Cuba está sobrevalorada

Publicado en Cuba, Viajar el October 12th, 2017 por diegojambrina

Me ha parecido un bonito título para abrir un post sobre un país tan lleno de vida como vacío de atractivos naturales. No quiero ser cruel, pero Cuba no es un lugar para quedarte asombrado por su naturaleza o su arquitectura.

Puede sonar demasiado categórico y tal vez hasta fuera de la realidad, pero las sensaciones que yo como viajero tuve fueron esas.

Es cierto que hay construcciones en Cuba maravillosas; en La Habana y, especialmente, en Trinidad la arquitectura colonial es preciosa y está perfectamente cuidada. Pero hay otros lugares con nombre y admiración, sobre todo por los propios cubanos, que cuesta reconocer como lugares de interés. El título del post va por ellos.

El pasado año viajé por Noruega y era tan fácil encontrar rincones de naturaleza espectacular como difícil ha sido este año en Cuba dar con un lugar que impresionara por su belleza, por su carga emocional, por su impacto en el ánimo de quien mira.

Yo, lo más grande de este mundo

Colores caribeños

Me dijeron que Baracoa era un lugar precioso. Me dijeron que Santiago de Cuba era más interesante que La Habana. Me dijeron que Ciego de Ávila era un tesoro colonial. Me dijeron que las playas de Guardalavaca eran paraísos. Me dijeron tanto que he dudado hasta de mis propias impresiones. Pero ahora, desde la distancia que proporciona el tiempo, tengo muy claro que Cuba no es lo que me dijeron.

Si tuviera que destacar tres lugares bonitos de la isla, pero bonitos de verdad, no tardaría en responder: La Habana, Trinidad y Viñales y sus alrededores. Aquí están los verdaderos tesoros naturales y arquitectónicos del país.

Resistencia

Escapando de una sombra para caer en otra

No puedo hablar de los famosos cayos, porque no me acerqué a ellos. Ni Varadero ni cayo Coco, pero teniendo en cuenta que el primero es un artificio turístico y el segundo un destino con más canadienses que cocos, ni falta que me hace.

De todas formas, como dije en el segundo post sobre mi viaje, solemos dar demasiada importancia a la arquitectura y naturaleza. Parece que son los dos valores claves para determinar si un país merece o no nuestra visita, y, la verdad es que en este viaje (como ya me pasara en Guatemala), he disfrutado mucho con otros valores.

Para mí, lo mejor de Cuba son los cubanos, aunque, en ocasiones, lo peor de Cuba son los cubanos.

Nada en juego

El ron de Cuba

He disfrutado mucho hablando con ellos. El tema casi es lo de menos. Lo importante es la claridad de ideas que tienen, la pasión con la que hablan de la familia, de la música, de su país (aunque ahí se pasan dos pueblos, como ya he dicho), las ganas que tienen por conocer cómo se vive en tu lugar de origen… Me encanta las caras que ponen cuando les dices que aquí quienes nos gobiernan son los bancos, las grandes empresas energéticas, las farmacéuticas… empresas a las que nadie ha dado su voto. Me encantan las disertaciones que nacen en un bar, en torno a una cerveza y con salsa como banda sonora. Por ejemplo, ¿por qué nos cuesta tanto entendernos entre la gente del norte y la del sur de la península? Hablamos el mismo idioma y, sin embargo, parecen distintos. ¿Por qué? Parece una tontería, pero esto dio para mucho. Mucho de conquistas, de invasiones, de clima…

Me ha gustado estar con ellos, mano a mano, hablando de la vida.

Mano a mano. Grano a grano.

Tiempo

Decía también que en ocasiones lo peor de Cuba son los cubanos, y es que es un país con una gran cantidad de funcionarios, y esa condición parece que les habilita a enterrarte en burocracia y espera infinita. Los que no lo son también les sufren, no es algo que sólo sientan los foráneos.

Y luego está el ron. El licor que más exportan, aunque no lo suficiente, porque en Cuba se bebe mucho y se bebe a cualquier hora y en cualquier lugar.

La playa es uno de los lugares favoritos para pasar el día. Llegan a las diez de la mañana con toda la familia (abuelos, padres, tíos, hijos y sobrinos), abren los paraguas, encienden la música, cogen las botellas y se meten a charlar y beber en el pacífico y cálido mar. Y todo esto, francamente, yo no lo llevaba demasiado bien. Para mí la playa es un lugar de relax. Un lugar para tumbarse y escuchar cómo le susurra el mar a la tierra. Un lugar para nadar en la nada más absoluta. Así me había imaginado yo las largas playas de Cuba. Pero los gritos de los niños, los gritos de los adultos, las latas de cerveza vacías, las botellas muertas en la arena, los platos de plástico, las bolsas enredadas en los arbustos y el “Despacito” y el “Súbeme la radio” a todo volumen acabó, en muchas ocasiones, con todo el placer de un día de playa.

Pero bueno, así son ellos.

Levando anclas

Otra de las características que también les definen es la religión católica. Para ser un país comunista, son extremadamente religiosos y, creo, conviven con contradicciones sin que se den cuenta.

Me llamó mucho la atención que en Baracoa, el lugar de Cuba en el que Cristobal Colón pisó tierra en su primer viaje, hubiera una estatua en memoria de Hatuey. Este líder autóctono fue quemado vivo en la hoguera por no querer convertirse al cristianismo. Se convirtió así en el primer mártir cubano. Lo curioso es que cientos de años después, sus compatriotas (la mayoría descendientes de españoles y esclavos africanos), le erigen una estatua y la colocan frente a la catedral. Y para más INRI, es la catedral en la que se conserva la única cruz de madera superviviente de las que llevó Colón. Me parece una putada a su memoria y una de esas grandes contradicciones que viven en los cubanos, y, por qué no decirlo, en todo el mundo.

Aquí está, manteniendo un enfrentamiento eterno.

Por cierto, Colón también tiene su estatua en la misma ciudad.

Enfrentamiento eterno

Tierra a la vista

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Por Cuba a todo gas (Cuba 2/?)

Publicado en Cuba, Motor, Viajar el September 28th, 2017 por diegojambrina

Antes incluso de marcharme a Cuba sabía que no iba a escribir un post como el que estáis leyendo. Me decía a mí mismo: Diego, en A 50mm del mundo no hay lugar para fotos con los típicos coches cubanos. Estando ya allí, y haciendo fotos a los típicos coches cubanos, me decía: Diego, puedes hacer fotos a los típicos coches cubanos, pero ten claro que al blog no entran. De regreso, en el avión, y haciendo un repaso a las fotos tomadas, me decía: Diego, aquí hay muchas fotos con los típicos coches cubanos, ¡pero qué cojones has estado haciendo! Y pasado ya un mes desde mi regreso, estoy haciendo un post con los típicos coches cubanos.

Bueno, ¿y por qué no? Son tan bonitos, tan estéticos, tan de otra época, tan imposibles de encontrar en cualquier otro lugar del mundo, que por qué no. Además, Cuba es así, por mucho que algunos cubanos quieran ver otra realidad distinta y algunos fotógrafos queramos tomar una Cuba nunca antes fotografiada.

Yo la verdad es que estaba encantado. Me apasiona el mundo del motor. Me fascinan los clásicos. Y cuando los miro, no solo veo un coche con 60 o 70 años. Veo el trabajo bien hecho de quien los fabricó, veo al dueño saliendo del concesionario con un sombreo de ala corta en la cabeza y un 0 en el cuentakilómetros. Veo las carreteras sin asfaltar por las que empezaron a circular. Veo los huracanes que han soportado. Veo la revolución. Veo la necesidad de mucha gente por mantenerlos en marcha. Veo el ingenio de quien los mantiene. Veo tantas cosas, que no es un simple y típico coche cubano.

Y vosotros ¿qué véis?

Azul cielo

Azul

Los protas

La revolución, inmutable

A la sombra

Amigos de lo azul

Camino a casa

Cierro los ojos y veo el verde

Abanico de verdes

Otros vientos

Calzada romana en América

Animales de la selva

Todo concuerda

Todos los coches son pardos

Huele a pasado

Mañana volverá a salir el sol

Iconos inmutables en un mundo mutable

Rococó

El pasado en pie

Flat iron building?

Con vistas al color

Revolución rosa

Esperanza

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La Cuba que casi no llegué a ver

Publicado en Cuba, Fotografía, Viajar el September 7th, 2017 por diegojambrina

Mi último día en La Habana, entré en un local donde había antigüedades: carteles y revistas revolucionarias, discos de vinilo, cámaras fotográficas de carrete, relojes de bolsillo, botes oxidados de líquido Kodak para revelar… no sé, un sinfín de cosas inertes que te hacen sentir muy vivo. Pero lo que más me gustó fueron unas fotografías de diferentes autores contemporáneos sobre la vida de hoy en la ciudad. Fue verlas y pensar en lo mal que había aprovechado mi estancia allí.

Afortunadamente, sé que la culpa no es mía. Nada tengo que reprochar a mi trabajo fotográfico.

Los extranjeros que viajamos a Cuba estamos demasiado contaminados. Demasiados datos y opiniones y puros y ron y culos cubanos y coches yankis y ches y fideles y “oye, mi amol” y demasiadas imágenes vistas de un país que no se puede llegar a conocer ni con un mes de estancia, aunque haya gente que piense que es demasiado tiempo.

Se tarda mucho en librarse de tanto juicio ajeno y hacer hueco a la realidad propia. Yo tarde 27 días en verlo claro, y lo hice por unas fotografías en blanco y negro hechas por cubanos sobre la cotidianidad cubana.

De todas formas, viendo ahora las hojas de contacto de las fotografías que saqué, siento que algunas de mis tomas están llenas de la Cuba que casi no llegué a ver.

Recuerdo bien aquel viaje

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