Covarrubias, un pueblo de madera y piedra

Publicado en Burgos, Castilla y León, Covarrubias, Fotografía, Lubitel, Viajar el December 18th, 2013 por diegojambrina

Se dice muchas veces que tal y cual pueblo es perfecto para perderse. Covarrubias, sin embargo, es un pueblo que parece estar perdido. Sus casas de entramado de madera son más propias de Alemania que de Castilla y León, y no encontraréis otro pueblo similar en muchos, muchos kilómetros a la redonda.


Covarrubias, un pueblo de madera y piedra by Diego Jambrina on 500px.com

Covarrubias está localizado al sur de Burgos capital y a media hora al este de Lerma. No hay pérdida; encontraréis esas señales marrones por la carretera que indican que por allí se llega a pueblo pintoresco.

Lo de pintoresco lo dirán por la arquitectura, claro, pero seguro que también lo dicen por lo que te puedes encontrar colgado de sus ventanas, como estas pequeñas calabazas. No sé si están ahí para obtener un ingrediente para alguna receta local o como aviso a pretendientes amorosos con intenciones deshonestas.


Ventana soleada by Diego Jambrina on 500px.com

Lo que más destaca de su perfecto y cuidado casco antiguo son las vigas, pilares y otros maderos que en diagonal refuerzan los muros exteriores de las casas, quedando a la vista de la gente y dotando a Covarrubias de un encanto típico de otros pueblos del norte de Europa, como Bretaña, Bélgica o, como decía antes, Alemania.


El tiempo pasa by Diego Jambrina on 500px.com

Pero es algo más al norte, con quien Covarrubias tiene una especial afiliación. Kristina de Noruega fue una de esas hijas de rey que antaño servían para establecer buenas relaciones entre reinos. El rey Haakon IV y el por entonces rey de Castilla, Alfonso X, llegaron a un acuerdo matrimonial y unieron a la hija del primero con el hermano del segundo. Lo más importante de esto es que, 7 siglos después, podemos disfrutar de un festival anual de música noruega y un mercadillo de productos típicos noruegos en el corazón de Castilla y León.


Princesa noruega en Covarrubias by Diego Jambrina on 500px.com

Pero no temáis, si no pudierais ir a finales de septiembre, que es cuando este festival noruego se produce, tenéis otros eventos, como por ejemplo, “la matanza”.

A principios de diciembre en la plaza del pueblo durante un fin de semana hay una comida popular donde se prepara a la parrilla todo lo bueno del cerdo, y por muy poco dinero os podéis cebar sin problema alguno.

De todas formas, no es necesario coincidir con ningún festival, en Covarrubias hay varios restaurantes donde saborear los típicos platos castellanos y algunas carnicerías donde abastecerse de buenos productos de cerdo para volver a casa con algo más que unas fotografías. Aunque si tenéis la luz que yo tuve hace unas semanas, no la desaprovechéis.


La luz está fuera by Diego Jambrina on 500px.com


Luz y sombra y luz by Diego Jambrina on 500px.com

La primavera es también una buena época para visitar el pueblo, si os interesa la fotografía y sois inmunes al polen. Lo digo porque Covarrubias es tierra de cerezos y en esa época se visten de blanco.

Pero si os interesa más comer cerezas que los cerezos en sí, es mejor ir entre abril y julio, cuando se sacan a las puertas de las casas las cajas con la sabrosa cosecha.

La verdad es que cualquier momento es bueno para visitar el pueblo, incluso en verano, cuando el calor más aprieta e invita a zambullirse en las fresquitas aguas del río Arlanza.


Vida y muerte en el río Arlanza by Diego Jambrina on 500px.com

Y que no os despiste esta última fotografía, la tradición y la religión siguen siendo importantes en esta parte del país, mujeres de edad avanzada acuden a misa de 12, pero más importante es la tradición y el pimple. El futuro de la religión, ya véis cuál es. Sin embargo, en los bares hay personas de todas las edades.

Yo soy de los que procesa el santo acto del pintxo y pote.


El futuro de la religión by Diego Jambrina on 500px.com

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Restaurantes románticos, una prueba para cámaras y fotógrafos

Publicado en Fotografía, Restaurantes el December 10th, 2013 por diegojambrina

Si eres fotógrafo o aficionado a la fotografía seguro que has tenido que aguantar de tus amigos y familiares frases de este pelo:  “Esa cámara sí que hará buenas fotos, ¿no?”. Y es que se creen que es la cámara la que hace las fotos y no quien la maneja.

Parte de la culpa la tiene la industria publicitaria (en la que llevo trabajando más de 14 años), que hace creer a la gente que cuanto más dinero te dejes en el equipo, mejores serán tus fotos.

Pues no, casi nunca es así. Casi nunca, porque hay ocasiones en las que sin una buena cámara, da igual cuánta calidad tenga el fotógrafo. Como, por ejemplo, cuando vas a uno de esos restaurantes románticos con una luz tan baja que roza el suelo.

Bien, para estos casos, sí: si no tienes un objetivo superluminoso o una cámara con buen comportamiento en ISOs altos o las dos cosas, no hay nada que hacer. Y cuanto más romántico sea el restaurante, mejor tendrá que ser el equipo.

Esto me pasó en el Petit Komité.


Un restaurante de piedra y madera by Diego Jambrina on 500px.com


Canon EOS 450D, 1/8, f/4, 1600 ISO y buen pulso y revelado digital

No te dejes engañar por el nombre, es un restaurante ubicado en un mítico caserío vasco. Un pequeño rincón que aunque está situado en Galdakao, a tan solo 10Km de Bilbao, te alejas de la capital de asfalto y titanio para adentrarte en la Bizkaia de madera y piedra.

Se podría decir que el Caserío Iraragorri es un oasis temporal.


Cucharas by Diego Jambrina on 500px.com


Fujifilm X100, 1/500, f/2, 1000 ISO y sin miedo a la trepidación

Mi amigo y tocayo Diego Marcos habla del Petit Komité y sus virtudes como restaurante, no sin cierto temor, en su blog www.lamejorchuletadebilbao.com Yo, sin embargo, sigo con mi pataleta.

Sigo defendiendo el buen hacer del fotógrafo por encima del equipo fotográfico y sigo aclarando que hay momentos en los que un buen equipo es fundamental.

Esta foto de la cabeza de caballo esperando eternamente a una cucharada de rica azúcar, es un buen ejemplo de lo primero, aunque técnicamente hablando, ha sido un churro.

¿Por qué? Porque ningún fotógrafo en su sano juicio hubiera hecho esta foto a f/9. Sí, yo sí, pero fue un desliz, y, sin embargo, el resultado fue bueno. La razón está en el cuidadoso revelado digital: aclaré la imagen por las zonas más oscuras, oscurecí las zonas más claras y evité el grano.

¿Y qué conseguí? Mantener dos puntos de interés con muy diferente iluminación en un solo disparo.

Caballo fino by Diego Jambrina on 500px.com


Canon EOS 450D, 1/13, f/9 (descuido que pude salvar) y 800 ISO

El Petit Komité es un lugar tranquilo e invita a quedarse incluso después de comer. Tiene un fabuloso porche en el que, seguramente no habrá problemas de luz, a no ser que vayas a cenar.

Yo fui de noche, así que, aquí fuera la cámara también tuvo mucho que decir.

Para este caso utilicé una cámara sin espejo. Estoy seguro de que contribuyó, junto a mis movimientos sibilinos, a que el gato se mantuviera en su sitio tras varios disparos absolutamente silenciosos y así captar su estado de comodidad.


Gato, sonríe. by Diego Jambrina on 500px.com


Fujifilm X100, 1/8, f/2, 1000 ISO y suaves movimientos y cámara sin espejo

Bueno, pues eso es todo. Recordad las 5 normas básicas para hacer fotos en los restaurantes románticos:

  1. Cámaras que aguanten ISOs altos. Hoy en día la oferta es amplia, aunque la cartera para hacerse con cualquiera de ellas también lo debe ser.
  2. Objetivos luminosos. Cada vez lo son más, pero los precios no varían y continúan siendo caros.
  3. Buen revelado digital. Algunos conocimientos de revelado (yo utilizo el Adobe Bridge).
  4. Concentración. Hay que darse cuenta de que el diafragma del objetivo está abierto al máximo.
  5. Y saber hacer.


Libro por escribir by Diego Jambrina on 500px.com


Fujifilm X100, 1/15, f/2, 2000 ISO y sin miedo

Bienvenidos al oscuro mundo de los restaurantes románticos.

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En este mundo hay tres tipos de personas

Publicado en Fujifilm X100, Guatemala, Viajar, Vídeo el December 4th, 2013 por diegojambrina

En este mundo hay tres tipos de personas: los que hacen turismo, los que viajan y los que no viajan pero dan consejos de cómo hacerlo.

Antes de irme a Guatemala, tuve que escuchar a estos últimos y luchar para que sus consejos no acabaran mediatizando mi viaje. Y tengo que decir que al final lo consiguieron. Me metieron el miedo en el cuerpo y de mi maleta salió la cámara reflex Canon, con sus respectivos objetivos y se coló la pequeña y discreta Fujifilm X100.

Por supuesto, después de haber vivido 30 días sin peligro alguno por tierras guatemaltecas y haber visto a los turistas (gringos en su mayoría) con sus voluminosas cámaras reflex, me arrepentí de tener en mis manos mi cámara con focal fija de 23mm.

Pero ya que estaba allí, traté de sacar todo el partido posible y, además de fotografías, que podéis ver en estos tres post: uno, dos y tres, hice también vídeo.

El resultado es éste: 30 segundos en los que recojo las razones por las que aconsejo a los viajeros acudir sin miedo a este maravilloso país.

 

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