La ciudad de la luz, no es París

Publicado en Arlés, Fotografía, Francia, Mediterráneo, Provenza, Viajar el July 23rd, 2016 por diegojambrina

No dice mucho a favor de París el hecho de que no me acuerde exactamente si han sido tres o cuatro las veces que he estado en ella. Podría hacer el esfuerzo de mirar en mis apuntes, pero, francamente, no me apetece. Y, además, este post es para la verdadera ciudad de la luz: Arlés.

Esta ciudad al sur de Francia me tiene totalmente enamorado.

Caí sin remedio mucho antes de que yo paseara por sus calles. Mucho antes incluso de que empezara a viajar. Caí cuando de pequeño y en la oscuridad del salón de casa, vi “El loco del pelo rojo”; esa obra maestra del cine protagonizada por mi admirado Kirk Douglas. Una película sobre la vida de Vincent Van Gogh en la que se describe con especial sensibilidad el tiempo que el pintor vivió y trabajó en Arlés.

Para Van Gogh, este rincón del Mediterráneo era fuente de inspiración, sencillamente, porque la luz vivía allí. Hoy, Van Gogh es un reclamo turístico, pero en esta época del año el reclamo es un evento: Rencontres de la photographie. Uno de los más importantes, sino el más importante festival de fotografía de toda Europa. Y para allá que me fui.

Rojo instante, eterno deseo

Está a 759Km de mi casa. Unas nueve horas de camino. Tiempo suficiente para ir calentando mi cámara.

Afortunadamente para mí, mi carné de conducir había caducado y el provisional que tenía no me permitía circular por las carreteras francesas. Me lo pasé bien, jugando con la luz durante el viaje. La verdad, es que algo me decía que aquel fin de semana iba a ser un fin de semana lleno de luz.

Luz, aliada en la vida

Luz y calor, mucho calor, fue lo que me encontré; más de 40 grados, insuficientes, sin embargo, para obligarme a quedarme en algún local con aire acondicionado. Porque si estás en Arlés, lo único que te apetece es recorrer las calles sin mapa, sin criterio, sin razón. Pasear y dejarte atrapar por los claroscuros, que ensalzan la belleza de una edificación provenzal ligeramente descuidada, ligeramente conservada.

Entre amigas, entre sombras

Por si su arquitectura provenzal, sus numerosas ruinas romanas y su influencia en la vida y obra de Van Gogh no fuera suficiente atractivo, Arlés amanece a principios de julio con arte fotográfico en cada esquina. No se trata de un festival donde el arte se esconda tras las paredes de una sala expositiva. El arte sale a la calle, y lo hace gracias no sólo a la organización, sino también a fotógrafos espontáneos que acuden a la ciudad a mostrar su trabajo, para disfrute de todos y para tratar de atraer la mirada del experto. Hay un sueño en cada foto.

La calle es arte

Vistas al interior

Otros, exponen su ropa mojada sin rubor alguno. Se nota que estamos en una ciudad mediterránea. La gente es abierta, confiada, natural y sabe aprovechar una esquina soleada para colocar unas cuerdas y secar su colada.

Típica estampa pasada de hoy

Revisando las fotos que me traje de allí, siento que he tenido suerte. No sólo por encontrarme con una estampa propia del gran Martin Parr, sino porque me encontré con la loca del pelo rojo en “le café la nuit”, el mismísimo café donde el loco del pelo rojo saciaba su sed perturbadora con absenta. ¡No es increíble!

La loca del pelo rojo

Sí, me siento un hombre con suerte, pero también siento que voy creciendo como fotógrafo. Tal vez esté mal decirlo, hablar bien de uno mismo no es políticamente correcto, pero si he empezado este post escribiendo no muy bien de París, no voy a cortarme ahora.

De todas formas, si no pensáis lo mismo que yo, esto es un blog, comentad, criticadme, decidme que se me ha subido el absenta a la cabeza. Decid lo que queráis y decidlo sin tapujos.

Marco natural

Contemplación

Tengo muy buen recuerdo de este viaje. Muchas horas de carretera para llegar, muchas horas para volver, tan solo un día y medio allí, pero mereció la pena. Es un lugar muy recomendable. Lo recomiendo a amamantes a la fotografía, a la pintura, a la arquitectura, a la historia, a la luz y, por qué no, lo recomiendo también a los turistas sin pretensiones.

Bajo la sombra de la farola

Sin luz

La parte trasera del imperio romano

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Viajar por Provenza con una cámara de fotos (3 de 3)

Publicado en Arlés, Canon, Fotografía, Francia, Lomografía, Provenza, Viajar el May 2nd, 2012 por diegojambrina

Parte I
Parte II

Canon450D y Mini Diana Lomography

Hay un pueblo en Provenza que merece un post para él solo.

Cuando el loco del pelo rojo llegó allí, se dio cuenta de que aquel era el lugar perfecto para pintar. Luz. Luz. Y más luz. Vincent Van Gogh pintó en Arlés muchos de sus mejores cuadros. Su creatividad se desató gracias a su locura y a la luz. Hoy, este maravilloso lugar es sede de uno de los festivales de fotografía más importantes del mundo. Otra vez la luz.

Felix Nadar afirmó que “fotografiar es pintar con luz”. No pudo ser más exacto al definir así este arte. Seguro que él y Van Gogh se hubieran entendido bien.

Muchos años después, Arlés sigue siendo luminoso. Si se tiene la suerte que yo tuve con el tiempo, se puede disfrutar de estupendos paseos por las estrechas calles o plácidas caminatas por la ribera del río Ródano. Así, paso a paso se acaba llegando a un punto en el que Vincent clavó su caballete e inmortalizó el Puente Langlois como sólo él ha sabido hacerlo.

Yo, inspirado por su mirada, retraté el puente con tres exposiciones sobre un mismo espacio del negativo. Tengo otras fotos realizadas con la cámara reflex digital, pero no conseguí captar ni la luz ni la locura mejor que con la Mini Diana de Lomography: una cámara analógica de plástico, con objetivo de plástico, de 49€. Además, para potenciar los colores y el contraste usé un carrete de diapositiva, el Kodak Ektachrome de ISO 100, e hice un revelado cruzado, es decir, se utilizó una solución química destinada al revelado de negativo fotográfico.

loco rojo de Diego Jambrina en 500px.com

 

Llegar hasta el puente es bien fácil; basta con seguir las indicaciones que hay por el suelo. Unas pequeñas flechas facilitan un recorrido que te lleva hasta los diferentes puntos donde Van Gogh encontró un motivo que pintar.

Podéis acercaros a la oficina de turismo. Allí tenéis, gratis, un mapa con unos diez lugares a los que ir. Si eres un apasionado del pintor holandés, como creo que ya habréis averiguado que soy yo, es un recorrido que no debéis perder. Pero aún no siéndolo, podéis seguirlo de igual modo porque te lleva por muchos lugares interesantes.

 

puente de Diego Jambrina en 500px.com

Uno de esos lugares es Las Arenas de Arlés, un anfiteatro romano colosal, casi tanto como el de Roma, con capacidad para 25.000 espectadores. Deslumbra por su buena conservación, pero, sobre todo, por su tamaño y el entorno en el que está, rodeado por casas humildes y de poca altura.

Arlés, provenzal y romano by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

En cierto modo, Arlés me recuerda a Mérida, porque andando por sus calles te encuentras de golpe y porrazo con una ruina romana, y eso emociona.

Pero en Arlés, además de poder ver el anfiteatro, los baños, el teatro, las murallas, las puertas de acceso a la ciudad y las calzadas de la época romana, el resto es también maravilloso. Me encantan sus calles, sus casas, sus contraventanas, el color amarillo y azul… Hasta los árboles sin hojas y a tono con las consecuencias del paso del tiempo son perfectos para fotografiar.

Luz y color en las calles de Arlés by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Y si por si eso fuera poco, los interiores oscuros de las iglesias iluminan la imaginación del fotógrafo permitiendo captar el arte, la historia y los siglos. Los objetivos que llevo con mi Canon y el ISO que permite la propia cámara no son suficientes para operar en el interior de una iglesia, pero en este caso los escasos rayos de luz dramatizan la escena y ayudan a transmitir la historia mucho mejor.

Aún hoy, las cabezas de las esculturas religiosas permanecen decapitadas. Muestran el hastío del pueblo por siglos y siglos de opresión, hambruna y arrogancia de la iglesia católica. Con la llegada de la revolución, la gente se desquitó a golpe de martillo. Curioso que fuera con martillo y golpes como se crearon estos símbolos religiosos y que fueran también martillos y golpes lo que las destruyeran.

Decapitaciones en la iglesia by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

¿He dicho hambruna? Pues hambre, hambre, lo que se dice hambre, en Arlés no tienes porqué pasar. Claro que sin dinero no hay nada que hacer. Bueno sí que lo hay. Sacar fotos a diestro y siniestro. Y, como no podía ser de otra forma, utilicé la Mini Diana que ya conocéis para captar esos fabulosos colores del mercado de Arlés.

frutas de Diego Jambrina en 500px.com

 

Y entre foto y foto, picoteo.

comer amar de Diego Jambrina en 500px.com

Y para acabar mi viaje por la Provenza francesa, tengo que aconsejaros una parada en la autopista. Porque también en las autopistas hay cosas dignas de fotografiar. Andad atentos justo antes de llegar a Carcasona e id mirando a vuestra derecha. Mejor que lo haga el copiloto. Hay una área de descanso resguardada con altos y frondosos árboles del ruido del tráfico y abierta por el otro lado a un viñedo con el casco antiguo y amurallado de Carcassonne. Esto es lo mejor de este pueblo, pero también es interesante dedicar un par de horas a caminar por sus intramuros.

Carcassonne by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Viajar por Provenza con una cámara de fotos (1 de 3)

Publicado en Aviñón, Cassis, Fotografía, Francia, Fujifilm X100, Marsella, Provenza, Viajar el April 17th, 2012 por diegojambrina

Fujifilm X100

La Provenza es tranquila y caótica, luminosa y oscura, encantadora y odiosa. Hoy, voy a hablar del caos, de la oscuridad y del odio. Dejaré para una segunda parte las buenas palabras, las que servirán para generar envidia y despertar el deseo de recorrer kilómetros y kilómetros franceses plagados de peajes abusivos. Pero ahora toca hablar de la suciedad, del alcoholismo, del olor, del mirar atrás.

Precisamente fue en Aviñón donde no quise mirar atrás cuando se me llamaba con insistencia: Monsieur, monsieur, une photographie! Es el sueño de todo aficionado a la fotografía; ir paseando por la calle y que la gente te pida posar para ti. Pero esto no podía ser, había truco. Al girarme me encuentro con un grupo bien numeroso de personas sintecho, pero conbricks de tinto. Uno de ellos, el portavoz, me pidió que les hiciera una fotografía. Bien, por qué no. Ya que habían logrado pararme debía aprovechar la circunstancia. Yo pensaba: Tú haz la foto, piensa en el blog, y luego si tienes que correr, corre. Seguro que tienes el hígado más sano que ellos y no tardarán en explotar. Pero uno de ellos al ver lo que yo tenía en la mano dijo que ni hablar. Mi gozo en un pozo. Me quedé sin foto para abrir este post. ¿Pero qué fue lo que les echó para atrás? ¿Mi Fujifilm X100? Seguro que pensaron que era una reliquia del pasado analógico. En fin.

Así que, debo abrir este post con otra fotografía. Una foto de unos personajes que sí se dejaron fotografiar. Quietos, sin respirar, enrejados… y siniestros.

Juguetes tétricos entre rejas en Aviñón

Por las calles de Aviñón puedes encontrarte con personajes de muy diferente categoría: los ya mencionados sintecho, muñecas que encierran un pasado sin testigos (bueno, tal vez el oso sepa algo), numerosos grupos de estudiantes juveniles, numerosos grupos de turistas japoneses y procesiones, sin capirotes, pero con siniestras canciones, pasos lentos, cruces pesadas y velas tan largas como lanzas que provocan tortuosas sombras en las caras de quienes las portan. Y yo que pensé que me libraba de los movimientos religiosos al cruzar la muga. Menudo susto con esto de la semana santa. Además, hay que añadir mucho alcoholismo callejero. Tal vez sea por la falta de bares donde poder beber sin ofender a los transeuntes.

Sí que hay cafeterías y restaurantes, ¿pero bares o pubs?, no fuimos capaces de encontrar ninguno. Acabamos bebiendo en Tapaslocas, un local que trataba de recrear el ambiente de picoteo español. El mojito era la bebida estrella y las tapas tenían precios de alta cocina. Un nuevo fiasco de las recomendaciones de la guía Lonely Planet.

Terrazas en Aviñón by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Por lo noche, Aviñón, como muchas otras ciudades de Provenza, no tiene lugares a los que ir. Las calles están desiertas y las dudas sobre lo que te puedes encontrar al doblar la esquina, abiertas. Tan sólo te queda vivir el día sentado en estas terrazas de cafeterías y restaurantes o cenar durante la noche al amparo de una comida que no quieres y una cuenta excesiva.  Pero tengo que ser justo: al peligro no lo vi en ningún momento.

El día, a pesar de lo dicho, es el mejor momento para disfrutar tanto de Aviñón como de Marsella. Porque ni siquiera la segunda ciudad más grande de Francia ofrece locales donde pasar buenos ratos a la noche. Nos volvemos a encontrar con tan sólo restaurantes donde cenar. De todas formas, aunque sí hubiera una buena oferta nocturna, Marsella no es un buen lugar. Sus calles están descuidadas, sucias y muchas de ellas huelen mal. Además, el tráfico es caótico y el asfalto te hace temer por tu coche, más cuando el que conduzco es un clásico al que hay que mimar en cada momento.

Yo tampoco me voy a quejar demasiado porque encuentro en esos escenarios buenos motivos que fotografiar.

Calle transitada de Marsella y destrozada y sucia

El puerto de Marsella pudiera ser un buen lugar que visitar, los puertos siempre tienen encanto, pero durante la época en la que estuve yo (abril 2012) estaba vallado prácticamente en su totalidad. Además, ¿qué es lo que hay que ver allí: yates lujosos atracados? Pues sí, eso es lo que hay: yates lujosos esperando a sus dueños, mientras los niños pasan el rato pescando y gente como yo aprovecha la situación para probar la profundidad de campo de la Fujifilm X100.

Aquí utilicé un f8 consiguiendo que los tres planos de la escena estuvieran perfectamente enfocados, algo esencial para transmitir la historia que os acabo de contar.

Pescando en el puerto de Marsella

Otro de los lugares a los que nos acercamos fue Cassis. Un pueblo pesquero… pero qué digo… un pueblo turístico con miles de personas ocupando un mismo espacio. Antaño Cassis, a 25Km de Marsella, fue un pueblo pesquero, sí, con mucho encanto, estoy seguro, y con unas callejuelas por donde pasear fabulosas. Hoy, sigue siendo bonito. De lejos tiene una pinta estupenda.

Puerto de Cassis by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Pero cuando te acercas, ves que en su puerto apenas quedan embarcaciones tradicionales con las que faenar y sí barcos de recreo. El puerto está tan lleno de restaurantes que resulta difícil andar por el estrecho espacio que queda para todos los paseantes, pero resulta difícil encontrar uno en el que comer pescado.

Puerto turístico en Cassis by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Al final, tuvimos que leer las cartas expuestas de unos 15 restaurantes hasta que dimos con Le Perroquet, donde comimos una riquísima marmite poisson, es decir, sopa de pescado, y una lubina con excelentes verduras.

Y aquí empieza lo bueno: la comida, el mar, las callejuelas desiertas, el suelo empedrado, la luz, las contraventanas, el legado romano, los barcos que vuelan… Todo ello vendrá en una segunda parte. Pero mientras llega, pongamos a caldo a la Provenza.

¿Quién empieza?