Viajar por Alemania y Austria con una cámara de fotos (2 de 2)

Publicado en Alemania, Austria, Fotografía, Fujifilm X100, Viajar el September 24th, 2012 por diegojambrina

Fujifilm X100

Viaja tranquilo y paséate por Suiza antes de cruzar a la Selva Negra: Parte I

 

Salí de Suiza por Basel para adentrarme en el sur de Alemania y el oeste de Austria, y de paso dar un respiro a mi bolsillo.

Estos dos países son asequibles para el trabajador medio. Muchas gente se sorprende cuando digo que comer y beber en Alemania es incluso más barato que en España, y, para el aficionado a la cerveza, más placentero, pero la realidad es esa: mejores nóminas, alquileres mucho más baratos y precios aptos para invitar a una ronda.

¿A una ronda de qué? ¿Bretzel y cerveza?

No sería mala idea, pero no es bier todo lo que reluce.

El suroeste de Alemania, hasta llegar al extremo más oriental del lago Constanza, está lleno de viñedos. A ambos lados del río Rin y del lago, al que todos los autóctonos llaman Bodensee, la bebida amarilla más popular es el vino blanco.

Paseando entre viñedos en Meersburg by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

El lago Constanza es una zona muy visitada por los propios alemanes, sobre todo, de mediana edad. Aquí tienen sol, agua donde nadar, vino que beber y zeppelins con los que volar. Un estupendo vehículo para poder desplazarse por la zona sin necesidad de aguantar las constantes caravanas. Pero si no tienes los 200€ la media hora que cuesta un viaje, lo mejor es desplazarse en bici, en ferry o, por supuesto, en moto.

El zeppelin sobre vuela Lindau by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Fue el ferry el vehículo que elegí para llegar hasta Konstanz. Desde Meersburg, el pueblo perfecto para alojarse en la zona,  salen ferrys cada hora, y tras un paseo por el lago de 40 minutos  llegas a la ciudad más grande bañada por el lago Constanza.

Pero si la ciudad es grande, su fama es todavía mayor.

No es un mal lugar para darse una vuelta, pero las hordas de turistas que caminan por sus calles está totalmente injustificado. De hecho, hasta las fuentes se burlan de nosotros.

La fuente que no invita a beber de su nariz by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Otro de los lugares donde más turistas encuentras es Friburgo, pero esta ciudad, sin duda alguna, merece una larga estancia.

Suele ser la base favorita por todo el mundo para conocer la Selva Negra, una extensa zona del sur que va desde la frontera con Francia hasta el lago Constanza, y eso le quita cierto encanto, sobre todo para los que, como yo, al viajar al extranjero lo último que quieren es oír castellano, y hasta aquí llegan muchos autobuses con miles de españoles de mediana edad hacia adelante dispuestos a vivir un nuevo viaje de estudios.

Canales en Freibrug by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Wutachschlucht, St. Peter, Triberg, Schiltach y Gegenbach fueron mis destinos mañaneros durante los 5 días en los que me alojé en Freiburg.

Salir en moto por las carreteras de la Selva Negra es una maravilla. El asfalto es impecable, y no, no es ninguna leyenda sin fundamento; en Alemania el firme es así, firme. Las carreteras son sinuosas, pero con curvas muy abiertas que te invitan a girar la muñeca e inclinar la moto, y cuando llegas a los pueblos parece que has hecho un viaje al pasado. La arquitectura es fabulosa. Las casas de entramado de madera llaman la atención y despiertan nuestro respeto al seguir en pie 500 años después de haberse construido. Los turistas, la gran mayoría alemanes, pasean sin prisas y te sonríen. Y la cerveza, bueno, la Weissbier está fresca y rica. Unas cuantas más y me hubiera atrevido a hacer la foto de frente. Aunque con la Fujifilm X100 puedes acercarte hasta donde quieras y disparar en absoluto silencio y no perturbar la paz de quién lee el periódico.

Tranquilos en Gegenbah by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Para descansar de tanto descanso, se puede subir hasta Stuttgart, donde uno de los grandes atractivos es el Museo Porsche. Allí, cada uno de los coches parece un gran juguete, en su caja, listo para sacarlo y ponerlo a rodar. Es un museo para niños grandes a los que les gustan estos juguetes. Pero aconsejo a todo el mundo el Museo Mercedes-Benz, el otro gran atractivo de Stuttgart.

Ese es un museo sobre la historia del último siglo con el motor como hilo conductor; una maravilla de 7 gigantes plantas a las que dedicar un día al completo.

Porsche 911 by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

¿Y ya está? ¿Eso es todo lo que ofrece Stuttgart; dos museos de coches?

Stuttgart es una ciudad con un nombre más viejo que la propia ciudad. Fue sepultada en bombas y no quedó prácticamente nada en pie. Se reconstruyó lo que se pudo y se construyó casi todo desde la nada. Tal vez sea por eso por lo que no encuentras edificios que fotografiar, pero, sin embargo, sí se puede fotografiar la cantidad de vida que hay en calles, como este kiosko de cerveza.

¡En qué otro lugar se podría encontrar un kiosko donde no se vendan periódicos sino cerveza!

Descansando en el Palast der Republik by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Ulm es todo lo contrario.

Es una ciudad con su historia todavía en pie, aunque lo que más destaca es la mezcla de lo de ayer con lo de hoy. Casas, catedrales, ayuntamientos y mercados con cientos de años y estilo gótico conviven con edificios y esculturas recién nacidas y estilo postmoderno. Y lo hace con una armonía perfecta. De eso te das cuenta desde los 161m de altura del campanario de la catedral, el más alto del mundo (algo más de 700 escalones) y desde la orilla del río.

Paseando por Ulm by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Cosas altas en Austria también las hay. Los Alpes, por decir algo.

El oeste de Austria, la región conocida como Vorarlberg, es una maravilla de la naturaleza. Vayas por donde vayas estás rodeado por picos de unos 3.000 metros de altura, y no te queda otra que tragar saliva y maravillarte ante semejante grandiosidad.

Para llegar hasta el paso Bielerhöhe es necesario recorrer un puerto de esos de foto, que yo no saqué, pensando “ya lo haré a la vuelta”, y a la vuelta me fui por otro lado.

La carretera, Silvretta Hochalpenstrasse, está llena de curvas de 180º, estrecheces y bastante tráfico. Para acceder a ella es necesario soltar 11€, pero si ya has hecho 3.000Km para llegar hasta allí no es plan de darse la vuelta. Además, el tráfico era sobre todo sobre 2 ruedas, y ya sabemos que ese no molesta.

Una vez aparcada la moto, lo mejor es darse un largo paseo por las montañas, aunque, si no estás en forma, te puedes conformar en circunvalar el lago y sacar alguna que otra foto.

Descansando del paseo por Bierlerhöhe by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Hay muchos pueblos en Vorarlberg donde poder alojarse, se tiene también bastantes hoteles, pero sin duda alguna lo mejor es una casa rural en Schruns; por precio, por comodidad, por situación (cerca de la Silvretta Hochalpenstrasse y de otros interesantes pueblos) y por el lugar en sí. Un lugar al que Hernest Hemingway dedicó cierto tiempo de su vida y una porción de su literatura. Aunque esto mismo lo pueden decir Venecia, Pamplona, La Habana, Florencia, París… y no sé cuántos sitios más.

Bueno, la cuestión es que en Schruns y en sus alrededores cualquier persona disfruta de una buena vida.

Disfrutando de la noche veraniega en Schruns by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

De una buena vida y de un chocolate excelente. En Bludenz, un pequeño pueblo a escasos 17Km, se encuentra la fábrica de chocolate Milka, y su mejor publicidad no es la vaca pintada sino el olor que hay al pasar cerca de ella.

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Viajar por Suiza con una cámara de fotos (1 de 2)

Publicado en Fotografía, Fujifilm X100, Suiza, Viajar el September 17th, 2012 por diegojambrina

Fujifilm X100

Primero la Parte I, pero no olvides cruzar la frontera y pasearte por Alemania y Austria.

 

El título de este post se podría completar con “y un presupuesto desorbitado”. Suiza no es país para pobres. Desde que te levantas hasta que te acuestas estás gastando dinero. Bueno, a decir verdad, también gastas desde que te acuestas hasta que te levantas, porque encontrar una habitación doble por menos de 100€ es prácticamente imposible.

Los hoteles son caros, los desayunos son caros, el transporte público es caro, los supermercados son caros, las entradas a los museos, el café, las cervezas, el pan… hasta el queso es caro. Y si te confundes de botón en el cajero automático y seleccionas la opción de “no hacer nada” te cobran euro y pico por la gestión.

Suiza, o la cueva de Alí Baba.

A pesar de ello, es un destino muy recomendable para pasar el verano, incluso para los que buscan sol, playas y vuelta y vuelta.

Un baño al pie de los Alpes by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

A Suiza se lo conoce como el país del agua. Cierto que no es un slogan demasiado creativo, Holanda también lo utiliza y Finlandia se jacta de ser “la región de los mil lagos”, pero refleja muy bien cómo es su geografía.

Las principales ciudades se encuentran a las orillas o cerca de un gran lago, pero no serán las principales ciudades las que salgan bien paradas en este post. Y es que algunas son tan ordenadas que aburren, caso de Ginebra, y otras tan bonitas que parecen de mentira, caso de Berna.

Berna es, sobre todo, para verla desde la distancia porque una vez te adentras por sus calles lo encuentras todo en su sitio, salvo pequeños detalles que te alegran el paseo, como estas piernas de metal que tratan eternamente de cruzar la carretera. Suerte para ellas que el tranvía hace tiempo dejó de correr por esas vías.

Pies, para qué os quiero by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Si entras al país por el sudoeste, es decir, Ginebra, lo más recomendable es invertir el máximo tiempo posible en los pequeños pueblos a las orillas del lago Leman, disfrutar de su tranquilidad, su historia y de las carreteras que los unen. Esto último lo podrás hacer vayas en moto, como yo, o en coche, porque, aunque hay tráfico, es fluido y no importa en absoluto circular despacio. Lo importante es el paisaje.

¿Y qué es lo que se ve?

Lago Leman desde las alturas by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Pues sí, una estampa difícil de encontrar en otra zona del mundo. Unas montañas espectaculares, un lago de 72Km de longitud y laderas empinadas llenas de oportunos viñedos verdes. Una maravilla para el fotógrafo con tiempo y una pesadilla para el turista aficionado a la fotografía que va acompañado por alguien que no lo es.

Pero además de viñedos, en el lago Leman puedes encontrar uno de los castillos más espectaculares que yo haya visto. Un castillo que pide a gritos ser visitado: El Castillo Chillon.

Es espectacular por el entorno en el que está, por su magnífica conservación, por su historia escrita sobre piedra y por cómo está organizada la visita. Perfecta desde el principio hasta el final. Eso sí, si se te ocurre ir en coche lo tendrás difícil para encontrar sitio en el pequeño aparcamiento; o vas a primera hora o lo dejas en el pueblo más cercano y te acercas andando. En mi caso no hubo problema; una ventaja más de ir en moto.

Castillo Chillon by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Hay más lugares de interés entorno al lago Leman: pequeños pueblos, como Cully, y otros más grandes como Vevey. También está Lausana, donde se da la curiosa combinación de borrachos y ausencia de bares. Suiza también tiene zonas oscuras de las cuales avergonzarse. Y Lausana es el perfecto ejemplo. Es el país del agua, no una isla, y, como en el resto de Europa, hay gente que lo está pasando realmente mal.

Para encontrar una oferta de ocio similar a la nuestra y poder tomarte una cerveza a las 8 de la tarde debes dirigirte al norte y adentrarte en la Suiza germánica. ¡Por fin una lengua inteligible! Ja, ja, genau! Y es que no se trata tan sólo de un cambio en el idioma. Es un cambio radical en la forma de vivir la calle. Y a mí, francamente, la vida francesa no me gusta nada.

¡Rumbo a Basilea!

Basilea es como una ciudad Alemana: viva, bonita, pero no artificial, con callejuelas, cervecerías, terrazas, plazas donde disfrutar del sol y gente que se dejar llevar por la corriente. Y no es una frase hecha.

A falta de mar donde refrescarse en los días calurosos, se lanzan a las aguas del río Rin y se dejan llevar. Plácidamente van de un punto a otro más abajo donde salen mojados, frescos y satisfechos del paseo.

Bañándose en el Rin by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Es un buen sitio para estar más de un día, pero los precios te invitan a seguir subiendo y cruzar la frontera. Incluso si tu idea es visitar Basilea, lo mejor que puedes hacer es alojarte al otro lado de la frontera, por ejemplo, en Weil am Rhein.

Mi viaje continuó por la Selva Negra, el lago Constanza y el oeste de Austria, desde donde volví a entrar a Suiza. De Alemania y Austria hablaré en el siguiente post. De momento, continuamos en Suiza.

Volver a entrar en Suiza fue un sock para el bolsillo, pero hay pecados que no se pagan con dinero. Bueno, sí que se pagan, pero hay bolsillos que no pueden.

La primera ciudad que visitamos fue San Galo, en alemán: St. Gallen. Lo digo porque suena mucho mejor en el idioma de Rammstein. Allí el principal atractivo es la biblioteca de abacial, en alemán: Stiftsbibliothek. También suena mejor. Y es una maravilla para la vista. Si hubiera puesto una fotografía del interior de esa biblioteca, no la hubiera hecho justicia, pero no la veréis, no porque yo no quiera, sino porque te obligan a dejar en una taquilla cualquier aparato que sirva para fotografiar.

Una vez dentro pensé: “me han cortado la lengua al no permitirme fotografiar”. ¡¿Cómo iba yo a explicar en el blog lo maravilloso de esta biblioteca?! Pues no puedo. Solo diré que se percibe la sensación de estar en una farmacia de hace unos cuantos siglos, rodeado de estanterías repletas de remedios naturales. Tal vez la inscripción de la entrada, la que reza “farmacia del alma”, fuera escrita por ese motivo o porque en ese espacio está una de las colecciones de libros más importante del mundo.

Por fin llegamos a Zürich, tras un horrible viaje por carretera. Evitamos la autopista para ver más país, pero lo único que vimos fueron rotondas cada dos por tres.

La conexión entre St Gallen y Zürich, la de Zürich y Luzern y la de Bern y Basel recomiendo hacerla por autopista. La carretera está llena de rotondas, limitaciones de 60Km/h y sin interés alguno paisagístico. Para ir de Luzern a Zermatt, de Ginebra a Lausana y de Lausana a Bern os aconsejo la carretera.

Bueno, por fin en Zürich, decía. Y es que ya tenía ganas de ver con mis propios ojos qué demonios hay en la ciudad donde los grandes ladrones esconden sus fortunas. Y lo que esconde la ciudad es un casco histórico plagado de callejuelas, cuestas, rincones y fuentes convertidas en piscinas.

Días de calor en el país del agua by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Ya os lo he dicho, es el país del agua.

Luzern también se refresca con las aguas de un lago, el Vierwaldstättersee. Y buena falta que nos hacía porque llevábamos dos semanas con más de 35º.

A lo largo del viaje existe la posibilidad de ver unos cuantos puentes de madera, pero tal vez el más famoso y fotografiado sea el Kapellbrüke de Luzern, por ser el más antiguo de Europa y el segundo más largo y, seguramente, porque el 17 de agosto de 1993 se quemó casi por completo. Seguro que algunos de vosotros recordáis las noticias.

La reconstrucción, o mejor dicho, la construcción del nuevo Kapellbrüke se hizo con tanto detalle y respeto por el original que cuesta creer que sólo tenga 18 años. E inspirado por ello, he preparado esta foto con un toque añejo.

Puente de madera de Lucerna reconstruido by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Los suizos son especialmente cuidadosos con sus tesoros nacionales. Lo hemos comprobado en muchos lugares, pero no así en Zermatt.

Zermatt es un pueblo al que nadie puede llegar en su propio vehículo. La entrada de cualquier coche o moto está terminantemente prohibida. Como alternativa, o, mejor dicho, obligación está el tren. Dicen que es para preservar el pueblo y su entorno de la contaminación. Sin embargo, la construcción allí es caótica. Edificios de 4 ó 5 plantas crecen como setas, sin orden ni concierto. Me recordó a Sapa, una ciudad al norte de Vietnam que crece cada día para dar cobijo a los miles de turistas que cada año se acercan hasta allí. Quien quiera más información sobre Sapa y el resto de Vietnam que se pase por aquí.

¡Pero qué bonito es el Matterhorn!

Cuesta dinero llegar hasta él, pero una vez arriba sólo piensas en la grandiosidad de la naturaleza y lo rico que está el Toblerone.

El Matterhorn, la montaña perfecta by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

A mí la naturaleza me emociona. Frente al coloso Matterhorn me fue imposible no sonreír como un tonto cada vez que lo miraba, pero donde se me puso la carne de gallina fue en el glaciar Aletsch. Una maravilla natural, poderosa, y frágil al mismo tiempo.

Se encuentra situada a una hora y media al norte de Zermatt. Y para llegar a él es necesario aflojar pasta y coger un teleférico que salva una altura de 1.124m en un ti-ta. Andar 15 minutos y coger un telesilla que te lleva hasta los 2.647m. Y desde allí sí, andar, paralelo al Grosser Aletschgletscher.

Untitled by Diego Jambrina (Elhombredemackintosh) on 500px.com

Me hubiera gustado acercarme más. Me hubiera gustado ver como el hielo se elevaba 3 metros por encima de mi cabeza. Me hubiera gustado tocarlo. Me hubiera gustado llorar.

Habrá segunda parte. ¿Y una tercera? Tal vez. Estad atentos; el sur de Alemania y los Alpes austriacos son una maravilla.