Viajar por India con una cámara de fotos (2 de 2)

Publicado en Canon, Fotografía, India, Viajar el May 24th, 2012 por diegojambrina

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Parte I

Las tres ciudades que conforman “el triángulo de oro” de India están unidas entre sí por carreteras, vías férreas, monumentos y miseria. No quisiera insistir en esto último, porque ya hablé de ella en la Parte I de mi viaje, aunque me va a ser difícil abstraerme.

Empezaré por uno de esos preciosos monumentos que hay entre Agra y Jaipur: Fatepur Sikri.

Entre la ciudad de Agra y la ciudad fantasma de Fatepur Sikri hay algo menos de 40 kilómetros y algo más que un tranquilo viaje en bus por carretera. No recuerdo cuánto tardamos en llegar, fue bastante, pero estoy seguro de que la prudencia nos debió haber obligado a tardar aún más.

Las carreteras están en bastante mal estado y hay mucho tráfico. Coches, motos, bicicletas, personas a pie y en carromato y animales sueltos, incluidas las vacas, hacen que el chofer del autobús esté constantemente frenando, pitando y acelerando. Y si por si las distracciones de la carretera no fueran suficientes, leía y respondía a los constantes mensajes de texto del móvil. Y uno no sabía si reprimirle o felicitarle por su destreza.

Cuando llegas a Fatepur Sikri, comprendes por qué lo llaman Ciudad Fantasma. Aquello fue un intento de convertir este polvoriento pedazo de tierra en la capital del imperio mogol. Pero se quedó en eso, en intento. Porque veinte años después de comenzar, allá por 1.500, se dieron cuenta de que no era un buen lugar para vivir. Sin agua ¿quién es capaz de vivir?

Así que se fueron por donde habían venido dejando para uso exclusivo del turismo lo que habían levantado. Como esta estancia, con un impresionante pilar central de una sola pieza.

Y cuando hablo de turismo, no me refiero únicamente al turismo extranjero. Los propios indios son grandes devoradores de museos y monumentos, y, como cualquier otra persona, disfruta haciéndose fotos del tipo “yo estuve aquí”.

Fatepur Sikri by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Esta foto del pilar me recuerda que prometí daros un consejo sobre fotografía, para que evitéis así caer en el mismo error en el que caí yo.

Para todos aquellos que lleven en sus manos una reflex y crean que un filtro polarizador es el mejor invento del mundo para esos días soleados, os diré que lo mejor que podéis hacer es desenroscarlo y mandarlo a la mierda. El que yo llevaba puesto restaba muchos pasos de luz. Tantos que cuando la intensidad de la luz era menor me obligaba a bajar la velocidad de obturación y me dificultaba obtener fotografías nítidas. Y no sólo en interiores, como en este caso, sino también en plena calle, con y sin sombra. Por culpa de este error me he venido de allí con un montón de fotos que pudieron ser y se quedaron en borrones.

Además, cuanta más luz entre en vuestra cámara, sin llegar a sobreexoponer, más cantidad de información y mejor resultado obtendréis. Después, con el Camera Raw, podréis restar intensidad a la luz ganando en definición, tono, color y contraste. Recordad que es mucho mejor oscurecer que aclarar.

Y para los que eso de las reflex, la velocidad, el diafragma, los filtros y el puto raw no os importe en absoluto os pido perdón y os doy las gracias por no haber huido de aquí.

Continuemos viaje.

Después de visitar la ciudad fantasma, nos reincorporamos a la autopista y continuamos viajando camino Jaipur. Pero volvimos a parar. Y esta vez por un pinchazo.

La parada me sirvió para darme cuenta de que esas chimeneas humeantes que venía viendo desde la ventanilla del autobús eran centros de trabajo. Hornos de secado con el que dar consistencia a los ladrillos de barro. También me di cuenta de que muchos de los trabajadores de la zona eran niños para los que el pinchazo fue una distracción en sus tristes vidas.

Carretera y chimeneas by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Hay quien piensa que son felices y eso tranquiliza su conciencia occidental. La verdad, es que, sí, sonríen y te saludan con alegría, y sí, tal vez sean felices, pero ¿no serían más felices estudiando y jugando que en una fábrica de ladrillos, sin nómina, sin representación sindical, sin parada para el café, sin prevención de riesgos laborales? ¿Acaso les cambiarías tu vida por la suya? ¿Acaso te gustaría que tus hijos crecieran así?

No me hace falta la respuesta.

Niños trabajadores en Agra by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Dejamos a los niños de la carretera con su vida, y unas bolsas de patatas fritas y algún refresco de cola, y llegamos a Jaipur.

Aquí encontramos uno de los palacios más famosos de la zona: el Palacio de los Vientos o como dicen por allí Hawa Mahal. Una fachada con 953 pequeñas ventanas por las que antes miraban las mujeres del harén y ahora los turistas.

En su día se construyó para que aquellas mujeres vieran la vida de la calle sin ser vistas. Hoy en día son los turistas los que miran la calle, pero sacando la cabeza para, sí, lo habéis adivinado, ser vistos. Lo mejor es quedarse en la calle y disfrutar de la fachada, la parte más bonita de este palacio. Y si queréis sacar buenas fotos, acudid a la mañana para no encontraros con un cielo tan blanco como este.

Hawa Mahal by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Lo bueno de ir por la tarde es que, si miras justo al otro lado de la calle, encuentras un precioso cielo azul que combina a la perfección con el color rojizo de los edificios de la Ciudad Rosa de Jaipur. Además, los edificios son realmente bonitos, apesar de que su conservación es bastante deficiente.

Poco a poco, levantan andamios de bambú para reparar las casas y conseguir el ansiado Patrimonio de la Humanidad que la Unesco, parece, está pensando otorgar. Tal vez sea ésta la razón por la que las calles están patas arriba. Bueno, a decir verdad, no lo creo, porque cualquier calle de Agra, Jaipur o Dehli está patas arriba.

Turistas por Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Pero como ocurre con el Taj Mahal, del que hable en la Parte I de este post, lo que está perfectamente cuidado hasta el último detalle son los recintos arquitectónicos.

El Palacio de la Ciudad de Jaipur es sencillo pero fabuloso. Su nombre en hindi es Mubarak Mahal y se trata de un conjunto de edificios perfectamente conservados, limpios y abarrotados de gente. Sólo con paciencia, algo de zoom y unas piernas ágiles se puede sacar provecho de la visita.

Lo de las piernas era para poder seguir a mi grupo sin perderme, algo que no llegué a conseguir en todas las ocasiones, y para sacar del encuadre a personajes poco interesantes. Sí pude aislar a este trabajador, ataviado con un perfecto uniforme. Perfecto para mi composición fotográfica.

Palacio de la Ciudad by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

En Jaipur disfruté mucho paseando por la calle con mi cámara, pero en Delhi me lo pasé genial en Qutab Minar. El lugar es espectacular. No hay piedra que no esté labrada con destreza y estilo. Pero lo más interesante en este monumento musulman del s.XII era la gente.

El turismo interno se dejaba notar mucho por allí. Mirara donde mirara me encontraba a personas dignas de fotografiar. Sólo tenía que elegir un buen fondo, como aconseja el gran José B. Ruiz, y esperar a que alguien entrara en el encuadre.

Turista típico en Qutab Minar by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Y mientras yo pensaba que los indios eran dignos de fotografiar, los indios pensaban que el digno era yo.

Manteníamos un juego muy peculiar. Yo quería fotografiarles y ellos a mí; nos perseguíamos, mirábamos a otro lado para simular nuestro interés, y cuando nuestras miradas no coincidían, zas, disparo.

Rayas por aquí, rayas por alla by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

El juego era absurdo. Todos sabíamos qué estaba ocurriendo, y sólo algunos se atrevían a preguntar: ¿puedo sacarme una foto contigo? Evidentemente, quien hizo la pregunta no fui yo (la vergüenza sigue siendo una de mis taras), pero aprovechaba la ocasión para pedirles que posaran para mí.

Posado en India by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

De todas formas, prefiero los robados a los posados. Podría ser que lo prohibido resulta más atractivo, pero me inclino más por pensar que es porque en los robados hay una espontaneidad imposible de fabricar.

Y por si alguien se pregunta qué es esa torre que aparece en las tres últimas fotos, les diré que se trata del minarete de ladrillo más alto del mundo. 72,5 metros de altura. Se quiso construir otro a escasos 100 metros de allí, pero cuando llegaron a los 5 ó 6 metros de altura pararon la obra porque se acabó el presupuesto. Algo que está muy de actualidad en nuestras tierras.

Rojo como la piedra by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Imagino que alguien se habrá dado cuenta de que no he puesto ni una sola foto de templos religiosos, donde se practique la religión y no el turismo, como en Qutab Minar, y es que al contrario de lo que pensaba antes de mi viaje a India, los templos escasean. Y más aún los templos de arquitectura interesante.

Sí estuve en mezquitas, pero lo más interesante era ver a los turistas ataviados con ridículos patucos naranjas de usar y tirar, para no infringir la ley de unos y cubrir los escrúpulos de otros.

Sólo en Delhi, en el santuario sij de Gurdwara Bangla Sahib, la construcción tenía cierto interés. Tenía unas grandes cúpulas doradas que competían con las cabezas cubiertas por pañuelos naranjas (sí, esta vez no eran los pies, sino las cabezas).  A mí me seguía interesándome más la gente local y sus costumbres.

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En este templo, lo importante era la actividad religiosa. En el interior del edificio escuchaban sin descanso a un rapero, compraban ofrendas y circulaban entorno a un altar, y en el exterior se lavaban y bañaban en esta gran piscina. Allí vi la mítica estampa que me quedaba por ver: a un hombre sumergiéndose y emergiéndose una y otra vez para purificar su cuerpo y mente.

Mientras, yo me liberaba con la cámara de fotos.

Viajar por India con una cámara de fotos (1 de 2)

Publicado en Canon, Fotografía, India, Viajar el May 15th, 2012 por diegojambrina

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Parte II

El conocido “triángulo de oro” de India bien podría haberse llamado “triángulo de miseria”. Delhi, Jaipur y Agra son las tres ciudades que conforman este triángulo y las tres levantan su imagen de oro sobre pilares de mierda. Y no, no es ninguna expresión malsonante. Si digo mierda es porque la mierda se ve, se huele y se toca.

Pero no es la suciedad lo que destaca. Como decía, ésta zona al norte de India brilla por la miseria. Hay tanta, que el guía con el que compartimos viaje durante 7 días se sentía avergonzado de lo que veíamos e insistía en que en su país también existe la clase media; una gran masa de personas consumidoras que sustentan y potencian su economía hasta convertir a India en una superpotencia emergente.

Pero este guía, y todos los indios de la clase media hacia arriba, no debería sentir vergüenza, debería sentir rabia. Rabia por los millones de personas que viven de la mendicidad, por los millones de personas que duermen en la acera, en las medianas de las carreteras, con tan sólo sus enfermedades, amputaciones, deformaciones y suciedad como herramientas para obtener algunas rupias.

¡Pero cómo van a sentir rabia, si para ellos la vida que cada uno tiene es la vida que debe tener!

Aceptan todo lo que les cae. Y si lo que les cae son dos trapos y un suelo duro donde quedarse tumbado, pues con eso se quedan.

Sol y sombras en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Jaipur no es, la capital, pero casi. Es enorme. Muy extensa, pero sin rascacielos. Llena de tráfico, camiones, autobuses, coches, motos, rickshaws, carromatos, carros, gente y contaminación. Lo de cualquier capital, salvo los rickshaws, carromatos y carros, claro.

Pero aquí es de lo más normal del mundo ver un carro tirado por un dromedario. Aunque lo más habitual es la fuerza humana. Parece mentira que con esos cuerpecitos puedan pedalear. Pero pueden, claro que pueden. Además, los autobuses escolares no están hechos para estas calles. Los rickshaws son rápidos, silenciosos, se meten por cualquier rincón y con cero emisiones de CO2.

Rickshaw escolar en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Os habréis fijado que la decoración arquitectónica es aquí muy uniforme. De hecho a la parte vieja de Jaipur se la conoce como la Ciudad Rosa. Es ordenada… Perdón, perdón. No, no lo es. Es un puto caos. Lo que quería decir es que las calles están trazadas de manera ordenada: una cuadrícula perfecta, y entre ellas se pueden encontrar todos lo bazares que uno pueda imaginar. Y en cada bazar dos o tres comerciales instruidos en las más agresivas técnicas de venta. Aunque si todos fueran como yo, se arruinarían en dos días.

Yo iba a lo mío. Fotos y más fotos. Y no creáis que es difícil disparar. Es lo más sencillo del mundo. A un occidental, cualquier cosa en Jaipur le llama la atención. Incluso uno mismo es una atención. “Photo, photo”

Escolares en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Para no recibir acoso ninguno de los tenderos, no hay como salir de la zona turistica y pasear por las calles adyacentes. En Jaipur puedes torcer en una esquina y tener la sensación de haber cambiado de país. La gente deja de llamarte a gritos insistentemente. Y lo son. Muy insistentes. Si no consiguen hacerlo en inglés, cambian de idioma. “¿Español? ¿Por qué no me escuchas? ¿No te gusta hablar con nosotros? ¿Français? ¿Deutsch?

Es entonces cuando yo me convierto en el acosador. Con cámara en mano me meto hasta en la cocina. Y para muestra, un cazo.

Puesto callejero de comida en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

En Jaipur hay maravillas arquitectónicas, sí, palacios y observatorios astrológicos que resultan interesantes de visitar. Pero no será en este post donde encontréis fotos de ellos. Tras la visita a Jaipur, lo que me resulta realmente interesante de contar es lo que vi en la calle.

También me resultó interesante una visita a una cooperativa, a lo MONDRAGON, que daba trabajo a 900 personas. 900 empleados y socios de un negocio que no parecía irles mal. Y eso, a pesar de los precios de sus productos, porque no son precisamente los que se encuentran en los bazares que antes he comentado. Aquí los precios están marcados por el trabajo, la dignidad y la justicia. La justicia para el que compra y para el que vende.

Trabajando en cooperativa en Jaipur by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Y hablando de justicia, qué horror que una de las maravillas arquitectónicas de India y del mundo esté rodeada de la miseria más absoluta.

Agra es una de las ciudades más pobres del país. Aquí vive muchísima gente perteneciente a la casta más baja: a los intocables. Mil veces hemos oído hablar de ellos, pero hasta que no lo ves con tus propios ojos no te lo crees. Incluso viéndolo por tí mismo te dices que no es real. No es posible que la gente pueda vivir sobre la mierda, entre tan apestoso olor, y, además, con tal desaprobación del resto de castas. Vergonzoso.

Y entre tal cantidad de podredumbre, se levanta el Taj Mahal.

Este mausoleo es para desmayarse de belleza. Sentí lo que sintió Stendhal en Florencia. Lo juro. Sufrí el famoso síndrome de Stendhal. Las manos me temblaban. Apenas podía manejar la cámara. Me mareé y la ansiedad por no ser capaz de capturar una mínima parte de semejante preciosidad se apoderó de mí.

Tal vez los 40º de calor, el intenso sol y el recuerdo de la miseria de Agra fueron también culpables de mi estado físico, pero he estado otras veces en situaciones extremas como ésta y puedo asegurar que no sentí lo mismo.

Taj Mahal  by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Dicen que el Taj Mahal es una demostración de amor. Yo lo ampliaría diciendo que también lo es de poder y dinero. Yo también quiero a mi mujer, pero no puedo hacer semejante alarde. Y aunque pudiera, no lo haría. Tanto derroche por una sola persona, cuando hay millones que con una sola pizquita de afecto se conformarían, no puede ser.

Como veis, sentimientos enfrentados ante este edificio perfecto en su arquitectura simétrica. Y es que esas torres de los extremos están inclinadas hacia el exterior del complejo para que nuestro cerebro perciba una verticalidad, sí, perfecta.

Taj Mahal by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

El tiempo que estuve en Agra, el Taj Mahal se convirtió en una obsesión.

Tras su visita, fuimos hasta el Fuerte Rojo, situado a dos kilómetros y medio, y, aunque es un lugar digno de fotografiar, no podía más que buscar cúpulas al otro lado del río.

También es cierto que tenía la difícil tarea de traer de India una buena fotografía del Taj Mahal; un encargo de mi hermana, amante en la distancia de un país que nadie, que no haya nacido allí, podrá jamás comprender.

Taj Mahal desde el Fuerto Rojo by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

El triángulo está incompleto.

Os he hablado de Jaipur y Agra, pero aún me queda contaros lo que vi y fotografié en Dehli y, por qué no, de otros maravillosos monumentos arquitectónicos que hay en esta zona del mundo apestado de miseria.

También daré un consejo a aquellos que viajen, como yo, con una cámara de fotos. Algo que resultará fundamental para que las fotografías no pequen del mismo mal que las mías.