

Viajar por Vietnam con una cámara de fotos. Parte I

Publicado en Fotografía, Viajar, Vietnam el November 1st, 2011 por diegojambrina


Es lógico que un bilbaíno como yo en Vietnam se deje llevar por el entorno. En un país con una cultura y un clima tan distinto todo lo que ve es digno de fotografiar.

Lo normal es que el olfato del fotógrafo le lleve siempre hasta los mercados, pero una vez dentro lo mejor es taparse la nariz y disfrutar con los ojos; luz, sombra, color… y pollos que aún muertos piden socorro.

Mercado en Sapa, Vietnam

Vietnam es uno de los primeros exportadores de arroz del mundo, pero puedo asegurar que no sólo se come arroz; la variedad gastronómica en este enorme país costero es asombrosa.

Arrozal en Tam Coc, Vietnam

No necesitas recomendaciones. Se come bien en cualquier restaurante del país. La comida es ESPECTACULAR, insisto, y espectacular es también cómo cocinan. Si tienes la oportunidad de meterte hasta la cocina, no la desaproveches y elige un buen ISO antes.

Cocina en Hoi An, Vietnam

Aunque los restaurantes son baratos, se puede comer aún más barato sin perder calidad. Cuando caminas por la capital de Vietnam, o por cualquier otro sitio, basta sentarte en la acera para que alguien venga con unos taburetes, un hornillo y mil ingredientes distintos para prepararte una comida digna de estrellas Michelín.

Restaurante callejero en Saigón, Vietnam

Cuando se viaja por Vietnam, hay que ir preparado con un objetivo que tenga algo de tele. Los niños en Sapa son un buen motivo para el fotógrafo, sobre todo cuando andan jugando sobre el lomo de un búfalo de agua, pero acercarte hasta ellos supondría romper la espontaneidad del momento y luchar contra ti mismo para no darles el “money” que te piden. No se aconseja dar limosna, y menos a los niños, porque supondría una degradación en su forma de vida. Si quieres ayudarles puedes colaborar con ONGs que actúan allí.

Campo de arroz en Sapa, Vietnam

De todas formas, no creas que es un pueblo al que le guste pedir. Esto sólo ocurre en la región de Sapa, donde las etnias siguen vistiendo sus trajes tradicionales porque así lo quieren y, claro, también porque a los turistas nos gusta. Aún así, sólo piden si les sacas fotografías. Tú obtienes algo de ellos, es lógico que ellos obtengan algo de ti. Pero su fuente de ingresos es el comercio. Prepárate para sufrir el asedio de centenares de mujeres queriéndote vender todo tipo de artesanía.

Etnia en Sapa, Vietnam

En Vietnam, sobre todo en las dos grandes ciudades como son Hanoi y Saigón, lo que los extranjeros llaman Ho Chi Minh City, uno se vuelve loco con la cámara y resulta difícil saber discriminar elementos para que la foto no parezca un caos. Pero en ocasiones eso es precisamente lo que hay que conseguir; reflejar el caos. Motos, bicis, gente, cables, chiringos, vallas de publicidad, pagodas…

Calle en Saigón, Vietnam

A pesar de que sea un país con régimen comunista, la religión está muy presente en la vida de los vietnamitas. Hay una gran cantidad de pagodas por todo el país y si uno quiere visitar todas ya puede ir pidiendo una excedencia en el trabajo. Además, no son edificios vacíos de feligreses y llenos de turistas, como en Europa, allí están siempre llenos de locales quemando incienso y lanzando plegarias.

Religión en Tam Coc, Vietnam

En el sur de Vietnam, en el Mekong, las motos son sustituidas por los barcos. Estos son como las autocaravanas, pero con la diferencia de que no las utilizan para las vacaciones y escapadas de fin de semana. Los vietnamitas son las personas más trabajadoras que he visto en mi vida. Trabajan todos los días de la semana, durante todo el año. Y lo hacen a todas horas. Desde las 4 de la mañana hasta que uno se va agotado a la habitación del hotel, ellos están en la calle trabajando sin descanso y sin queja. Desde muy pequeños se les inculca la cultura del trabajo y se les exige trabajar.

Niño comerciante en Mekong, Vietnam

En un país donde se trabaja tanto, cabría esperar que hubiera mucha riqueza, pero lo que uno encuentra no es más que subsistencia. Viven con poco, pero viven felices. Algunos tienen hasta viviendas con vistas al río Mekong, aunque a veces, el río entra en las viviendas a echar un vistazo.

Casas con vistas al Mekong, Vietnam

Hasta aquí el primer fotoreportaje de viajes que hago. Me ha costado mucho (esto de ser bloguero es un trabajo duro), pero si queréis más no tenéis más que comentarlo.

Prepárate; la inspiración está a punto de aparecer

Publicado en Fotografía, Viajar, Vietnam el October 18th, 2011 por diegojambrina

Es de noche, tengo puesto un carrete de 35mm. de ISO 100, el flash no llega más allá de un metro, la cámara es de plástico, una Mini Diana de Lomography, entonces ¿por qué la tengo en la mano? Pues no sé, tal vez ocurra algo. ¿Quién te dice que no vayan a pasar a un palmo de tu objetivo una marabunta de vietnamitas en bici y que uno de ellos no te vaya a saludar?

Pues eso. Que hay que esperarse lo inesperado. Que hay que estar preparado porque la seductora, la lasciva, la provocadora, la adorada, la deseada, la maldita y caprichosa musa tal vez se le antoje susurrarte al oído: “ahora”.

De todas formas, hoy me he comprado El Fotógrafo en la Naturaleza, un libro de José Benito Ruiz con el que aprender a no esperar a la inspiración. Que no aparece: ¡que le den! A veces me harto a esperarla. Y en esta vida hay que ser autosuficiente, y para ello hay que estar preparado.

Sí, prepárate; la inspiración tal vez no aparezca.

ahora de Diego Jambrina en 500px.com

 

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