A medio camino

A veces me siento feliz cuando estoy a medio camino. Lo normal es que no lo sea. Ser sin estar en ningún sitio solo me provoca tristeza. No soy ni de allí ni de aquí. No estoy ni con unos ni con otros. Y aunque yo sea conocido por todos, para mí todos resultan extraños. Vamos, una sensación de mierda.

Sin embargo, hay un lugar a medio camino en el que me siento feliz.

Son lugares que significan mucho para mí, porque están a medio camino entre lo que ocurrió y lo que ocurrirá. Y eso es maravilloso.

Por un lado, está lo que ocurrió. Que ocurriera algo ya es motivo de celebración. Y por otro lado está lo que ocurrirá. No importa el qué. Lo importante es que algo va a pasar.

Sí, en las áreas de descanso de las autopistas de todo el mundo, me siento feliz .

Es como una inspiración, como un instante de lucidez, como la confirmación de que estoy viajando. Y viajar es vivir.

En línea con la naturaleza

Durante mi último viaje por carretera, tuve esta sensación. Supongo que el movimiento indica que no estas muerto. Si no te mueves, aunque te peguen con un palo en el ojo, es que estás muerto. Movimiento es vida.

Arranqué desde mi casa, en Getxo, hasta Berlín. Por el camino paré. Dos lugares con nombre, donde hice noche, y muchas áreas de descanso.

Como de las últimas ya he hablado, me toca decir algo de las primeras.

La primera parada fue en una ciudad francesa llamada Blois. A 180 kilómetros al sur de París. Una ciudad a orillas del Loira donde todo quedó destruido por la mano del hombre durante la II Guerra Mundial.

Horizontes cercanos

Y, por supuesto, todo se reconstruyó, también por la mano del hombre, hasta la próxima ocasión.

Se hizo con rapidez y respetando el estilo arquitectónico pasado. Parece que cuando uno pierde algo de manera abrupta y violenta no se aprovecha para crear nada nuevo. Existe un apego por lo perdido tremendamente arraigado. Es como si pretendieras que nada hubiera ocurrido.

Así, uno se puede encontrar con una catedral por aquí, unos edificios de inclinados tejados y erectas chimeneas por allá, un árbol obligado a crecer hacia arriba, unas vidrieras de colores… Lo normal.

Los caminos de dios están señalizados
Nadie es nada sin la luz
Verde árbol
Pisado por la luz

Releo lo que escribo y me doy cuenta de que parece que Blois no merece un alto en el camino. En realidad, sí, lo merece, pero un alto nada más, si te pilla de paso, camino a Berlín, por ejemplo.

Además tiene un bar con cerveza artesana y eso lo sitúa en el mapa. No me mires así, me gusta la cerveza hecha con cariño, ¡qué le voy a hacer!

Mira quien baja

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