Viajar por la Riviera Maya con una cámara de fotos

Publicado en Canon, Fotografía, México, Riviera Maya, Tulum, Valladolid, Xcaret el February 28th, 2012 por diegojambrina

Canon 450D
No es propio de mí viajar a uno de los destinos más demandados por las parejas de novios a punto de casarse. Ni es propio de mí alojarme en un complejo hotelero con pulserita en la muñeca y soberbia en la cara. Y a pesar de ello, por circunstancias que no vienen al caso, acabé en la Riviera Maya. Pero me alegro de haberlo hecho, porque descubrí, eso sí, fuera del complejo hotelero, unos lugares fantásticos.

La cultura Maya está presente en esta zona de México y una de las ruinas que más me gustaron fueron las situadas en un acantilado frente al Caribe: las de Tulum, posiblemente también porque la inmediata cercanía al mar refrescaba el ambiente. De todas formas, si podéis elegir, acudid lo más pronto posible porque allí el sol es tan poderoso que resulta difícil disfrutar del lugar y, sobre todo, de la fotografía. No olvidéis el filtro polarizador, un accesorio fundamental para el objetivo que reduce la cantidad de luz, ayuda a mejorar el contraste y elimina los brillos.

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La gente, siempre en exceso, también es una tara, aunque para combatirla no hay filtro que valga, tan sólo paciencia infinita, encuadres y reencuadres rápidos y zoom a tope, como en este caso. Yo utilicé mi 17-85 de Canon, pero me hubiera venido mejor uno con más alcance. Tenedlo en cuenta y podréis fotografiar embarcaciones pesqueras con más detalle que éstas que se intuyen en esta fotografía.

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En Chichen Itza sufrí lo que no está escrito. Yo viajé a finales de abril, y esa zona selvática de México está muy calentada por el sol, y lo que debería haber sido húmedo resultó ser seco como la Castilla española en pleno agosto. Para algunos, una bendición, para mí, un infierno. Pero lo peor de todo no fue el tiempo, al fin y al cabo eso es propio del lugar y así lo debéis vivir. Lo peor fueron las hordas de personas que allí se congregaron.

Yo formaba parte de un grupo bien numeroso y mientras atendíamos las explicaciones del guía y nos refugiábamos bajo la escasa sombra, pasaban y pasaban grupos enormes de más turistas, que acabaron siendo más interesantes que las propias ruinas. Aún hoy soy incapaz de razonar por qué dejábamos de mirar las ruinas para ver cruzar a esta gente. En fin.

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¿Y qué hay de las ruinas?

Chichen Itza es un sitio fantástico. Fantástico en todos los sentidos, un lugar muy bonito y lleno de historia y suposiciones. Aquí está uno de los campos del juego de la pelota maya más famosos. La pelota maya, no vasca. La diferencia es que mientras en la pelota maya cortaban las cabezas a los ganadores para que consiguieran la inmortalidad, en la vasca cortan las pelotas a los derrotados por perder el sueldo en las apuestas.

Pero, a pesar de ser un lugar misterioso, una vez en el campo, no fui capaz de sentir nada, todo lo contrario a lo que sentí en Machu Picchu. Mi atención se desviaba a los turistas, los vendedores, cientos de ellos, y la representación folklórica.

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Sólo cuando me separé del grupo pude realmente ver a la gente del lugar tal y como son.

Fue en Valladolid, una ciudad en la que te sueltan para que compres artesanía. No entraré en si es realmente artesanía o souvenir, porque sinceramente no me interesó más que alejarme lo máximo posible de la plaza y andar a mi aire por las calles de la ciudad. En esa escasa media hora de libertad disfruté de la fotografía como no lo había hecho hasta entonces.

Las calles son anchas y los motivos sin un zoom se encuentran demasiado lejos. Para este lugar, aconsejo también un buen tele con más alcance que el 85 que yo llevé. Por ejemplo, esta fotografía hubiera resultado mejor si me hubiera acercado más hasta el carrito de los helados para que fuera él y sólo él el protagonista. El otro puesto también hubiera merecido un disparo exclusivo, pero, lo dicho, mi objetivo no daba más de sí y mi vergüenza, unida al riesgo de perder naturalidad en las personas, me aconsejó no utilizar las piernas.

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La plaza de Valladolid tiene una curiosidad en forma de bancos. Se llaman los bancos de los novios porque en él se sientan los novios para charlar cara a cara, pero sin que haya roce. Una pena, pero teniendo en cuenta el calor que allí hace, si no te cobijas bajo la sombra, lo mejor es que corra el aire. Ya habrá mejores momentos y lugares para rozar y rozar.

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La verdad es que en Valladolid lo que realmente apetece es tomarse una buena cervecita bien fría. ¡Lo que hubiera dado por entrar en el Cervefrío! Pero no hay tiempo para lamentaciones, y menos en un viaje organizado, así que media vuelta y a seguir paseando.

Y paseando paseando te puedes encontrar con mujeres ataviadas con vestidos blancos y adornados con ribetes de flores de colores. ¡Lastima que no pude captar ninguna instantánea digna de enseñar! Por eso, aconsejo estar más de una hora en un mismo lugar, para dar tiempo a que el mundo gire ante el objetivo.

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Otro de los lugares a los que nos llevaron fue Xcaret; un parque de atracciones donde puedes encontrar tiburones, mantas, tortugas, pumas, lagartos, papagayos, manatíes, yankis, cocodrilos, españoles, serpientes y muchos, muchos mexicanos.

Es uno de los sitios más frecuentados por las familias mexicanas durante sus vacaciones. Se lo pasan en grande viendo a los animales en recintos extremadamente pequeños para sus necesidades vitales. Pero en fin, allí me dejaron y tuve que aprovechar el tiempo. Y qué mejor que sacar fotografías al mayor de los espectáculos: la gente.

Sí, es cierto que hay pececillos de colores espectaculares, pero las formas de las personas mirando a los peces me resultan más atractivas. Olvidaros del flash, lo único que conseguiríais serían reflejos en los cristales y fotografías sin alma. Aprovechad la oscuridad del interior del acuario y la luz del mar artificial. Sólo así conseguiréis retratar la extraña paz que se respira en estos lugares.

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La luz del exterior, a veces tan odiada, es una aliada si se sabe dónde mirar. Resulta interesante mantener el enfoque en el reflejo del agua para destacar el interés de las personas que hay fuera de ella. Esta fotografía tiene truco: está volteada. Pero únicamente es eso, todo lo demás es tan natural como lo que aparece. Si girarais vuestra cabeza 180º veríais exactamente lo que yo vi. Venga, adelante, giradla.

¿Ya? ¡Qué graciosos!

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Y para acabar el viaje exprés por la Riviera Maya, una muestra de lo bien que se lo pasaban los mexicanos en el espectáculo folklórico al finalizar el día. No tenía intención de sacar otra vez la cámara, pero un espectáculo así era difícil de dejar pasar.

Nunca es buen momento para guardar la cámara en la mochila. Es la única regla inquebrantable de la fotografía.

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El poder creativo de Charles Bukowski

Publicado en Charles Bukowski, Literatura el February 14th, 2012 por diegojambrina

Se habla de la musa o de la inspiración, de entes intangibles y románticos, como las artífices de las grandes obras creativas de todos los tiempos. Pero aquí, en este mundo, quien más ha ayudado en la creación del arte ha sido, sin duda alguna, el alcohol.

Claro que el alcohol nunca viene solo. Acompañado por una vida de perros, es capaz de sacar lo mejor de los artistas. Parece una paradoja, y de hecho lo es; el abuso de la bebida y una mala vida logra envolver al artista en un ambiente especialmente bien abonado para la creación. Así, cuanto peor es la vida de la persona, mejor es la obra del artista.

Un claro ejemplo de esto que escribo es Charles Bukowski.

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Los primeros años en la vida de toda persona son los que marcarán su personalidad, y los primeros años de vida de Charles Bukowski transcurrieron en un país asolado por el paro, la pobreza y la guerra. Si sumamos un brutal acné y las palizas constantes de un padre desesperado, tenemos el perfecto coctel.

El alcohol y la literatura fueron su refugio desde muy joven. Y hasta los 73 años fueron las dos únicas cosas que no le fallaron nunca. El hipódromo fue otra constante en su vida, pero los caballos le fallaban muy a menudo como para tenerlo en cuenta.

La obra de Bukowski es grande no sólo porque despierta en la gente la pasión por la lectura, sino también la pasión por la escritura. Tiene un estilo tan claro, tan directo, tan vacío de artificios y lleno de emociones que todos nos creemos capaces de hacer lo mismo que él.

¡Pero qué equivocados estamos! ¿Acaso sufrimos como él? ¿Acaso bebemos como él?
No. Entonces ¿de qué cojones vamos a escribir?

Otro de los grandes de la literatura, Oscar Wilde, dijo que “para escribir sólo hace falta dos cosas: tener algo que decir y decirlo”. ¿Tú tienes algo que decir? ¿Yo tengo algo que decir?

No sé. Tal vez viva experiencias interesantes para contar, pero me pregunto si a las personas que me rodean les interesará que las cuente. A Charles Bukowski le importaba una mierda lo que pensaran de él.

Además, tenía el alcohol, escribía sobre él, y éste nunca se quejó.

Cuáles son las claves para ganar un concurso fotográfico

Publicado en Fotografía el February 8th, 2012 por diegojambrina

Ganar, ganar, ganar. Sólo pensáis en eso, en ganar. Lo importante es participar, estar activo, competir con fotógrafos de verdad… Bueno, lo cierto es que esto lo dice un amigo mío que no se ha comido un rosco en los años que lleva intentándolo. Así que, esta filosofía es un medio de defensa ante la frustración por el fracaso. Yo, sin embargo, creo que hay que ir a ganar, aunque sepas que es difícil, porque, ¡quién sabe, tal vez suene la flauta!

Y la flauta sonó. Sí, yo sí he ganado un concurso de fotografía, aunque aún no sé cómo lo hice. Una casualidad. Si hubieran sido dos, dos casualidades, podría hablar de una ciencia. Ya se sabe que los científicos tienen que demostrar su teoría dos veces, porque si no, es una puta casualidad.

Así que, no encontraréis aquí las claves para el éxito. No. Ya podéis salir del blog. Pero los que se queden podrán tener unas pistas para alcanzar la gloria. Allí van:

  1. La fotografía que elijas para el concurso te tiene que gustar de verdad. Te tiene que gustar tanto como para enseñar a todo el mundo. Hasta crearías un blog para que sí, de verdad, todo el mundo conectado pudiera verla. Si sientes aunque sea un ápice de vergüenza, olvídala.
  2. Ten en cuenta el tema del concurso. Sí, ya sé que esto es de perogrullo, pero a veces tendemos a dejarnos llevar por el preciosismo de una foto que nada tiene que ver con la temática. Y eso no puede ser.
  3. Antes de disparar, piensa qué te gustaría sacar y trata de conseguirlo. He hablado alguna vez de la inspiración, y esa perra no suele aparecer a no ser que estés trabajando. Nada de coger la cámara y salir a la calle a ver qué pasa.
  4. Estudia al jurado del concurso. En las bases de los grandes concursos suelen aparecer los nombres de los miembros del jurado. Escribe sus nombres en Google y averigua qué tipo de fotografía les gusta. Seguro que se les va la vista a esas fotos que tienen que ver con su actividad diaria. Pero no olvides que la fotografía te tiene que gustar a ti. Nunca, jamás, hagas o envíes una fotografía pensando en si la harían así los fotógrafos que componen el jurado.
  5. No te des por vencido. Tal vez no tengas suerte en un concurso, pero tal vez la tengas en otro, incluso con la misma fotografía. Me acuerdo de que el gran José B. Ruiz ganó un concurso de fotografía de naturaleza con una fotografía desechada en otros concursos anteriores.

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Y éstas son las claves para ganar un concurso de fotografía de un pringao como yo, que tan sólo ha ganado uno, pero que lo sigue intentando.

Y la foto que aquí veis, es mi último intento. La opción en B/N para el II Concurso Nacional de Fotografía Digital Canson Infinity.

¿Creéis que tengo alguna oportunidad?