La carretera es mi destino

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Literatura, Motor, Viajar el October 7th, 2014 por diegojambrina

La carretera es mi destino, el lugar donde me siento bien, sin esperar a llegar, salir sin esperar a nada, sin esperar nada. No es ninguna sorpresa; me gusta porque no tengo contacto con la gente. En la carretera, solo nos vemos unos segundos, que pasan tan rápido que no vemos más que un movimiento. No son personas reales. No existen. Sólo son bocetos que mi imaginación esboza si se siente activa. Aunque lo habitual es que no. Se muestra vaga cuando vago por mi destino.

Es una situación de casi total libertad. Sin la tiranía del lugar de partida y sin la realidad del lugar de llegada. Aunque obligado a parar, retomo el contacto. Parar, repostar, pagar y marchar.

A veces tardo en reanudar, añadiendo más tiempo, como saboreando el trayecto.

Y saboreo mi bocadillo. Esto también es libertad. Comer un bocadillo de tortilla de patata en una área de servicio viendo al resto de personas como van y vienen. Y me siento con más ánimo. Ha sido la carretera, estoy seguro, que me renueva, me da fuerzas, y sonrío a la gente, sin saber quiénes son, ni qué piensan, ni qué hacen. Tal vez por eso les sonrío. Es el desconocimiento el que genera confianza en mí. Es desconfianza por lo conocido.

De nuevo en la carretera. Sonrío. Es mi destino.

Fotos y textos © Diego Jambrina Merino – A 50mm del mundo

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Mercedes-Benz, una historia de creatividad sobre ruedas

Publicado en Alemania, Fotografía, Fujifilm X100, Motor el February 9th, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100

Dicen que para ver todas las obras del Museo Louvre, con el detenimiento que se merecen, deberíamos estar dentro 9 meses. Cumplido ese tiempo saldría un nuevo ser, porque tú ya no serías tú, sino vete tú a saber quién. Para ver el Museo Mercedes-Benz, no temáis, os recomiendo un día completo, aunque bien podríais estar más de dos, si quisierais verlo con el detenimiento que se merecen las obras de arte que en él hay expuestas.

Para empezar, el edificio impresiona, sobre todo, por su tamaño. Nueve plantas y una superficie de 16.500 m2. Una sede tan grande como la historia de la marca, diseñada por el estudio de arquitectura UNStudio van Berkel y Bos de Ámsterdam.

Fijaros que hasta el taxi que hay en la entrada es tan grande como un camión. Vamos, como que es un camión.

Con él hicieron una acción de marketing de lo más creativa y agresiva. A todos aquellos que llamaban a un taxi desde una sede de la competencia, un concesionario Volvo, por ejemplo, les iba a recoger este camión. Una prueba de producto por parte del usuario de lo más inesperada.

Genial.

Y tras estos minutos de publicidad, continúo con el museo.

Dije en el anterior post, el del Museo Porsche, que éste de Mercedes-Benz es mucho más que un museo de una marca de coches. Aquí se muestra prácticamente por completo los 125 años de la historia del automóvil desde el primer día. Como no podía ser de otro modo, porque fue una de las patas de la marca, Benz, quien inventó el coche.

Aquí lo tenéis: el primer automóvil con motor de combustión interna diseñado y fabricado por Karl Friedrich Benz en 1886.

A lo largo de los nueve niveles, unidos en espiral, una forma inspirada en el ADN de doble hélice que simboliza la herencia humana, podéis ir descubriendo la evolución del automóvil unida a la evolución de la sociedad. 160 vehículos y más de 1.500 objetos.

Carteles, posters, anuncios, periódicos, bicicletas (de marca Mercedes, por supuesto)… todo perfectamente expuesto, iluminado y contado gracias a una audioguía que no funcionaba tan bien como cabría esperar.

De todas formas, qué más da qué te digan de este coche. Verlo ahí, tan nuevo, tan grande, tan brillante, tan majestuoso obnubila a cualquiera.

Esta es una de las etapas de la historia de la marca que más éxito tienen entre los visitantes, cuando aún Mercedes y Benz no se habían decidido a fusionarse.

El tamaño de los coches y su perfecto estado de conservación impresionan a niños y mayores. Más si cabe cuando escuchas por los auriculares que algunos de esos vehículos se rescataron de viejas cocheras, o, mejor dicho, de viejos establos casi derruidos.

Otra de las características que más sorprende es que eran coches que se hacían por encargo. Nada de ir al concesionario y llevarte el de Km O. Tanto los primeros vehículos comercializados como estas joyas del motor se hacían como se hacen ahora los coches de marcas de lujo: sueltas primero una entrada y esperas.

Claro que por aquel entonces, la mano de obra era exactamente eso, mano de obra. Estos coches estaban fabricados a mano. Orfebres expertos en su oficio e ingenieros y mecánicos capaces de realizar unas maravillas que circulaban a más de 160Km/h.

¡Cómo me gustaría conducir uno de estos imponentes deportivos! Y me da que la chica esa que asoma por la izquierda también.

Como veis hay mucho que ver en el museo, pero sin duda alguna la estrella es el Mercedes-Benz 300 SL, más conocida como “alas de gaviota”. Una obra de arte, creativa en todos los sentidos, aunque uno de ellos sobresale más que los demás. Sí, las puertas. Unas puertas que encierran una historia curiosa.

La verdad es que yo me enteré allí mismo. Desconocía por completo que ese diseño se debía a un error por parte de los ingenieros. Pensaron en todo, menos en cómo entrar al coche, y, claro, cuando lo hicieron no tenían forma humana de colocar unas puertas con bisagras estándares. Afortunadamente, los diseñadores tuvieron la genialidad de innovar y les salvaron el culo.

De vez en cuando, encuentras en el camino una lección de mecánica en formato diversión, como éste. Una manivela, un poco de fuerza y hacías sonar el carburador y levantar la pelotita. Los chavales se volvían locos con él, y alguna que otra chica también se animó a jugar. Me encantan las mujeres que disfrutan con los coches.

A medida que uno se acerca al final, más cerca está de la era actual y menos espíritu de museo hay. Pero aún queda una sorpresa.

Al llegar a la primera planta os encontraréis (doy por hecho que os he convencido para ir) con un espacio que recuerda a los viejos circuitos inclinados.

Allí, uno se encuentra con la evolución del bólido. Todos tienen su encanto, pero tal vez los que más destacan sean los antiguos, con sus gigantescas formas y cinchas de cuero para cerrar los capós.

¿Y qué me decís de este bólido rojo? ¡Buah, qué maravilla!

Y para acabar, antes de pasar por la tienda, y llevarte una miniatura del “alas de gaviota” (todo el mundo elige el 300 SL), puedes sentarte en el Fórmula 1 más moderno de todos y cerrar el ojo izquierdo.

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Porsche, creatividad y diseño de altas velocidades

Publicado en Alemania, Fotografía, Fujifilm X100, Motor el February 9th, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100

Hay dos motivos por los que recomiendo visitar Stuttgart. Uno, es el Museo de Porsche y, otro, es el Museo Mercedes-Benz. Todas aquellas personas a las que no les gusten los coches, deben visitarlo igualmente, porque los dos museos están hechos con tanto estilo y rigor histórico que no echarán en falta ni iglesias, ni pinacotecas, ni cascos históricos por los que patear.

De todas formas, si queréis casco histórico, lo tenéis, aunque su construcción sea posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Stuttgart fue destruida casi en su totalidad por las bombas de los aliados y, como el resto de Alemania, su reconstrucción se ha hecho con mucho detalle y tratando de respetar, en la medida de lo posible, la arquitectura original. Aún así, el verdadero placer son los museos automovilísticos, insisto.

Y si alguno de vosotros pasa de mi insistencia, echad un vistazo a este otro post, donde hay otras razones por las que visitar Stuttgart y otras zonas del suroeste de Alemania.

Para los que se quedan en este post, empezamos con Porsche, y con una fotografía que no es mía. Sí, lo sé, pecado mortal no haber sacado ni una sola foto del espectacular edificio que alberga el museo, pero la emoción tenía atenazada mi responsabilidad como bloguero viajero y entré corriendo.

Por cierto, los arquitectos de la obra son los austriacos Elke Delugan-Meissl y Roman Delugan, quienes tienen una interesante colección de trabajos realizados. Date una vuelta por su web, que por sí misma merece también una visita.

Una vez dentro del edificio, te encuentras con la taquilla, que tratas de superar lo antes posible, sin pensar en los 8€ que has de dejar. Coges tu audioguía en el idioma que prefieras y, hala, para arriba.

Y con los primeras hitos que te encuentras arriba es con algo de lo que muchos amantes de la marca reniegan: la relación directa del Volkswagen “Escarabajo” con Porsche. Pues sí, el Sr. Ferdinand Porsche diseñó el Kdf-Wagen, más conocido por nosotros como el “escarabajo”.

El parecido entre el Kdf-Wagen y este Porsche 956/2 es indiscutible, pero ¡qué más da!, los dos son preciosos.

Los coches que hay expuestos en el Museo Porsche son, además de coches históricos, algunos, y espectaculares, todos, obras de arte. Por eso, no me canso de recomendar su visita a todo el mundo, sea o no amante del motor. Estos coches son arte en metal, vidrio y goma, como ésta reminiscencia de los platillos volantes: el 356 Roadster.

Además, los coches están expuestos de tal forma que parecen juguetes en sus cajas, listos para desembalar y jugar con ellos. La mayoría de los vehículos se han colocado sobre una tarima negra y fondo negro que resalta su gran belleza.

También destaca la iluminación, perfecta, luz a raudales por cada esquina y focos colocados estratégicamente para hacer brillar cada centímetro de chapa y cromado. Se aprecia especialmente en este Porsche Speedster Carrera.

Ademas, mi Fujifilm X100 es otra maravilla del diseño y la técnica, y es capaz de hacer unos fabulosos enfoques con mínima profundidad de campo, genial para destacar los brillos y los detalles de las obras expuestas.

Y ya que he empezado a alabar mi cámara, seguiré con ello.

Ni flash ni ruido del obturador. Así debe ser. El flash directo al objeto no hace más que generar brillos molestos y el ruido advierte a las personas a las que fotografías de tu presencia, y, no, no siempre quiero que se aparten. ¿Se entendería una fotografía en la que todo está al revés? Definitivamente no. Parecería que es la foto la que está al revés, y no lo fotografiado.

Como en esta ocasión, en la que las mentes creativas que diseñaron el museo decidieron colocar al Porsche 956 colgado del techo para escenificar lo que se decía de él en los circuitos: es tan rápido que sería capaz de rodar por el techo. Una vez alcanzados los 321,4Km/h… ¡alehop!

Aunque si piensas que con un coche como estos podrás escapar de la policía, estás muy equivocado. Ellos también tienen el suyo: Porsche 911 Carrera Coupé “Polizei”.

Otro de los atractivos del Museo Porsche está en la posibilidad de saber lo que se siente dentro de uno de estos coches. La estética es importante, pero los amantes del motor disfrutamos también con el sonido y la vibración que provocan los CV.

Para ello, han ideado una plataforma que al pisar en ella activa el arranque de un motor, el suelo vibra y comienzas a oír cómo sube de marchas y de velocidad. Esto lo hacen con todos sus modelos, incluido los tractores, que también los tienen. Esta peculiaridad no es exclusiva de Lamborghini.

Y para que veáis que lo de los tractores no me lo invento, aquí tenéis una prueba fotográfica.

Un gran museo, de dimensiones perfectas para no cansarte en exceso y contemplar cada modelo con tranquilidad. Eso sí, os recomiendo ir prontito, porque es uno de los museos con más éxito de Stuttgart y se puede llenar con facilidad. Cuando yo salía de él, entraban grandes grupos de turistas, entre ellos, los temidos japoneses. Estoy seguro de que eso le resta encanto. Y estoy tan seguro porque lo viví en el Museo Mercedes-Benz, al que acudí nada más salir del de Porsche, y del que hablo en éste post.

Os adelanto que cometí el error de ir a los dos museos el mismo día. Hay que reservar una mañana completa (5 horas) para gozar del Museo Porsche y un día entero, sí, un día completo, para el Museo Mercedes-Benz. Ya veréis por qué.

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Viajar por Roma con una cámara de fotos

Publicado en Fotografía, Italia, Motor, Roma, Viajar el January 3rd, 2012 por diegojambrina

Fujifilm X100

Si estáis pensando en ir a Roma a pasar dos días, olvidadlo. Viajar por Roma con o sin cámara de fotos es una delicia que tenéis que degustar por mucho más tiempo. Un dato significativo: en la capital italiana hay más de 900 iglesias, y seas creyente o no, merce la pena entrar en ellas para ver y extasiarte con el arte de sus cuadros, esculturas y arquitectura. Al menos eso dicen, porque yo sólo estuve dos días sin tiempo para casi nada. Y, ahora, aquí estoy, lamentándome en público. Dos días es un pecado, creedme. Y hablando de pecado; los italianos son así, pecan durante la noche y se confiesan durante el día.

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Sé que mucha gente cuando viaja visita los museos, por eso, no voy a tener problemas en convenceros para que entréis en los Museos Vaticanos. Además, es el mayor complejo museístico del mundo y nadie se puede ir de Roma sin haber paseado por sus salas.

¿Pero por qué?

Porque está lleno de obras maravillosas. Sus salas son obras arquitectónicas en sí mismas y casi da igual si miras al suelo, a la pared, al techo o a una escultura o pintura, porque mires donde mires es fabuloso, como ésta escultura que me atrapó. ¡Cuánta tristeza! ¡Y qué barba! Además, no ocurre como en otros museos donde te persiguen como a un criminal si llevas una cámara de fotos. En los Museos Vaticanos sólo encontrarás prohibición en la Capilla Sixtina.

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Si tenéis pensado ir en invierno, es absolutamente imprescindible viajar con una cámara de fotos que tenga tolerancia al exceso de ISO. O en su defecto, cargar con un trípode de acá para allá. Yo, afortunadamente, llevé una Fijufilm X100 y pude disparar sin preocuparme de la hora. Porque la hora es una preocupación, os lo aseguro. A partir de las cuatro de la tarde, la luz va desapareciendo y un cuarto de hora después todo está a oscuras. Tened en cuenta que también cierran prácticamente todos los lugares públicos a las 16:30.

Después de esa hora toca deambular por las calles. Las mejores son las del casco viejo y las del barrio Trastevere. Este puente que se ve en la foto, del s.I ac. une los dos barrios.

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Vuelvo al Vaticano, que aún queda mucho que comentar.

Reservad un día completo para los Museos Vaticanos, y si tenéis tiempo, más de uno, o más de dos. Vamos, uno podría vivir una larga temporada allí dentro y alimentarse de arte. Hasta en los rincones, semiocultos, hay motivos que os harán disfrutar.

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De curiosidades protagonizadas por los visitantes también se puede disfrutar, claro que sí. Por ejemplo, de este personaje que entre Dalí y Chillida decide mirarme a mí. Aupa!

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El Coliseo es otro de los imprescindibles de Roma. En su día debió de ser un monumento resplandeciente, no sólo porque podía albergar 70.000 espectadores con una visión perfecta, no sólo porque hubo más de 100 días de festejos por su inauguración, no sólo porque tuvo un techo cubierto que se movía para proteger del sol a todo el populacho, ni porque hubo trampas, trampillas y pasillos por donde surgían fieras africanas y navegaban barcos no sólo por eso, sino porque su estructura estaba recubierta de mármol blanco.

Hoy no queda nada de ese mármol. El paso de los siglos, las inclemencias del tiempo, las guerras, la utilización del monumento como cantera y la contaminación han pasado factura. Y continuará la decadencia, porque mientras leéis esto se cae a cachos: El Coliseo pierde otro fragmento, rezan los titulares de los periódicos. Aunque gracias a una acción de marketing, para marzo se espera que comience la restauración del edificio patrocinada por Tod’s. Así que, ya podéis correr si no queréis verlo recubierto de andamios.

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Por cierto, 12€ cuesta la entrada. Pero bien merece la pena.

Donde también merece la pena entrar y no hay entrada que pagar es al Panteón. Otra de las maravillas de la arquitectura. Ahí eché en falta una cámara con gran angular, porque ese sitio es maravilloso en su totalidad. Pero también está lleno de detalles fantásticos, como el mármol del suelo y los orificios por donde se desagua la lluvia. ¿La lluvia? Sí, la lluvia. Bueno, no sé a qué viene tanto misterio cuando por todos es sabido que tiene un troquel en su cúpula de 9m de diámetro por donde además de dejar pasar la luz deja pasar el agua de la lluvia. Lluvia que no dejó de caer, por cierto, durante el tiempo que estuve en Roma. Lo que tal vez no sea tan conocido es que no se ha vuelto a construir una cúpula de esa magnitud; tal vez por incapacidad técnica.

Es otra de las características que hacen grande a Roma.

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Los museos son una parte importante de Roma, pero hay mucho más. Como se decía en una de mis películas favoritas, Espartaco, hay que postrarse ante Roma, porque vayas por donde vayas te encuentras con edificios construidos sobre muros del imperio, con los foros romanos a ambos lados de la carretera, con columnas romanas, sí, ya sé que es una obviedad, pero es que también hay columnas egipcias: los famosos obeliscos expoliados. También te puedes encontrar con una descomunal fuente, la Fontana di Trevi, atestada de turistas. Turistas, permítaseme decirlo, subnormales, que dejan entre todos los que participan de una estúpida superstición alrededor de 3.000€ al día en el fondo de la fuente.

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En la Fontana di Trevi también eché de menos mi gran angular. Roma es un lugar donde un objetivo como el Sigma 10-20 te saca de muchos apuros. Las calles son estrechas y los monumentos son gigantes. Aunque también te encuentras con estos pequeños monumentos al motor.

Paseando por las adoquinadas calles del barrio Trastevere puedes ver Fiat 500 en un buen estado de conservación, a pesar del paso del tiempo. Y no olvidemos que en Italia después de las mujeres los coches son lo más importante. ¿O era al revés? No sé. Contádmelo vosotras, que sé que muchas de mis fieles seguidoras habéis estado por allí.

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Cómo sacar partido del macro. Fujifilm x100

Publicado en Fotografía, Motor el November 29th, 2011 por diegojambrina


En fotografía creativa cualquier cosa está permitida; que no has sido capaz de enfocar bien y ha salido todo movido, no importa, tú dices que has querido reflejar la emoción del movimiento y listo, tienes una obra que muchos apreciarán como arte. Por eso, en ocasiones, no es tanto lo que sepas hacer con una cámara, sino cómo lo sepas vender. Pero no va a ser el caso que os muestro a continuación, no. No quiero que creáis que os enseño esta colección de fotografías porque las considere buenas fotos, ni mucho menos. Y no voy a trabajar mi imaginación de creativo publicitario para tratar de venderlas como lo que no son. Os las muestro para demostrar que en ciertas ocasiones viene bien utilizar el macro de la cámara para salvar la situación y que no está asociado el macro con la fotografía de insectos, que dicho sea de paso, ¡qué bonitos se ven los bichejos de cerca!

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El domingo pasado me tiré dos horas en la feria del vehículo clásico, de época y colección “Reto Clásica” desesperado porque no era capaz de ver por el visor un encuadre decente. Cientos de personas que entraban en el encuadre cuando no debían, que salían cuando no debían, los conos y las cuerdas que limitaban el acceso, la mala iluminación, los cromados brillantes, el suelo sucio… todo estaba en mi contra. Así que, decidí hacer uso de una de las funciones que normalmente no utilizo: el macro.

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Con mi nueva, flamante y retro, en diseño, Fujifilm x100, obtuve unas fotografías, que si bien no logran mostrar el vehículo en su total esplendor,  sí sirven para resaltar la belleza de sus formas.

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Además, el macro sirve para resaltar el color de la pintura metalizada, los brillos de los cromados y las luces y sombras de una pretenciosa iluminación.

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Bueno, a decir verdad, también usé otras funciones de la cámara, jugando con los huecos de esos maravillosos hierros y los desenfoques logrados con el f2. ¿Que qué es un f2? Pues en este caso es una fantástica apertura de objetivo, que unido al magnífico rendimiento de los ISOs altos puedo hacer fotos con poca luz, sin utilizar el flash y sin ruido.

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Porque la cámara x100 lo aguanta todo. Tiene sus pegas, pero hace unos macros muy precisos desenfocando y enfocando en cuestión de poquísimos centímetros.

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Y por si la cámara no fuera suficiente, en casa puedes jugar con los parámetros del CS5 y ocultar las vergüenzas de la foto.

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Si es que, el que no saca unas fotos resultonas es porque no quiere, ¿o no?