A medio camino

Publicado en Francia, Fujifilm X-Pro2, Viajar el June 17th, 2019 por diegojambrina

A veces me siento feliz cuando estoy a medio camino. Lo normal es que no lo sea. Ser sin estar en ningún sitio solo me provoca tristeza. No soy ni de allí ni de aquí. No estoy ni con unos ni con otros. Y aunque yo sea conocido por todos, para mí todos resultan extraños. Vamos, una sensación de mierda.

Sin embargo, hay un lugar a medio camino en el que me siento feliz.

Son lugares que significan mucho para mí, porque están a medio camino entre lo que ocurrió y lo que ocurrirá. Y eso es maravilloso.

Por un lado, está lo que ocurrió. Que ocurriera algo ya es motivo de celebración. Y por otro lado está lo que ocurrirá. No importa el qué. Lo importante es que algo va a pasar.

Sí, en las áreas de descanso de las autopistas de todo el mundo, me siento feliz .

Es como una inspiración, como un instante de lucidez, como la confirmación de que estoy viajando. Y viajar es vivir.

En línea con la naturaleza

Durante mi último viaje por carretera, tuve esta sensación. Supongo que el movimiento indica que no estas muerto. Si no te mueves, aunque te peguen con un palo en el ojo, es que estás muerto. Movimiento es vida.

Arranqué desde mi casa, en Getxo, hasta Berlín. Por el camino paré. Dos lugares con nombre, donde hice noche, y muchas áreas de descanso.

Como de las últimas ya he hablado, me toca decir algo de las primeras.

La primera parada fue en una ciudad francesa llamada Blois. A 180 kilómetros al sur de París. Una ciudad a orillas del Loira donde todo quedó destruido por la mano del hombre durante la II Guerra Mundial.

Horizontes cercanos

Y, por supuesto, todo se reconstruyó, también por la mano del hombre, hasta la próxima ocasión.

Se hizo con rapidez y respetando el estilo arquitectónico pasado. Parece que cuando uno pierde algo de manera abrupta y violenta no se aprovecha para crear nada nuevo. Existe un apego por lo perdido tremendamente arraigado. Es como si pretendieras que nada hubiera ocurrido.

Así, uno se puede encontrar con una catedral por aquí, unos edificios de inclinados tejados y erectas chimeneas por allá, un árbol obligado a crecer hacia arriba, unas vidrieras de colores… Lo normal.

Los caminos de dios están señalizados
Nadie es nada sin la luz
Verde árbol
Pisado por la luz

Releo lo que escribo y me doy cuenta de que parece que Blois no merece un alto en el camino. En realidad, sí, lo merece, pero un alto nada más, si te pilla de paso, camino a Berlín, por ejemplo.

Además tiene un bar con cerveza artesana y eso lo sitúa en el mapa. No me mires así, me gusta la cerveza hecha con cariño, ¡qué le voy a hacer!

Mira quien baja

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Berlín vive

Publicado en Alemania, Berlín, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el May 17th, 2019 por diegojambrina

Una parte de mí se quedó en Berlín. La otra se fue con la sensación de que si algún día volviera y se encontrara en cualquier calle de la ciudad con la parte que se quedó, no la reconocería.

Tengo pruebas físicas que demuestran que esta sensación no es producto de mi imaginación. Es visible, palpable, numerable… Es muy real. Cada fotografía tomada es la constatación absoluta de mi transformación.

Son como un espejo donde me reconozco cada vez que las miro. Son como las campanadas que gritan el cambio de año. Como un feliz cumpleaños cada 20 de octubre.

Los lugares a los que vuelvo también cambian. Berlín ha cambiado. No estoy solo en este proceso.

Hoy, es más elegante, formal, ordenada y, hasta cierto punto, es más engreída. A veces pienso que me mira con desdén y se acerca con sigilo por la espalda para susurrarme al oído que no estoy a su altura.

La desprecio por eso.

Otras veces, la siento cercana, amable, despreocupada, con el pelo revuelto. Y veo que me sonríe con complicidad. Me dan ganas de abrazarla con fuerza y no soltarla nunca.

Nunca.

Soñando
Dentro de mí

Muros de cristal

Vida interior

Bloques de color
Pantalla

Ayuda
Incursión
Azul protector
Sombras río abajo

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Viajevic

Publicado en Croacia, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Uncategorized, Viajar, Vídeo el February 3rd, 2019 por diegojambrina

Un viaje en moto de ida y vuelta desde Bilbao a Dubrovnik. 

Hace unos pocos días leí que andar en moto sirve de terapia; una manera de dejar atrás el estrés acumulado en el día a día. No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación.

Y si sólo dar una vuelta en una mañana soleada de domingo ya relaja, imaginaos un viaje de cuatro semanas por los países de los Balcanes.

Si, además de imaginarlo, queréis verlo, dadle al play.

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Ciudad de luces y sombras

Publicado en Córdoba, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el January 17th, 2019 por diegojambrina

El miedo al inmenso cielo azul paraliza los sueños de volar de cualquier nube y permite que tus propios sueños alcancen sin obstáculos una altura jamás lograda. Así me sentí en la ciudad de Córdoba durante dos días de intensa luz.

Cegado por la aparición de sombras en cada calle, tomaba fotografías de rincones, puertas, fachadas y, también, de verdades fingidas creadas por ventanales caprichosos.

Un mundo no demasiado real tal vez, aún no lo sé, y no creo que lo llegue a saber jamás, en el que viví durante esos dos días en Córdoba.

Una ventana al mundo

Churros a la romana

En realidad, fueron cuatro días de estancia en la ciudad, pero durante las jornadas de cielo cubierto, mi entusiasmo se tornó gris y mis fotos ausentes. Aquel tiempo parece no contar.

A mí me interesaba la luz y los frutos de la luz. Las sombras y las siluetas me absorbían con la fuerza de un agujero negro.

Sombras del pasado

Son las ventajas de una ciudad bañada por el sur y de un casco antiguo de arquitectura tradicional, no tanto por su forma como por su piel blanquecina, perfectamente tersa a pesar del paso de los años.

La escasa altura de los edificios, también invita a que el sol se quede hasta bien entrada la tarde. Un lujo de esos que no hay que pagar y del que todo el mundo disfruta por igual, sobre todo en invierno. En verano, supongo que la historia será muy distinta. Habrá tantos miles de paraguas como japoneses ocultándose de los rayos del sol. Tantos pañuelos en la cabeza como musulmanas de ojos rasgados. Tantas pamelas y viseras como alemanes, franceses, ingleses y demás turistas extranjeros. Porque turistas habrá, y habrá muchos más de los que yo me encontré en noviembre.

El resplandor de la nada

La sombra del turismo

También me deslumbró la vida compartida entre dos culturas. Una sorpresa maravillosa, más en estos tiempos de odio y confrontación, aunque bien pensado, ¿qué tiempos se han librado de confrontaciones y odio?

Todo es normal en Córdoba. Los restaurantes de tapas, cazuelas, finos y vinos se alternan con los de humus, falafel y té. La gente de rasgos rudos andaluces dan los buenos días a la gente de finas líneas árabes. El castellano y la lengua árabe conviven en las calles, en los restaurantes e, incluso, en una misma mesa.

Las culturas y las personas viven entrelazadas como los adornos labrados en las paredes de la gran mezquita; un edificio que no es solo un espacio religioso, sino que es un símbolo de coexistencia.

Arte que estás en los cielos

Y por si fuera poco, Córdoba ofrece aún más.

En cada esquina hay herencias romanas que actúan de ornamento y de sustento. Preciosas columnas que mantienen en pie las viejas casas cordobesas. Es bonito verlas desnudas y libres de ladrillo, arena y cal, pero es triste saber que fueron arrancadas de estructuras descomunales como teatros, anfiteatros y otros edificios que un día ocuparon esta zona de Iberia.

Además, me encontré con arte callejero del que te detiene y te hace mirar y pensar como si estuvieras en un museo. Fantástico derroche de generosidad e imaginación la del autor o autora que dedicó su tiempo a convertir una blanca pared anodina en una galería atractiva.

Fondo romano

En línea

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Protected: En otra parte

Publicado en Este trabajo es mío, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Literatura, Muy personal el November 28th, 2018 por diegojambrina

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Génova, ciudad infinita

Publicado en Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Italia, Viajar el November 13th, 2018 por diegojambrina

Una vez, miré por la ventada del avión y vi una enorme explanada surcada por caminos de agua resplandeciente. Me quedé hipnotizado por la enorme capacidad artística de la naturaleza. ¡Cuánta belleza abstracta! Cuando desperté de aquel ensimismamiento, me pregunté por lo qué estaba viendo. Y tras comprobar en la pantalla la ruta del vuelo, me di cuenta de que era la desembocadura del Nilo.

Fue la primera vez que vi África. Mi primera impresión del gran continente. Y pensé que si a 10.000 metros de altura, moviéndome a 800 km/h me emocionaba de aquella manera, cuando por fin pisara aquella tierra, seguro que mi corazón me haría levitar dos palmos del suelo.

Aún no he cumplido ese sueño, uno de mis grandes sueños viajeros, pero hace unos meses pasé tres días y dos noches en Génova, Italia.

Génova, ciudad abierta

Una de las características que más me gusta de Génova es la diversidad cultural que hay en sus calles. Además, su casco antiguo, donde la luz a duras penas alcanza el suelo, me hicieron recordar a aquella ciudad recogida en el libro de Txelu Angoitia, “El sueño de Tanger”.

Paseando por esta ciudad en vertical puedo asegurar que es lo más cerca que he estado de África.

Hotel

Pero, ¡qué sé yo de África! Sólo sé que mis deseos me llevan a vivir experiencias que dudo haya vivido en realidad.

Y con el paso del tiempo, la memoria también distorsiona esa realidad, y hoy, meses después de mi paso por Génova, pienso que tal vez no fue tan negra como yo hubiera querido.

Lo que sí puedo asegurar, sin miedo a que la memoria me engañe, es que esta ciudad del norte de Italia es una ciudad infinita.

Ciudad infinita

Podría estar caminando un mes entero y cada día marcar una retorcida línea diferente.

Podría estar horas buscando una esquina iluminada por el sol sin encontrarla y, aún así, sentirme satisfecho.

Podría estar horas fotografiando la luz sin importarme qué ilumina.

Podría ser feliz en un territorio donde los letreros de neón no son capaces de encontrar su camino entre tanta oscuridad.

Sombras perdidas en el tiempo

BAR

Hoteles verdes

Luz divina

Sin luz propia

10 metros

Palabras en el aire

Localizado

Piedras clientes

Ríos de vida

Tiempo perdido

Escalera a la luz

El sol

Música en la sombra

Cuando un edifício te sonríe

Oculto a la luz del día

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Ver para creer

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 20th, 2018 por diegojambrina

Una de las realidades que más me gusta ver cuando salgo de la España cristiana, apostólica, romana y laica es el uso que se dan a las iglesias. Me encanta encontrarme con estas construcciones llenas de turistas y vacías de feligreses. Me encanta que se hayan convertido en pinacotecas y galerías de arte escultórico y que podamos admirar, en algunos casos, buenos ejemplos de ingenio arquitectónico y, en otros, sacrilegios inconcebibles en nuestra era, como, por ejemplo, la utilización de columnas y capiteles romanos como base de los muros de la Iglesia de San Donato, en Zadar.

Imperio caído

Pero hay una realidad que todavía me gusta más. Me vuelve loco encontrar una librería, o un mercado gastronómico, o una sala de conciertos de rock dentro de un recinto otrora religioso. Me encanta que se le dé un buen uso a espacios vacíos.

Lo malo de estas realidades es que solo las he visto en Europa. Tanto en América como en Asia, los recintos religiosos construidos siglos atrás se siguen utilizando hoy para el ensalzamiento de uno o varios seres imaginarios y la implantación del miedo y la resignación entre la población.

Y hasta mi último viaje, pensé que Europa entera estaba viviendo esta bonita realidad, este gran avance social. Pero no.

En el lado oscuro de la vida

En Croacia, la gente sigue acudiendo en masa o, como les gusta decir a ellos mismos, en rebaño a las iglesias. Es tal la aceptación y el poder de convocatoria del señor cura que se completa el aforo y más aún.

La gente se queda de pie en el quicio de la puerta y más atrás todavía, en total silencio y respeto por lo que se cuenta desde dentro. Y que haya altavoces en las puertas dirigidos hacia el exterior, me lleva a pensar que esto no es algo esporádico.

Descubrí esta pasión en Zagreb. Sentado en una terraza, saboreando una cerveza artesana croata, fui testigo de cómo iban llegando más y más personas a la iglesia de enfrente, hasta tal punto que ya no entraban más y se quedaban fuera, de pie. Tuve que levantarme, acercarme, ponerme de puntillas y mirar al interior para ver con asombro que lo que allí les había congregado era la misa de las 7. Ver para creer.

Like a the Rolling Stones

Fans del señor

Aquel fue el primer contacto con una sociedad ultracreyente. Y luego vinieron más.

Citando a un conocido líder y mártir por la libertad de sus semejantes, yo he visto cosas que vosotros no creeríais.

He visto desaparecer a la dueña de un pequeño hotel, porque llegaba tarde a la misa de 11. He visto menguar un taco de hojas bien impresas en papel de gran calidad con el retrato de un cura, obispo o similar al paso de turistas creyentes. Confesiones, no sólo a la vista de dios, sino de todas las personas que paseábamos por la iglesia. Misas a las 9 de la noche. Grupos de jóvenes chavales acompañados de cuarentones con sotana. He visto mujeres en la playa leyendo estampitas…

He visto una Europa, pensé, desaparecida. Y me temo que esta experiencia me ha servido como calentamiento o preparación para mi siguiente destino europeo. Aunque deseo, con todas mis fuerzas, equivocarme.

Superstar

Estrella del cristorock

El fantástio mundo del entretenimiento

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Viaje interior

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 17th, 2018 por diegojambrina

Tengo cierta sensación de vergüenza cuando alguien me dice que mis fotografías reflejan, más que un recorrido por un lugar, un viaje interior. Me parece una cursilada y un concepto que, de tanto uso, ha perdido todo su valor original. De todas formas, creo que no les falta razón.

Así que, me he puesto manos a la obra y he hecho este post precisamente de un viaje interior, aunque el interior no es el mío, sino el de Croacia.

Croacia es más que una bonita costa. Tiene un territorio de interior muy atractivo, no solo por su belleza natural, sino también por su arquitectura y por su vida social. Además, tras veinte años del final de la guerra, aún quedan cicatrices visibles que nos recuerdan los conflictos bélicos que se produjeron aquí. No es que sea motivo turístico de por sí, pero si hablamos de emociones, resulta muy emotivo encontrarse con edificios enteros aún agujereados por balas y morteros. Sobre todo, porque fue un guerra televisada en todo el mundo y el impacto fue tremendo, aunque son sólo los habitantes de estas tierras los que lo vivieron con todo el horror.

Pienso que cada agujero en la pared es un tiro errado y una oportunidad más para vivir.

Un ventana al pasado

Aquí, la gente quiere vivir en paz, pero no quiere olvidar. El olvido no puede ser compañero de viaje de nadie. Sin recuerdos no somos más que presente, y el presente no existe sin la realidad del pasado ni la ilusión del futuro.

Por tanto, encuentro absolutamente necesario mantener los recuerdos ensangrentados, siempre y cuando estos no generen odio.

Recuerdo ensangrentado

Es terrible la historia de Croacia y los demás países balcánicos. Han estado casi toda su historia subyugados por fuerzas extranjeras y han padecido constantes guerras.

Griegos, romanos, venecianos, austrohúngaros, italianos… han dominado estas tierras y dejado también un importante legado cultural. Es curiosa esta sensación de rechazo por una invasión y agradecimiento por todo lo bueno que supuso. Me acuerdo ahora de una escena de La vida de Brian, en la que se reflejaba ese odio al invasor, pero también el reconocimiento por la escuela pública, el alcantarillado, las carreteras… Aquí tenéis el enlace.

De todas formas, es innegable que los conflictos bélicos recientes, han sido, sin duda, consecuencia de esas invasiones e intereses por dominar esta parte del mundo.

En Sarajevo, capital de Bosnia i Herzegovina, uno de los puntos de interés es el llamado puente latino, donde se asesinó a un archiduque como excusa para comenzar la I Guerra Mundial. En Zagreb, capital de Croacia, quedan estructuras subterráneas excavadas para refugiarse de los bombardeos durante la II Guerra Mundial. Hoy, se utilizan como calles peatonales para cruzar de un lugar a otro de la ciudad y como atractivo turístico.

Camino al pasado

Esquivando la muerte

Hoy, parece que todo sigue su curso, y se puede disfrutar en paz de un país donde para encontrar una playa de arena es necesario adentrarse en el interior del territorio.

Por cierto, la mejor compra que un turista puede hacer en Croacia es un buen par de escarpines. Con ellos se puede llegar de la toalla al agua sin hincarse a cada paso las rocas o púas de erizos. Pero no serán necesarios en una de las pocas playas de arena del país, que curiosamente está en Vukovar, un pueblo a orillas del río Danubio.

Me emociona solo pensar que me bañé en un río con tanto encanto histórico como el Danubio. Es casi como la ría de Bilbao. Casi.

Nada nuevo bajo el sol

Otro lugar que me pareció interesante fue Varaždin, a poco más de 80 Km de distancia de Zagreb, pero a mil kilómetros del bullicio turístico. Pasear por sus tranquilas calles y admirar la arquitectura austrohúngara es todo un placer, y chapurrear en alemán con amables fruteras, también. Desde aquí te vuelvo a dar las gracias por el regalo que nos hiciste: Danke schön, Fräulein!

El transporte del pasado y del futuro

Subidas y bajadas

Y vuelvo a Zagreb para reivindicar la capital como destino turístico, porque aunque no tiene mar, tiene historia, ambiente, locales de cerveza artesana y bonitos atardeceres, de esos que inundan los muros en instagram.

Dios y el diablo

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Sal, sol y sueños de plástico

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 13th, 2018 por diegojambrina

La sal, esa sustancia que logra dar vida a una ensalada de tomate y pepino, es la culpable de que en el lado oriental de las islas del norte de Croacia no exista vida alguna. El viento de levante se carga de sal al acariciar las aguas del Adriático y la descarga sin compasión a lo largo de la ladera. Probablemente, serán los únicos kilómetros no invadidos por el turismo. Pero mejor hablo de otro tema, que ya me desahogué suficientemente en mi primer post (o al menos eso creo).

Muerte entre las rocas

Estas tres islas del norte de Croacia (Rab, Krk y Cres) son los destinos menos frecuentados por el turismo. Dubrovnik, Split y las islas del sur del país se llevan casi toda la atención internacional. Esto no quiere decir que no haya gente por el norte, pero la hay en menos cantidad y se limita a alemanes, húngaros, algún francés e italiano y, sobre todo, croatas.

Son por tanto, lugares donde poder disfrutar tranquilamente de una naturaleza generosa, siempre y cuando no se te cruce algún niño por delante.

Con niños no hay paraíso

Los niños son, sin duda, uno de los grandes inconvenientes para el viajero solitario. Son ruidosos, salpican, te lanzan la pelotita con la que juegan a waterpolo una y otra vez y son incansables.

Quienes sí se cansan son los que estamos alrededor y los que trabajan las 24 horas del día para su entero disfrute. Y no me refiero a los padres, estos parece que se han declarado en huelga y no actúan como lo que son. Me refiero a los patos hinchables, desesperados como lo pueda estar yo y con los mismos sueños de plástico, siempre en peligro de que se desinflen.

Sueños de plástico

La vida

Pero no me hagáis mucho caso. En realidad, tampoco es para tanto, y, además, al no ser spanish boys, suelen ser más tranquilos y temerosos ante una mirada ensayada de odio y destrucción.

Y bien mirado, hasta me vienen bien para mis propósitos fotográficos.

La vida es verde

Eterna juventud

Volviendo a las islas, tengo que decir que me ha sorprendido mucho la temperatura y la calidad del agua. Cristalina, con visibilidad más allá de los cinco metros de profundidad, y lo suficientemente fresca como para que la primera vez te cueste un poquito entrar, pero lo suficientemente caliente para nadar, bucear y hacerse el muerto tanto tiempo como se desee.

Y puestos a desear, me hubiera quedado allí hasta la eternidad, mirando con ojos hipnotizados la joya que es el Adriático.

Piedras preciosas

Enemigo del estrés

Como pelícano en el agua

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Croacia no importa

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 9th, 2018 por diegojambrina

Tras mi vuelta de vacaciones, suelo escribir un post rápido y corto sobre mis primeras impresiones. Esos pensamientos ligeros de contención moral, social y convencionalista son, por norma, bastante más cercanos a la realidad que los recuerdos forjados a base de tiempo y deseo. En esta ocasión, me cuesta dejar por escrito lo que pasa por mi mente, porque no hace referencia al lugar, sino a la gente que lo ocupaba.

Tengo la certeza de que no puedo hablar de Croacia en particular más que de las personas con las que he compartido el país, o, para ser más exactos, más que de la cantidad de personas con la que he compartido el país.

Compartir debería ser una bonita actividad, pero cuando se hace con miles y miles y miles de personas, la esencia original se diluye tanto que da como resultado una sustancia homeopática completamente estéril.

Ésta sensación la he vivido demasiadas veces durante mi viaje por Croacia. Dubrovnik, Split, el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice y el Parque Nacional Krka han sido trampas de las que a duras penas pude escapar. De hecho, varias semanas después, aún tengo la sensación de estar esperando a que la caravana de turistas se mueva para poder continuar por la plataforma de madera.

Corriente de gente

Ante esta situación de turismo carnívoro, me pregunto cuánto tengo yo de culpa. No dejo de pensar que yo también soy un turista, que soy una pata donde se asienta la industria o un pié más del milpiés que se desliza sin descanso por las calles, plazas, playas y parques naturales.

No tengo respuesta, ni tengo solución, ni tengo esperanza. Pero sí tengo la convicción de que el próximo destino será elegido por ser un destino poco elegido.

Invasión por la puerta principal

Croacialand

Tráfico en el paraíso

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