La carretera es mi destino

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Literatura, Motor, Viajar el October 7th, 2014 por diegojambrina

La carretera es mi destino, el lugar donde me siento bien, sin esperar a llegar, salir sin esperar a nada, sin esperar nada. No es ninguna sorpresa; me gusta porque no tengo contacto con la gente. En la carretera, solo nos vemos unos segundos, que pasan tan rápido que no vemos más que un movimiento. No son personas reales. No existen. Sólo son bocetos que mi imaginación esboza si se siente activa. Aunque lo habitual es que no. Se muestra vaga cuando vago por mi destino.

Es una situación de casi total libertad. Sin la tiranía del lugar de partida y sin la realidad del lugar de llegada. Aunque obligado a parar, retomo el contacto. Parar, repostar, pagar y marchar.

A veces tardo en reanudar, añadiendo más tiempo, como saboreando el trayecto.

Y saboreo mi bocadillo. Esto también es libertad. Comer un bocadillo de tortilla de patata en una área de servicio viendo al resto de personas como van y vienen. Y me siento con más ánimo. Ha sido la carretera, estoy seguro, que me renueva, me da fuerzas, y sonrío a la gente, sin saber quiénes son, ni qué piensan, ni qué hacen. Tal vez por eso les sonrío. Es el desconocimiento el que genera confianza en mí. Es desconfianza por lo conocido.

De nuevo en la carretera. Sonrío. Es mi destino.

Fotos y textos © Diego Jambrina Merino – A 50mm del mundo

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Encontró la felicidad tumbado en el sofá

Publicado en Este trabajo es mío, Literatura el July 23rd, 2014 por diegojambrina

Encontró la felicidad tumbado en el sofá. Y la sensación fue tan fuerte, que por un instante lo confundió con un deseo. ¿Puedes ser feliz conscientemente? se preguntó.

Siempre había pensado que la felicidad no se sentía en el momento, sino en el recuerdo. Siempre había creído que eran momentos pasados, que el tiempo traía la confirmación de que aquello que vivió fue un momento feliz. Pero, eso de ser y estar al mismo tiempo y en tiempo presente, lo creía absolutamente imposible.

En realidad, pensaba, es el tiempo el que crea la felicidad. ¿Acaso no recuerdas aquel peligro, aquel incómodo viaje, aquel mal entendido, aquella vez que te perdiste en la niebla sin oír nada más que tu rápida respiración como un momento feliz?

Sonrió. Lo hizo para exteriorizar su felicidad y para decirse a sí mismo, sí, es cierto, ahora mismo eres feliz.

Y tuvo la tentación de compartir aquel momento con su mujer, pero pensó, o simplemente temió, que aquella sensación se desvanecería tan rápido y con tan poco encanto como se desvanece la luz del sol al bajar de golpe la persiana. Además, ¡menuda chorrada!: Escucha, me siento feliz. Eso no es algo que se pueda decir y no parecer idiota. O mejor dicho, eso no es algo que se pueda decir. Punto. Se vive, y, viviéndolo, lo compartes. No hay otro modo.

Al día siguiente, llegó la hora del tiempo. Un recuerdo del momento en que el deseo y la realidad se abrazaron. Pero el recuerdo no vino solo. Llegó con él una reflexión, un pensamiento, una incredulidad, una búsqueda de la razón… un error.

Los momentos felices se viven y se recuerdan, pero no se analizan, porque si lo haces, se desvanecen tan rápido y con tan poco encanto como se desvanece la luz del sol al bajar de golpe la persiana.

Fin

 

Este es el segundo relato corto que publico. Si quieres leer el primero, pincha aquí. Pero te advierto, provoca una profunda depresión. 

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Leer, viajar, huir.

Publicado en Fotografía, Literatura, Viajar el March 31st, 2014 por diegojambrina

Este fin de semana he sufrido una borrachera de sinceridad, y la resaca está siendo insoportable. Los estúpidos trucos en los que creía para superarla, esta vez, no me han servido para nada. He vomitado todo lo que llevaba dentro, y, aún así, las palabras continúan perforándome el estómago. Necesito otra cosa. Necesito un libro, una película, un viaje. Necesito huir.

Aunque, por alguna razón que sospecho, esta vez voy a necesitar algo más.

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Valor e inspiración

Publicado en Literatura el May 13th, 2013 por diegojambrina

El valor es algo que se guarda para no gastarlo. Así somos los previsores o esos adultos que siendo niños se tragaron el cuento, la cigarra y la hormiga. Pero hoy, no he tenido más remedio que sacarlo, limpiarle el polvo y vestirme con él.

Hoy, me he armado de valor y publicaré mi primer relato corto.

Antes de leerlo, quiero que sepáis que estoy bajo la influencia del alcohol, pero no de cualquier alcohol, sino de un Glenfiddich de 12 años. ¿Por qué éste whisky? Porque es el que ha creado una interesante campaña a través de Blog on Brands, una plataforma que acerca las marcas a los bloggers.

Ésta campaña en concreto pide que expliquemos qué nos inspira el whisky y qué valores podemos destacar de la marca. Pues bien, a mí me inspira soledad, una ligera y fresca soledad, con un toque a turba. Pero no, no sintáis lástima por mí, la soledad es buena, al menos éste tipo de soledad. Porque hay otra, ay, amigos, hay otra que jamás quisiera tener más cerca que aquel día durante un viaje en metro.

glenfiddich

SOLEDAD URBANA

Su mirada estaba tan vacía que llegué a pensar que en aquel cochecito no había nadie, que, sencillamente, lo llevaba de paseo, vacío, para poder llenar su triste y accidentada vida con tantos buenos recuerdos como encontrara a su paso. Pero algo cayó al suelo y una pequeña mano salió para reclamarlo. Podría haber supuesto un alivio para mí. Nunca es agradable sentir esa soledad tan cerca. Prefiero que viaje en bus o, por lo menos, en la otra punta del vagón. Que yo no la vea, ni la intuya, que no me haga levantar la vista de las páginas de mi libro.

Pero no fue así.

Devolvió el juguete caído al niño. Sin caricias, sin palabras, sin una sonrisa, sin una reprimenda. Nada.

Era una madre muy joven, gorda, fea y sin esperanza. De unos 26 años. Tal vez menos, no sé. Resulta difícil adivinar la edad entre tantas capas de abatimiento. Y me resulta difícil escuchar éstas palabras, aunque hayan salido de mí: gorda, fea y sin esperanza. Pero sus ojos, su pesimismo, su soledad, habían ganado. Me dieron una gran paliza y mi habitual sentido del deber social estaba totalmente derrotado.

Empecé a sentir miedo. Me imaginé su vida, su presente, su pasado y su futuro. Y sentí miedo.

Hundía su mirada en el cochecito. En ese mismo lugar donde el niño se entretenía con su juguete caído. Y me dio la sensación de que estaba mirando el pasado, ese pasado tan claro en mi imaginación como en su recuerdo. Y estoy seguro de que no le gustaba lo que veía. No le gustaba su pasado.  No le gustaba su presente. Y, a estas alturas, su futuro no tenía ninguna importancia.

Pasaron los minutos. Pasaron las estaciones y nada cambió en su poderosa mirada. No pude volver a concentrarme en el libro que estaba leyendo. Ahora, ni siquiera me acuerdo de qué libro era. Miradas como la suya resultan hipnóticas. Consiguen hundir al que mira en la misma tristeza.

Y llegó mi estación. Y cuando salí, ahí quedó, continuando viaje.

Podría viajar años sin darse cuenta de que su parada ya había pasado de largo.

Fin

 

“Kosallu”, una historia que casi fue película y se quedó en casi una novela

Publicado en Literatura el March 13th, 2013 por diegojambrina

kosallu

Álvaro Gurrea fue un publicitario brillante y profesor de creatividad en la Universidad del País Vasco. También fue un artista frustrado, como a él le gustaba decir. Aseguraba que todos los que nos metemos en el mundo de la creatividad, sobre todo, los creativos, somos unos frustados. Una gran verdad.

En su caso, le gustaba el cine y la literatura. Curiosamente, a mí también, pero ya concretaré mis frustraciones en otro momento. Ahora, quiero hablar de Álvaro y sus inquietudes artísticas. ¿Por qué? Porque me acabo de leer su última novela, y la voy a criticar. Ahora evalúo yo al que fue mi profesor de creatividad.

Es una obra corta, de 177 páginas, titulada con el nombre de su personaje principal: “Kosallu”. Bueno, la verdad, es que no es el protagonista principal, al menos no es el único. Hay otro.

En ésta obra está Kosallu, un hombre oscuro, sin pasado conocido y temido y odiado por todo el pueblo. Y está el que cuenta la historia de Kosallu; uno de esos vecinos que muestra abiertamente su desprecio hacia él. Protagonista y antagonista. El lector decide quién es quién.

Se nota que este libro lo ha escrito un amante del cine. Los flashbacks y las voces en off le delatan. Pero también el estilo literario, que trata constantemente de hacernos imaginar las escenas, en lugar de hacernos disfrutar con el arte de la palabra. Incluso el mismo Álvaro Gurrea dudó en si hacer una película o un libro: “En su momento pensé en una historia para un cortometraje, o incluso un largo”, se sincera en ésta entrevista del blog de Elkar.

También se nota que ha sido creativo publicitario, y de los buenos, porque al final de cada capítulo nos sumerge en las aguas más venenosas que existen, las de la curiosidad. Y pasamos de página con la mayor rapidez posible para seguir leyendo y desvelar así las incógnitas que nos había planteado. Lo malo, es que las expectativas prometidas siempre son demasiado grandes y la desilusión muerde con furia el deseo del lector.

En definitiva, Álvaro, “Kosallu” era una buena historia, sí, no hay duda, pero aún te queda mucho para alcanzar la maestría que tuviste como creativo y profesor.

¡Ánimo!

Álvaro Gurrea Saavedra
“Kosallu”
Ediciones TTARTTALO
www.ttarttalo.com

El poder creativo de Charles Bukowski

Publicado en Charles Bukowski, Literatura el February 14th, 2012 por diegojambrina

Se habla de la musa o de la inspiración, de entes intangibles y románticos, como las artífices de las grandes obras creativas de todos los tiempos. Pero aquí, en este mundo, quien más ha ayudado en la creación del arte ha sido, sin duda alguna, el alcohol.

Claro que el alcohol nunca viene solo. Acompañado por una vida de perros, es capaz de sacar lo mejor de los artistas. Parece una paradoja, y de hecho lo es; el abuso de la bebida y una mala vida logra envolver al artista en un ambiente especialmente bien abonado para la creación. Así, cuanto peor es la vida de la persona, mejor es la obra del artista.

Un claro ejemplo de esto que escribo es Charles Bukowski.

charles_bukowski

Los primeros años en la vida de toda persona son los que marcarán su personalidad, y los primeros años de vida de Charles Bukowski transcurrieron en un país asolado por el paro, la pobreza y la guerra. Si sumamos un brutal acné y las palizas constantes de un padre desesperado, tenemos el perfecto coctel.

El alcohol y la literatura fueron su refugio desde muy joven. Y hasta los 73 años fueron las dos únicas cosas que no le fallaron nunca. El hipódromo fue otra constante en su vida, pero los caballos le fallaban muy a menudo como para tenerlo en cuenta.

La obra de Bukowski es grande no sólo porque despierta en la gente la pasión por la lectura, sino también la pasión por la escritura. Tiene un estilo tan claro, tan directo, tan vacío de artificios y lleno de emociones que todos nos creemos capaces de hacer lo mismo que él.

¡Pero qué equivocados estamos! ¿Acaso sufrimos como él? ¿Acaso bebemos como él?
No. Entonces ¿de qué cojones vamos a escribir?

Otro de los grandes de la literatura, Oscar Wilde, dijo que “para escribir sólo hace falta dos cosas: tener algo que decir y decirlo”. ¿Tú tienes algo que decir? ¿Yo tengo algo que decir?

No sé. Tal vez viva experiencias interesantes para contar, pero me pregunto si a las personas que me rodean les interesará que las cuente. A Charles Bukowski le importaba una mierda lo que pensaran de él.

Además, tenía el alcohol, escribía sobre él, y éste nunca se quejó.