La fotografía como expresión emocional

Publicado en Arte, Fotografía el March 10th, 2014 por diegojambrina

La fotografía es una actividad que resulta fácil de calificar, pero difícil de entender. Y lo es porque apenas han pasado 150 años desde su aparición. Nadie discute que la pintura sea una disciplina artística, y nadie lo hace porque los seres humanos compartimos con ella el mismo origen: las cavernas. Somos coetáneos. Sonrío al pensar cómo algún loco cavernario sentía orgullo creador por pintar su mano en la pared de su cueva y sus compañeros de vivienda se burlaban de él gritándole “¡pero si solo es tu mano, pringao!”.

Eso mismo es lo que ocurre ahora con ciertas fotografías. Son simples manos, o pies, los que llenan el encuadre, y no entendemos que su significado nada tiene que ver con la anatomía.

Se ha hablado mucho sobre esto y hasta se ha escrito de manera sesuda. Joan Fontcuberta tiene un libro titulado “estética fotográfica” muy interesante. En él se recogen ensayos de pioneros y artistas de la fotografía y de otras disciplinas. Escritos que a pesar de estar redactados hace más de 60 años tienen plena vigencia; lo que reafirma la idea de que la fotografía no está siendo valorada por todo el mundo como lo que es: una disciplina artística, un medio de comunicación y una herramienta de documentación, aunque no precisamente en este orden.

Yo he tratado mucho tiempo la fotografía como una herramienta de documentación, y en este blog lo podéis comprobar, pero estoy abriendo mi mente y mi lente, y en este post no vais a ver lugares sino ideas.

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Vivir en libertad

Publicado en Algorta, Arte, Bizkaia, Euskadi, Fotografía, Fujifilm X100, Getxo el February 13th, 2014 por diegojambrina

Casi todo el mundo teme a la muerte. Piensa en ella, se estremece y actúa con la esperanza de darle esquinazo tanto tiempo como pueda, dejando la vida para otro momento, momento que jamás llegará.

Eduardo Larrea, alias “El Divino”, alias “Karolo”, no es como casi todo el mundo. Él espera a la muerte tranquilo, con las manos en los bolsillos, vacíos de dinero y llenos de vivencias.

Su casa, a la que llama “txinbito”, no es más que un minúsculo lugar en el pequeño barrio de El Puerto Viejo de Algorta (Getxo, Bizkaia). Dos ventanas, las dos rotas; una puerta, rota; una taza de váter; un camastro y pocas cosas más es lo que tiene. Pero cosas son. Nada sin importancia. Karolo es un hombre rico, que atesora algo que muy pocos llegaremos a soñar: una vida en completa libertad.

Una vez tuvo un trabajo, uno de esos de 8 a 3 y de lunes a viernes. Cuatro años en un banco, en Barcelona. Cuatro años viendo a las mismas personas, haciendo lo mismo día tras día, hasta que se encaró con el miedo y le dijo: ahí te quedas.

Viajó por todo el mundo. La lista de países es envidiable hasta para un turista adinerado de hoy. Y vivió como siempre había querido vivir, sin ataduras de ningún tipo.

Jamás volvió a tener la seguridad de un empleo fijo, ni una nómina, ni una rutina, ni un jefe, ni nadie que le obligara a hacer lo que él no quisiera hacer. Cantó, bailó, posó, pintó y actuó en unas cuantas películas, como en “El fabuloso mundo del circo”, compartiendo escena con el gran John Wayne.

 

Eduardo Larrea, nacido en el Puerto Viejo de Algorta en 1931, murió en el instante en que salió por la puerta de aquel banco en Barcelona, el mismo instante en que nació su personaje inmortal.

 

Su gran parecido con las imágenes clásicas de Cristo, le ayudó a trabajar de modelo de múltiples pintores, entre ellos Dalí, quien le contrató para alguna de sus creaciones y con el que estuvo en su casa de Cadaqués. Se le empezó a conocer como “El Divino”.

Jamás ha ganado más dinero que el necesario para vivir, aunque pudo haberlo hecho, pero la industria discográfica ya era voraz en su época, y sus presiones no pudieron doblegarlo. Ahí se queda la industria, su dinero y Luis Mariano, quien, envidioso y temeroso de la calidad vocal de “El Divino”, hizo que prescindieran de él en los escenarios de París.

Italia, Bélgica, India, Estados Unidos, Turquía, Suecia… en cada uno de estos lugares “El Divino” ha amado la libertad y ha sido quien ha querido ser. Ahora, vive sus últimos años en su pueblo natal, y comparte su tiempo con quien quiera escucharle.

Si algún día visitas Algorta y te cruzas con él, párate, escúchale y aprende a ser tú mismo.

Si quieres saber más de Karolo y su filosofía, Kepa Acero hizo hace tres años unos vídeos en los que se muestra tal y como es.

“Procura ser feliz con poco”
Karolo, “El Divino”.

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El aprendizaje duele

Publicado en Arte, Fotografía el February 10th, 2014 por diegojambrina

Es importante que sepas que el aprendizaje duele. Y cuanto más viejo seas, mayor será el dolor. Así que, si te perturba compartir cama y comida con los sentimientos, joder, no abras la puerta. El aprendizaje jamás deberá cruzarla.

 

Solo cuando no tenemos puerta que cerrar, es cuando aprendemos.

Con pocos años y ninguna vergüenza estamos dispuestos a aprender. Lo estamos tanto que ni siquiera nos damos cuenta de ello. Todo lo que hacemos es una magnífica creación, aunque sea la mayor tontería del mundo. Y con cada tontería, avanzamos, ganamos, disfrutamos y, por supuesto, aprendemos.

Pero esto ocurre cuando somos niños, cuando los sentimientos y el orgullo aún no se han cruzado en el camino. Y una vez que se cruzan, todo se lía.

Como resultado de ese cruce, surge el dolor. Y dependerá de tu umbral del dolor, tu capacidad para aprender. Además, las miradas y las palabras, pasan de ser animosas y mimosas, a hirientes y perturbadoras.

Y así, cuando decides apuntarte a clases otra vez, y recibes las críticas de los profesores, duele.

Y así, cuando decides participar en concursos y los fallos de los jurados no muestran entusiasmo por tus creaciones, duele.

Sí, cuando decides abrir la puerta al aprendizaje, estás dejando pasar el dolor.  Y cuanto más viejo seas, mayor será el dolor. Pero no te preocupes demasiado tiempo. Piensa. Recapacita. Escribe un post. Lee un post. Y después, siente, avanza, disfruta y aprende.

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