Ámsterdam, una ciudad monumental sin monumentos (2/2)

Publicado en Ámsterdam, Holanda, Viajar el December 23rd, 2015 por diegojambrina

PARTE 1/2 – fotografía en B&N con una Lubitel – 120

He viajado bastante por Europa, bueno, no mucho, pero sí lo suficiente para afirmar que hay decenas de lugares a los que se les llama “la pequeña Venecia”. Basta un par de canales que se crucen por el centro de la ciudad para ganarse ese sobrenombre. En realidad, lo que ocurre es que no tienen la suficiente personalidad propia para ganarse la atención del viajero, y ni mucho menos del turista, y han de buscar una etiqueta que les asocie con algo de valor.

Ámsterdam no es así. A pesar de que es lo más parecido a Venecia que he podido encontrar, nadie la llama “la pequeña Venecia”. Para empezar, no es pequeña. Es una gran urbe con más de dos millones de habitantes y muchos, pero que muchos turistas. Pero, sobre todo, tiene una personalidad invulnerable e incompartible.

Recuerdos perfilados

Basta caminar por las calles de la capital holandesa para darse cuenta de que no hay nada parecido en todo el mundo. Me siento atraído por cada rincón. Me siento atraído por cada calle, por cada plaza, cada puente, fachada, bote, bicicleta, bar, mirada… Me siento atraído por todo. Tengo la sensación de que podría estar un mes entero caminando y fotografiando sin parar y sin cansarme.

Cruce de estilos

Pero si llegara el momento, si en algún instante del viaje necesitara más, más… no sé, algo más estándar, como un buen museo, por ejemplo, hay unos cuantos a los que ir.

Está el museo de fotografía, FOAM, ubicado muy cerca del centro de la ciudad y con una buena librería donde abastecerse de clásicos y contemporáneos. Y algo más alejado, pero siempre a mano, está el Museumplein, una plaza en la que se han ubicado el Rijksmuseum, el Van Gogh Museum y el Stedelijk Museum Amsterdam, arte y diseño moderno y contemporáneo.

Movidos por el arte

Hay muchos más. Algunos seguro que merecen la pena. Y otros seguro que no, aunque las largas colas para entrar de gente quieta como muñecos de cera, parecen contradecirme.

A mí, el que me deja de piedra ante tanta belleza y sentimiento es el de Van Gogh. Podría estar todo el día encerrado en el museo, disfrutando del aire fresco de la provenza francesa y de noches estrelladas, en compañía del hada verde.

Agua pasada

Podría hablar también de los humeantes coffeeshops o del humillante y denigrante barrio rojo, del decepcionante mercado de las flores, del masificado centro de la ciudad y falto, curiosamente, de canales, pero para qué. Todo eso ya lo conocéis, si no por vivencia propia, sí por miles de imágenes e historias que hayáis podido leer o escuchar.

Yo me quedo con lo mío. Con los canales de oriente y occidente. Me quedo con los bares llenos de cultura popular y con cervecerías que elaboran tradición y renuevan tesoros históricos, como este molino. De Gooyer es uno de los seis molinos de madera que aún perviven en Ámsterdam y el molino de madera más alto de Holanda.

Iconos

Me quedo también con esas zonas inexploradas por el turismo de masas y, lamentablemente, por mí, porque tres días de invierno en una ciudad así no son nada.

Me quedo con todas esas calles que quedaron sin pisar y con el extrarradio y la zona portuaria, de la que tan bien he oído hablar por los amantes de la arquitectura contemporánea.

Ámsterdam, volveré.

Hot El

Color local

Puentes tendidos

Brug

Strangers in the night

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Ámsterdam, una ciudad monumental sin monumentos (1/2)

Publicado en Ámsterdam, Fotografía, Holanda, Lomografía, Lubitel, Viajar el December 20th, 2015 por diegojambrina

PARTE 2/2 – fotografía en color con una Fujifilm X100

Asia, África, Centroamérica y Sudamérica… lugares lejanos en el espacio que nos hacen sentir viajar en el tiempo. Esa es la razón por la que viajamos hasta allí. Pero a dos horas y media de vuelo, tenemos ciudades que parecen transportarnos a otro mundo. Un mundo donde lo privado y lo público se separa por una ventana sin cortinas. Un mundo donde hay gente que vive en casas flotantes, donde el coche no sirve y la bicicleta se transforma de objeto de recreo en principal medio de transporte.

Estoy hablando de Ámsterdam.

Hábitat de Diego Jambrina en 500px.com

 

Doblemente bonito de Diego Jambrina en 500px.com

Tres días en una ciudad sin monumentos destacables parecen demasiados días.
No hay torres Eiffel, ni puertas de Brandenburgo, ni museos Guggenheim, pero Ámsterdam no necesita nada de eso.

A la capital de los Países Bajos, le basta y le sobra con sus canales, edificios centenarios e inclinados. Le basta con sus tiendas de souvenir con sabor a queso, con sus bicicletas, cerveceras y bares con amplia carta local. Le basta con sus pequeños puentes de piedra y con los puentes levadizos, que tanto recuerdan a Van Gogh. Le basta con el frío que tersa la piel y con recorridos a pie, guiados por el desconcierto de miles de calles que se cruzan en el camino.

En Ámsterdam, basta con estar ahí.

Mujer de Diego Jambrina en 500px.com

 

Rodar por el agua de Diego Jambrina en 500px.com

Molen de Diego Jambrina en 500px.com

 

Estructura dura y móvil de Diego Jambrina en 500px.com

Movilidad eterna de Diego Jambrina en 500px.com

 

Suave navegación de Diego Jambrina en 500px.com

 

Movilidad eterna de Diego Jambrina en 500px.com

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