Viajar por Londres con una cámara de fotos (2 de 2) Qué no visitar

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Londres, Lubitel el May 1st, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100 Lubitel 166+

Londres es, aún hoy, la capital de un imperio, y como tal, tiene vergüenzas que debería ocultar. Pero en lugar de esconderlas, lo hace público y se vanagloria. Lo más evidente es el enorme y loco British Museum. Es como la cueva de Alí Babá, pero con entrada libre. Un lugar donde admirar los tesoros robados en su época de mayor esplendor colonial.


Egipto en Londres by Diego Jambrina on 500px.com

Podría ser ésta razón suficiente para no acudir al museo. Un acto de rebeldía individual estéril para la sociedad y la política y que, finalmente, no llegué a realizar. Algo de lo que yo sí me avergüenzo.

Decía que ésta era una razón más que suficiente como para no ir, pero hay otra de casi igual importancia: la gente.

Al museo acuden miles de personas al día, algo más de 6 millones al año, y al parecer acuden interesadas en el arte egipcio, griego, africano… aunque lo que realmente les interesa es comprobar la dureza de las piezas. No se contienen y golpean los bustos y los sarcófagos egipcios confirmándose a sí mismos que son tan de piedra como su sensibilidad artística e incluso como su sensibilidad como ser humano.

Y las autoridades competentes no hacen nada por evitar semejante atropello. Mi desprecio hacia ellos es aún mayor sabiendo que una de las excusas que esgrimen para no devolver lo robado es que los países dueños legítimos no poseen lugares acondicionados para proteger semejantes obras históricas.

Otro de los atractivos turísticos de Londres que no llegó a cautivarme fue Camden Town. A pesar de ello pasé una mañana completa por sus frías calles. Pero no fue por su mercado ni por sus comercios de souvenirs disfrazados de pintorescos sino por el canal que cruza su calle principal.
Un oasis de paz por el que pasear y disparar.

El mercado de Camden Town, también conocido como Historic Stables Market, es curioso por dónde está situado; antiguos establos abovedados, construidos con ladrillo caravista donde, en su día olería a caballo y hierro. Hoy, el sabor histórico de este laberinto se intuye entre la ropa colgada, zapatos, accesorios, souvenirs y carteles de comida rápida. Son los sabores de la modernidad, aderezados por las divisas extranjeras.

Me queda aún más crítica cítrica para Londres.

Oxford street es lo peor, sin duda, para el viajero hambriento y el aficionado al footing. Es imposible dar dos pasos seguidos hacia delante. Las miles y miles de personas que andan como pollos sin cabeza por sus aceras te obligan a andar en zigzag. Evitadlo siempre que podáis, que no será fácil, porque sus calles adyacentes sí son lugares apetecibles. Por ellas te puedes encontrar edificios de estilo tudor, como la sede del comercio Liberty. Una maravilla de la arquitectura.

Disfrutadlo por fuera y por dentro, porque a pesar de tratarse de una tienda sin interés alguno para un servidor, sus escaleras, suelos, paredes y decoración son dignos de una visita.

El famoso Hyde Park tampoco es algo tan imprescindible como me lo hicieron creer.

Tal vez, en verano, su atractivo sea mayor, pero ahora, en una primavera vestida de invierno el ambiente es triste. Eso sí, si os gusta la fotografía puede ser un escenario propicio para el blanco y negro con cámara de carrete de 120.

Otra cámara que llevé al viaje fue la que el propio móvil tiene incorporada. Ésta me permite hacer fotos en lugares no demasiado propicios para una cámara grande.

Ten Bells tampoco es un lugar al que acudir, bueno, a decir verdad, no era un lugar allá por 1888, el año en que Jack El Destripador tomaba unas pintas y se decidía por una desafortunada mujer. Ahora es un bonito pub sin peligro alguno, salvo el servicio, claro. Para ir hasta él, hay que bajar unas empinadas, oscuras y descuidadas escaleras.

Los servicios de Harrods es otra cosa: limpios, sin pintadas en las paredes, con una puerta de entrada y otra de salida… Pero no, no es un lugar de interés. Al fin y al cabo es un comercio, un Corte Inglés, algo más lujoso, claro, pero un comercio al fin y al cabo. Eso sí, la zona de alimentación es espectacular. La decoración y los productos que allí se exponen crean una escena genial para sacar fotos mientras los demás miran.

 

Portobello road es otra de las zonas sobrevaloradas. Intuyo que hace bastantes años éste lugar apartado de Londres, tendría interés.

Ésta calle se encuentra ubicada en Notting Hill, un barrio de pequeñas y bajas casas, en algunos casos, con fachadas pintadas de diferentes colores pastel, y podría suponer un buen lugar para alejarse de la gran ciudad. Pero hoy nadie se puede abstraer del ruido y la multitud. Los puestos callejeros están regentados por vendedores con artes de comercio asiático, es decir, son algo pesados, y el interés de lo ofertado es bastante bajo.

Si a pesar de mis consejos, decidís acercaros, pasead por las calles perpendiculares a Portobello road, porque, al menos, os encontraréis con bonitas casas de estilo victoriano.

Dejo para el final lo peor de Londres y, sin embargo, lo que más interés despierta: el cambio de guardia en el Palacio de Buckingham.

Y es que a mí el rollo militar nunca me ha gustado, aunque esté aderezado por charangas y escenografía extravagante. Pasé por allí, por si coincidía con el cambio (no sabía entonces que se hace una sola vez al día y a las 11:30), pero llegué antes. No tan antes como los cientos de personas que ya esperaban allí al espectáculo. Así que saqué la foto hacia el lado contrario hacia donde lo hacían los demás y me fui.

Después de estos dos post, el que halaga y el que desdeña Londres, me he quedado con ganas de hablar del Big Ben. Y es que tengo alguna foto de la que me siento orgulloso de mostrar. Bueno, si queréis verlas pinchad aquí. Es mi cuenta en 500px. Daros una vuelta a ver qué os parecen y me contáis.

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Viajar por Londres con una cámara de fotos (1 de 2)

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Londres, Viajar el April 14th, 2013 por diegojambrina

Fujifilm X100

Suele ser habitual que cuando aterrizas en un lugar, la primera impresión sea también la última. Pues en ésta ocasión se vuelve a confirmar. Londres es la gran ciudad que me esperaba. Cierto es que ya iba predispuesto a que me gustara; tanta gente diciéndote lo bonita, rica, alegre, amable y monumental que era, tantas películas ambientadas allí, tantas historias entorno a leyendas de la música… que no podía no gustarme.

Sin embargo, algo no cuadraba con lo esperado.

Llegué al aeropuerto de Heathrow y una hora de metro después saqué la cabeza a la superficie en una estación del Bank Side, al sur del Támesis. Lo primero con lo que me encontré fue con un frío de cojones. Puedo afirmar que el invierno más frío que he pasado en mi vida ha sido ésta primavera en Londres. Y lo siguiente con lo que me topé fue con The Shard, un edificio acabado de construir en 2012 y que pide tu atención, estés en la calle que estés. Sus 310m de altura no pasan desapercibidos.

Ésta zona es fabulosa, y dentro de unos años lo será aún más. Cuando todos los edificios de cristal se terminen de construir, los andamios dejen de entorpecer el paso de peatones y las grúas no estropeen el encuadre a los fotógrafos, el Southwark será uno de los distritos más interesantes por los que pasear.

Y no es precisamente por estos nuevos edificios, sino por su perfecta convivencia con los viejos, bajos e históricos edificios de ladrillo caravista.

Hay otros lugares interesantes en ésta zona.

Muy cerca de The Shard está el Borough Market, un mercado municipal, como su propio nombre indica, lleno de historia y pilares de metal. Que el tren pase justo por encima de sus puestos no le quita ni un ápice de encanto. Puedo imaginarme perfectamente cómo, varios años atrás, llegaban al mercado barcos procedentes de todo el mundo con sus mercancías y a la gente comprando entre pinta y pinta.

En la orilla del río también se encuentra otro de los atractivos más demandados por los turistas: el London Eye. Pero francamente, a mí me pareció de lo más aburrido de Londres, y eso que tan sólo pasé por allí. Sin embargo, la gente petrificada por el frío y por la espera parecía interesarles mucho subir. No sé, tal vez el precio, 19,20 libras, les parecía justo.

A mí me gustó más el Millennium Bridge. Sí, ya, no es una barraca, ni da vueltas, ni te permite ver Londres desde las alturas, pero es un bonito puente con unas vistas más bonitas todavía, a ras de suelo. A un lado la St Paul Cathedral y al otro el Tate Modern. Además, miles de personas cruzan sin parar de un lado a otro, turistas, trabajadores, deportistas… permitiendo disparar cada segundo tu cámara sin que se repita la fotografía.

El día de su inauguración, el 10 de junio del año 2000, cruzaron hasta 90.000 personas, tantas que tuvieron que cerrarlo dos días después para corregir el excesivo balanceo que los peatones provocaban. Hoy aún se mueve, pero, las fotos, nítidas.

Y de puente a puente tiro porque me lleva la corriente.

Bueno, a decir verdad me llevaban los pies, aunque el que quiera puede dar paseos por el Támesis. Yo no lo hice, pero no me faltaron ganas, porque aunque sea una turistada, se deben conseguir unos puntos de vista interesantes.

Yo me planté delante del Tower Bridge andando, poco a poco, parándome cada dos por tres para fotografiar uno de los puentes más legendarios, y bonitos, de todo el mundo. Al final, tanto disparar, para nada. No estoy contento con ninguna de las fotos que hice. Así que pongo ésta donde los gorros de las turistas japonesas desvían la atención.

Londres es tan grande, más de 7 millones de personas, viven, corren, trabajan, duermen, comen y beben en sus calles, que es difícil que todo te guste. Por ejemplo, el precio del transporte.

Ah, ¿qué esperabais; que iba a hablar de alguna zona de la ciudad, de algún museo…? Bueno ya llegará. No os preocupéis, tengo críticas para dar y tomar. Pero antes: el transporte.

2,40 libras por trayecto en bus. 25 libras durante los dos primeros días de metro, y eso que saqué la Oyster (una tarjeta monedero) y el presupuesto se reduce bastante. Una auténtica barbaridad, pero si estáis sólo 6 días en Londres como yo, es absolutamente necesario coger el transporte público.

Para llegar a este impresionante edificio, podéis bajaros en la estación Monument de las líneas Circle o District. Pero no creáis que el nombre de la estación hace referencia a ésta construcción. Es el nombre que recibe una columna levantada en 1677 para conmemorar el gran incendio de Londres de 1666 y el lugar exacto donde se originó, una panadería. En su día fue la construcción más alta de la ciudad con unos vertiginosos 61m, pero hoy está engullida por edificios de oficinas. Y son éstos los que captan la atención.

Éste de aquí es la sede de Berwin Leighton Paisner, un bufete de abogados con unos ingresos que superan los 240 millones de libras. No me extraña que tengan un edificio así y que el tipo ese me mire con ganas de enjuiciarme y quitarme hasta la camisa.

No vi muchos turistas por la City. Y los que vi estaban alrededor de The Monument, pero ésta zona es muy recomendable.

La historia de Londres empezó aquí, cuando los romanos, quiénes si no, levantaron un asentamiento en el año 43 d.C. Hoy es casi imposible ver algo de aquella época (aunque se puede). En su defecto, se puede disfrutar del mercado de Leadenhall. Muy frecuentado por los ejecutivos que trabajan por los alrededores. Se dejan caer para almorzar, beber algo, hacer algunas compras delicatessen y a que les limpien los zapatos. Sí, qué mejor lugar que unas galerías victorianas para encontrarnos con un empleo del pasado.

Y ahora con zapatos limpios, continuamos camino. ¿Dirección? 30 St. Mary Axe. Allí, bien erecto, está el primohermano de ese otro edificio fálico que hay en Barcelona, conocido por el pito o el pene. Aquí, los londinenses han sido más pudorosos y lo han llamado Gherkin (pepinillo). En cualquier caso, un bonito edificio.

Fue de los pocos momentos en que los rayos de sol salieron para mejorar mis fotos. Me pregunto qué tal se le dio a aquel tipo con quien me crucé y que llevaba en la mano la misma cámara que yo.

“Eih, another fujifilm guy!”

Hay lugares en Londres fabulosos, pero hay otros que no lo son tanto. Pincha aquí para ir a la segunda parte de este viaje y saber de cuáles hablo.

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