Viaje interior

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 17th, 2018 por diegojambrina

Tengo cierta sensación de vergüenza cuando alguien me dice que mis fotografías reflejan, más que un recorrido por un lugar, un viaje interior. Me parece una cursilada y un concepto que, de tanto uso, ha perdido todo su valor original. De todas formas, creo que no les falta razón.

Así que, me he puesto manos a la obra y he hecho este post precisamente de un viaje interior, aunque el interior no es el mío, sino el de Croacia.

Croacia es más que una bonita costa. Tiene un territorio de interior muy atractivo, no solo por su belleza natural, sino también por su arquitectura y por su vida social. Además, tras veinte años del final de la guerra, aún quedan cicatrices visibles que nos recuerdan los conflictos bélicos que se produjeron aquí. No es que sea motivo turístico de por sí, pero si hablamos de emociones, resulta muy emotivo encontrarse con edificios enteros aún agujereados por balas y morteros. Sobre todo, porque fue un guerra televisada en todo el mundo y el impacto fue tremendo, aunque son sólo los habitantes de estas tierras los que lo vivieron con todo el horror.

Pienso que cada agujero en la pared es un tiro errado y una oportunidad más para vivir.

Un ventana al pasado

Aquí, la gente quiere vivir en paz, pero no quiere olvidar. El olvido no puede ser compañero de viaje de nadie. Sin recuerdos no somos más que presente, y el presente no existe sin la realidad del pasado ni la ilusión del futuro.

Por tanto, encuentro absolutamente necesario mantener los recuerdos ensangrentados, siempre y cuando estos no generen odio.

Recuerdo ensangrentado

Es terrible la historia de Croacia y los demás países balcánicos. Han estado casi toda su historia subyugados por fuerzas extranjeras y han padecido constantes guerras.

Griegos, romanos, venecianos, austrohúngaros, italianos… han dominado estas tierras y dejado también un importante legado cultural. Es curiosa esta sensación de rechazo por una invasión y agradecimiento por todo lo bueno que supuso. Me acuerdo ahora de una escena de La vida de Brian, en la que se reflejaba ese odio al invasor, pero también el reconocimiento por la escuela pública, el alcantarillado, las carreteras… Aquí tenéis el enlace.

De todas formas, es innegable que los conflictos bélicos recientes, han sido, sin duda, consecuencia de esas invasiones e intereses por dominar esta parte del mundo.

En Sarajevo, capital de Bosnia i Herzegovina, uno de los puntos de interés es el llamado puente latino, donde se asesinó a un archiduque como excusa para comenzar la I Guerra Mundial. En Zagreb, capital de Croacia, quedan estructuras subterráneas excavadas para refugiarse de los bombardeos durante la II Guerra Mundial. Hoy, se utilizan como calles peatonales para cruzar de un lugar a otro de la ciudad y como atractivo turístico.

Camino al pasado

Esquivando la muerte

Hoy, parece que todo sigue su curso, y se puede disfrutar en paz de un país donde para encontrar una playa de arena es necesario adentrarse en el interior del territorio.

Por cierto, la mejor compra que un turista puede hacer en Croacia es un buen par de escarpines. Con ellos se puede llegar de la toalla al agua sin hincarse a cada paso las rocas o púas de erizos. Pero no serán necesarios en una de las pocas playas de arena del país, que curiosamente está en Vukovar, un pueblo a orillas del río Danubio.

Me emociona solo pensar que me bañé en un río con tanto encanto histórico como el Danubio. Es casi como la ría de Bilbao. Casi.

Nada nuevo bajo el sol

Otro lugar que me pareció interesante fue Varaždin, a poco más de 80 Km de distancia de Zagreb, pero a mil kilómetros del bullicio turístico. Pasear por sus tranquilas calles y admirar la arquitectura austrohúngara es todo un placer, y chapurrear en alemán con amables fruteras, también. Desde aquí te vuelvo a dar las gracias por el regalo que nos hiciste: Danke schön, Fräulein!

El transporte del pasado y del futuro

Subidas y bajadas

Y vuelvo a Zagreb para reivindicar la capital como destino turístico, porque aunque no tiene mar, tiene historia, ambiente, locales de cerveza artesana y bonitos atardeceres, de esos que inundan los muros en instagram.

Dios y el diablo

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Sal, sol y sueños de plástico

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 13th, 2018 por diegojambrina

La sal, esa sustancia que logra dar vida a una ensalada de tomate y pepino, es la culpable de que en el lado oriental de las islas del norte de Croacia no exista vida alguna. El viento de levante se carga de sal al acariciar las aguas del Adriático y la descarga sin compasión a lo largo de la ladera. Probablemente, serán los únicos kilómetros no invadidos por el turismo. Pero mejor hablo de otro tema, que ya me desahogué suficientemente en mi primer post (o al menos eso creo).

Muerte entre las rocas

Estas tres islas del norte de Croacia (Rab, Krk y Cres) son los destinos menos frecuentados por el turismo. Dubrovnik, Split y las islas del sur del país se llevan casi toda la atención internacional. Esto no quiere decir que no haya gente por el norte, pero la hay en menos cantidad y se limita a alemanes, húngaros, algún francés e italiano y, sobre todo, croatas.

Son por tanto, lugares donde poder disfrutar tranquilamente de una naturaleza generosa, siempre y cuando no se te cruce algún niño por delante.

Con niños no hay paraíso

Los niños son, sin duda, uno de los grandes inconvenientes para el viajero solitario. Son ruidosos, salpican, te lanzan la pelotita con la que juegan a waterpolo una y otra vez y son incansables.

Quienes sí se cansan son los que estamos alrededor y los que trabajan las 24 horas del día para su entero disfrute. Y no me refiero a los padres, estos parece que se han declarado en huelga y no actúan como lo que son. Me refiero a los patos hinchables, desesperados como lo pueda estar yo y con los mismos sueños de plástico, siempre en peligro de que se desinflen.

Sueños de plástico

La vida

Pero no me hagáis mucho caso. En realidad, tampoco es para tanto, y, además, al no ser spanish boys, suelen ser más tranquilos y temerosos ante una mirada ensayada de odio y destrucción.

Y bien mirado, hasta me vienen bien para mis propósitos fotográficos.

La vida es verde

Eterna juventud

Volviendo a las islas, tengo que decir que me ha sorprendido mucho la temperatura y la calidad del agua. Cristalina, con visibilidad más allá de los cinco metros de profundidad, y lo suficientemente fresca como para que la primera vez te cueste un poquito entrar, pero lo suficientemente caliente para nadar, bucear y hacerse el muerto tanto tiempo como se desee.

Y puestos a desear, me hubiera quedado allí hasta la eternidad, mirando con ojos hipnotizados la joya que es el Adriático.

Piedras preciosas

Enemigo del estrés

Como pelícano en el agua

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Croacia no importa

Publicado en Croacia, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Viajar el September 9th, 2018 por diegojambrina

Tras mi vuelta de vacaciones, suelo escribir un post rápido y corto sobre mis primeras impresiones. Esos pensamientos ligeros de contención moral, social y convencionalista son, por norma, bastante más cercanos a la realidad que los recuerdos forjados a base de tiempo y deseo. En esta ocasión, me cuesta dejar por escrito lo que pasa por mi mente, porque no hace referencia al lugar, sino a la gente que lo ocupaba.

Tengo la certeza de que no puedo hablar de Croacia en particular más que de las personas con las que he compartido el país, o, para ser más exactos, más que de la cantidad de personas con la que he compartido el país.

Compartir debería ser una bonita actividad, pero cuando se hace con miles y miles y miles de personas, la esencia original se diluye tanto que da como resultado una sustancia homeopática completamente estéril.

Ésta sensación la he vivido demasiadas veces durante mi viaje por Croacia. Dubrovnik, Split, el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice y el Parque Nacional Krka han sido trampas de las que a duras penas pude escapar. De hecho, varias semanas después, aún tengo la sensación de estar esperando a que la caravana de turistas se mueva para poder continuar por la plataforma de madera.

Corriente de gente

Ante esta situación de turismo carnívoro, me pregunto cuánto tengo yo de culpa. No dejo de pensar que yo también soy un turista, que soy una pata donde se asienta la industria o un pié más del milpiés que se desliza sin descanso por las calles, plazas, playas y parques naturales.

No tengo respuesta, ni tengo solución, ni tengo esperanza. Pero sí tengo la convicción de que el próximo destino será elegido por ser un destino poco elegido.

Invasión por la puerta principal

Croacialand

Tráfico en el paraíso

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GetxoPhoto, el festival de fotografía más cercano

Publicado en Algorta, Bilbao, Bizkaia, Fotografía, Getxo el September 8th, 2018 por diegojambrina

Loco, estúpido, raro, derrochador, inconsciente… calificativos que me gano con honor cuando algunas personas se enteran de que cada año hago por carretera 1.600 Kms en un solo fin de semana. La razón, si es que la hay, es acudir al mejor festival de fotografía de Europa: el Rencontres de la photographie en Arlés.

La experiencia del viaje, la estancia en una ciudad tan llena de atractivos históricos y arquitectónicos y el festival son más que suficientes para mí.

Además, mis ganas por participar en él son tan intensas que llevo dos años exponiendo mis fotos por la ciudad, aunque de manera no oficial, claro. He creado una nueva categoría denominada #expopirataArles. Consiste en la colocación de mis fotos por las calles de Arlés, sin pensar en cuánto van a durar ahí pegadas ni cuánta gente se parará ante ellas. Lo importante es participar, que decía aquel.

Después, a mi vuelta, siempre preparo un post con mis impresiones.

Todo al rojo

Todo esto viene a que en el pueblo donde yo vivo, se viene realizando desde hace once años GetxoPhoto, un festival internacional de fotografía del que nunca he hablado aquí. Ni siquiera he hecho una #expopirataGetxo. Pero de este año no pasa.

Aquí tenéis el post. Y por la #expopirata no hay que preocuparse, porque en esta edición una de mis fotografías ha sido seleccionada para el POP: el apartado dedicado a la participación popular. Fotógrafos de todo el mundo, amateurs y profesionales tienen la oportunidad de ver su obra expuesta. Y este año me ha tocado a mí.

El tema de esta edición (cada año hay uno) es el postconflicto, y, cómo no, yo quería tocar el turismo como uno de los grandes inventos y problemas que tenemos en estos momentos.

Recuerdo bien aquel viaje

En ediciones anteriores, estas obras seleccionadas se exponían en los escaparates, pero desde hace dos años se sustituyó esta fórmula por una exposición en el aula de cultura de la localidad. Una lástima, porque si algo tiene de bonito este festival es la participación, no solo de los fotógrafos sino también de la gente y comercios del pueblo.

Getxophoto es un festival que saca a la calle las exposiciones de los fotógrafos. Ninguna de las exposiciones es de pago y se utilizan formatos novedosos y poco vistos, como posavasos repartidos por bares colaboradores o grandes esferas flotantes colocadas en el mar.

Lo más impactante de esta edición ha sido la obra de Kessels y Mailaender que permite a la gente saltar sobre la cara de Donald Trump. Un acto simbólico y lleno de humor que ha llamado la atención de medio mundo, aunque no se sabe si ha llegado a oídos del presidente norteamericano.

 

 

Si queréis ver cómo salto, pinchad en el siguiente enlace y disfrutad de mi expresión, con la que dejo entrever el miedo que me produce no dejarme caer dos metros sino caer sobre el flequillo de Trump: A 50mm Vs. Trump

Aquí tenéis otro salto visto desde abajo y en formato boomerang, que mola más: Jump Trump

Otra de las grandes actividades que tiene GetxoPhoto es la llamada “Encerrona” y los “Hamaiketakos” (tentempié en euskera).

La primera consiste en encerrarse durante una jornada completa con unos diez fotógrafos y escuchar cómo hablan entre ellos. Por supuesto, el público también puede intervenir, pero casi mejor hacerlo a la hora de comer o tras los coloquios, cuando se come y se cena todos juntos y revueltos.

Los Hamaiketakos es una nueva modalidad implantada en la edición pasada con bastante éxito. También es una encerrona, pero con un sólo autor y un reducido grupo de privilegiados. Y, como su propio nombre indica, hay algo para comer y beber. En la edición pasada, se produjo en un espacio cedido de manera gratuita por sus dueños (lo que demuestra que existe una participación desinteresada por parte de algunos comercios del pueblo que hacen de este festival algo muy grande).

Hay más actividades y espacios interesantes, pero para eso ya tenéis la propia web de Getxophoto.

Solo me queda decir que durante el mes de Septiembre suele hacer un tiempo bastante bueno por aquí y que merece la pena acercarse también por la belleza del pueblo.

Saliendo a la compra

El iluminado

Lluvia, viento y acero

Rápida y efímera infancia

Amor de invierno

Pensamiento difuso

El gran fallo del jurado

Publicado en Arlés, Arte, Fotografía, Francia, Fujifilm X100 el July 19th, 2018 por diegojambrina

Lo que hace que una persona sea escritora, no es el acto de escribir, sino el de leer. Por eso, el arte no depende del creador sino del espectador. Así que me he prometido a mí mismo no enfadarme con esas personas que ganan premios de fotografía sin haber hecho una sola fotografía, sino con las personas que les premian.

Apropiarse de fotografías ajenas, o comprarlas (me da igual), o hacer capturas de pantalla y hacer intervención sobre ellas o sencillamente encontrar un orden de lectura, no debería ser un acto fotográfico. Debería ser otra cosa. Que lo llamen como quieran, pero no fotografía.

Leí hace unos días que los tres fallos del jurado en el Festival de Fotografía de Arlés habían dictaminado a tres no fotógrafos como los mejores fotógrafos del año, o al menos sus trabajos. ¿Por qué?

Dejo la respuesta en el aire, porque a mí no me interesa lo más mínimo.

Me interesa la reflexión y me reafirma en lo que quiero hacer.

Quiero hacer fotografías y que la gente las vea, que se emocione con ellas, que se le revuelvan las tripas, que les haga soñar, que les haga sentirse sola, que sonría, que la melancolía se apodere de ella…

Por eso, muestro mis fotos solo en mis espacios personales, como este blog, mi perfil de flickrinstagramFacebook, porque al parecer, y tal como evoluciona el mundo de la fotografía, ningún jurado contemporáneo fallará a mí favor.

 

 

Fotos hechas con una cámara de fotos en Arlés, durante el festival de fotografía.

 

A ese lado de la puerta

Invitación

Intrusión

Indecisión

La eternidad

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Palabras abandonadas

Publicado en Alemania, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Hamburgo, Viajar el June 1st, 2018 por diegojambrina

Por un instante pensé que aquella libreta enganchada en uno de los recovecos del puente era simplemente la basura de un cerdo. Pero luego me dije: “palabras abandonas, ¡qué bonito!”. Y estuve tentado en cogerla, abrirla y mirar si en alguna de aquellas páginas, había palabras dirigidas a mí.

Al final, le hice una foto y dejé la libreta en su sitio; sin tocar, sin abrir, sin futuro conocido.

Me pregunto qué será de ella hoy. ¿Se habrá topado con algún otro paseante con más curiosidad que yo? Prefiero creer en esta posibilidad, más que en que haya acabado en cualquier carrito del servicio de limpieza. Triste final para tan poético abandono.

Palabras abandonadas

Hamburgo es una ciudad construida a base de pequeños detalles y grandes edificios.

Por un lado, el trabajo de las instituciones públicas tiene como fruto espacios grandiosos, bien pensados, bien rehabilitados, modernos y respetuosos con el lúgubre pasado portuario.

Mil ojos sobre ti

De metal y lana

Por otro lado, el trabajo de la gente llena de detalles lugares sin aparente interés, incluso, algunos apenas visibles.

Un pequeño y valiente abeto en una mediana; un poste en el puerto, otrora, importante punto de apoyo para algún barco venido de la otra parte del mundo, y, hoy, un trozo de madera envejecida por la sal y el olvido; o paredes, o farolas, o patios interiores, o pasos subterráneos o cualquier otro espacio susceptible de albergar un sentimiento, un grito, una reivindicación.

Olvido

Marcado por el mar

En ocasiones, esos pequeños detalles que engrandecen la ciudad ni siquiera son pretendidos. Son meras burlas del caprichoso azar, que se ríe de nosotros, a veces por lo bajini, a veces sin disimulo, como cuando ilumina las fachadas ocultas al sol por el reflejo del mismo sol.

Invisible

Falsas ventanas.

Decía, en mi primer post sobre la ciudad, que Hamburgo me quiere, y lo decía porque, además de encontrar pintadas hechas desde el cariño, me he encontrado con estrechas callejuelas abiertas a la inmensidad del amor.

Cuartos habitados por una luz tan potente que rebosa energía por sus ventanas abiertas.

Y se despierta en mí la sensación de compañía o el sentimiento de soledad. ¿Quién sabe qué pesa más?

Invitación

Y a pesar de que el cielo esté nublado y las estrellas permanezcan ocultas y expectantes a noches mejores para mostrar su brillantez, siempre queda la posibilidad de encontrar en un interior un firmamento estrellado.

Soñar con estar en otra parte es relativamente fácil; basta con una pizca de melancolía y un entorno oscuro lleno de luces.

Interior nocturno de alma estrellada

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Yo soy el gato de Schrödinger

Publicado en Alemania, Este trabajo es mío, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Fujifilm X100, Literatura, Viajar el May 18th, 2018 por diegojambrina

Llevo unas cuantas semanas encerrado en un mundo de completa oscuridad. No soy capaz de saber si lloro de risa o de pánico. No soy capaz de saber si miro con envidia o con compasión. No soy capaz de saber si el nudo que tengo en el estómago es angustia o hambre. No soy capaz de saber si soy feliz o soy un animal sin conciencia ni consciencia. No sé si estoy vivo o muerto. Parezco el puto gato de Schrödinger. Lo único que ilumina este estado de duda infinita es que tanto el gato como yo estamos vivos y muertos al mismo tiempo.

El problema es que tengo que abrir la caja y mirar dentro, si quiero aclarar esta situación. Y aunque no haya candado, ni cerrojo, ni siquiera cinta de embalar alrededor de la caja, abrirla me va a resultar extraordinariamente difícil.

A la vista de la imaginación.

Viajar por este mundo de completa oscuridad es lo único que me mantiene vivo. Sólo quiero que nunca llegue a tropezarme con la ampolla de gas venenoso y provocar, no diré un triste final, sino un final prematuro. Al fin y al cabo, nadie se libra de la guadaña.

Durante mi viaje por Hamburgo (sí, aunque no lo parezca, este es el segundo post de mi viaje por la ciudad portuaria), fui tomando, iba a escribir fotografías, pero es más oportuno pedacitos de una realidad que generan en mi cabeza, más que cualquier otra cosa, dudas.

Y son las dudas las que me mantienen despierto. Parece que las necesito, que disfruto con ellas, que la angustia que provocan es la energía que me mueve. Vamos, que siento placer de mi estado tarado.

Es la puta misma moneda de siempre y sus dos partes que jamas se verán las caras o lo que llamaba el Soldado Bufón, la dualidad del hombre. Ahora sólo tengo que elegir una o ninguna o elegir las dos y vivir el resto de mi vida en el canto, consciente de que puedo caer para un lado o para otro sin que ello me importe lo más mínimo.

Vouyer

Ausencia

Sol interior

Naturaleza metálica

Superstar

Hamburgo es una ciudad que inspira.

Hay arte callejero, o vandalismo, según quién sea el espectador, y hay miradas que no ven más allá de sus narices. Hay atardeceres que esculpen siluetas de metal y paredes de metal que crean atardeceres perfectos.

La ciudad entera es una impostura, y eso me encanta. A veces parece que es una ciudad elegante, moderna, organizada, limpia, con ópera italiana como banda sonora. En otras ocasiones reina un perfecto caos, es oscura, lluviosa, desconfiada y los gritos reivindicativos resuenan en cada calle.

Lluvia de color

Mississippi

Impostura

Pero el arte también está en los museos. Al menos en los que yo visité.

Deichtorhallen Hamburg y Haus der Photographie son dos edificios separados por menos de 100 metros con entradas combinadas. Y más allá de las obras expuestas está el gusto por el modo en que se exponen las obras. Cada espacio es una obra en sí misma. Todo está perfectamente pensado y colocado, incluso el imprevisto de una gotera se alía con la exposición.

Una mañana maravillosamente invertida, en un espacio apto para todos los públicos y en los que está permitido hacer fotografías, una práctica a exportar a otros museos en los que sientes el aliento de la ley observando con más interés tu cámara que tú mismo las obras.

En espacios así, vuelves a creer que el futuro de la raza humana no está perdido. Parejas, personas en solitario, familia con hijos, mayores, jóvenes y jovencitos estudiantes que participan con interés en la interpretación de cada obra.

Sentí a mi lado la presencia del Sr. Stendhal.

Intervención

Stendhal

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Hamburgo me quiere

Publicado en Alemania, Hamburgo, Viajar el May 3rd, 2018 por diegojambrina

A veces, cuando el avión comienza el descenso, mi cabeza sufre explosiones internas tan dolorosas que me resultan difíciles de creer. Aún así, al aterrizar en Hamburgo, y viendo nevar por la pequeña ventanilla, me sentía feliz. Comenzaba un nuevo viaje en mi vida. Cinco días por delante para dejarme sorprender por una ciudad totalmente nueva para mí.

Con la maleta en el hotel y la cámara en mi mano, empecé, esa primera noche, a enamorarme de todo lo que veía. No es de extrañar, claro, porque yo me enamoro de lo desconocido con mucha facilidad.

Lo curioso es que sentía que Hamburgo también me quería. Resultaba demasiado fácil encontrar motivos para fotografiar. Incluso vi escrito un mensaje de “AMOR”, que, evidentemente, era para mí.

Amor a la alemana

Encontré más mensajes, y, aunque algunos estaban en blanco, sé que iban dirigidos a mí llenándome la cabeza de ideas y de emociones el corazón.

Como de costumbre, no puedo escribir sobre esas extrañas palpitaciones. El entorno se alía con mi inconsciente y provocan sacudidas, miradas, dudas y fotografías. Así transcurrían las primeras horas en Hamburgo. Y así cogió fuerza un nuevo proyecto fotográfico del que aún no puedo hablar.

Destino en blanco

La nieve seguía cayendo, suave, sin hacer daño, solo visible para las luces de la noche.

Así es la primavera en el norte de Alemania: un invierno delicado. Aunque si eres del sur de Europa, es un invierno de mil pares de cojones.

No me quedó más remedio que buscar refugio.

Entré en una de las cerveceras míticas de la ciudad: la Brauhaus am Hafen. Y encontré calor al estilo Benidorm, con pianista lalalá incluido. Salí tan rápido como pude en busca del calor al estilo Hamburgo.

Calor interior

Las luces de la noche son más importantes que el mismo sol.

Cuando la escasez se hace patente, un mínimo rayo de luz, aunque sea artificial, ilumina la imaginación y provoca que mire por el visor y tome fotografías que en cualquier otro momento del día serían totalmente banales.

¿Por qué me siento así cuando estoy de viaje? ¿Por qué no actúo de esta misma forma en mi ciudad natal? No me gusta sentirme como en casa, como ya escribí en mi anterior post, pero tras este sentimiento se esconde una razón. Entonces, en la noche de Hamburgo lo vi claro.

Es la luz del sol la que me ciega.

Noche invisible

Cuando salgo a fotografiar por mi entorno, el sol está siempre en lo alto del cielo y todo lo inunda.

A las mañanas, con tanta claridad en las calles, mi mente permanece a oscuras, sin saber reaccionar, sin sentir, sin encontrar esa inspiración que me acompaña en cada viaje.

De noche, una simple entrada al Metro, escasamente iluminada, es una puerta a lo desconocido. Un viaje inquietante lleno de incertidumbre, de soledad, de melancolía.

La boca del cordero

Y por si esto fuera poco, en Hamburgo el metro no es siempre subterráneo. En algunos tramos vuela por encima de las cabezas, creando un escenario muy de Blade Runner.

Y si no bastara con la realidad, el cine se mete en mi cabeza para hacer de la experiencia del viaje aún más interesante.

En momentos como estos, me alegro de aquellos fines de semana de mi niñez con doble sesión de cine en televisión española, el único canal de una tele en blanco y negro.

Revuelo nocturno

Gracias a aquellas películas, desterradas hoy de la parrilla por ser viejas, lentas y aburridas (¡cuánta incultura!), entendí lo que significa la narrativa, entendí el poder de la imagen y entendí que en mi vida siempre habría sitio para la vida de los demás.

El miedo, la ilusión, la alegría, la tristeza, la rabia, la angustia, el rencor, el perdón, la duda, la certeza de los personajes yo también lo sentía. “Son solo películas”, escuchaba a menudo. No, también soy yo.

Las películas reflejan sentimientos universales. Tal vez ni el lugar, ni el tiempo, ni la historia se parezcan en nada a mi realidad, pero las emociones sí.

Y con la fotografía me ocurre lo mismo, tanto como espectador como fotógrafo. Quiero sentir y hacer sentir. Y si no lo consigo, ¿qué queda?

Criaturas nocturnas

Ciudad y manta

Destino incierto

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No quiero sentirme como en casa

Publicado en Bilbao, Bizkaia, Euskadi, Fotografía, Fujifilm X-Pro2, Muy personal el February 24th, 2018 por diegojambrina

Cautivo de mi propia costumbre, lucho por mirar mi entorno con ojos de viajero inquieto. Lucho por salir a la calle con mi cámara de fotos y ver, en la misma ciudad de siempre, lo que nunca antes había visto.

Pero es la distancia la que me acerca a mi yo fotógrafo. Viajo, cruzo la frontera de lo conocido, y mi mente despierta, se despereza, se libera.

Me siento libre. Libre para mirar, para curiosear, para pararme en una esquina, para retroceder sobre mis pasos, para pensar en lo que fui y en lo que soy y para no pensar en lo que seré. Libre para sentirme libre.

Para mí, no hay nada como no sentirme como en casa.

Una vida falsamente iluminada

A veces, vagabundeo por estrechas calles de nombres desconocidos y hago una foto. A veces, llego a un destino con nombre conocido y hago una foto. A veces, me paro en seco y hago una foto. A veces, retrocedo y hago una foto. A veces, veo lo que nadie ve y hago una foto. A veces, no pasa nada y hago una foto.

Cuando viajo, hago fotos.

Vagabundo

En el lugar en el que habito, no. Al menos no siempre ni con tanta productividad. Me cuesta sorprenderme, me cuesta curiosear, me cuesta mirar, me cuesta reconocerme.

Llevo años prometiendo hacer un post sobre Bilbao. Y había empezado este con la intención de conseguir hacer realidad esta promesa. Pero (creo) he vuelto a fallar, aunque (me sincero) no me importa demasiado. Porque lo importante no es el lugar en el que esté, lo importante es que yo esté.

 
 

Las cinco fotografías que hay en este post están tomadas en Bilbao, durante un momento de lucidez en el que al mirar por el visor me reconocí con absoluta claridad.

Mente iluminada

Puerta abierta

Todos somos sombra

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NO WAY

Publicado en Diego Jambrina, Fotografía, Muy personal, Noruega, Viajar el November 27th, 2017 por diegojambrina

Un ejercicio divertido y útil para todo fotógrafo es la creación de un libro de fotografías bajo un mismo mensaje.

Este es el primero que hago. Y ha sido, además, un regalo que he hecho a mi hermana, por haberme introducido en dos mundos maravillosos: el del viaje y el de la fotografía.

Con todos vosotros: NO WAY.

No_way from Diego Jambrina Merino on Vimeo.

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